Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2020: Séptima Crónica

Día 7: viernes 27 de noviembre

En el último día de la Competencia Internacional se pudo ver la argentina Nosotros nunca moriremos, de Eduardo Crespo. Una película que, como fue característica de varias en esta edición, gira en torno a la muerte y al duelo. En este caso, Romina Escobar (Breve historia de un planeta verde) interpreta a una madre que viaja a un pueblo del interior tras la muerte de su hijo mayor; lo hace acompañada de su otro hijo y se ve inmersa en los trámites que conlleva esta situación. Pero además del dolor propio del duelo, de pronto va descubriendo toda una faceta y secretos que desconocía, como si nunca hubiese sabido realmente quién era su hijo. Escobar interpreta a esta mujer de manera austera, como si estuviese entumecida o conteniendo algo que en algún momento va a explotar probablemente en forma de un llanto desconsolador. El film, de tiempos pausados, reflexiona sobre la muerte desde lo espiritual, desde la idea del qué hay después, pero también desde la mirada de los que se quedan acá y tienen que seguir. Sensible, a veces un poco distante, y con una interesante gamas de personajes.

El cierre de la Competencia Internacional estuvo a cargo de una película proveniente de Estados Unidos que aunque se sucede casi en su totalidad en un funeral, no trata sobre la muerte: Shiva Baby. La ópera prima dirigida y escrita por Emma Seligman y basada en su propio corto tiene como protagonista a Danielle, una joven bisexual de veinte años a la que en su primera escena podemos ver junto a su sugar daddy (un hombre que le paga por su compañía). Al salir de allí se dirige a un funeral judío donde la espera toda la familia, un momento que sabe que no va a ser cómodo porque ante las preguntas de todos se la pasa armando versiones de su vida. Lo que no esperaba es que uno de los invitados fuera el hombre con el que hasta hace un rato estaba teniendo sexo: un tipo casado que llega con su mujer y su pequeño hijo. Seligman filma todo este funeral con una cámara inquieta y tensa, tanto como sufre Danielle que, como si fuera poco, tiene rondando la presencia de su ex. Una comedia de enredos pero también una especie de thriller psicológico -puede poner al espectador muy nervioso-, Shiva Baby pone en foco, antes que nada, a una joven que siente que no tiene otra opción que mentir sobre sus estudios, su trabajo y hasta sobre con quiénes se acuesta para sentir que no decepciona a su familia entre personas que mantienen sus propias empresas o llevan a cabo importantes carreras. Y lo hace con mucha frescura y con una mirada despojada de prejuicios; de hecho uno de sus mejores aciertos radica en el modo en que se retrata la sexualidad de su protagonista.

Dentro de la sección Panorama se pudo ver lo último del director coreano Hong Sang-soo. The Woman who Ran es una película que tiene todo su estilo, calmo, hecho de pequeños momentos. En esta historia la protagonista es una mujer que se queda unos días sola cuando su marido -de quien nunca se separó un día- se va de viaje. El director sigue a este personaje en unos pocos encuentros con amigas, es una película compuesta principalmente de personajes femeninos que conversan y dialogan sobre la vida, comparten comidas. Sencilla, calma, fluye con mucha naturalidad; es una película que te mete dentro o te saca de ella.

Para el final, la última de la sección Hora Cero llega desde Francia y es Meander, de Mathieu Turi. Una mujer que perdió a su hija pequeña despierta después de subirse al auto de un extraño dentro de una especie de tubería. Como en la saga SAW, parece que la única manera que tiene de sobrevivir y de salir de ese lugar es sumarse a un juego perverso y sádico en el cual tiene que demostrar antes que nada que quiere sobrevivir cueste lo que cueste. Como en El Cubo, los espacios tienen sus trampas y también aparece una cita clara a Alien. La claustrofobia que genera la película remite mucho a Enterrado además. Sin embargo, la trama se agota rápidamente en una serie de peripecias que se tornan repetitivas y cansadoras. El desarrollo que tiene el personaje principal es bastante pobre -a la larga poco más sabemos además de que con la muerte de su hija perdió las ganas de vivir-, y al final la historia se torna muy alegórica. Gaia Wess le pone el cuerpo a su personaje y a la película pero ésta se siente más bien una oportunidad desaprovechada.

Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2020: Séptima Crónica

Día 7: viernes 27 de noviembre

Las motitos de Inés María Barrionuevo y Gabriela Vidal cierra la Competencia Argentina. Basado en una novela de Vidal, el film nos muestra un momento en la vida de dos adolescentes: Juliana y Lautaro. Ella vive con su madre, con quien se lleva muy mal, y sus hermanos, quiere festejar su cumpleaños de 15 pero no parece posible. Él vive con su madre y su hermanita recién nacida y tiene en el Gordo un amigo fiel. En este caso los vínculos son más cálidos (tanto como un adolescente puede ofrecer en términos de calidez familiar). Cuando Juli descubre que está embarazada tienen que encontrar juntos el modo de abortar, pero la cuestión económica, la mala y escasa información, los vínculos complicados con los mayores entorpecen todo hasta que la realidad se impone. El barrio en el que habitan (la película sucede en Córdoba) parece acechar con sus robos menores, cierta transa semioculta, alguna intervención policial nocturna. El clima aparece enrarecido pero más allá de estas cuestiones que no están en primer plano, la historia se desarrolla sin estridencias (salvo por las discusiones y portazos entre Juli y su madre), reflejando con sutileza los vínculos humanos entre los protagonistas, sus contradicciones y claroscuros, sus miedos, sus amores, su resistencia, confiando más en las acciones que en explicitarlos a través del diálogo, lo que es algo a destacar y a agradecer.

Eduardo Crespo forma parte de la Competencia Internacional con Nosotros nunca moriremos. Una madre viaja al encuentro del hijo mayor muerto en su lugar de trabajo, y lo hace con el hijo menor. El duelo se va haciendo carne de los personajes a medida que van pasando los días entre que llegan, hacen los trámites correspondientes, van a la morgue y pueden acceder al departamento donde habitaba el joven. Sin estridencias, casi sin música, sin actuaciones desbordadas, Crespo entrega un drama ascético pero sensible y emotivo que va apretando la garganta del espectador sin golpes bajos, en un registro entre poético y apocado como reflejo necesario del modo de actuar de los habitantes de provincias (la película transcurre en Entre Ríos) y del estado de shock que abruma a los personajes. Mientras la madre intenta asumir lo ocurrido, el hermano menor transita ese paso a la adultez en medio de un tembladeral. Así como la muerte se pasea oronda, la idea de la resurrección, de la posibilidad de otra vida asoma menos como certeza religiosa que como inquietud aliviadora. Un elenco maravilloso que encabeza una afirmada Romina Escobar y un novel Rodrigo Santana, la puesta en escena segura, y el toque “mágico” preciso dan forma a un film más que valioso.     

Hong Sang-soo con The Woman who Ran forma parte de la sección Autores. Una joven aprovecha el viaje de negocios de su esposo para viajar a encontrarse con algunas amigas. Entre comidas y charlas banales que dan cuenta del presente que atraviesan cada uno de los personajes y, a la vez, les van dando forma, éstos se ponen al día con sus vidas y comentan sus pensamientos sobre los vínculos, el amor, la pareja y su cotidianidad. Entre los encuentros deseados, también, surge uno que parece menos buscado con alguien que supo ser amiga y ahora está más alejada. Con diferencias sutiles en cada uno de ellos, a como nos tiene acostumbrados el director en su filmografía, sosteniendo el plano fijo y el acercamiento zoom mediante, estas mujeres se pasean frente a nuestros ojos con liviandad y gracia, mientras los hombres aparecen en segundo plano y generando el ruido molesto que parece enturbiar, mas no romper, el tono amable general del film. 

   

Alan Segal en Desaparición incompleta, que integra la Competencia Argentina de Cortos, acumula una sucesión de imágenes de espacios, lugares y situaciones “performáticas” (por ejemplo, la vela encendida entre cartones trabajados con perforaciones), repitiendo algunas de ellas con diferencias sutiles. La conexión que las liga tiene fuentes literarias a las que el espectador recién accederá cuando lea la sinopsis del catálogo del Festival. 

Revelaciones de Juan Soto Taborda es parte de la Competencia Latinoamericana de Cortos. El registro sin aviso del audio de una charla del director con su madre, uno en Reino Unido y la otra en Colombia, mientras ésta viaja para asistir a un velatorio y le cuenta a pedido de su hijo cómo fue el parto que lo trajo al mundo, se superpone a la conjunción de imágenes que mezcla personas, cosas, lugares y es producto de filmaciones familiares (que uno debe adivinar como tal o suponer) o de tomas propias. 

Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2020: Sexta Crónica

Día 6: jueves 26 de noviembre

En la Competencia Internacional podemos encontrar Seize Printemps, la ópera prima de Suzanne Lindon, que además protagoniza. En ella, Suzanne es una adolescente de 16 años que no logra hallarse entre la gente de su edad, que se aburre de las noches de fiestas y alcohol y las conversaciones triviales en los bares. Pero en su recorrido cotidiano pasa por delante de un teatro y allí empieza a observar a un hombre mayor al que sigue y con quien pronto consigue entablar una relación, entre cafés y alguna reunión. Aunque la historia nos haga pensar en Lolita y todas las obras derivadas de ella, la mirada de Lindon es mucho más sutil y delicada. La joven actriz y directora consigue delinear personajes memorables a partir de una historia pequeña de emociones que, a veces, sus personajes sólo consiguen transmitir a través de coreografías de baile. Sin grandes giros, sin bajadas de línea, Lindon presenta una película modesta y honesta pero, sobre todo, fresca como la mirada de una chica joven que vive su primer amor.

En la Competencia Argentina nos encontramos con el nuevo documental de María Álvarez, El tiempo perdido. Así como en Las cinéphilas seguía a un grupo de jubiladas que tenían en común la pasión por ir al cine, acá se centra exclusivamente en un grupo de lectura -que ya habíamos podido vislumbrar en la película anterior por lo que vuelve a aparecer una de sus protagonistas-. Un grupo de gente mayor que se reúne hace diecisiete a años a leer y discutir los diferentes volúmenes de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust. Esta vez María Álvarez no se mueve de esa mesa del bar de Tribunales que los reúne, a veces a los mismos de siempre, a veces con alguna inclusión nueva. En blanco y negro y con el mismo amor con el que retrataba a las cinéfilas, El tiempo perdido es de esas películas que impregnan una sonrisa en el espectador: resulta hermoso escucharlos leer o disertar sobre determinados pasajes, tratar de diseccionar qué se quiso decir, pero sobre todo cuando queda en evidencia el poder de evocación que tiene la novela: como cuando no pueden volver a comer una magdalena sin acordarse de ella, o pasean una tarde lluviosa por Buenos Aires y se sienten en París, o ven a un hombre vestido de una manera algo elegante y anticuada y piensan que se parece a un personaje de Proust. También se cuelan fragmentos de conversaciones más cotidianas, pero a la larga el corazón de la película radica en la idea de la lectura no sólo como arte creativo, como define uno de los señores, sino como punto de encuentro. El cariño hacia sus personajes, y el de ellos hacia la obra de Proust, trasciende en cada fotograma.

Fuera de competencia se encuentra la última película de Fernando Spiner que, además, marca su regreso al género fantástico y nos llega después de su paso por el Festival de Sitges. Inmortal nos presenta una historia en la que es posible crear una especie de universo paralelo donde se quedan los muertos, pero al que también se puede ir a visitar y pasar un rato. Ana (Belén Blanco) vuelve desde Roma para cerrar unos trámites y una tarde cree ver desde el colectivo a su padre vagando por las calles; su padre está muerto. Así se acerca al Dr. Benedetti (Daniel Fanego), un viejo amigo de su progenitor al que ella considera un estafador por haberle presentado una farsa ridícula y delirante sobre este mundo paralelo, y entonces descubre que es real. Spiner le dedica bastante tiempo a desarrollar esta parte de la trama y ahí quedan descuidados sus protagonistas, a quien se le suma el hijo del doctor, interpretado por Diego Velázquez, que se convertirá en el interés amoroso de Ana. Todo lo que tiene que ver con los lazos que se crean entre sus personajes se suceden de manera apresurada y forzosa. Las actuaciones, aunque desfilen actores talentosos, resultan desparejas. Una película bastante floja.

También Fuera de Competencia está Edición ilimitada, una película compuesta de cuatro cortometrajes dirigidos por escritores. Edgardo Cozarinsky presenta una historia simpática, que además protagoniza, sobre un hombre a punto de operarse de la vista que intenta leer a Mark Fisher en una mesa de Los Galgos. Una mujer que lo observa tener dificultades se ofrece para leerle, lo que lo lleva, una vez operado, a utilizar ese mismo truco, esta vez con Barthes. Santiago Loza dirige una historia sobre un aprendiz de escritor que empieza a visitar a su erudito abuelo, quien lo instruye sobre la escritura, pero finalmente lo que los una está en otro lugar. Es el más flojo de los cortometrajes. El que le sigue es el de Virginia Cosin, sobre un monólogo interior que una escritora recientemente publicada tiene en medio de una fiesta. Allí, entre cameos y algunas interacciones, reflexiona sobre su condición de madre separada y confiesa que por primera vez sabe cómo definirse: escritora. También se desarrolla brevemente un poco de ese mundo intelectual al que parecería que todos quieren aspirar: “estás donde siempre quisiste estar pero querés salir corriendo”, se dice. Y termina con Paula Maffia haciendo una preciosa versión de “Amo lo extraño” de Charly. El último de los cortometrajes es el de Romina Paula, quizás el más curioso en cuanto a lo que decide contar: sentados a una mesa en la que se lee un par de escenas de una obra teatral, cada personaje con su propia voz, pronto descubrimos que no es un ensayo sino un taller de escritura teatral y se desentraña lo que una de sus alumnas trajo escrito. Y esos textos surgen, en la vida real, de una obra de teatro de Paula, una obra que fue llevada a escena y que incluso está editada en un libro de Entropía. Así, parecería que la directora utiliza su propia obra para desentrañarla, desentrañarse y también reflexionar sobre la obra dentro de la obra. “La verdad tiene estructura de ficción”. En resumen, Edición ilimitada es un interesante compendio de miradas literarias.

Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2020: Sexta Crónica

Día 6: jueves 26 de noviembre

1982 de Lucas Gallo es parte de la Competencia Argentina. Es un documental con imágenes de archivo del noticiero 60 minutos, que fuera parte de la programación de Argentina Televisora Color, y del programa especial 24 horas por Malvinas que se desarrolló en el mismo canal. A partir de esas imágenes, 1982 -dividido en 3 partes nominados con los meses en que se extendió la guerra de Malvinas (abril, mayo y junio)-, nos permite observar el trabajo comunicacional de la junta militar que gobernaba el país tras el golpe de estado del 76. La explotación del patrioterismo, la manipulación en los discursos, en los tonos y en las imágenes, la exaltación al chauvinismo, el triunfalismo como idea rectora y, por sobre todo, el manejo de la mentira quedan expuestos sin filtros ni veladuras. Un modo de entender la concepción que tiene cierto periodismo sobre su trabajo y su función. Nombres que ya no están y algunos otros que aún siguen vigentes (de periodistas y de personajes del mundo del espectáculo) demuestran en cámara que la exaltación que manejaban no respondía al terror que los militares podían haberles generado amenazas mediante como argumento salvador a su accionar, y que con la carrera que ostentaban tampoco pueden echar mano a la inocencia o a la ingenuidad para excusarse por lo que hicieron.

El tiempo perdido de María Alvarez, parte de la Competencia Argentina, es un documental en blanco y negro que retrata un grupo de lectura de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust. Muchos participantes, algunos fijos, otros que entran y salen, de diferentes edades y procedencias de vida y de intereses (salvo por el de leer a Proust), desarrollan sus personalidades frente a nuestros ojos en esa juntada semanal desde hace 17 años en un bar de Tribunales. Además de escuchar la lectura de varios fragmentos de la monumental obra que nos devuelven la belleza literaria de la misma, nos asomamos a los intercambios no académicos, las preguntas, las dudas, las interpretaciones, las apropiaciones que cada lector aporta. Hay algo de darle vida a la letra en esos personajes que a la vez que leen, se leen.

En Hy, Sweety, la directora Celeste Prezioso le da lugar a Ashley para contar lo que significó y significa en su vida la disforia de género en primera persona. La protagonista es australiana y la directora la contactó a partir de su estadía en el país a partir de la cirugía para “feminizar” el rostro a la que se sometió. El dolor, el prejuicio, la poca información, la música y la poesía como salvación o desahogo, la separación con su hija que no entiende su situación son algunos de los temas que desarrolla el corto que forma parte de la Competencia Argentina de Cortos.

Pablo Weber realiza en Homenaje a la obra de Philip Henry Gosse, que integra la Competencia Argentina de Cortos, un ensayo audiovisual sobre las imágenes. Una voz en off piensa y reflexiona al respecto a partir de las que Gosse, como historiador natural y divulgador científico del siglo XIX, acumuló en una colección casi enfermiza de animales, especialmente de corales. Esa obsesión y manejo hace que lo asocie a un programador de estos tiempos. De allí a la inteligencia artificial, hay un paso, que además se une al material de propaganda y de horror sobre las guerras religiosas que pululan en la web profunda y a las que él ha accedido según nos relata y muestra.

En Obachán, parte de la Competencia Latinoamericana de Cortos, Nicolasa Ruiz narra la vida de una joven japonesa que viaja a México a casarse en 1941 sin conocer a quien será su marido. Con una voz en off en primera persona, animación, material propio, imágenes de archivo familiares (video, fotos, cartas) se muestra la construcción de una memoria.

Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2020: Segunda Crónica

El año del descubrimiento, Luis López Carrasco, participa de la Competencia Internacional. En 1992, quinientos años después del “descubrimiento de América”, España celebra la entrada a la modernidad con la realización de los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Expo Sevilla. Pero en Cartagena, Murcia, por exigencias de la Comunidad Europea, comienzan a privatizarse y a cerrar empresas estatales, como el Astillero Bazán y otras industrias, especialmente químicas. El malestar general tiene su punto más alto en la quema del Parlamento de esa ciudad, después de largos reclamos de los trabajadores, votantes de quienes los representan y deben velar por estos ciudadanos. López Carrasco filma testimonios de un puñado de poco más de 40 personas que hablan de lo que pasó y lo que pasa. Y en ese contraste puede leerse la degradación que sufrieron los trabajadores, los jóvenes que se conforman con ser “mileuristas”, con sueldos precarios y que son individualistas y los que con huelgas, revueltas y reclamos, luchaban por el bien común.  Con una claridad y sencillez apabullantes, los 200 minutos de la película se pasan volando. Están quienes, en muchos casos, comenzaron a trabajar siendo adolescentes, no pudiendo estudiar, cuando tener un trabajo era para toda la vida en un mismo lugar. Pero eso también conllevaba saber que “detrás de los muros de la fábrica también había vida”. El director se vale del recurso de pantalla partida para articular los diálogos y, en un principio, los planos son tan cerrados que no sabemos de qué años son los testimonios. Hasta el bar donde fueron filmados, parece anacrónico. Esa atemporalidad es otra notable muestra de que las cosas no han cambiado tanto. Los efectos del pasado en el presente a través de testimonios rotundos. El año del descubrimiento no adoctrina ni tiene discursos grandilocuentes. Es una radiografía de España de un valor supremo.

Las siamesas de Paula Hernández es parte de la Selección Oficial, fuera de Competencia. Stella y su madre, Clota, hacen un viaje de Junín hasta la costa. No es de placer, la primera va a ver unos departamentos que heredó de su padre. Para Clota, el hombre es “el innombrable”, ya que al parecer estaban separados y él tenía una nueva relación. No tardamos mucho en darnos cuenta de que la relación madre-hija está tejida como una telaraña. Clota intuye en esa herencia una posibilidad emancipativa y hace lo imposible, como quizás lo haya hecho toda la vida, para boicotearle la esperanza a su hija. Y aunque al partir ambas estén en sintonía de vestimenta con coloridas ropas, será casi lo único en lo que coincidan en ese viaje en micro -que es donde tiene lugar casi la totalidad de la película-. De ese estampado selvático de sus atuendos, lo que sobresale es una exuberancia de reproches, maltratos y reclamos. Basada en un cuento de Guillermo Saccomanno, la nueva película de la directora de Herencia es una obra de cámara de pocos actores. Al tour de force de las excelentes actuaciones de Rita Cortese y Valeria Lois, se le suma Sergio Prina (el tucumano de El motoarrebatador). Una road movie en micro de una filialidad viciada en el que dos mujeres toman un rumbo para que la vida tome otro.

Los conductos, de Camilo Restrepo, se presentó en la Competencia Latinoamericana. Es Colombia, pero podría ser cualquier urbe latinoamericana, Pinky huye de una secta. Tiene un revolver en el que escribió “Esta es mi vida”. En Los conductos hay orificios, agujeros, boquetes, hoyos, pozos a través de los que quizás se entren a esos conductos que transportan a otras direcciones, que mutan a otros caminos. Y círculos. Se parte de un lugar y se llega al mismo lugar. Círculos viciosos. O espirales que descienden al nivel del infierno. Con llamas como las representadas por las telas de una fábrica de ropa de marcas falsificadas, en las que también en círculos industriales se estampan remeras. El problema es complejo y Restrepo no los tiñe de sencillez, sino que lo hace más arduos, tergiversados, en consonancia con la mente del protagonista. Su director afirma que es difícil leer la película, porque que es difícil entender también la realidad. En el final puede leerse: “¿No habrá manera de que Colombia, en vez de matar a sus hijos, los haga dignos de vivir?”. Porque Los conductos no da respuesta, muestra una realidad que merece mil preguntas.

Fauna, de Nicolás Pereda, también es parte de la Competencia Latinoamericana. Luisa y Paco son novios, ambos son actores, ella es más bien aspirante, él hizo algunos trabajos. Llegan a visitar a los padres de ella en un árido pueblo de mineros. Primero no saben llegar sin GPS, ni se sabe bien el motivo de la visita al lugar. Antes de arribar se topan con Gabino, el hermano de ella, que tampoco sabe cómo ubicar la casa de sus progenitores. Luego se devela que conocen muy bien el sitio, especialmente todos los bares. El poblado tiene una aridez de western y un clima enrarecido. Hay un par de situaciones delirantes y absurdas, una tiene que ver con la compra de cigarrillos.  Otra, tiene lugar en un bar, con un pedido del padre de Luisa y Gabino para que Paco actúe una escena de la serie Narcos (el actor, en la vida real, tiene un personaje en la serie). Mientras los hombres salen de copas, Luisa le pide a su madre que la ayude a ensayar una escena de Sonata de Otoño, de Ingmar Bergman. Al día siguiente de todo esto, Luisa le pregunta a su hermano sobre qué trata el libro que está leyendo y todo se dispara caprichosamente hacia otro lugar y, sin embargo, el asunto sigue teniendo coherencia y simpatía. En el relato al respecto de qué va el libro, aparece el misterio, sumado al sinsentido, sin perder el latente peligro que se respira durante toda la película, pero que nunca estalla. Representación dentro de la representación, sobre la fascinación de la ficción relacionada con la figura de los narcos y el universo de la invención y los actores que hacen su performance. Pereda nos está diciendo todo el tiempo: “No creas en lo que ves, todo puede ser otra cosa” La incomodidad es el clima que campea todo el tiempo en Fauna, donde una aparente sencillez esconde múltiples capas de metasentido.

Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2020: Primera Crónica

2020, el año en que nos adaptamos. A la fuerza hay que acomodarse, amoldarse, ajustarse a otra cosa y, la palabra que detesto, reinventarse. En estos nueve meses sin salas abiertas, mi cuerpo olvidó la sensación de sentarse en una butaca de una sala de cine, que se apaguen las luces y compartir con otras personas la ceremonia de ver películas. Ahora me amoldo a ver films en otros formatos de pantallas. Y además queda relegada otra pasión, que es reflexionar sobre ellas, debatirlas, charlar con otros sobre las mismas. Ese acto queda postergado, regido por la individualidad o, en el mejor de los casos, intercambios telefónicos, por mensajes o redes sociales. El Festival de Mar del Plata se reinventó para esta ocasión y se hizo federal, virtual y gratuito. El paisaje de fondo, que siempre fue mar, esta vez es el que uno tenga a mano. No hay conversaciones, café de por medio, con alfajores o churros (dos ítems obligados de la gastronomía de La Feliz) que medien entre función y función, cuando se trata de ir de una película a otra. Tal vez, y en esto vuelvo a mis primeras palabras de esta introducción, esta modalidad adaptada no esté tan mal. Porque desde Ushuaia a La Quiaca, los cinéfilos, los curiosos, los especialistas en cine y los espectadores comunes, en 2.780.400 km² de Argentina, podemos disfrutar de algo, todos a la vez.

Crónica de los primeros días

En Competencia Internacional se vio Sophie Jones, una ópera prima de primas, una directora y la otra coguionista y protagonista. Y, además, ambas tienen casi el mismo nombre, Jessie Barr y Jessica Barr. Es éste un nuevo coming of age, creciente modalidad instalada ya como género cinematográfico consolidado. Como si la adolescencia no fuera de por sí una etapa difícil, a Sophie la encuentra con la muerte de su madre. Y así, el comienzo de la película la muestra abriendo una bolsa y llevándose a la boca las cenizas de ella. De ahí en más, experimenta todos los estados permitidos, autoamparándose en el trágico momento. Coquetea con estar a punto de tener sexo con todos los varones que se le crucen, se fotografía con su hermana con las flores del sepelio en la bañera, a la manera del cuadro Ofelia, de John Milliais, revisa del botiquín la medicación de su progenitora, huele la ropa del placard, Necesitará su proceso. El que le permita abrirse y contar qué le pasa con esa muerte, tan tan cercana. En ese camino, descubrirá también que algunos varones tienen sentimientos. Y en ese incómodo andar, también madurará.

En la Selección Oficial, fuera de Competencia, se presenta Vicenta, de Darío Doria. Cuenta una historia real: la de Vicenta Avendaño, una mujer analfabeta que limpia casas ajenas y un día descubre que su hija, de 19 años y con un fuerte retraso madurativo, está embarazada, producto de la violación por parte de un familiar. Este resonante episodio, llamado en su momento El caso LMR, del año 2006, estaba encuadrado dentro del aborto no punible. Pero la causa se empezó a complicar en una maraña judicial de desacuerdos entre asesores de menores, jueza de menores, director de hospital, la oposición de la iglesia y desacuerdos del comité de bioética entre otros palos en la rueda. El aborto, dilatado primero y después negado tuvo una resolución que derivó de la solidaridad. Con una arriesgada propuesta estética, Vicenta está narrada mediante muñecos de plastilina estáticos, situados en maquetas. El movimiento está dado con cambios de luces, distintos focos y movimientos de cámara. Todo con la voz en off de Liliana Herrero. El trabajo de la directora de arte Mariana Ardanaz es apabullante, sin distraer. Muy por el contrario, que los muñecos no estén animados, hace que sea más concentrada la información de lo que se cuenta. Austeridad y artesanía que aporta a un debate más vigente que nunca.

En la Sección Trayectorias, Selección oficial fuera de Competencia, se pudo ver Norma Aleandro, el vuelo de la mariposa. Un documental producido en España, dirigido por el colombiano Carlos Duarte Quin sobre la figura de la talentosa actriz, homenajeada en esta edición del Festival. Figura fundamental de la escena nacional, así como también de la televisión y del cine argentino, desde hace varias décadas, Aleandro es también escritora. Y Duarte Quin, además de recolectar testimonios de gente que trabajó con Norma, se basa en sus obras literarias Puentes lejanos, Mi Diario Secreto y Poemas y cuentos de Atenazor, para poner en imágenes en blanco y negro, esos textos, leídos por la actriz, pero representados por otras intérpretes. Y ahí es cuando el resultado se resiente. Da la sensación de querer escapar a toda costa del típico documental de cabezas parlantes. Y es que, después de todo no es tan malo asistir a los testimonios de su marido, su hijo y su nieto, así como también de quienes trabajaron con ella, tal es el caso de Claudio Tolcachir, Adriana Aizemberg, Ricardo Darin, Luis Puenzo, Lino Patalano, Helena Tritek, Alejandro Vanelli y Sebastián Borensztein, entre otros. Además de contar con icónicas escenas de La tregua, El hijo de la novia, Cama adentro y la película que le dio fama internacional, La historia oficial, con el momento en que anuncia el premio Oscar a la Mejor Película extranjera incluido. Un collage que repasa una vida intensa, y que gana cuando los testimonios de Aleandro sobre su profesión desmitifican el aura de monstruo sagrado en el que a veces se la quiso colocar.

La escuela del bosque, de Gonzalo Castro, es presentada en la Competencia Latinoamericana. María es una argentina de 35 años, separada, que vive con su hija de 6 años, la niña es catalana y ambas deben dejar la casa con jardín que alquilan en el barrio de Gracia. Esto no es un hecho menor, ni traumático, pero sí genera un cambio abrupto, ya que el alquiler era bastante beneficioso, porque ahí vivía anteriormente su padre, un dibujante de 80 años, que vive actualmente en las afueras de Barcelona. Este hecho sirve de disparador para algunas de las situaciones que resultan de la interacción de los personajes, entre los españoles y los argentinos. Más el pase de facturas de una hermana que está de visita y le reprocha a María haberle dejado todo el peso de sostener a su madre. De cotidianidad y desarraigo es la materia con la que del director de Resfriada construye esta película. Con naturalidad, pero también con algunos diálogos a los que se les nota mucho el efecto calculado.

También en la Competencia Latinoamérica se presenta Selva trágica, de Yulene Olaizola, realizadora mexicana, cuya ópera prima, Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo fue ganadora en el 10 BAFICI.  En la exuberancia de la selva situada en la frontera entre México y Belice, un país colonizado por Inglaterra, cuyo idioma es el inglés, se sitúa la acción en 1920. Agnes, una mujer hermosa, huye de su “dueño” y en ese escape es secuestrada por un grupo de chicleros. Hombres de distintas procedencias que explotan la savia del zapote, árboles que hacen sangrar por sus cicatrices. La selva en una Babel de idiomas, español, inglés y las lenguas indígenas. Al filo entre el registro documental, la aventura y la fantasía, en la que tiene un gran peso la leyenda de Xtabay, una divinidad maya que embruja a los hombres para matarlos. Codicia, dominación, lujuria y traición por partes desiguales en una metáfora, por momentos obvia, de empoderamiento femenino y de cómo la naturaleza se cobra su explotación.

Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2020: Quinta Crónica

Día 5: miércoles 25 de noviembre

Toia Bonino en La sangre en la boca regresa a la historia que fue fuente de Orione, su ópera prima. Si en ésta descubríamos la vida de Ale, un joven asesinado por el gatillo fácil de la policía, a quien Bonino conocía como vecina y amigos, ahora el foco está puesto en Leo el hermano mayor de Ale, también cercano a la directora, con quien años atrás tuvieron una relación amorosa. A partir de la voz en off de éste que cuenta su propia “historia criminal”, el documental nos acerca un mundo que siempre conocemos a través de la estigmatización y el estereotipo de los medios de comunicación. Bonino utiliza material de archivo familiar y de la televisión para ir adentrándonos en este retrato que suma el placer de robar explicitado junto a la risa del ladrón, los vínculos y el trato en la cárcel, los procedimientos de robos y asaltos explicados a cámara, el fin de obtener la venganza como resolución de ciertas situaciones, los conflictos familiares. No hay santificación del protagonista, hay una búsqueda evidente de mostrar las complejidades humanas, las contradicciones, los claroscuros. Esta película integra la Competencia Argentina.

En Adiós a la memoria, que forma parte de la Competencia Internacional, Nicolás Prividera realiza una película ensayo, tal como es su estilo donde consigue aunar lo íntimo, lo familiar y lo privado con lo colectivo, lo social y lo público. La historia y la Historia. Si en M bucea en la desaparición de su madre por la junta militar para darle forma a ese rompecabezas de imágenes que habitan su cabeza y en Tierra de los Padres en la formación de nuestro paìs, ahora en este film le toca el turno a su padre, quien aquejado por una enfermedad que atenta contra sus recuerdos parece ser un espejo en donde los argentinos podemos reflejarnos. El director echa mano a todos los recursos con los que cuenta, desde las imágenes propias hasta el material de archivo. Pero también reflexiona sobre el cine como origen de la propia novela familiar. Todo es plausible de ser pensado y esa voz en off que atraviesa el documental lo demuestra a cada instante provocando la pregunta y por ende, e inevitablemente, interpelándonos. El cine político se hace presente pero no deja de lado la emoción (si es que eso puede ser posible). Quizá las referencias a las voces de autoridad para sostener los argumentos propios desplegados pueden ser demasiadas y anclar la película más a un texto escrito, pero no dejan de ser atinadas y de echar más luz sobre los temas tratados. Entre los que no resulta menor el cuestionarse la durabilidad de las imágenes hoy día. Prividera muestra que el cine, la literatura, la filosofía son también parte originaria de la memoria, tanto personal cuanto familiar, social e histórica. Un constructo que nos define y nos da forma.

Colección privada es parte de la Competencia Latinoamericana de Cortos. El documental de Elena Duque construye experimentalmente un inventario con postales, fotos, animación, objetos, estampillas y videos, en un montaje sin sonido, a puro encadenamiento, en una especie de enumeración caótica que puede dar cuenta de una particular colección artística tanto como de una colección de recuerdos emocionales. Pero esta elección está fundada demasiado en la intervención del espectador.

Santiago Reale entrega en Luz distante – Capítulo 1 – Les desventurades una ficción postapocalíptica, con tintes de roadmovie, en la que dos jóvenes se lanzan a un viaje de exploración, al principio sin destino, lo que les permite contarnos (quizá de una manera que se hace evidente) qué significa ese mundo que vemos en pantalla y cómo se ha producido. Buena fotografía y locaciones y acertadas actuaciones suman positivamente. Forma parte de la Competencia Argentina de Cortos.   

Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2020: Quinta Crónica

Día 5: miércoles 25 de noviembre

Lo nuevo del director Sion Sono, Red Post on Escher Street, forma parte de la Competencia Internacional con una historia que gira sobre el proceso de hacer cine, pero esta vez se enfoca más que nada en el papel de los actores. La película empieza con un casting que entusiasma a un montón de jóvenes ya que el director busca específicamente caras nuevas y no necesariamente con experiencia. Además del entusiasmo colectivo, de las ilusiones de cada una de ellas, empiezan a aflorar pequeñas historias, las de cada una de estas mujeres. Así, podemos ser testigos de una misma audición pero desde diferentes perspectivas. El universo de Sion Sono es delirante pero también enternecedor e incluso le brinda lugar en su historia al mundo de los extras, estos aspirantes a actores que sólo cuentan con unos pocos segundos en pantalla, generalmente sin diálogos, y el director los muestra con todo el entusiasmo y la ilusión de, en algún momento, interpretar a un personaje. Como la película tiene muchos personajes, justamente también tiene muchas historias, y la narración resulta muy fluida aun entre tanta información: la joven que quiere actuar porque su marido que la dejó viuda soñaba con ser actor, la que a causa de una traumática historia familiar encuentra en la audición una manera de liberarse un poco, las fanáticas enceguecidas del director, el propio director que se encuentra perdido con un guion que no lo convence y unos productores que lo presionan para hacer una película que no quiere mientras lo persigue un fantasma. En resumen, más de dos horas de un delirio hermoso, un poco ruidoso y, sobre todo, con mucho amor, que nos dice que lo importante es asumir el rol protagónico de nuestras propias vidas.

Otra película de la Competencia Internacional es Moving On, de Corea del Sur, una ópera prima de una joven directora: Yoon Dan-bi. La historia empieza con una mudanza de un padre separado y sus dos hijos, una adolescente y un niño, a la casa de su padre. Allí ellos empiezan a relacionarse de una manera más íntima con su abuelo y pronto se suma la presencia de su tía, la otra hija de este hombre dueño de la casa, que atraviesa una crisis matrimonial. La película está compuesta de pequeños momentos de la cotidianidad de esta familia. Es un drama sensible sobre los lazos familiares y las generaciones que dan lugar a las que vienen. Aunque hay varias cuestiones dramáticas, la película opta por tratarlas de un modo muy sutil y cálido. Sin sorpresas pero conmovedora.

Dentro de la Competencia Argentina podemos encontrar el tercer largometraje de Edgardo Castro: Las ranas. Como con sus películas anteriores estamos ante una historia ficcionalizada con un registro documental, algo que navega entre una cosa y otra. Castro vuelve a apostar a la crudeza, esta vez con la historia de una mujer humilde que tiene un hijo pequeño, vende medias en la calle, medias que casi todo el mundo le rechaza, y una pareja en la cárcel. Un poco como se veía en el documental La visita de Jorge Leandro Colás, Barby es de las mujeres que hacen un largo viaje cargadas para poder pasar un rato junto a su novio en el penal. El acercamiento que el director hace hacia este personaje es brutal, obsesivo, la sigue en cada momento de su cotidianidad, no se guarda nada. A través de estas escenas aparentemente intrascendentes -conversaciones triviales, momentos en el baño, múltiples rechazos en la calle- es que se construye el retrato desolador de este personaje marginal dispuesta a poner el cuerpo.

El asiduo participante del Festival, José Celestino Campusano presenta su nueva película, En la frontera, pero esta vez Fuera de competencia. La protagonista de esta historia es Vero, una mujer que trabaja junto a su hermano mayor en una obra y por lo tanto está acostumbrada al trato machista recurrente de esos lugares y sabe cómo reaccionar. Su hermano se muda con ella, al mismo tiempo que mantiene una relación con una mujer bastante más joven. Es descuidado y se aprovecha un poco de la hospitalidad de Vero. Alrededor de estos dos personajes se van tejiendo algunas otras historias, siendo la más importante la de su prima: una mujer que sufre violencia doméstica por parte de un marido que tiene conexiones con la policía y por lo que le cuesta escaparse de él. Sin embargo Vero es una mujer activa y se encarga de ayudarla, junto a su hermano y un obrero que trabaja para ellos, de sacarla de esa situación en medio de una escena bastante tensa. También vemos a Vero como una mujer preocupada por cuestiones sociales, aunque nunca sepa exactamente cómo ayudar, aunque a veces tenga más preguntas que respuestas. Allí Campusano presenta diferentes temáticas que, en su conjunto, resultan desordenadas. Quiere abarcar demasiados conflictos cuando el núcleo de la historia debería estar en esta mujer adulta a la que la vida parece demostrarle que quizás lo mejor sea siempre estar sola, después de constantes fallidas relaciones. En la idea de hacer un retrato social, Campusano parece, esta vez, más perdido que nunca, pero de todos modos consigue un par de escenas con discusiones y contradicciones planteadas de manera necesaria.

Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2020: Cuarta Crónica

Día 4: martes 24 de noviembre

La nueva película de Francisco Márquez (uno de los directores de La larga noche de Francisco Sanctis) es un incómodo thriller que forma parte de la Competencia Argentina. En Un crimen común, Elisa Carricajo interpreta a una profesora de sociología, mujer separada, que vive con un hijo. Tiene contratada a una mujer más humilde para que la ayude con las cosas de la casa y un día conoce al hijo de ésta. Después de eso, una noche de tormenta escucha que alguien golpea la puerta. Un golpe desesperado que, espiando desde las persianas a escondidas, descubre que pertenece a este joven. Asustada, no hace nada. Al día siguiente en las pantallas del televisor está la noticia de la desaparición de este muchacho. Sin embargo, el guion (que está escrito por el director junto al escritor Tomás Downey) no se enfoca en esa situación desde lo político -aunque está muy presente-, sino que bucea en lo que le pasa a esta mujer que no le dice a nadie lo que vio. Con algo de La mujer sin cabeza de Lucrecia Martel, la realidad a esta profesora se le empieza a enrarecer, siente presencias y voces en su casa e incluso en su profesión no puede funcionar de la manera en que lo hacía antes. Confundida, se guarda el miedo y las dudas y estos empiezan a crecer dentro suyo: la culpa aflora en medio del laberinto en que se encuentra perdida. Un crimen común es el viaje interno, un viaje vertiginoso, de una mujer que explora los límites de su propia empatía y compromiso por fuera de la teoría; en la práctica no es igual de fácil. Con una dirección notable y un importante uso de las luces, resulta intrigante, provocadora y cuenta con una actuación destacable de Carricajo.

Fuera de competencia encontramos a la nueva película de Paula Hernández (quien esta semana recibió la noticia de que su película anterior, Las sonámbulas, será enviada a los premios Oscar en representación de nuestro país). Las siamesas está protagonizada por Valeria Lois y Rita Cortese, quienes interpretan a hija y madre respectivamente. La historia es pequeña: estas dos mujeres que viven juntas y solas tienen que viajar desde Junín a la costa por unos departamentos que la hija hereda de su padre, “el innombrable”. Pero la relación entre ellas se torna cada vez más tensa e incómoda y así resultará todo ese viaje en micro que, para colmo, en algún momento se queda varado en medio de la ruta y la noche. Escrito por la directora junto a Leonel D’Agostino, el film se basa en un cuento de Guillermo Saccomano sobre el vínculo endogámico. Hernández, a través de la cuidada elección de los planos y de la música, lleva su película a un in crescendo claustrofóbico que se torna cada vez más insoportable, en el mejor de los sentidos, con una crudeza sin reparos a la hora de desarrollar esta relación que por un lado es problemática y por el otro totalmente necesaria.

La segunda de las películas de la sección de Hora Cero llega de Canadá y es Come True, de Anthony Scott Burns. Terror y ciencia ficción se mezclan en una historia que empieza con buenas ideas pero se va enredando hasta llegar a una resolución ridícula que arroja por la borda todo aquello de interesante que se había construido. Escrita por el director junto a Daniel Weissenberger, la historia empieza con una joven que se encuentra en su último año de secundaria. Se percibe que tiene problemas en su casa y por eso duerme fuera y mal, vagando de un lugar a otro. Un día lee un aviso sobre un proyecto de investigación para el que solicitan sujetos dispuestos a dormir y siente que es todo lo que necesitaba: un lugar fijo donde pueda descansar tranquila. Pero la investigación tiene que ver con los sueños y su propia realidad pronto comienza a resultar casi tan extraña como ellos. A favor hay que decir que con pocos recursos la película consigue momentos de climas oscuros y aterradores. No obstante la trama, que aunque se base en algo con tan poca coherencia como el mundo de los sueños, resulta innecesariamente enrevesada, con un desarrollo pobre y básico de los personajes y ni hablar de la construcción del romance. Quiere ser novedosa y fresca y sólo resulta confusa, aburrida y anticuada.

Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2020: Cuarta Crónica

Día 4: martes 24 de noviembre

Edgardo Castro presenta su tercera película Las ranas dentro de la Competencia Argentina. Con la impronta que lo caracteriza, y ya es todo un estilo, se sumerge en las historias que aborda desde un lugar donde se rompen las fronteras entre ficción y documental, se diluye la cámara y la intimidad parece presentarse frente a nuestros ojos sin velos. En este caso seguimos la cotidianidad de Barby, una joven madre que vende medias en la calle y puerta a puerta, para conseguir el mango diario. Habitante de un lugar más que humilde la acompañamos, además, en su ida a la cárcel donde visita a un joven que es su pareja. Esos instantes nos mostrarán el interior de la prisión, los sentimientos de ambos, cuando están juntos y cuando no (vemos que él recibe otras visitas familiares). La mirada sin prejuicios ni preconceptos sobre estas personas nos acerca a vidas completamente estigmatizadas por la mayoría de la sociedad y de los medios, pero tampoco las santifica. Y de paso nos muestra ciertos trucos que el ingenio popular crea para horadar ciertas reglas carcelarias.

Un crimen común también vuelve a mostrar la mirada comprometida con su tiempo, fuertemente política, que cuestiona e interroga sobre las posiciones sociales sin juzgar ni señalar con el dedo, que Francisco Márquez ha desarrollado en su filmografía. En este caso a través de Cecilia (Elisa Carricajo), una docente y académica, socióloga, madre, mujer separada, que tiene una mirada progre sobre el mundo, con saberes y herramientas que la Universidad Pública le ha brindado. En su casa trabaja Nebe, que es parte de la familia. Pero cuando una noche lluviosa, el hijo de esta señora golpee la puerta huyendo y pidiendo auxilio, Cecilia prefiere ignorar el llamado presa del miedo. Al día siguiente el joven es encontrado muerto como resultado de estos casos de gatillo fácil y abuso de poder por parte de la policía que lamentablemente son moneda corriente. A partir de allí la protagonista se interna en un mundo de pesadillas (como en ese túnel de terror anticipatorio de la primera escena en el parque de diversiones) donde la culpa no le da respiro. Thriller político en torno a temas coyunturales y candentes, también el terror va adueñándose del género y del filme: algo en esa casa parece acecharla y no le da respiro. ¿Qué hacer con el saber frente a la realidad práctica? ¿El progresismo es apenas un discurso que no llega a la acción cuando debe? Estas y otras preguntas se le hacen carne a la protagonista y nos interpelan como espectadores frente a la toma de conciencia y a la responsabilidad que nos compete como ciudadanos y como humanidad.

En la Competencia Internacional se presenta Red Post on Escher Street, el último film del japonés Sion Sono y también podemos hablar de marca autoral. Esta comedia, fresca y liviana, sobre el mundo de la actuación y el cine podría dividirse en dos partes: la primera es el desarrollo de un casting para participar del próximo film de Kobayashi, un director famoso, que permite presentarnos una coralidad de personajes con un ritmo vertiginoso y mezclando distintas historias sin que perdamos el hilo. La segunda se da a partir de un quiebre donde este director comprende que la industria lo ha cooptado y debe trabajar con lo que hay y no con lo que quiere. Ya estamos en plena filmación y lentamente todo se desmadrará hasta una especie de revolución que adopta el slapstick, los golpes y las corridas para ofrecer como salida el dejar de ser un extra, con todo lo que ello implica y que puede trascender a todos los órdenes de la vida. La maestría de Sion Sono en su puesta en escena para presentar las múltiples historias, dar carnadura a los personajes y vincularlos sin que el relato se vuelva imposible de seguir es destacable, así como el humor que no abandona jamás.

Tres mujeres llegan a una isla, entierran algunos objetos y visitan a una vidente del lugar. Tras un ritual de invocación ésta es arrastrada a un mundo de oscuridad y algo más. En Las sombras, Paulo Pécora construye el misterio y el terror apelando a los recursos cinematográficos con habilidad. Carteles explicativos al estilo cine mudo, sonido envolvente y narrativo y una fotografía en blanco y negro donde el soporte fílmico muestra granulados, saltos, revelados expuestos, manchas que cuentan por encima de la bella estética que también aporta. Este film es parte de la Competencia Argentina de Cortos.

Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2020: Tercera Crónica

Día 3: lunes 23 de noviembre

Las mil y una de la directora correntina Clarisa Navas es otra de las películas argentinas que forma parte de la Competencia Internacional. Durante dos horas, Navas sigue a su protagonista y hace un retrato de la vida en el barrio Las Mil Viviendas en su provincia natal. La historia se puede resumir en pocas palabras: chica gusta de chica. Iris es una adolescente que no tiene muchos amigos, pasa un poco de tiempo con sus primos pero más con la pelota de básquet. De vestimenta deportiva y una larga cola de caballo en la cabeza, sus estanterías internas se mueven cuando ve a Renata, la chica que vuelve al pueblo. Ese flechazo la hace seguirla y hasta escribirle una carta. Mientras tanto, en el barrio le advierten que es prostituta y tiene sida, que son cosas que sabe todo el mundo ahí. Iris dice que no le importa lo que se diga pero sí le importa. Eso parece en las escenas en que están más cerca y si se besan, siempre mirando alrededor, pendiente del exterior. Clarisa Navas construye su película a través de largos planos y con cámara en mano, nos introduce en el barrio donde en verano podés cruzarte con unos chicos que te tiran bombitas de agua. El mayor acierto se encuentra en el modo de acercarse a Iris y Renata, de mostrar desde la torpeza inicial de la conquista a la intimidad a solas en rincones del barrio; lo hace de manera tierna y amable. Por otro lado, sus primos también tienen su protagonismo, adolescentes con las hormonas a flor de piel. Las mil y una se siente honesta, fresca.

Un cuerpo estalló en mil pedazos es un documental de Martín Sappia sobre Jorge Bonino que forma parte de la Competencia Argentina. ¿Cómo abordar la figura del arquitecto, humorista, artista conceptual y actor? Sappia apuesta por una realización minimalista: planos fijos de lugares generalmente vacíos en blanco y negro y una voz en off. A veces, en el medio, alguna imagen encuadrada por otra, o una postal o carta en pantalla. Pero, a grandes rasgos, la historia está contada a través de las palabras de esa narración. Y en ese sentido lo hace de una manera muy clásica: cómo empezó con su carrera, su modo de abordar y pensar la arquitectura, los viajes que le permiten hacer obras en otros países, una leyenda que empieza a crecer. La voz que predomina es anónima: siempre cuenta que “dicen que…”, porque está formada a través de recuerdos de diferentes personas. Dicen que las manos salvan a Bonino. Dicen que es feliz en España. Dicen que entraron luces en su cabeza. Dicen que Bonino no deja rastros. Dicen… Así se va acercando como se puede a la mente de un hombre que utilizó el humor para hacerse famoso pero que, sin embargo, ocultaba por debajo una enorme tristeza, sus pasos por los psiquiátricos y el regreso a su Córdoba. Es un documental al que cuesta entrar, especialmente si no se conoce demasiado a la figura, pero que luego te va introduciendo a la vida de Bonino al menos hasta donde se puede. Minimalista, logra transmitir una sensación de desolación en esa distancia que construye con las imágenes.

Mamá, mamá, mamá es la hermosa ópera prima de Sol Berruezo Pichon-Riviére que también forma parte de la Competencia Argentina. Una película protagonizada por mujeres de diferentes edades. La historia comienza con una muerte. Cleo queda entonces a cargo de su tía y en compañía de sus numerosas primas. Se siente confundida, extraña a su madre, y no termina de entender nada de lo que sucede alrededor, tampoco de lo que le sucede a ella, que en el medio sigue creciendo. Como es chica, no le dicen muchas cosas y la película está narrada así, desde ese punto de vista limitado, incompleto. La directora se acerca a estas niñas que van a pasar mucho tiempo juntas, mientras las adultas tratan de arreglar sus cosas, de seguir adelante sin incluirlas para no hacerles daño, de una manera sensible. Las imágenes en el exterior, sobre las hierbas y con luz natural, pueden rememorar al cine de Sofia Coppola, es que incluso algunos planos de las niñas parecen salidos de Las vírgenes suicidas (“No sabés lo que es ser una chica de trece años”), más allá de que la historia de la muerte acá pasa por otro lado, y también está presente Lucrecia Martel y La ciénaga. La química entre las niñas le brinda mucha naturalidad a cada una de las escenas, ya sea persiguiendo a un conejo, practicando besar con un tomate, o haciendo una ceremonia para los bebés que no vendrán después de que Cleo tuviera su primera menstruación. Una historia de crecimiento y de duelo contada de manera amorosa.

Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2020: Tercera Crónica

Día 3: lunes 23 de noviembre

Dos propuestas diferentes para contar los duelos son parte de la Competencia Argentina. En Esquirlas, la directora cordobesa Natalia Garayalde recupera videos familiares y encuentra una mirada muy particular sobre la explosión de la Fábrica Militar de Río Tercero, Córdoba, el 3 de noviembre de 1995. Con la recién adquirida cámara familiar y a partir del impulso propio de la novedad y la mirada inocente de los jóvenes que la manipulan pasamos del registro privado e íntimo a las angustiantes imágenes tomadas de primera mano en ese día y los siguientes. Sin necesitar la constante comparación de esos instantes reveladores frente a los oficiales (material de archivo televisivo), pero con la contundencia a su favor cuando la realiza, se desenmascara un relato donde la política se enturbia con negociados de armas de altos funcionarios y jueces que trabajan para evitar que se conozca la verdad y la justicia. Las consecuencias de ese hecho a posteriori, en el seno de las víctimas, los “perejiles” acusados y la propia familia de la directora es devastadora.

En Mamá, mamá, mamá también hay otro duelo. Sol Berruezo Pichón-Riviere retrata, con aires martelianos, cómo atraviesa Cleo la pérdida de su hermana menor mientras su madre entra en una depresión, y su casa se ve invadida por su tía y sus primas, su abuela y una empleada doméstica y su hija y unos hombres que vienen a tapar la pileta donde la niña se ha ahogado. Las chicas atraviesan esos días con juegos, mirando televisión, compartiendo secretos, rituales de los niños que no han podido nacer (Cleo tiene su primera menstruación durante ese tiempo de relato), leyendas urbanas de terror, “festejando” el cumpleaños de una de ellas o detrás de un conejo que apareció en el jardín. Actividades alejadas de los mayores que les permiten tener una respuesta propia aunque no puedan evitar las adultas y que las llevan al momento final. Película de climas, de construcción de atmósferas con un elenco a destacar, la tensión de la muerte, del mal que ronda se hace respirable y casi palpable.

Clarisa Navas participa de la Competencia Internacional con Las mil y una. Después de Hoy partido a las 3, vuelve a demostrar que sus retratos femeninos, a tono con estos tiempos, lucen con una naturalidad viva y envidiable. Iris es la protagonista, en su despertar sexual en la diferencia. Todo un mundo donde la diversidad es la “normalidad”, sin la necesidad de explicar o argumentar nada, pone al espectador en otro modo de atención. Uno se deja llevar por ese lapso que compartimos donde aparece tanto el peligro de ese barrio de monoblocks, carenciado, alejado del centro correntino, y sus habitantes, del tráfico de drogas y sexo, de las corridas nocturnas, como también la sensibilidad posible de otros personajes, la construcción de nuevas y elegidas familias conformadas por los afectos y el aguante, del primer amor. Todo luce natural, desde las actuaciones hasta la puesta en escena.

En la era de Manuela de Laborde (Comp. Lat. de Cortos) se muestran las labores desarrolladas en el Taller Experimental de Concreto en Las Pozas, Xilitla. El documental se narra a partir de imágenes que juegan con las formas y lo abstracto, en un registro casi experimental, y donde las dos bandas (sonora y visual) parecen buscar el sentido a través de su alejamiento y ese choque que se produce entre ambas.  

Los arcontes de Natalia Labaké y Agustina Pérez Rial (Comp. Arg. de Cortos) ficcionaliza un hecho real: la investigación que los servicios de inteligencia de la provincia de Buenos Aires realizaron sobre el Festival de Cine y sus invitados en los 60. A partir de los legajos encontrados se desenvuelve la trama de una conspiración propia del mundo de la Guerra Fría con un trabajo que se destaca por lo visual y donde la geometría de los espacios (hoteles, escaleras, pasillos, ventanas, etc) es tanto personaje como aporte estético.