Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2020: Segunda Crónica

Día 2: domingo 22 de noviembre

Historia de lo oculto de Cristian Ponce es parte de la Competencia Argentina. Este thriller político en blanco y negro retrata un tiempo ucrónico donde un gobierno se ve envuelto en la impopularidad y los negociados de sus representantes. Políticos, empresarios, jueces y una secta donde la brujería parece ser la fuente de acceso al poder real, se conjugan en un relato de resistencia formado por unos productores y periodistas de un programa de televisión periodismo político que, a partir de una investigación, cree haber hallado la manera de exponer lo que sucede en su último programa al aire. Los 80 vuelven a la pantalla, a través de las formas cinematográficas y de la reconstrucción de época, con un trabajo de tensión dramática que no decae y que lamentablemente, y aún con los toques de magia negra, nos parece contar algo bastante posible y cercano.

Correspondencia de Carla Simón y Dominga Sotomayor es un corto (forma parte de la Competencia Latinoamericana de Cortos) en el que, a través de escritos y voces en off de las directoras, se enuncian sus pareceres sobre la familia, las generaciones, las maternidades, los que ya no están y su legado. Este intercambio audiovisual entre dos artistas jóvenes, una española y otra chilena, parte de lo familiar para implosionar en lo político y colectivo de las luchas recientes que llevaron a cabo en las calles los chilenos. 

Las credenciales de Manuel Ferrari habla de protagonistas en tránsito y que pueden ser intercambiables porque a la corta todos podemos ser otros. Un hombre viaja del delta argentino a Berlín mientras otro lo transporta en su llegada a la ciudad hasta el destino fijado. Prejuicios sociales, “portación de cara”, actuaciones mediante, se desandan en este trabajo que forma parte de la Competencia Argentina de Cortos. Así como también lo hace Los primos esperan de Marina Nerea Malchiodi, donde tres jóvenes se reencuentran para pasar el velorio de su abuela en la casa de ésta mientras el resto de la familia acompaña el cuerpo. Compañía, charlas, bailes, pequeñas peleas parecen ser los modos elegidos para atravesar el duelo. Siempre de forma indirecta, tangencialmente, sin animarse a expresar literalmente lo que sienten.

Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2020: Segunda Crónica

Día 2: domingo 22 de noviembre

Una de las películas que forma parte de la Competencia Latinoamericana es Selva trágica dirigida por Yulene Olaizola. El film nos introduce en el misterio de la selva a través de la leyenda del Xtabay, una mujer que seduce a los hombres y los lleva hacia la perdición. La historia comienza con Agnes, aunque su protagonismo, físico al menos, se va evaporando hacia la segunda mitad del relato. Ella escapa, junto a su hermana y su guía, de su pretendiente, un comerciante británico que encarna el mal. Pero en ese viaje con sangre y muerte se cruza a otro grupo de personas, también todos hombres, que transportan grandes cantidades de chicle. Allí ella se convierte en una especie de diosa, cautivándolos por su belleza. De a poco la mística va tomando protagonismo, las tensiones sexuales se intensifican y los hombres van siendo llevados hacia la locura. “Pobre de ti si no puedes entender los misterios de la selva”. Olaizola nos traslada al medio de la naturaleza con una película muy cuidada desde la fotografía y el sonido (viene de dirigir documentales y en la primera parte de la película es fácil apreciar esa experiencia). Y una vez inmersos en ella, en esa selva que infunde respeto, despliega esta historia de choques culturales que va transformando a su protagonista en una especie de ninfa. De cocción lenta, Selva trágica es una película cautivante como su mismo escenario.

Fuera de competencia nos encontramos con el documental Vicenta, dirigido por Darío Doria. Lo curioso de esta película es la manera en que está narrada. Como si fuese una historia de ficción, una voz en off sigue las peripecias de la mujer que da título al film pero las imágenes que recrean las escenas están hechas con muñecos de plastilina. No es una de animación, son imágenes fijas que cobran vida a través de la iluminación o de los sonidos y la narración. La historia pide ser escuchada: es la de una mujer analfabeta que vive de limpiar casas y cuida a su hija que, aunque tenga diecinueve años, tiene un retraso madurativo por lo que funciona como si tuviera no más de ocho años. Todo cambia cuando descubre que tiene poco más de tres meses de embarazo tras ser violada por su tío. Vicenta sigue los pasos que le indican para poder realizar el aborto de una manera legal, porque la ley indica que en casos de violación el aborto es permitido, pero se encuentra con un sendero de interminables vueltas y trabas mientras la panza de su hija sigue creciendo. La voz de Liliana Herrero narra ese ir y venir constante, las dificultades que se encuentra alguien que, por un lado, no sabe leer y necesita ampararse constantemente en otra persona para los trámites, y que además se encuentra en una condición económica precaria. Vicenta pone en foco entonces la ausencia del Estado, la burocracia judicial, la negativa de los médicos y la presión de la Iglesia. Esto sucede en el 2006 y sin embargo la historia resuena por lo actual. ¿Cuánto dura un abuso? El de un tío, el de las instituciones, se pregunta Vicenta en esta historia. Narrada con mucha sensibilidad, es la historia de una lucha que persiste.

Una de las sorpresas de la Competencia Argentina es Historia de lo oculto. La película que dirige y escribe Cristian Ponce es ante todo un thriller político en blanco y negro. Sin embargo se utiliza el fantástico, en este caso la brujería, para narrar una historia de conspiraciones. Historia de lo oculto se sucede en una noche y gira en torno a un programa de televisión de fuerte presencia en cuestiones políticas: hoy es el último programa y por lo tanto la última oportunidad para que su conductor y sus productores, que se encuentran en una locación oculta un poco observando lo que pasa y otro poco moviendo los hilos, puedan develar una verdad oculta. Ponce arroja muchas ideas y a veces la narración se torna algo confusa pero al final todo cobra sentido. La Buenos Aires de esta película es como una versión corrida de la real y, sin embargo, ahí están la corrupción y la libertad de prensa enfrentándose. Una película atrapante, entretenida, con sorpresas y de esas que se quedan dando vuelta en la cabeza. En un elenco que funciona muy bien, se destaca Germán Baudino como el misterioso Adrián Marcato. Y si hablamos de ocultismo, no puede faltar la cita a Mariana Enríquez. Recomendable.

Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2020: Primera Crónica

Día 1: sábado 21 de noviembre

Isabella de Matías Piñeiro (Hermia & Helena) es una de las 4 películas argentinas en la Competencia Internacional. Una nueva integrante de Las Shakesperiadas, estas miradas sobre las comedias del Bardo que el director crea para traerlo a nuestra actualidad y nos sirven, también, para ejemplificar qué significa ser un clásico: alguien que sigue interpelando con sus textos a cada época. Entre el actuar y el vivir, la duda y la acción se mueve Mariel (María Villar). La posibilidad de interpretar en una nueva puesta a Isabella, la protagonista de Medida por medida, la hace cuestionarse y replantearse qué quiere de su vida. El trabajo de Piñeiro con los tiempos que fluyen, mezclándose y saltando con total naturalidad, rompiendo el nexo causal directo, sin que generen confusión es para destacar. Así como el trabajo de todo el elenco y la puesta en escena que, en este caso, adiciona el uso de los colores, o más específicamente del púrpura, para sumar ambigüedades y tonalidades frías y cálidas para acompañar a las escenas, como un plus narrativo y expresivo. Escenas que además se duplican, se replican, se espejan y cuentan con ligereza, mas no liviandad, las profundidades del ser humano.

La Competencia Argentina comenzó con Un cuerpo estalló en mil pedazos. El documental de Matías Sappia recupera la figura de Jorge Bonino y reconstruye una vida ligada al arte en su práctica más lúdica. Arquitecto y actor cordobés que pasó por el Di Tella y huyó del éxito viajando a Estados Unidos y luego a París donde lo volvió a encontrar hasta perder la razón, es una sensible mirada, en blanco y negro, que una voz en off narradora siempre con el “dicen” como inicio de cada frase, en una versión que podemos considerar bien intencionada del chisme, y la sumatoria de los testimonios de quienes lo conocieron también en off rearman el relato de una vida, evitando todo lo posible las imágenes de su protagonista.

Al morir la matinée de Maxi Contenti es una coproducción uruguayo-argentina que forma parte de la Competencia Latinoamericana. Un claro homenaje al giallo y al slasher de los 70, y con múltiples referencias cinéfilas, la trama es sencilla: en una sala de cine, de esas inmensas como ya casi no hay, se proyecta una de terror en un día de lluvia copiosa en un Montevideo de los 90. Poco público, y bastante especial, será espectador de la proyección nocturna que realizará una joven, la hija del proyectorista a quien reemplaza por primera vez. Lo que nadie imagina es que más que público serán actores de la cacería que un asesino llevará adelante en la oscuridad del cine buscando comerse sus ojos. Fácilmente podemos advertir que la visión y la mirada son algo más que simple hilo narrativo. Con la tensión necesaria y sin explicaciones psicologistas, se desarrolla este filme que, sin ser original ni buscarlo, derrocha sangre (con buen uso de los efectos) y entretiene.

Vitória es parte de la Competencia Latinoamericana de Cortos. Ricardo Alves Jr. cuenta de modo parco, casi ascético, la urgencia de la coyuntura en su país donde los derechos se ven cuestionados y en retroceso. La protagonista, empleada de una fábrica textil, ejerce en escenas precisas y sin emotividades la práctica de sus derechos menos como miltancia, aunque también, que como modo de afrontar la vida con dignidad.

Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2020: Primera Crónica

Día 1: sábado 21 de noviembre

Una de las películas argentinas que forman parte de la Competencia Internacional es lo nuevo de Matías Piñeiro. En Isabella, como en su película anterior, Hermia & Helena, el director vuelve a interpretar y reinterpretar a Shakespeare, esta vez con una protagonista que quiere ser Isabella en una nueva puesta en escena de Medida por medida. Mariel está embarazada y después de sentir que nada le sale bien deposita esperanzas en conseguir ese papel que, además, la ayudaría económicamente. Pero si bien ella recibe un poco de ayuda de parte de su hermano que le adelanta cómo va a ser el casting para que pueda estar un poco más preparada, se encuentra con que Lucrecia, una joven mucho  más segura de sí misma y que consiguió el papel un año antes pero no pudo hacer la obra por un viaje a Portugal, también audiciona. “La gente que actúa no duda”, pero Mariel está llena de piedras como dudas y aunque intente despojarse de ellas, de lanzar esas piedras al agua, siempre hay más. Con una narración no lineal, contada de manera fragmentada, como bloques, Piñeiro va y viene entre escenas con algunas repeticiones, encuentros y la imagen del mar que se tiñe de púrpura; un juego de espejos cuyas tonalidades van cambiando pero todo empieza y termina ahí.

También en la Competencia Internacional se puede ver Sophie Jones, en este caso una ópera prima. Jessie Barr dirige y coescribe junto a su prima, Jessica Barr, además protagonista absoluta, un coming of age que atraviesa un duelo. Como si la adolescencia por sí sola no fuese uno de los momentos más traumáticos de la vida, donde todas las emociones estallan a flor de piel, a Sophie Jones se le acaba de morir la madre y así como hay  muchas cosas que no sabe, tampoco cómo lidiar con esa pérdida. Entonces improvisa y le pone el cuerpo, desde lamer las cenizas de su madre al sexo sin experiencia. “Al menos no me estoy cortando”, y entonces parece que la vida sigue para ella, su hermana, y el padre que se queda a cargo. Hay escenas que Barr capta con mucha sensibilidad: como la conversación entre amigas, la escena en que con su hermana aprovechan las flores del funeral para hacer una sesión fotográfica a lo Ofelia, o el momento en que en voz alta y a solas le habla a su madre. También los momentos de escape, ya sea en auriculares, en el sexo sin compromiso o manejando para alejarse. La música es un  lindo complemento pero a veces las letras subrayan demasiado las escenas. Con Nicole Holofcener como productora ejecutiva, Sophie Jones es una modesta ópera prima sobre el paso a la adultez que acá se marca a través de la necesidad del dejar ir, arrojar las cenizas, seguir adelante.

Dentro de la Competencia Latinoamericana se encuentra una llamativa película uruguaya. Al morir la matinée está dirigida por Maximiliano Contenti y escrita por Manuel Facal y funciona, antes que nada, como un homenaje y una carta de amor al clásico y estilizado slasher de antaño. Cada detalle de la dirección de arte está puesto a favor de crear una estética de otra época (la película está situada en la década de 1990) y las muertes, algunas más llamativas que otras, rememoran a los clásicos giallos, incluso en el modo artesanal en que son creadas. La trama es muy simple: durante la última función de un antiguo cine de barrio se proyecta una película de terror, Frankenstein: Day of the beast (película del 2011 dirigida por Ricardo Islas, quien además acá interpreta al asesino). Es tarde, llueve de manera torrencial y pocas personas entran a la sala a verla sin saber que pronto quedarán encerrados y serán víctimas de un asesino que quiere sus ojos. Aunque hay una idea clara de mostrar desprecio hacia la clase de gente que va al cine pero no para ver la película, la construcción del villano resulta atractiva desde lo superficial y carece de un mayor desarrollo. Para los personajes da casi igual tanto descubrir su rostro así como para nosotros la razón por la cual ataca: los ojos; es algo simbólico a lo que le falta fuerza narrativa. En cuanto a los protagonistas, las actuaciones son bastante desparejas y con los personajes pasa un poco lo mismo: por suerte la protagonista principal, Luciana Grasso y su Ana, la hija del proyectorista que se queda a cargo y se convertirá en la final girl, está entre los aspectos positivos del casting. A la larga, Al morir la matinée emula fórmulas casi en desuso y, aunque no consiga aportar algo novedoso, resulta entretenida y agradable, especialmente teniendo en cuenta que se sucede en una sola locación y que se toma su tiempo. Tiene una estética muy cuidada y aparecen unas cuantas citas cinéfilas. Y es que sobre todo se aprecia el amor por el ritual de ir al cine, aquel que este año más que nunca apreciamos tanto.

Y para cerrar la jornada, la primera de las tres películas que conforman la sección de este año de Hora Cero: Teddy, dirigida y escrita a cuatro manos por Ludovic Boukherma y Zoran Boukherma. La película comienza con una impactante escena que termina con una ventana tiñéndose de sangre. Pero pronto conocemos al protagonista, el del título, un adolescente que no termina de encajar: no va a la escuela, trabaja en una casa de masajes que odia, vive con su tío desequilibrado y una tía anciana dependiente hasta para alimentarse, pero al menos tiene una novia divertida con la cual se encierra en su cuarto a drogarse y tener sexo. Un día, una criatura que no llega a identificar lo ataca y a partir de ese momento todo comienza a enrarecerse: le crecen pelos en lugares demasiado extraños, como la lengua, o tiene sueños raros como aquel en el que se come el pie de su tía. Sin embargo, Teddy no es la típica película de hombre lobo: por un lado tiene un tono de comedia negra pero ligera, que a veces resulta demasiado peculiar como para causar alguna risa, por el otro la transformación de Teddy no hace más que incrementar algo que ya se percibía en su personaje, que es un marginado. Claro que ahora el modo de reaccionar ante un ambiente que percibe hostil no será de una manera tranquila. No obstante, esa escena en la que Teddy explota, en que por primera vez lo podemos ver como el monstruo en el que se convirtió, deja flotando ideas que no terminan de ser aprovechadas y podrían haber hecho del film algo más sustancioso y que la separara de la mayoría de estas películas sobre licántropos.

Golondrinas de Mariano Mouriño

En este primer largometraje de Mariano Mouriño, Ana y Juan son dos hermanos que van migrando persiguiendo el trabajo en cosechas a lo largo del país. Mientras Ana quisiera irse a Buenos Aires y dejar de moverse, Juan pretende seguir saltando de una oportunidad a otra, al menos esto le permite irse cada vez que está en problemas.

Cuando los hermanos, nómades, sin mucho más que un bolsito de ropa cada uno, llegan a una nueva plantación se encuentran con un encargado de mal carácter y de reacciones violentas. Pero también está el nuevo capataz, Edgardo (Germán Palacios). Si bien el ambiente es bastante precario (además de un estado deplorable del lugar donde se quedan, hay menos camas que empleados y poco tiempo tienen para hacer otra cosa que no sea trabajar largas horas al sol), este hombre parece verlos como algo más que dos peones y comienza a acercarse a ellos con la intención de ofrecerles un trabajo “más humano”, de tenerlos cerca. Ana queda relegada a las labores domésticas, mientras que Juan se ve, de repente, con una posición con más poder al que está acostumbrado. Sin embargo, mientras ella parece sentirse cómoda, a él algo que todavía no sabe qué es comienza a molestarle.

Enmarcada en la década de los 90, Golondrinas expone las diferencias de clase en un contexto rural. No obstante, logra destacarse por el modo en que sus personajes se desarrollan. Detalles como el modo en que Ana disfruta de lo que la música que no conocía le hace sentir, o las reacciones impulsivas de Juan. Mientras a Edgardo se lo ve como un hombre que disfruta de su posición de una manera tranquila, sin alardear, pero sabiendo que a la larga es quien manda, mientras fuma y bebe, a veces, sin control.

Con un tono naturalista que sabe aprovechar los vastos exteriores, Golondrinas desarrolla esta historia a través de escenas de pequeños momentos. Se aleja de lugares comunes, se permite jugar un poco con el romanticismo (como una escena en la que viajan en auto escuchando música), traza los vínculos de límites a veces difusos. Aunque prevalecen las relaciones de poder, el foco está en el viaje personal de estos hermanos.

Puntuación: 4 de 5.

Mouriño desarrolla el arduo mundo de los trabajadores precarizados del campo y su crudo contexto laboral, pero lo hace desde el corazón de sus protagonistas. A la larga, Golondrinas es una historia de dos hermanos antes de levantar vuelo propio.

Angélica de Delfina Castagnino

Angélica perdió a su madre, se separó de su novio y debe abandonar su casa. A escondidas de su hermana, que no sospecha nada, vuelve a ingresar a la vivienda a punto de ser demolida y se esconde en el ático, desde donde espía cómo su universo, literalmente, se destruye. Mientras, se enfrasca en una relación con el padre de la supuesta nueva novia de su ex, con quien los límites de la realidad y la ficción parecen ir corriéndose, a medida que Angélica va sumergiéndose, más y más, en un personaje con las mismas características de su difunta madre.

Angélica es, como su personaje, una película de la cual es muy difícil hablar sin adentrarse en todos sus detalles. Ella parece una cosa pero es otra, o viceversa. El límite desaparece rápidamente en el film y el espectador queda abandonado a esa nueva realidad que el personaje va a construir. La puesta de cámara da cuenta de ello y, al mismo tiempo que los planos parecen ser desprolijos e improvisados, no queda la menor duda de que están pensados milimétricamente para incomodar al espectador. Lo que vemos es incómodo, pero lo que no llegamos a ver es perturbador.

Angélica es inabarcable para nosotros. Su mundo interior es oscuro y a medida que ella continúa su espiral descendente a la insania la apuesta cinematográfica va subiendo. La cámara queda cada vez más alienada de esos espacios que la rodean. Y a la par que los obreros van destruyendo las estructuras de ese lugar que alguna vez supo ser su hogar, su propia personalidad empieza a colapsar perdiendo los límites entre lo real y la ficción.

Los sonidos toman en el film un protagonismo particular y hacen extrañar la sala cinematográfica donde la sensación envolvente los hubiese potenciado. Construyen la amenaza exterior de Angélica, pero también ponen en tensión su clandestinidad. Cada paso que da, cada lugar por el que se desplaza, la crujiente y desmoronada casa la quiere poner en evidencia.

Cecilia Rainero construye a nuestro personaje principal con una sutileza que se contrapone fuertemente con su intenso mundo interior. Con pequeñas miradas o cambios casi imperceptibles del tono de voz, deja paso a las otras partes de Angélica que se debaten dentro de su ser.

Angélica debería ser un film dramático, pero pone en juego las cualidades de un thriller, logrando así generar en el espectador una gran cantidad de suspenso y tensión, volviendo más efectiva la construcción de la decadencia de este personaje con el cual queremos empatizar, aunque se vuelve más difícil con cada minuto que pasa.

Puntuación: 4.5 de 5.

Sofocante y opresiva, Angélica es una de esas películas que muestra cuál es el camino del nuevo cine argentino cuando pretende abarcar el género, deconstruyendo y reinventándolo no en pos del mero efectismo, sino como parte de la construcción integral de este hipnótico y enigmático personaje.

Proyecto Parque Patagonia de Juan Dickinson

Dos filántropos millonarios encaran un proyecto de parque binacional que empieza con la donación de una gran cantidad de tierras en Chile y que debe continuar con la adquisición y donación al estado argentino de tierras en nuestro país. El problema reside en que en algunas de esas tierras, que la Fundación Flora y Fauna quiere adquirir para el proyecto, viven estancieros que, desde hace dos o tres generaciones, vienen criando su ganado en el lugar. El proyecto de unos se contrapone con el de los otros y está claro que ambos no pueden subsistir si su opuesto no cambia o desaparece.

El documental Proyecto Parque Patagonia intenta darle voz a quienes, desde ambas posturas, pueden explicar los por qué de su punto de vista y así, durante la extensión de la película, nos encontramos con dos bandos irreconciliables, cada uno de ellos con argumentos entendibles, aceptables e incluso justos. Y si bien el documental es muy interesante en sus planteos y la belleza de sus imágenes, por momentos queda preso de su “intento de imparcialidad”, lo cual, paradójicamente, juega en contra al momento de permitir al espectador tomar una postura bien informada.

Por un lado, el film decide no traer desde afuera del conflicto ninguno de los testimonios que permitirían dirimir un poco mejor la cuestión. Testimonios de conservacionistas ajenos al proyecto serían muy esclarecedores, lo mismo que algunos estudios sobre cómo y quién fue poblando la Patagonia, situación que se ve demasiado romantizada en el film. Y en ese contexto, al mezclar los testimonios de familias nativas que trabajan y viven de la tierra con el de los agricultores que trabajan las tierras que compraron (o incluso capaz ocuparon) sus padres o abuelos, se generaliza una visión de la naturaleza que un productor agropecuario no siempre tiene presente.

Por otro lado, mientras uno de los “bandos” atraviesa el film contando sobre el proyecto de regeneración de flora y fauna, del otro lado llueven constantemente las acusaciones sobre las formas y los objetivos ocultos de quienes, a los efectos de esta historia, son los conservacionistas. Desde acusaciones sobre aprietes del tipo mafioso, hasta la insinuación de una intencional búsqueda de acaparar las fuentes de agua dulce, pasando por la ridícula posibilidad de la fundación de un nuevo país en ese territorio, los agricultores de la zona dicen unas cuantas cosas sobre quiénes quieren llevar a cabo el proyecto, y estos nunca tienen derecho a réplica en el documental y, mientras tanto, datos muy importantes sobre cómo el ganado de algunos agricultores pastan en tierras ajenas pasan desapercibidos y ni siquiera son tomados como parte de la argumentación.

Puntuación: 3 de 5.

Proyecto Parque Patagonia es un buen documental, plantea una mirada interesante sobre uno de esos conflictos donde las dos partes parecen tener razón y la solución parece imposible, y lo hace con bellos planos y una muy cuidada imagen. Pierde potencia, sin embargo, por la falta de objetividad, que es entendible en cualquier documental, pero que no debería ser tan visible para el espectador, porque termina jugando incluso en contra de la propia perspectiva del autor y sus entrevistados.

Los hijos de Facundina de Daniel Samyn y Daniel Francezon

El film da inicio con una placa explicativa que nos sitúa e introduce a la historia de Facundina, luego vemos una luna llena dibujada que se desplaza en la noche, mientras una voz en off femenina asoma tímida pero contundente “(…) el perro se ha muerto de pena y aquí solita yo… solita…”. Este recorrido del relato sonoro finaliza con una cita impresa en pantalla: “la infancia es el momento en que suceden todas las cosas”. Luego, un canto se acopla a la cascada de agua que suena y corre bajo la referida luna llena, acto seguido se sobreimprime el título del film y amanece el día dándonos paso a la película.

“No sabían olvidarse mis hijos de mí. ¿Qué será ahora la causa?” dice Facundina entre relatos en off sacados de aquel registro pasado. Una mujer nacida “no sabe cuándo”, en el sur de Bolivia, va rearmando sus recuerdos de niñez, su relación con “el finadito” Candelario, padre de sus hijxs, quien la robó a los 14 años y al que ella afirma “tuve que acostumbrarme”, la guerra, el parir en soledad 11 veces, la dura vida en el monte y los viajes constantes de un lado a otro de las fronteras en busca de sustento. Muchas veces sus relatos coinciden con las memorias que sus hijxs van rescatando de aquel olvido, pero a veces no. Cicatrices de vida, varias abiertas, en nombre propio que metaforizan a tantos anónimos que recorren, desde hace más de un siglo, los senderos del Chaco americano mientras rastrean sus destinos.

Este es un honesto y más que humano film documental que, a través del uso de la observación, la pintura animada, el registro fotográfico, el relato en off y la entrevista, nos invita a ser testigxs sutiles de realidades que suelen sentirse algo ajenas a nuestro cotidiano en la ciudad pero que pone en perspectiva, sin lugar a dudas, a la propia infancia del que observa y escucha. Pues recordar la niñez teniendo en cuenta la propia infancia y vida de nuestros mapadres, como lo hacen les hijxs de Facundina, nos llevará a memorias poco amables y hasta dolorosas pero muy necesarias para seguir avanzando. Tal es el caso de “la negra” (hija de Facundina) que confiesa haber tenido un vinculo quebrado por muchos años como madre. Este relato es capturado por la cámara en una escena improvisada, algo fría, más bien tímida, pero sí muy sensible y cargada de valor. En ella se exponen sus por qué de ausencias permitiéndose la reconstrucción del vínculo desde la propia mirada adulta de su hijo.

Puntuación: 3.5 de 5.

Los hijos de Facundina es un documental que registra, sin romantizar, la dura vida de la matriarca Facundina, una mujer de origen chiriguano–guaraní que ha envejecido de golpe, según ella, porque nunca paró de trabajar “solita” para sostener en pie a su familia.

Hermanas de los árboles de Camila Menéndez y Lucas Peñafort

El film da su apertura con un recorte directo sobre un monte desértico, casi estéril, con unas cabras que parecen buscar dónde pastar y, a continuación, nos muestra a un hombre, ya mayor, talando el único árbol en pie de la zona mientras niños varones lo observan, se ríen en complicidad y aplauden la caída de dicho árbol. Corte seguido, vemos a dos mujeres caminando por un sendero con sus sedas al viento; ellas serán las protagonistas que nos darán acceso a este bellísimo relato de superación personal y colectiva.

Contextualicemos: en India, si el embarazo da como resultado el nacimiento de una niña, la familia lo considera como una carga económica porque cuando sea “la hora de casarla” ésta deberá hacerle frente a una dote de 54 mil rupias para la familia del esposo. En cambio, si nace niño, la familia será quien reciba esa dote, incrementando sus ingresos. Bajo este preconcepto de estructura socio-cultural (patriarcal) muchas familias deben decidir entre asesinar a la niña recién nacida o, si prefieren que siga con vida, ingeniárselas económicamente para poder conseguir el dinero de su dote.

En general, no se pueden practicar abortos selectivos en India porque la tomografía es ilegal y si el doctor te comunica el sexo del bebé, va preso, por lo que las bebas son asesinadas una vez nacidas y luego son tiradas a la basura.

En esta aldea rural de Piplantri (India), donde se registra el documental, las mujeres ya no temen dar a luz a sus hijas, porque desde el 2005 se plantan 111 árboles en nombre de cada una de ellas para celebrar la ocasión. Este ritual surge a partir de la vivencia personal de Shyam Sunder Paliwal, alcalde de la aldea, quién, tras haber perdido a su hija de 16 años, decidió plantar un árbol en su memoria, pero en ese momento de tristeza no pudo creer que algunos padres y/o madres asesinaran a sus hijas sólo por razones económicas; entonces pensó que los árboles deberían plantarse para celebrar la vida de las niñas y convenció de ello a toda la comunidad.

Esta idea no sólo ayudó al cambio climático y al crecimiento económico de la aldea, sino que sirvió para implementar un sistema que previene los matrimonios infantiles, alfabetiza y protege a las niñas. Incluso, bajo este paradigma de paridad, muchas mujeres adultas lograron conseguir independencia económica a través de trabajos comunitarios y, por consiguiente, reducir la violencia de género doméstica.

Puntuación: 4 de 5.

Hermanas de los árboles es un documental de registro observacional, con un gran impacto crítico y social sobre la perspectiva de género, pero trabajado desde la sutileza poética; cargado de metáforas visuales y sonoras, con la mirada puesta en lo importante, en la autodeconstrucción de una sociedad patriarcal en constante búsqueda de igualdad de oportunidades sin distinción, sin perder de vista la propia cultura.

Escribir en el aire de Paula de Luque

En el cine de Paula de Luque, aun en la ficción, se nota que hay una exploración desde la expresión corporal, probable y sencillamente, porque la danza también forma parte de su propia vida. En su película anterior, La forma de las horas, un drama romántico, se incluían imágenes de Paula Robles bailando en medio del bosque que nada tenían que ver con el argumento de la película y, sin embargo, ahí estaban, quizás, para expresar algo de una manera más corporal y abstracta.

Escribir en el aire es un documental que estudia la figura de Oscar Araiz, coreógrafo y director de danza argentina. Pero no lo hace de una manera clásica y tradicional sino que, otra vez, la directora parece más interesada en lo que las imágenes y la música pueden expresar.

Porque si bien hay escenas del propio Araiz reflexionando sobre su oficio y su carrera, también de una manera poética, calculada, sobre el escenario de un teatro vacío en el que se encuentran rodeados de naranjas en el piso, por ejemplo, lo que prevalece son los números musicales. Cuadros enteros filmados con un ojo que, a veces, es muy cercano, capaz de captar desde un tatuaje hasta la piel de gallina de quien se encuadra.

En la película se mezclan escenas propias del documental como otras ficcionalizadas, es decir, es un documental que nunca quiere ser sólo eso. Hay imágenes claras: el pez en la pecera en constante movimiento que no se deja atrapar, o dos oponentes en un cuadrilátero, o el propio Araiz como espectador de su propia vida. Pero también hay momentos de mayor distensión, como una reunión alrededor de la mesa, aunque no deja de ser una puesta en escena.

Paula de Luque intenta captar la esencia misma del movimiento. Lo que Oscar Araiz define como “ese momento entre dos muertes”. Y lo hace desde lo poético y lo sensorial. Pero esos cuadros que, a veces, pueden resultar hipnóticos se sienten reiterativos y, a la larga, uno espera las palabras del protagonista sobre el mecanismo del cuerpo, sobre los sueños, o sobre la idea de que todo es continuado y nada tiene final.

Escribir en el aire no es ni pretende ser una película que presente a Oscar Araiz, un documental tradicional que nos cuente sobre su vida o carrera desde lo formal. Por eso tal vez está dirigida a un público conocedor o interesado por acercarse de una manera más emocional y conceptual.

Puntuación: 3 de 5.

Escribir en el aire es un documental que retrata a Oscar Araiz desde lo sensorial, de manera poética aunque demasiado calculada. Lo más interesante termina siendo escuchar al artista reflexionar sobre su obra.

La muerte de un perro de Matías Ganz

La muerte de un perro nos presenta a Mario (Guillermo Arengo) y Silvia (Pelusa Vidal). Él, un médico veterinario. Ella, recientemente jubilada. La trágica muerte de un perro lleva a que Mario se vea envuelto en un linchamiento público a través de redes sociales. Como si esto fuese poco, la pareja es víctima de un robo. Como consecuencia de estos hechos, deciden mudarse temporalmente a la casa de su hija. Allí, la radical paranoia que atraviesa Silvia (quien acusa a su empleada doméstica por supuestos robos) se traslada a Mario. De esta manera, la pareja pasa a estar constantemente en un estado de alerta máximo.

La ópera prima de Matías Ganz nos lleva y trae entre distintos géneros. Es un drama enfocado en lo social. Pero es innegable el tono de comedia negra que maneja en (casi) todo momento. Tampoco se pueden obviar los elementos de thriller psicológico. De esta manera, La muerte de un perro logra hacernos pasar, como espectadores, por distintos tipos de emociones y sentimientos. La mayor parte del tiempo nos deja con un sentimiento agridulce, que nos hace repensar sobre el accionar de los distintos personajes.

La película abre diversas aristas que, en un comienzo (y bastante avanzada la trama), parecen no conectar entre sí. Las subtramas surgen como más libradas al azar, e incluso improvisadas. El accionar de los personajes ante las diversas situaciones que se les presentan también parece, por momentos, no tener sentido. Finalmente, cuando se llega al clímax, todo logra unirse, dándole un sentido a cada uno de los puntos que se nos fueron mostrando durante toda la trama.

Ganz analiza la condición humana en general, con personajes que actúan, por momentos, sin razonamiento alguno. También deja ver la impunidad con la que logran manejarse las personas pertenecientes a cierta clase social (alta), quienes parecen tener la libertad de actuar tal y como se les dé la gana, sin sufrir consecuencia alguna por sus actos.

Puntuación: 3.5 de 5.

La muerte de un perro es un drama social conciso, que combina de manera eficaz elementos de la comedia negra y del thriller psicológico. En su ópera prima, Matías Ganz deja en evidencia cómo cierta clase social puede manejarse a su antojo sin, prácticamente, sufrir consecuencias por sus actos.

Planta permanente de Ezequiel Raduzky

Lila (Liliana Juárez) y Marcela (Rosario Bléfari) son dos amigas que trabajan juntas, desde hace muchos años, como empleadas de limpieza en algún edificio estatal. Tienen, además, un emprendimiento informal con el cual preparan el almuerzo para la mayoría de los empleados del lugar en un sector abandonado del edificio. Pero el cambio de gobierno trae nuevas autoridades. Entre ellas, una joven jefa que, detrás de un discurso plagado de orden y sentido común, viene a hacer recortes en la planta. El despido de la hija de Marcela pone en jaque la amistad entre las dos mujeres justo en el momento en que su sueño de tener un comedor como corresponde puede volverse real.

Planta permanente es una película que podríamos enmarcar en el cine de conflicto social y en el cual se nos muestran dos tipos de problemáticas. En primer lugar vemos como la burocracia gubernamental amenaza las estructuras de trabajo, con la aparición de esta nueva directora que, detrás de una sonrisa y un discurso de apreciación de su planta de trabajadores, esconde un plan de reducción y reestructuración, dentro del cual la hija de Marcela pierde su empleo a pesar de los intentos de Lila por evitarlo.

Pero el conflicto más interesante lo plantea al mostrar cómo, esa misma jefa, planta la discordia entre los trabajadores, dividiendo a Lila y Marcela y logrando así imponer su voluntad por sobre el bienestar de ambas.

Cuando la nueva jefa observa sobre lo irregular del comedor armado por las dos amigas, aparece la oportunidad de poner en marcha el plan de tener un comedor para el personal, una idea que es originalmente de Marcela, con las instalaciones necesarias y mejores condiciones de higiene, pero el conflicto entre ambas a esta altura ya es irremediable.

La película cuenta una historia muy interesante que, tal como haría una fábula, le permite al espectador reflexionar sobre las formas en las cuales las clases dominantes instalan el conflicto entre las clases trabajadoras y de esa forma, dividiéndolas, logran imponer su propia agenda. Y si bien en algunos momentos utiliza algunos puntos clichés que podrían haber sido evitados en pos de un mayor realismo, el film logra conmover, principalmente, apoyándose en las actuaciones de las dos protagonistas que hacen que los personajes no parezcan en ningún momento una construcción ficcional, sino realmente Lila y Marcela transitando la vida real.

Puntuación: 3.5 de 5.

El conflicto humano y el laboral encuentran en Planta permanente una historia conmovedora y angustiante que marca el signo de los tiempos, en los cuales el cambio de gobierno impuso en la agenda mediática la subvaloración de los empleados estatales, volviendo una cuestión de estado la supuesta superpoblación de trabajadores en sus dependencias y cuestionando la legitimidad de sus puestos, al mismo tiempo que nos muestra las tácticas y manejes que tienen sus políticos para desestabilizar las bases de compañerismo y solidaridad de los trabajadores a los que atacan.