Angélica de Delfina Castagnino

Angélica perdió a su madre, se separó de su novio y debe abandonar su casa. A escondidas de su hermana, que no sospecha nada, vuelve a ingresar a la vivienda a punto de ser demolida y se esconde en el ático, desde donde espía cómo su universo, literalmente, se destruye. Mientras, se enfrasca en una relación con el padre de la supuesta nueva novia de su ex, con quien los límites de la realidad y la ficción parecen ir corriéndose, a medida que Angélica va sumergiéndose, más y más, en un personaje con las mismas características de su difunta madre.

Angélica es, como su personaje, una película de la cual es muy difícil hablar sin adentrarse en todos sus detalles. Ella parece una cosa pero es otra, o viceversa. El límite desaparece rápidamente en el film y el espectador queda abandonado a esa nueva realidad que el personaje va a construir. La puesta de cámara da cuenta de ello y, al mismo tiempo que los planos parecen ser desprolijos e improvisados, no queda la menor duda de que están pensados milimétricamente para incomodar al espectador. Lo que vemos es incómodo, pero lo que no llegamos a ver es perturbador.

Angélica es inabarcable para nosotros. Su mundo interior es oscuro y a medida que ella continúa su espiral descendente a la insania la apuesta cinematográfica va subiendo. La cámara queda cada vez más alienada de esos espacios que la rodean. Y a la par que los obreros van destruyendo las estructuras de ese lugar que alguna vez supo ser su hogar, su propia personalidad empieza a colapsar perdiendo los límites entre lo real y la ficción.

Los sonidos toman en el film un protagonismo particular y hacen extrañar la sala cinematográfica donde la sensación envolvente los hubiese potenciado. Construyen la amenaza exterior de Angélica, pero también ponen en tensión su clandestinidad. Cada paso que da, cada lugar por el que se desplaza, la crujiente y desmoronada casa la quiere poner en evidencia.

Cecilia Rainero construye a nuestro personaje principal con una sutileza que se contrapone fuertemente con su intenso mundo interior. Con pequeñas miradas o cambios casi imperceptibles del tono de voz, deja paso a las otras partes de Angélica que se debaten dentro de su ser.

Angélica debería ser un film dramático, pero pone en juego las cualidades de un thriller, logrando así generar en el espectador una gran cantidad de suspenso y tensión, volviendo más efectiva la construcción de la decadencia de este personaje con el cual queremos empatizar, aunque se vuelve más difícil con cada minuto que pasa.

Puntuación: 4.5 de 5.

Sofocante y opresiva, Angélica es una de esas películas que muestra cuál es el camino del nuevo cine argentino cuando pretende abarcar el género, deconstruyendo y reinventándolo no en pos del mero efectismo, sino como parte de la construcción integral de este hipnótico y enigmático personaje.

Proyecto Parque Patagonia de Juan Dickinson

Dos filántropos millonarios encaran un proyecto de parque binacional que empieza con la donación de una gran cantidad de tierras en Chile y que debe continuar con la adquisición y donación al estado argentino de tierras en nuestro país. El problema reside en que en algunas de esas tierras, que la Fundación Flora y Fauna quiere adquirir para el proyecto, viven estancieros que, desde hace dos o tres generaciones, vienen criando su ganado en el lugar. El proyecto de unos se contrapone con el de los otros y está claro que ambos no pueden subsistir si su opuesto no cambia o desaparece.

El documental Proyecto Parque Patagonia intenta darle voz a quienes, desde ambas posturas, pueden explicar los por qué de su punto de vista y así, durante la extensión de la película, nos encontramos con dos bandos irreconciliables, cada uno de ellos con argumentos entendibles, aceptables e incluso justos. Y si bien el documental es muy interesante en sus planteos y la belleza de sus imágenes, por momentos queda preso de su “intento de imparcialidad”, lo cual, paradójicamente, juega en contra al momento de permitir al espectador tomar una postura bien informada.

Por un lado, el film decide no traer desde afuera del conflicto ninguno de los testimonios que permitirían dirimir un poco mejor la cuestión. Testimonios de conservacionistas ajenos al proyecto serían muy esclarecedores, lo mismo que algunos estudios sobre cómo y quién fue poblando la Patagonia, situación que se ve demasiado romantizada en el film. Y en ese contexto, al mezclar los testimonios de familias nativas que trabajan y viven de la tierra con el de los agricultores que trabajan las tierras que compraron (o incluso capaz ocuparon) sus padres o abuelos, se generaliza una visión de la naturaleza que un productor agropecuario no siempre tiene presente.

Por otro lado, mientras uno de los “bandos” atraviesa el film contando sobre el proyecto de regeneración de flora y fauna, del otro lado llueven constantemente las acusaciones sobre las formas y los objetivos ocultos de quienes, a los efectos de esta historia, son los conservacionistas. Desde acusaciones sobre aprietes del tipo mafioso, hasta la insinuación de una intencional búsqueda de acaparar las fuentes de agua dulce, pasando por la ridícula posibilidad de la fundación de un nuevo país en ese territorio, los agricultores de la zona dicen unas cuantas cosas sobre quiénes quieren llevar a cabo el proyecto, y estos nunca tienen derecho a réplica en el documental y, mientras tanto, datos muy importantes sobre cómo el ganado de algunos agricultores pastan en tierras ajenas pasan desapercibidos y ni siquiera son tomados como parte de la argumentación.

Puntuación: 3 de 5.

Proyecto Parque Patagonia es un buen documental, plantea una mirada interesante sobre uno de esos conflictos donde las dos partes parecen tener razón y la solución parece imposible, y lo hace con bellos planos y una muy cuidada imagen. Pierde potencia, sin embargo, por la falta de objetividad, que es entendible en cualquier documental, pero que no debería ser tan visible para el espectador, porque termina jugando incluso en contra de la propia perspectiva del autor y sus entrevistados.

Los hijos de Facundina de Daniel Samyn y Daniel Francezon

El film da inicio con una placa explicativa que nos sitúa e introduce a la historia de Facundina, luego vemos una luna llena dibujada que se desplaza en la noche, mientras una voz en off femenina asoma tímida pero contundente “(…) el perro se ha muerto de pena y aquí solita yo… solita…”. Este recorrido del relato sonoro finaliza con una cita impresa en pantalla: “la infancia es el momento en que suceden todas las cosas”. Luego, un canto se acopla a la cascada de agua que suena y corre bajo la referida luna llena, acto seguido se sobreimprime el título del film y amanece el día dándonos paso a la película.

“No sabían olvidarse mis hijos de mí. ¿Qué será ahora la causa?” dice Facundina entre relatos en off sacados de aquel registro pasado. Una mujer nacida “no sabe cuándo”, en el sur de Bolivia, va rearmando sus recuerdos de niñez, su relación con “el finadito” Candelario, padre de sus hijxs, quien la robó a los 14 años y al que ella afirma “tuve que acostumbrarme”, la guerra, el parir en soledad 11 veces, la dura vida en el monte y los viajes constantes de un lado a otro de las fronteras en busca de sustento. Muchas veces sus relatos coinciden con las memorias que sus hijxs van rescatando de aquel olvido, pero a veces no. Cicatrices de vida, varias abiertas, en nombre propio que metaforizan a tantos anónimos que recorren, desde hace más de un siglo, los senderos del Chaco americano mientras rastrean sus destinos.

Este es un honesto y más que humano film documental que, a través del uso de la observación, la pintura animada, el registro fotográfico, el relato en off y la entrevista, nos invita a ser testigxs sutiles de realidades que suelen sentirse algo ajenas a nuestro cotidiano en la ciudad pero que pone en perspectiva, sin lugar a dudas, a la propia infancia del que observa y escucha. Pues recordar la niñez teniendo en cuenta la propia infancia y vida de nuestros mapadres, como lo hacen les hijxs de Facundina, nos llevará a memorias poco amables y hasta dolorosas pero muy necesarias para seguir avanzando. Tal es el caso de “la negra” (hija de Facundina) que confiesa haber tenido un vinculo quebrado por muchos años como madre. Este relato es capturado por la cámara en una escena improvisada, algo fría, más bien tímida, pero sí muy sensible y cargada de valor. En ella se exponen sus por qué de ausencias permitiéndose la reconstrucción del vínculo desde la propia mirada adulta de su hijo.

Puntuación: 3.5 de 5.

Los hijos de Facundina es un documental que registra, sin romantizar, la dura vida de la matriarca Facundina, una mujer de origen chiriguano–guaraní que ha envejecido de golpe, según ella, porque nunca paró de trabajar “solita” para sostener en pie a su familia.

Hermanas de los árboles de Camila Menéndez y Lucas Peñafort

El film da su apertura con un recorte directo sobre un monte desértico, casi estéril, con unas cabras que parecen buscar dónde pastar y, a continuación, nos muestra a un hombre, ya mayor, talando el único árbol en pie de la zona mientras niños varones lo observan, se ríen en complicidad y aplauden la caída de dicho árbol. Corte seguido, vemos a dos mujeres caminando por un sendero con sus sedas al viento; ellas serán las protagonistas que nos darán acceso a este bellísimo relato de superación personal y colectiva.

Contextualicemos: en India, si el embarazo da como resultado el nacimiento de una niña, la familia lo considera como una carga económica porque cuando sea “la hora de casarla” ésta deberá hacerle frente a una dote de 54 mil rupias para la familia del esposo. En cambio, si nace niño, la familia será quien reciba esa dote, incrementando sus ingresos. Bajo este preconcepto de estructura socio-cultural (patriarcal) muchas familias deben decidir entre asesinar a la niña recién nacida o, si prefieren que siga con vida, ingeniárselas económicamente para poder conseguir el dinero de su dote.

En general, no se pueden practicar abortos selectivos en India porque la tomografía es ilegal y si el doctor te comunica el sexo del bebé, va preso, por lo que las bebas son asesinadas una vez nacidas y luego son tiradas a la basura.

En esta aldea rural de Piplantri (India), donde se registra el documental, las mujeres ya no temen dar a luz a sus hijas, porque desde el 2005 se plantan 111 árboles en nombre de cada una de ellas para celebrar la ocasión. Este ritual surge a partir de la vivencia personal de Shyam Sunder Paliwal, alcalde de la aldea, quién, tras haber perdido a su hija de 16 años, decidió plantar un árbol en su memoria, pero en ese momento de tristeza no pudo creer que algunos padres y/o madres asesinaran a sus hijas sólo por razones económicas; entonces pensó que los árboles deberían plantarse para celebrar la vida de las niñas y convenció de ello a toda la comunidad.

Esta idea no sólo ayudó al cambio climático y al crecimiento económico de la aldea, sino que sirvió para implementar un sistema que previene los matrimonios infantiles, alfabetiza y protege a las niñas. Incluso, bajo este paradigma de paridad, muchas mujeres adultas lograron conseguir independencia económica a través de trabajos comunitarios y, por consiguiente, reducir la violencia de género doméstica.

Puntuación: 4 de 5.

Hermanas de los árboles es un documental de registro observacional, con un gran impacto crítico y social sobre la perspectiva de género, pero trabajado desde la sutileza poética; cargado de metáforas visuales y sonoras, con la mirada puesta en lo importante, en la autodeconstrucción de una sociedad patriarcal en constante búsqueda de igualdad de oportunidades sin distinción, sin perder de vista la propia cultura.

Escribir en el aire de Paula de Luque

En el cine de Paula de Luque, aun en la ficción, se nota que hay una exploración desde la expresión corporal, probable y sencillamente, porque la danza también forma parte de su propia vida. En su película anterior, La forma de las horas, un drama romántico, se incluían imágenes de Paula Robles bailando en medio del bosque que nada tenían que ver con el argumento de la película y, sin embargo, ahí estaban, quizás, para expresar algo de una manera más corporal y abstracta.

Escribir en el aire es un documental que estudia la figura de Oscar Araiz, coreógrafo y director de danza argentina. Pero no lo hace de una manera clásica y tradicional sino que, otra vez, la directora parece más interesada en lo que las imágenes y la música pueden expresar.

Porque si bien hay escenas del propio Araiz reflexionando sobre su oficio y su carrera, también de una manera poética, calculada, sobre el escenario de un teatro vacío en el que se encuentran rodeados de naranjas en el piso, por ejemplo, lo que prevalece son los números musicales. Cuadros enteros filmados con un ojo que, a veces, es muy cercano, capaz de captar desde un tatuaje hasta la piel de gallina de quien se encuadra.

En la película se mezclan escenas propias del documental como otras ficcionalizadas, es decir, es un documental que nunca quiere ser sólo eso. Hay imágenes claras: el pez en la pecera en constante movimiento que no se deja atrapar, o dos oponentes en un cuadrilátero, o el propio Araiz como espectador de su propia vida. Pero también hay momentos de mayor distensión, como una reunión alrededor de la mesa, aunque no deja de ser una puesta en escena.

Paula de Luque intenta captar la esencia misma del movimiento. Lo que Oscar Araiz define como “ese momento entre dos muertes”. Y lo hace desde lo poético y lo sensorial. Pero esos cuadros que, a veces, pueden resultar hipnóticos se sienten reiterativos y, a la larga, uno espera las palabras del protagonista sobre el mecanismo del cuerpo, sobre los sueños, o sobre la idea de que todo es continuado y nada tiene final.

Escribir en el aire no es ni pretende ser una película que presente a Oscar Araiz, un documental tradicional que nos cuente sobre su vida o carrera desde lo formal. Por eso tal vez está dirigida a un público conocedor o interesado por acercarse de una manera más emocional y conceptual.

Puntuación: 3 de 5.

Escribir en el aire es un documental que retrata a Oscar Araiz desde lo sensorial, de manera poética aunque demasiado calculada. Lo más interesante termina siendo escuchar al artista reflexionar sobre su obra.

La muerte de un perro de Matías Ganz

La muerte de un perro nos presenta a Mario (Guillermo Arengo) y Silvia (Pelusa Vidal). Él, un médico veterinario. Ella, recientemente jubilada. La trágica muerte de un perro lleva a que Mario se vea envuelto en un linchamiento público a través de redes sociales. Como si esto fuese poco, la pareja es víctima de un robo. Como consecuencia de estos hechos, deciden mudarse temporalmente a la casa de su hija. Allí, la radical paranoia que atraviesa Silvia (quien acusa a su empleada doméstica por supuestos robos) se traslada a Mario. De esta manera, la pareja pasa a estar constantemente en un estado de alerta máximo.

La ópera prima de Matías Ganz nos lleva y trae entre distintos géneros. Es un drama enfocado en lo social. Pero es innegable el tono de comedia negra que maneja en (casi) todo momento. Tampoco se pueden obviar los elementos de thriller psicológico. De esta manera, La muerte de un perro logra hacernos pasar, como espectadores, por distintos tipos de emociones y sentimientos. La mayor parte del tiempo nos deja con un sentimiento agridulce, que nos hace repensar sobre el accionar de los distintos personajes.

La película abre diversas aristas que, en un comienzo (y bastante avanzada la trama), parecen no conectar entre sí. Las subtramas surgen como más libradas al azar, e incluso improvisadas. El accionar de los personajes ante las diversas situaciones que se les presentan también parece, por momentos, no tener sentido. Finalmente, cuando se llega al clímax, todo logra unirse, dándole un sentido a cada uno de los puntos que se nos fueron mostrando durante toda la trama.

Ganz analiza la condición humana en general, con personajes que actúan, por momentos, sin razonamiento alguno. También deja ver la impunidad con la que logran manejarse las personas pertenecientes a cierta clase social (alta), quienes parecen tener la libertad de actuar tal y como se les dé la gana, sin sufrir consecuencia alguna por sus actos.

Puntuación: 3.5 de 5.

La muerte de un perro es un drama social conciso, que combina de manera eficaz elementos de la comedia negra y del thriller psicológico. En su ópera prima, Matías Ganz deja en evidencia cómo cierta clase social puede manejarse a su antojo sin, prácticamente, sufrir consecuencias por sus actos.

Planta permanente de Ezequiel Raduzky

Lila (Liliana Juárez) y Marcela (Rosario Bléfari) son dos amigas que trabajan juntas, desde hace muchos años, como empleadas de limpieza en algún edificio estatal. Tienen, además, un emprendimiento informal con el cual preparan el almuerzo para la mayoría de los empleados del lugar en un sector abandonado del edificio. Pero el cambio de gobierno trae nuevas autoridades. Entre ellas, una joven jefa que, detrás de un discurso plagado de orden y sentido común, viene a hacer recortes en la planta. El despido de la hija de Marcela pone en jaque la amistad entre las dos mujeres justo en el momento en que su sueño de tener un comedor como corresponde puede volverse real.

Planta permanente es una película que podríamos enmarcar en el cine de conflicto social y en el cual se nos muestran dos tipos de problemáticas. En primer lugar vemos como la burocracia gubernamental amenaza las estructuras de trabajo, con la aparición de esta nueva directora que, detrás de una sonrisa y un discurso de apreciación de su planta de trabajadores, esconde un plan de reducción y reestructuración, dentro del cual la hija de Marcela pierde su empleo a pesar de los intentos de Lila por evitarlo.

Pero el conflicto más interesante lo plantea al mostrar cómo, esa misma jefa, planta la discordia entre los trabajadores, dividiendo a Lila y Marcela y logrando así imponer su voluntad por sobre el bienestar de ambas.

Cuando la nueva jefa observa sobre lo irregular del comedor armado por las dos amigas, aparece la oportunidad de poner en marcha el plan de tener un comedor para el personal, una idea que es originalmente de Marcela, con las instalaciones necesarias y mejores condiciones de higiene, pero el conflicto entre ambas a esta altura ya es irremediable.

La película cuenta una historia muy interesante que, tal como haría una fábula, le permite al espectador reflexionar sobre las formas en las cuales las clases dominantes instalan el conflicto entre las clases trabajadoras y de esa forma, dividiéndolas, logran imponer su propia agenda. Y si bien en algunos momentos utiliza algunos puntos clichés que podrían haber sido evitados en pos de un mayor realismo, el film logra conmover, principalmente, apoyándose en las actuaciones de las dos protagonistas que hacen que los personajes no parezcan en ningún momento una construcción ficcional, sino realmente Lila y Marcela transitando la vida real.

Puntuación: 3.5 de 5.

El conflicto humano y el laboral encuentran en Planta permanente una historia conmovedora y angustiante que marca el signo de los tiempos, en los cuales el cambio de gobierno impuso en la agenda mediática la subvaloración de los empleados estatales, volviendo una cuestión de estado la supuesta superpoblación de trabajadores en sus dependencias y cuestionando la legitimidad de sus puestos, al mismo tiempo que nos muestra las tácticas y manejes que tienen sus políticos para desestabilizar las bases de compañerismo y solidaridad de los trabajadores a los que atacan.

Crónica de una tormenta de Mariana Barassi

Crónica de una tormenta se sucede por completo en la redacción de un importante diario gráfico. En vísperas de Navidad, se hace el brindis entre los periodistas, se refiere brevemente al estado actual del periodismo, algo que “ya no es lo que era ni tampoco se lee de la misma manera” y que se ha tornado inmediato, breve, sin tiempo para largas columnas y enfocado en lo visual, en la apariencia: la idea es pasar a la pantalla, grabar videos.

Maca (Clara Lago) es una mujer que ha trabajado largos años allí, que supo hacerse su lugar. Pero cuando la gente se va yendo a sus casas y queda un momento a solas con Antonio (Ernesto Alterio), después de una conversación que pretende ser pasada por casual pero se siente forzada por él, le confiesa que a causa de una enfermedad grave debe dejar su puesto y ella es una de las posibles candidatas. Su competencia es ni más ni menos que Vargas (Quique Fernández), un periodista al que Maca detesta por su forma poco correcta y leal de trabajar.

A lo largo de toda esa noche de tormenta, y de toda la película, Antonio y Maca van desentrañando sus oficios y sus vidas personales. Él es un hombre de familia, casado, con un trabajo al que supo ponerle el cuerpo cuando era joven como corresponsal de guerra; ella lo admira, se enamoró del periodismo gracias a él y lleva una vida un poco más libre porque además, aunque quisiera, sabe que ser madre y formar una familia es algo que se antepone a su trabajo y cuando tuvo que elegir no lo dudó.

Así, el guion de Mariana Barassi aprovecha para poner un montón de cuestiones actuales sobre la mesa, sobre todo en relación al feminismo y a la mujer en contraposición al hombre en lugares de poder. No obstante muchas de estas conversaciones no parecen fluidas, se sienten forzadas. Como la inclusión de la sexualidad de Maca y los estigmas que les imponen a las mujeres; es un tema que no se aprovecha. No se profundiza demasiado en ninguna de las cosas que se propone reflexionar o cuestionar.

El argumento entonces gira en torno a esa decisión sobre el futuro liderazgo y lo que suceda esa noche puede influir bastante. O quizás, en realidad, ésta ya esté tomada aunque hay una ligera esperanza de que algo pueda cambiar. Pero, para ser una historia sobre periodismo, llama la atención que no hay detrás una investigación o noticia que ayude como hilo narrativo; al contrario, aparece algo sólo a cuentagotas en la resolución, lo que suma a la sensación de un guion forzado. No hay una búsqueda de la verdad, si no una lucha por el poder. Estamos ante una historia que podría haber sido mucho más oscura y arriesgada.

Las interpretaciones funcionan. Clara Lago siempre permanece como una mujer firme y decidida, alguien que no tuvo otra opción que mantener esa postura para triunfar en este rubro, y es quien transita las dudas y cuestionamientos sobre hasta dónde está dispuesta a llegar para conseguir lo deseado. Ernesto Alterio se permite mostrarse un poco más dócil pero porque, a la larga, fue quien siempre tuvo el poder y ahora le resta entregárselo a alguien más, se percibe algo de nostalgia en él. Quique Fernández, en cambio, aparece más deslucido con su menor tiempo de pantalla, resulta unidimensional, es fácil desde el primer momento en que aparece saber hacia dónde se va a dirigir.

Crónica de una tormenta está basada en una obra de teatro y Barassi no logra despegarse demasiado de esa forma de contar una historia: pocos personajes, una locación y una trama que avanza mayormente a través de los diálogos.

Puntuación: 2.5 de 5.

Crónica de una tormenta pone sobre la mesa cuestiones y reflexiones actuales sobre el periodismo y sobre el machismo que impera en estos lugares de poder. Pero lo hace a través de un guion que no tiene ni la fluidez ni la profundidad necesaria. De todos modos tiene buen ritmo y cuenta con la destacable interpretación de Clara Lago.

Sangre Vurdalak de Santiago Fernández Calvete

Natalia (Alfonsina Carrocio) vive con su padre Aguirre (Germán Palacios), su hermano Manuel (Lautaro Bettoni), su cuñada Eva (Naiara Awada), media hermana de ambos, y Malena su sobrina pequeña, en una casona alejada de todo y de todos y cumpliendo estrictos protocolos: restringir los encuentros con los habitantes del pueblo y, especialmente, a la caída del sol, encerrarse y apagar las luces. Natalia acata esas órdenes paternas pero su adolescencia comienza a cuestionarlas y a transgredirlas. Y así aparece Alexis (Tom CL) que entrará a la familia salvándola de un ataque mortal, inexplicable desde la razón.

Esas transgresiones obligarán a Aguirre a explicar los secretos familiares y, a partir de ese momento, todo se complicará vertiginosamente cuando éste tenga que salir a cazar al hombre amenazante que acaba de aparecer para alimentarse de su clan y regrese a esa hora mágica donde no acabó de irse la noche ni de llegar el día. ¿Sigue siendo él o no? Será la duda, entonces, la que mueva a cada personaje a partir de ese retorno. La duda, los celos y los intereses y motivaciones personales.

Fernández Calvete (La segunda muerte, Testigo íntimo) trabaja el género con mano firme desde el guion (una adaptación muy libre de La familia del Vurdalak de Alexei Tolstói) y la puesta en escena. Un cuento de terror que desde el realismo acerca los miedos más primigenios. ¿Qué hacer cuando ese horror tan temido corre por la propia sangre, latente? ¿Y qué cuando deja de ser potencia y se instala en el hogar?

Lo siniestro freudiano, lo ominoso, se hace carne y ficción en Sangre Vurdalak, por eso estremece más y se vuelve posible y cercano. Y para eso no utiliza los golpes de efecto ni el CGI excesivo e impersonal. Sólo el “noble” maquillaje, los climas logrados que construyen la fotografía y la banda sonora y un elenco sin fisuras entre los que se destacan el ya probado Palacios y la revelación de Carrocio.

Sangre Vurdalak es una película de género que no subestima al espectador y consigue generar terror con las mejores armas.

La dosis de Martín Kraut

Marcos (Carlos Portaluppi) es un enfermero cincuentón que trabaja desde hace años en el turno noche de una clínica. Su vida monótona y solitaria sufre un sobresalto con la llegada de un nuevo enfermero: Gabriel (Ignacio Rogers), un joven que, al igual que el protagonista, esconde perversos secretos. Es así como estos colegas comenzarán una suerte de relación enfermiza, tóxica, donde constantemente sus secretos amenazan con salir, de una vez por todas, a la luz. La tensión entre ellos se incrementa cuando en el hospital realizan una auditoría y dan con una alarmante cifra que muestra un aumento en la tasa de mortalidad del sector.

El debate por la eutanasia, la muerte digna, es algo que fue in crescendo en el último tiempo. Es una cuestión que tiene tantos adeptos como detractores. Martín Kraut pone esta discusión sobre la mesa. Si bien hay una mirada crítica sobre enfermeros que “juegan a ser Dios” (se juzga su accionar y las decisiones que toman), existe un planteo respecto a qué tan malos o equivocados realmente están, cuando, en algunas ocasiones, son los mismos pacientes quienes les piden que acaben con su sufrimiento.

Como thriller psicológico, La dosis nos mantiene, como espectadores, siempre atentos y alertas a todo lo que ocurre. La tirantez entre sus protagonistas es tan fuerte que es difícil despegar los ojos de la pantalla. Constantemente nos hace preguntarnos qué va a pasar a continuación. Se consigue crear un clima tan tenso que, por momentos, el debate principal (la eutanasia) queda en un plano completamente secundario.

Las actuaciones también son un punto para destacar. Tanto Carlos Portaluppi como Ignacio Rogers logran traspasar la pantalla. La evolución que tienen sus respectivos personajes a lo largo de la trama se ve reflejada en el trabajo actoral de cada uno de ellos. Basta con observarlos unos pocos segundos para comprender qué pasa por la cabeza de sus personajes.

Puntuación: 3.5 de 5.

La dosis logra mantenernos atrapados como espectadores. El drama y la tensión constante hacen que sea difícil despegar los ojos de la pantalla. Además, plantea un debate interesante y muchas veces ignorado: la eutanasia.

Paraíso de Pablo Falá

Sofía vuelve a la Argentina luego de varios años de vivir en Europa y se encuentra perdida. Se rodea de ruido y gente para no sentir el aplastante silencio del paisaje de Traslasierras que la rodea por completo. Como parte de su proceso de reinserción, en este mundo que dejó atrás hace unos años, invita a Lautaro a pasar unos días con ella, ese ex novio a quien abandonó para irse afuera. Pero el reencuentro va a estar signado por los reclamos de un pasado que ella debe revisitar para poder seguir adelante.

La mente de Sofía parece estar dividida en dos polos totalmente opuestos del espectro emocional. Por un lado busca evadirse con música fuerte, alcohol y drogas de la realidad que la circunda y por otro es ella misma quien invita a su ex, quien encarna, no muy sutilmente, toda la carga de un pasado del cual ella huyó sin tener muy en claro por qué.

Así conocemos a Lautaro que acude a la cita sin mucha idea de qué esperar, pero con la clara expectativa de un reencuentro con la persona que vio partir años atrás. Se encuentra, sin embargo, con que ella pone en escena situaciones en las cuales la reconexión se vuelve compleja, mediada por amigos, peleas y reclamos que parecen tener más que ver con su propia frustración y no con situaciones relacionadas con él, presente incondicionalmente a su lado en cuanto ella lo llama.

El film nos muestra esta dualidad con dos puestas en escena muy diferenciadas la una de la otra. Por un lado, la contemplación de los paisajes, las escenas relajadas entre Sofía y Lautaro y el silencio cómodo que a veces se da entre los dos, y por otro lado, la música fuerte, los planos cortos sobre el rostro del personaje y las discusiones provocadas sin mucho sentido más que el de la pelea en sí misma.

Las charlas son muy explícitas y demasiado explicativas y el contraste que se da con la prolija y muy lograda fotografía, no sólo de los paisajes sino también de la casa y los personajes, le termina restando mucho potencial a esto último que hubiese sido más que suficiente para expresar las idas y vueltas de los protagonistas y toda la angustia y el enojo que llevan acumulados.

Estos dos códigos, entre los cuales fluctúa Paraíso, no están orgánicamente yuxtapuestos en el film y pierden fuerza cuando son interrumpidos por su contraparte estética, sobre todo cuando los conflictos entre ellos dos son resueltos con charlas plagadas de palabras que se contraponen con la sutileza de los momentos contemplativos del film. Y si bien cumple con el cometido de reflejar el estado anímico cambiante de Sofía, no siempre logra transmitírselo al espectador que mira distanciado a ese personaje que no sabe lo que quiere, generándole más juicios que empatías hacia el personaje.

Puntuación: 2.5 de 5.

Paraíso es un film que deambula entre lo contemplativo y lo explícito, sin tener un punto intermedio para el espectador y allí, seguramente, es donde falla al intentar reflejar las emociones que su personaje tiene arraigadas muy dentro de su personalidad, pero con las que el espectador nunca logra conectar del todo, volviéndose un poco redundante y carente de ritmo.

Rivera 2100 de Miguel Kohan

En 1976, Rubens “Donvi” Vitale y Esther Soto deciden crear un oasis musical y cultural en Villa Adelina. De allí emerge buena parte de la cultura alternativa de la época y un modo de gestionar la creación artística en absoluta libertad e independencia.

Rivera 2100 empieza con la voz de Luis Alberto Spinetta hablando sobre MIA, sobre este cálido espacio de música nueva. “Es interesante la labor desinteresada que están haciendo para la música nueva y bien inspirada en nuestro medio”. La idea que en principio puede parecer idílica, en especial en una época como en la que sucede, sobre cambiar el mundo, fundar uno propio dejando un legado de acción cultural que trascienda la saga familiar y permanezca vigente. Y sin embargo es algo que se ha cumplido. Lito y Liliana Vitale son los hijos que hoy mantienen vivo ese legado y quienes llevan adelante este documental. Como no podía ser de otra manera, también la música, interpretada por Lito, juega un papel primordial.

El documental está compuesto, a modo de collage, a través de algunos testimonios, escenas de clases de canto, o revisando y descubriendo archivos de la familia, la imagen y voz de Esther (fallecida en el 2018) a través de una pantalla, la voz de “Donvi” reflexionando sobre las revoluciones sociales, o ex integrantes reunidos revisitando diapositivas de fotos antiguas en Rivera 2100 en Villa Adelina; a esto se le suma el epílogo con el agradecimiento del Indio Solari por lo que MIA hizo por los Redonditos de Ricota. La edición y el guion escrito entre Miguel Kohan, Paula Romero Levit y Alicia Beltrami permiten que la narración fluya  y respire. Lo que no hace la película es poner carteles explicativos, recién al final aparecen los nombres de cada persona que aparece en pantalla y para ello apela a la familiaridad.

Es un film hecho con cariño y respeto, intimista y conmovedor, en especial con Esther. El documental incluso dedica un momento a su faceta de autora y moviliza escucharla cuando habla de la muerte de su marido y explica que “es muy difícil volver a vivir en singular”.

Puntuación: 4 de 5.

Rivera 2100 funciona como un tributo, como un homenaje, pero también como un retrato sobre la importancia del legado familiar y de la cultura como refugio.