Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2020: Cuarta Crónica

Día 4: martes 24 de noviembre

Edgardo Castro presenta su tercera película Las ranas dentro de la Competencia Argentina. Con la impronta que lo caracteriza, y ya es todo un estilo, se sumerge en las historias que aborda desde un lugar donde se rompen las fronteras entre ficción y documental, se diluye la cámara y la intimidad parece presentarse frente a nuestros ojos sin velos. En este caso seguimos la cotidianidad de Barby, una joven madre que vende medias en la calle y puerta a puerta, para conseguir el mango diario. Habitante de un lugar más que humilde la acompañamos, además, en su ida a la cárcel donde visita a un joven que es su pareja. Esos instantes nos mostrarán el interior de la prisión, los sentimientos de ambos, cuando están juntos y cuando no (vemos que él recibe otras visitas familiares). La mirada sin prejuicios ni preconceptos sobre estas personas nos acerca a vidas completamente estigmatizadas por la mayoría de la sociedad y de los medios, pero tampoco las santifica. Y de paso nos muestra ciertos trucos que el ingenio popular crea para horadar ciertas reglas carcelarias.

Un crimen común también vuelve a mostrar la mirada comprometida con su tiempo, fuertemente política, que cuestiona e interroga sobre las posiciones sociales sin juzgar ni señalar con el dedo, que Francisco Márquez ha desarrollado en su filmografía. En este caso a través de Cecilia (Elisa Carricajo), una docente y académica, socióloga, madre, mujer separada, que tiene una mirada progre sobre el mundo, con saberes y herramientas que la Universidad Pública le ha brindado. En su casa trabaja Nebe, que es parte de la familia. Pero cuando una noche lluviosa, el hijo de esta señora golpee la puerta huyendo y pidiendo auxilio, Cecilia prefiere ignorar el llamado presa del miedo. Al día siguiente el joven es encontrado muerto como resultado de estos casos de gatillo fácil y abuso de poder por parte de la policía que lamentablemente son moneda corriente. A partir de allí la protagonista se interna en un mundo de pesadillas (como en ese túnel de terror anticipatorio de la primera escena en el parque de diversiones) donde la culpa no le da respiro. Thriller político en torno a temas coyunturales y candentes, también el terror va adueñándose del género y del filme: algo en esa casa parece acecharla y no le da respiro. ¿Qué hacer con el saber frente a la realidad práctica? ¿El progresismo es apenas un discurso que no llega a la acción cuando debe? Estas y otras preguntas se le hacen carne a la protagonista y nos interpelan como espectadores frente a la toma de conciencia y a la responsabilidad que nos compete como ciudadanos y como humanidad.

En la Competencia Internacional se presenta Red Post on Escher Street, el último film del japonés Sion Sono y también podemos hablar de marca autoral. Esta comedia, fresca y liviana, sobre el mundo de la actuación y el cine podría dividirse en dos partes: la primera es el desarrollo de un casting para participar del próximo film de Kobayashi, un director famoso, que permite presentarnos una coralidad de personajes con un ritmo vertiginoso y mezclando distintas historias sin que perdamos el hilo. La segunda se da a partir de un quiebre donde este director comprende que la industria lo ha cooptado y debe trabajar con lo que hay y no con lo que quiere. Ya estamos en plena filmación y lentamente todo se desmadrará hasta una especie de revolución que adopta el slapstick, los golpes y las corridas para ofrecer como salida el dejar de ser un extra, con todo lo que ello implica y que puede trascender a todos los órdenes de la vida. La maestría de Sion Sono en su puesta en escena para presentar las múltiples historias, dar carnadura a los personajes y vincularlos sin que el relato se vuelva imposible de seguir es destacable, así como el humor que no abandona jamás.

Tres mujeres llegan a una isla, entierran algunos objetos y visitan a una vidente del lugar. Tras un ritual de invocación ésta es arrastrada a un mundo de oscuridad y algo más. En Las sombras, Paulo Pécora construye el misterio y el terror apelando a los recursos cinematográficos con habilidad. Carteles explicativos al estilo cine mudo, sonido envolvente y narrativo y una fotografía en blanco y negro donde el soporte fílmico muestra granulados, saltos, revelados expuestos, manchas que cuentan por encima de la bella estética que también aporta. Este film es parte de la Competencia Argentina de Cortos.

Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2020: Tercera Crónica

Día 3: lunes 23 de noviembre

Las mil y una de la directora correntina Clarisa Navas es otra de las películas argentinas que forma parte de la Competencia Internacional. Durante dos horas, Navas sigue a su protagonista y hace un retrato de la vida en el barrio Las Mil Viviendas en su provincia natal. La historia se puede resumir en pocas palabras: chica gusta de chica. Iris es una adolescente que no tiene muchos amigos, pasa un poco de tiempo con sus primos pero más con la pelota de básquet. De vestimenta deportiva y una larga cola de caballo en la cabeza, sus estanterías internas se mueven cuando ve a Renata, la chica que vuelve al pueblo. Ese flechazo la hace seguirla y hasta escribirle una carta. Mientras tanto, en el barrio le advierten que es prostituta y tiene sida, que son cosas que sabe todo el mundo ahí. Iris dice que no le importa lo que se diga pero sí le importa. Eso parece en las escenas en que están más cerca y si se besan, siempre mirando alrededor, pendiente del exterior. Clarisa Navas construye su película a través de largos planos y con cámara en mano, nos introduce en el barrio donde en verano podés cruzarte con unos chicos que te tiran bombitas de agua. El mayor acierto se encuentra en el modo de acercarse a Iris y Renata, de mostrar desde la torpeza inicial de la conquista a la intimidad a solas en rincones del barrio; lo hace de manera tierna y amable. Por otro lado, sus primos también tienen su protagonismo, adolescentes con las hormonas a flor de piel. Las mil y una se siente honesta, fresca.

Un cuerpo estalló en mil pedazos es un documental de Martín Sappia sobre Jorge Bonino que forma parte de la Competencia Argentina. ¿Cómo abordar la figura del arquitecto, humorista, artista conceptual y actor? Sappia apuesta por una realización minimalista: planos fijos de lugares generalmente vacíos en blanco y negro y una voz en off. A veces, en el medio, alguna imagen encuadrada por otra, o una postal o carta en pantalla. Pero, a grandes rasgos, la historia está contada a través de las palabras de esa narración. Y en ese sentido lo hace de una manera muy clásica: cómo empezó con su carrera, su modo de abordar y pensar la arquitectura, los viajes que le permiten hacer obras en otros países, una leyenda que empieza a crecer. La voz que predomina es anónima: siempre cuenta que “dicen que…”, porque está formada a través de recuerdos de diferentes personas. Dicen que las manos salvan a Bonino. Dicen que es feliz en España. Dicen que entraron luces en su cabeza. Dicen que Bonino no deja rastros. Dicen… Así se va acercando como se puede a la mente de un hombre que utilizó el humor para hacerse famoso pero que, sin embargo, ocultaba por debajo una enorme tristeza, sus pasos por los psiquiátricos y el regreso a su Córdoba. Es un documental al que cuesta entrar, especialmente si no se conoce demasiado a la figura, pero que luego te va introduciendo a la vida de Bonino al menos hasta donde se puede. Minimalista, logra transmitir una sensación de desolación en esa distancia que construye con las imágenes.

Mamá, mamá, mamá es la hermosa ópera prima de Sol Berruezo Pichon-Riviére que también forma parte de la Competencia Argentina. Una película protagonizada por mujeres de diferentes edades. La historia comienza con una muerte. Cleo queda entonces a cargo de su tía y en compañía de sus numerosas primas. Se siente confundida, extraña a su madre, y no termina de entender nada de lo que sucede alrededor, tampoco de lo que le sucede a ella, que en el medio sigue creciendo. Como es chica, no le dicen muchas cosas y la película está narrada así, desde ese punto de vista limitado, incompleto. La directora se acerca a estas niñas que van a pasar mucho tiempo juntas, mientras las adultas tratan de arreglar sus cosas, de seguir adelante sin incluirlas para no hacerles daño, de una manera sensible. Las imágenes en el exterior, sobre las hierbas y con luz natural, pueden rememorar al cine de Sofia Coppola, es que incluso algunos planos de las niñas parecen salidos de Las vírgenes suicidas (“No sabés lo que es ser una chica de trece años”), más allá de que la historia de la muerte acá pasa por otro lado, y también está presente Lucrecia Martel y La ciénaga. La química entre las niñas le brinda mucha naturalidad a cada una de las escenas, ya sea persiguiendo a un conejo, practicando besar con un tomate, o haciendo una ceremonia para los bebés que no vendrán después de que Cleo tuviera su primera menstruación. Una historia de crecimiento y de duelo contada de manera amorosa.

Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2020: Tercera Crónica

Día 3: lunes 23 de noviembre

Dos propuestas diferentes para contar los duelos son parte de la Competencia Argentina. En Esquirlas, la directora cordobesa Natalia Garayalde recupera videos familiares y encuentra una mirada muy particular sobre la explosión de la Fábrica Militar de Río Tercero, Córdoba, el 3 de noviembre de 1995. Con la recién adquirida cámara familiar y a partir del impulso propio de la novedad y la mirada inocente de los jóvenes que la manipulan pasamos del registro privado e íntimo a las angustiantes imágenes tomadas de primera mano en ese día y los siguientes. Sin necesitar la constante comparación de esos instantes reveladores frente a los oficiales (material de archivo televisivo), pero con la contundencia a su favor cuando la realiza, se desenmascara un relato donde la política se enturbia con negociados de armas de altos funcionarios y jueces que trabajan para evitar que se conozca la verdad y la justicia. Las consecuencias de ese hecho a posteriori, en el seno de las víctimas, los “perejiles” acusados y la propia familia de la directora es devastadora.

En Mamá, mamá, mamá también hay otro duelo. Sol Berruezo Pichón-Riviere retrata, con aires martelianos, cómo atraviesa Cleo la pérdida de su hermana menor mientras su madre entra en una depresión, y su casa se ve invadida por su tía y sus primas, su abuela y una empleada doméstica y su hija y unos hombres que vienen a tapar la pileta donde la niña se ha ahogado. Las chicas atraviesan esos días con juegos, mirando televisión, compartiendo secretos, rituales de los niños que no han podido nacer (Cleo tiene su primera menstruación durante ese tiempo de relato), leyendas urbanas de terror, “festejando” el cumpleaños de una de ellas o detrás de un conejo que apareció en el jardín. Actividades alejadas de los mayores que les permiten tener una respuesta propia aunque no puedan evitar las adultas y que las llevan al momento final. Película de climas, de construcción de atmósferas con un elenco a destacar, la tensión de la muerte, del mal que ronda se hace respirable y casi palpable.

Clarisa Navas participa de la Competencia Internacional con Las mil y una. Después de Hoy partido a las 3, vuelve a demostrar que sus retratos femeninos, a tono con estos tiempos, lucen con una naturalidad viva y envidiable. Iris es la protagonista, en su despertar sexual en la diferencia. Todo un mundo donde la diversidad es la “normalidad”, sin la necesidad de explicar o argumentar nada, pone al espectador en otro modo de atención. Uno se deja llevar por ese lapso que compartimos donde aparece tanto el peligro de ese barrio de monoblocks, carenciado, alejado del centro correntino, y sus habitantes, del tráfico de drogas y sexo, de las corridas nocturnas, como también la sensibilidad posible de otros personajes, la construcción de nuevas y elegidas familias conformadas por los afectos y el aguante, del primer amor. Todo luce natural, desde las actuaciones hasta la puesta en escena.

En la era de Manuela de Laborde (Comp. Lat. de Cortos) se muestran las labores desarrolladas en el Taller Experimental de Concreto en Las Pozas, Xilitla. El documental se narra a partir de imágenes que juegan con las formas y lo abstracto, en un registro casi experimental, y donde las dos bandas (sonora y visual) parecen buscar el sentido a través de su alejamiento y ese choque que se produce entre ambas.  

Los arcontes de Natalia Labaké y Agustina Pérez Rial (Comp. Arg. de Cortos) ficcionaliza un hecho real: la investigación que los servicios de inteligencia de la provincia de Buenos Aires realizaron sobre el Festival de Cine y sus invitados en los 60. A partir de los legajos encontrados se desenvuelve la trama de una conspiración propia del mundo de la Guerra Fría con un trabajo que se destaca por lo visual y donde la geometría de los espacios (hoteles, escaleras, pasillos, ventanas, etc) es tanto personaje como aporte estético.

Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2020: Segunda Crónica

Día 2: domingo 22 de noviembre

Historia de lo oculto de Cristian Ponce es parte de la Competencia Argentina. Este thriller político en blanco y negro retrata un tiempo ucrónico donde un gobierno se ve envuelto en la impopularidad y los negociados de sus representantes. Políticos, empresarios, jueces y una secta donde la brujería parece ser la fuente de acceso al poder real, se conjugan en un relato de resistencia formado por unos productores y periodistas de un programa de televisión periodismo político que, a partir de una investigación, cree haber hallado la manera de exponer lo que sucede en su último programa al aire. Los 80 vuelven a la pantalla, a través de las formas cinematográficas y de la reconstrucción de época, con un trabajo de tensión dramática que no decae y que lamentablemente, y aún con los toques de magia negra, nos parece contar algo bastante posible y cercano.

Correspondencia de Carla Simón y Dominga Sotomayor es un corto (forma parte de la Competencia Latinoamericana de Cortos) en el que, a través de escritos y voces en off de las directoras, se enuncian sus pareceres sobre la familia, las generaciones, las maternidades, los que ya no están y su legado. Este intercambio audiovisual entre dos artistas jóvenes, una española y otra chilena, parte de lo familiar para implosionar en lo político y colectivo de las luchas recientes que llevaron a cabo en las calles los chilenos. 

Las credenciales de Manuel Ferrari habla de protagonistas en tránsito y que pueden ser intercambiables porque a la corta todos podemos ser otros. Un hombre viaja del delta argentino a Berlín mientras otro lo transporta en su llegada a la ciudad hasta el destino fijado. Prejuicios sociales, “portación de cara”, actuaciones mediante, se desandan en este trabajo que forma parte de la Competencia Argentina de Cortos. Así como también lo hace Los primos esperan de Marina Nerea Malchiodi, donde tres jóvenes se reencuentran para pasar el velorio de su abuela en la casa de ésta mientras el resto de la familia acompaña el cuerpo. Compañía, charlas, bailes, pequeñas peleas parecen ser los modos elegidos para atravesar el duelo. Siempre de forma indirecta, tangencialmente, sin animarse a expresar literalmente lo que sienten.

Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2020: Segunda Crónica

Día 2: domingo 22 de noviembre

Una de las películas que forma parte de la Competencia Latinoamericana es Selva trágica dirigida por Yulene Olaizola. El film nos introduce en el misterio de la selva a través de la leyenda del Xtabay, una mujer que seduce a los hombres y los lleva hacia la perdición. La historia comienza con Agnes, aunque su protagonismo, físico al menos, se va evaporando hacia la segunda mitad del relato. Ella escapa, junto a su hermana y su guía, de su pretendiente, un comerciante británico que encarna el mal. Pero en ese viaje con sangre y muerte se cruza a otro grupo de personas, también todos hombres, que transportan grandes cantidades de chicle. Allí ella se convierte en una especie de diosa, cautivándolos por su belleza. De a poco la mística va tomando protagonismo, las tensiones sexuales se intensifican y los hombres van siendo llevados hacia la locura. “Pobre de ti si no puedes entender los misterios de la selva”. Olaizola nos traslada al medio de la naturaleza con una película muy cuidada desde la fotografía y el sonido (viene de dirigir documentales y en la primera parte de la película es fácil apreciar esa experiencia). Y una vez inmersos en ella, en esa selva que infunde respeto, despliega esta historia de choques culturales que va transformando a su protagonista en una especie de ninfa. De cocción lenta, Selva trágica es una película cautivante como su mismo escenario.

Fuera de competencia nos encontramos con el documental Vicenta, dirigido por Darío Doria. Lo curioso de esta película es la manera en que está narrada. Como si fuese una historia de ficción, una voz en off sigue las peripecias de la mujer que da título al film pero las imágenes que recrean las escenas están hechas con muñecos de plastilina. No es una de animación, son imágenes fijas que cobran vida a través de la iluminación o de los sonidos y la narración. La historia pide ser escuchada: es la de una mujer analfabeta que vive de limpiar casas y cuida a su hija que, aunque tenga diecinueve años, tiene un retraso madurativo por lo que funciona como si tuviera no más de ocho años. Todo cambia cuando descubre que tiene poco más de tres meses de embarazo tras ser violada por su tío. Vicenta sigue los pasos que le indican para poder realizar el aborto de una manera legal, porque la ley indica que en casos de violación el aborto es permitido, pero se encuentra con un sendero de interminables vueltas y trabas mientras la panza de su hija sigue creciendo. La voz de Liliana Herrero narra ese ir y venir constante, las dificultades que se encuentra alguien que, por un lado, no sabe leer y necesita ampararse constantemente en otra persona para los trámites, y que además se encuentra en una condición económica precaria. Vicenta pone en foco entonces la ausencia del Estado, la burocracia judicial, la negativa de los médicos y la presión de la Iglesia. Esto sucede en el 2006 y sin embargo la historia resuena por lo actual. ¿Cuánto dura un abuso? El de un tío, el de las instituciones, se pregunta Vicenta en esta historia. Narrada con mucha sensibilidad, es la historia de una lucha que persiste.

Una de las sorpresas de la Competencia Argentina es Historia de lo oculto. La película que dirige y escribe Cristian Ponce es ante todo un thriller político en blanco y negro. Sin embargo se utiliza el fantástico, en este caso la brujería, para narrar una historia de conspiraciones. Historia de lo oculto se sucede en una noche y gira en torno a un programa de televisión de fuerte presencia en cuestiones políticas: hoy es el último programa y por lo tanto la última oportunidad para que su conductor y sus productores, que se encuentran en una locación oculta un poco observando lo que pasa y otro poco moviendo los hilos, puedan develar una verdad oculta. Ponce arroja muchas ideas y a veces la narración se torna algo confusa pero al final todo cobra sentido. La Buenos Aires de esta película es como una versión corrida de la real y, sin embargo, ahí están la corrupción y la libertad de prensa enfrentándose. Una película atrapante, entretenida, con sorpresas y de esas que se quedan dando vuelta en la cabeza. En un elenco que funciona muy bien, se destaca Germán Baudino como el misterioso Adrián Marcato. Y si hablamos de ocultismo, no puede faltar la cita a Mariana Enríquez. Recomendable.

Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2020: Primera Crónica

Día 1: sábado 21 de noviembre

Isabella de Matías Piñeiro (Hermia & Helena) es una de las 4 películas argentinas en la Competencia Internacional. Una nueva integrante de Las Shakesperiadas, estas miradas sobre las comedias del Bardo que el director crea para traerlo a nuestra actualidad y nos sirven, también, para ejemplificar qué significa ser un clásico: alguien que sigue interpelando con sus textos a cada época. Entre el actuar y el vivir, la duda y la acción se mueve Mariel (María Villar). La posibilidad de interpretar en una nueva puesta a Isabella, la protagonista de Medida por medida, la hace cuestionarse y replantearse qué quiere de su vida. El trabajo de Piñeiro con los tiempos que fluyen, mezclándose y saltando con total naturalidad, rompiendo el nexo causal directo, sin que generen confusión es para destacar. Así como el trabajo de todo el elenco y la puesta en escena que, en este caso, adiciona el uso de los colores, o más específicamente del púrpura, para sumar ambigüedades y tonalidades frías y cálidas para acompañar a las escenas, como un plus narrativo y expresivo. Escenas que además se duplican, se replican, se espejan y cuentan con ligereza, mas no liviandad, las profundidades del ser humano.

La Competencia Argentina comenzó con Un cuerpo estalló en mil pedazos. El documental de Matías Sappia recupera la figura de Jorge Bonino y reconstruye una vida ligada al arte en su práctica más lúdica. Arquitecto y actor cordobés que pasó por el Di Tella y huyó del éxito viajando a Estados Unidos y luego a París donde lo volvió a encontrar hasta perder la razón, es una sensible mirada, en blanco y negro, que una voz en off narradora siempre con el “dicen” como inicio de cada frase, en una versión que podemos considerar bien intencionada del chisme, y la sumatoria de los testimonios de quienes lo conocieron también en off rearman el relato de una vida, evitando todo lo posible las imágenes de su protagonista.

Al morir la matinée de Maxi Contenti es una coproducción uruguayo-argentina que forma parte de la Competencia Latinoamericana. Un claro homenaje al giallo y al slasher de los 70, y con múltiples referencias cinéfilas, la trama es sencilla: en una sala de cine, de esas inmensas como ya casi no hay, se proyecta una de terror en un día de lluvia copiosa en un Montevideo de los 90. Poco público, y bastante especial, será espectador de la proyección nocturna que realizará una joven, la hija del proyectorista a quien reemplaza por primera vez. Lo que nadie imagina es que más que público serán actores de la cacería que un asesino llevará adelante en la oscuridad del cine buscando comerse sus ojos. Fácilmente podemos advertir que la visión y la mirada son algo más que simple hilo narrativo. Con la tensión necesaria y sin explicaciones psicologistas, se desarrolla este filme que, sin ser original ni buscarlo, derrocha sangre (con buen uso de los efectos) y entretiene.

Vitória es parte de la Competencia Latinoamericana de Cortos. Ricardo Alves Jr. cuenta de modo parco, casi ascético, la urgencia de la coyuntura en su país donde los derechos se ven cuestionados y en retroceso. La protagonista, empleada de una fábrica textil, ejerce en escenas precisas y sin emotividades la práctica de sus derechos menos como miltancia, aunque también, que como modo de afrontar la vida con dignidad.

Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2020: Primera Crónica

Día 1: sábado 21 de noviembre

Una de las películas argentinas que forman parte de la Competencia Internacional es lo nuevo de Matías Piñeiro. En Isabella, como en su película anterior, Hermia & Helena, el director vuelve a interpretar y reinterpretar a Shakespeare, esta vez con una protagonista que quiere ser Isabella en una nueva puesta en escena de Medida por medida. Mariel está embarazada y después de sentir que nada le sale bien deposita esperanzas en conseguir ese papel que, además, la ayudaría económicamente. Pero si bien ella recibe un poco de ayuda de parte de su hermano que le adelanta cómo va a ser el casting para que pueda estar un poco más preparada, se encuentra con que Lucrecia, una joven mucho  más segura de sí misma y que consiguió el papel un año antes pero no pudo hacer la obra por un viaje a Portugal, también audiciona. “La gente que actúa no duda”, pero Mariel está llena de piedras como dudas y aunque intente despojarse de ellas, de lanzar esas piedras al agua, siempre hay más. Con una narración no lineal, contada de manera fragmentada, como bloques, Piñeiro va y viene entre escenas con algunas repeticiones, encuentros y la imagen del mar que se tiñe de púrpura; un juego de espejos cuyas tonalidades van cambiando pero todo empieza y termina ahí.

También en la Competencia Internacional se puede ver Sophie Jones, en este caso una ópera prima. Jessie Barr dirige y coescribe junto a su prima, Jessica Barr, además protagonista absoluta, un coming of age que atraviesa un duelo. Como si la adolescencia por sí sola no fuese uno de los momentos más traumáticos de la vida, donde todas las emociones estallan a flor de piel, a Sophie Jones se le acaba de morir la madre y así como hay  muchas cosas que no sabe, tampoco cómo lidiar con esa pérdida. Entonces improvisa y le pone el cuerpo, desde lamer las cenizas de su madre al sexo sin experiencia. “Al menos no me estoy cortando”, y entonces parece que la vida sigue para ella, su hermana, y el padre que se queda a cargo. Hay escenas que Barr capta con mucha sensibilidad: como la conversación entre amigas, la escena en que con su hermana aprovechan las flores del funeral para hacer una sesión fotográfica a lo Ofelia, o el momento en que en voz alta y a solas le habla a su madre. También los momentos de escape, ya sea en auriculares, en el sexo sin compromiso o manejando para alejarse. La música es un  lindo complemento pero a veces las letras subrayan demasiado las escenas. Con Nicole Holofcener como productora ejecutiva, Sophie Jones es una modesta ópera prima sobre el paso a la adultez que acá se marca a través de la necesidad del dejar ir, arrojar las cenizas, seguir adelante.

Dentro de la Competencia Latinoamericana se encuentra una llamativa película uruguaya. Al morir la matinée está dirigida por Maximiliano Contenti y escrita por Manuel Facal y funciona, antes que nada, como un homenaje y una carta de amor al clásico y estilizado slasher de antaño. Cada detalle de la dirección de arte está puesto a favor de crear una estética de otra época (la película está situada en la década de 1990) y las muertes, algunas más llamativas que otras, rememoran a los clásicos giallos, incluso en el modo artesanal en que son creadas. La trama es muy simple: durante la última función de un antiguo cine de barrio se proyecta una película de terror, Frankenstein: Day of the beast (película del 2011 dirigida por Ricardo Islas, quien además acá interpreta al asesino). Es tarde, llueve de manera torrencial y pocas personas entran a la sala a verla sin saber que pronto quedarán encerrados y serán víctimas de un asesino que quiere sus ojos. Aunque hay una idea clara de mostrar desprecio hacia la clase de gente que va al cine pero no para ver la película, la construcción del villano resulta atractiva desde lo superficial y carece de un mayor desarrollo. Para los personajes da casi igual tanto descubrir su rostro así como para nosotros la razón por la cual ataca: los ojos; es algo simbólico a lo que le falta fuerza narrativa. En cuanto a los protagonistas, las actuaciones son bastante desparejas y con los personajes pasa un poco lo mismo: por suerte la protagonista principal, Luciana Grasso y su Ana, la hija del proyectorista que se queda a cargo y se convertirá en la final girl, está entre los aspectos positivos del casting. A la larga, Al morir la matinée emula fórmulas casi en desuso y, aunque no consiga aportar algo novedoso, resulta entretenida y agradable, especialmente teniendo en cuenta que se sucede en una sola locación y que se toma su tiempo. Tiene una estética muy cuidada y aparecen unas cuantas citas cinéfilas. Y es que sobre todo se aprecia el amor por el ritual de ir al cine, aquel que este año más que nunca apreciamos tanto.

Y para cerrar la jornada, la primera de las tres películas que conforman la sección de este año de Hora Cero: Teddy, dirigida y escrita a cuatro manos por Ludovic Boukherma y Zoran Boukherma. La película comienza con una impactante escena que termina con una ventana tiñéndose de sangre. Pero pronto conocemos al protagonista, el del título, un adolescente que no termina de encajar: no va a la escuela, trabaja en una casa de masajes que odia, vive con su tío desequilibrado y una tía anciana dependiente hasta para alimentarse, pero al menos tiene una novia divertida con la cual se encierra en su cuarto a drogarse y tener sexo. Un día, una criatura que no llega a identificar lo ataca y a partir de ese momento todo comienza a enrarecerse: le crecen pelos en lugares demasiado extraños, como la lengua, o tiene sueños raros como aquel en el que se come el pie de su tía. Sin embargo, Teddy no es la típica película de hombre lobo: por un lado tiene un tono de comedia negra pero ligera, que a veces resulta demasiado peculiar como para causar alguna risa, por el otro la transformación de Teddy no hace más que incrementar algo que ya se percibía en su personaje, que es un marginado. Claro que ahora el modo de reaccionar ante un ambiente que percibe hostil no será de una manera tranquila. No obstante, esa escena en la que Teddy explota, en que por primera vez lo podemos ver como el monstruo en el que se convirtió, deja flotando ideas que no terminan de ser aprovechadas y podrían haber hecho del film algo más sustancioso y que la separara de la mayoría de estas películas sobre licántropos.

Golondrinas de Mariano Mouriño

En este primer largometraje de Mariano Mouriño, Ana y Juan son dos hermanos que van migrando persiguiendo el trabajo en cosechas a lo largo del país. Mientras Ana quisiera irse a Buenos Aires y dejar de moverse, Juan pretende seguir saltando de una oportunidad a otra, al menos esto le permite irse cada vez que está en problemas.

Cuando los hermanos, nómades, sin mucho más que un bolsito de ropa cada uno, llegan a una nueva plantación se encuentran con un encargado de mal carácter y de reacciones violentas. Pero también está el nuevo capataz, Edgardo (Germán Palacios). Si bien el ambiente es bastante precario (además de un estado deplorable del lugar donde se quedan, hay menos camas que empleados y poco tiempo tienen para hacer otra cosa que no sea trabajar largas horas al sol), este hombre parece verlos como algo más que dos peones y comienza a acercarse a ellos con la intención de ofrecerles un trabajo “más humano”, de tenerlos cerca. Ana queda relegada a las labores domésticas, mientras que Juan se ve, de repente, con una posición con más poder al que está acostumbrado. Sin embargo, mientras ella parece sentirse cómoda, a él algo que todavía no sabe qué es comienza a molestarle.

Enmarcada en la década de los 90, Golondrinas expone las diferencias de clase en un contexto rural. No obstante, logra destacarse por el modo en que sus personajes se desarrollan. Detalles como el modo en que Ana disfruta de lo que la música que no conocía le hace sentir, o las reacciones impulsivas de Juan. Mientras a Edgardo se lo ve como un hombre que disfruta de su posición de una manera tranquila, sin alardear, pero sabiendo que a la larga es quien manda, mientras fuma y bebe, a veces, sin control.

Con un tono naturalista que sabe aprovechar los vastos exteriores, Golondrinas desarrolla esta historia a través de escenas de pequeños momentos. Se aleja de lugares comunes, se permite jugar un poco con el romanticismo (como una escena en la que viajan en auto escuchando música), traza los vínculos de límites a veces difusos. Aunque prevalecen las relaciones de poder, el foco está en el viaje personal de estos hermanos.

Puntuación: 4 de 5.

Mouriño desarrolla el arduo mundo de los trabajadores precarizados del campo y su crudo contexto laboral, pero lo hace desde el corazón de sus protagonistas. A la larga, Golondrinas es una historia de dos hermanos antes de levantar vuelo propio.

Angélica de Delfina Castagnino

Angélica perdió a su madre, se separó de su novio y debe abandonar su casa. A escondidas de su hermana, que no sospecha nada, vuelve a ingresar a la vivienda a punto de ser demolida y se esconde en el ático, desde donde espía cómo su universo, literalmente, se destruye. Mientras, se enfrasca en una relación con el padre de la supuesta nueva novia de su ex, con quien los límites de la realidad y la ficción parecen ir corriéndose, a medida que Angélica va sumergiéndose, más y más, en un personaje con las mismas características de su difunta madre.

Angélica es, como su personaje, una película de la cual es muy difícil hablar sin adentrarse en todos sus detalles. Ella parece una cosa pero es otra, o viceversa. El límite desaparece rápidamente en el film y el espectador queda abandonado a esa nueva realidad que el personaje va a construir. La puesta de cámara da cuenta de ello y, al mismo tiempo que los planos parecen ser desprolijos e improvisados, no queda la menor duda de que están pensados milimétricamente para incomodar al espectador. Lo que vemos es incómodo, pero lo que no llegamos a ver es perturbador.

Angélica es inabarcable para nosotros. Su mundo interior es oscuro y a medida que ella continúa su espiral descendente a la insania la apuesta cinematográfica va subiendo. La cámara queda cada vez más alienada de esos espacios que la rodean. Y a la par que los obreros van destruyendo las estructuras de ese lugar que alguna vez supo ser su hogar, su propia personalidad empieza a colapsar perdiendo los límites entre lo real y la ficción.

Los sonidos toman en el film un protagonismo particular y hacen extrañar la sala cinematográfica donde la sensación envolvente los hubiese potenciado. Construyen la amenaza exterior de Angélica, pero también ponen en tensión su clandestinidad. Cada paso que da, cada lugar por el que se desplaza, la crujiente y desmoronada casa la quiere poner en evidencia.

Cecilia Rainero construye a nuestro personaje principal con una sutileza que se contrapone fuertemente con su intenso mundo interior. Con pequeñas miradas o cambios casi imperceptibles del tono de voz, deja paso a las otras partes de Angélica que se debaten dentro de su ser.

Angélica debería ser un film dramático, pero pone en juego las cualidades de un thriller, logrando así generar en el espectador una gran cantidad de suspenso y tensión, volviendo más efectiva la construcción de la decadencia de este personaje con el cual queremos empatizar, aunque se vuelve más difícil con cada minuto que pasa.

Puntuación: 4.5 de 5.

Sofocante y opresiva, Angélica es una de esas películas que muestra cuál es el camino del nuevo cine argentino cuando pretende abarcar el género, deconstruyendo y reinventándolo no en pos del mero efectismo, sino como parte de la construcción integral de este hipnótico y enigmático personaje.

Proyecto Parque Patagonia de Juan Dickinson

Dos filántropos millonarios encaran un proyecto de parque binacional que empieza con la donación de una gran cantidad de tierras en Chile y que debe continuar con la adquisición y donación al estado argentino de tierras en nuestro país. El problema reside en que en algunas de esas tierras, que la Fundación Flora y Fauna quiere adquirir para el proyecto, viven estancieros que, desde hace dos o tres generaciones, vienen criando su ganado en el lugar. El proyecto de unos se contrapone con el de los otros y está claro que ambos no pueden subsistir si su opuesto no cambia o desaparece.

El documental Proyecto Parque Patagonia intenta darle voz a quienes, desde ambas posturas, pueden explicar los por qué de su punto de vista y así, durante la extensión de la película, nos encontramos con dos bandos irreconciliables, cada uno de ellos con argumentos entendibles, aceptables e incluso justos. Y si bien el documental es muy interesante en sus planteos y la belleza de sus imágenes, por momentos queda preso de su “intento de imparcialidad”, lo cual, paradójicamente, juega en contra al momento de permitir al espectador tomar una postura bien informada.

Por un lado, el film decide no traer desde afuera del conflicto ninguno de los testimonios que permitirían dirimir un poco mejor la cuestión. Testimonios de conservacionistas ajenos al proyecto serían muy esclarecedores, lo mismo que algunos estudios sobre cómo y quién fue poblando la Patagonia, situación que se ve demasiado romantizada en el film. Y en ese contexto, al mezclar los testimonios de familias nativas que trabajan y viven de la tierra con el de los agricultores que trabajan las tierras que compraron (o incluso capaz ocuparon) sus padres o abuelos, se generaliza una visión de la naturaleza que un productor agropecuario no siempre tiene presente.

Por otro lado, mientras uno de los “bandos” atraviesa el film contando sobre el proyecto de regeneración de flora y fauna, del otro lado llueven constantemente las acusaciones sobre las formas y los objetivos ocultos de quienes, a los efectos de esta historia, son los conservacionistas. Desde acusaciones sobre aprietes del tipo mafioso, hasta la insinuación de una intencional búsqueda de acaparar las fuentes de agua dulce, pasando por la ridícula posibilidad de la fundación de un nuevo país en ese territorio, los agricultores de la zona dicen unas cuantas cosas sobre quiénes quieren llevar a cabo el proyecto, y estos nunca tienen derecho a réplica en el documental y, mientras tanto, datos muy importantes sobre cómo el ganado de algunos agricultores pastan en tierras ajenas pasan desapercibidos y ni siquiera son tomados como parte de la argumentación.

Puntuación: 3 de 5.

Proyecto Parque Patagonia es un buen documental, plantea una mirada interesante sobre uno de esos conflictos donde las dos partes parecen tener razón y la solución parece imposible, y lo hace con bellos planos y una muy cuidada imagen. Pierde potencia, sin embargo, por la falta de objetividad, que es entendible en cualquier documental, pero que no debería ser tan visible para el espectador, porque termina jugando incluso en contra de la propia perspectiva del autor y sus entrevistados.

Los hijos de Facundina de Daniel Samyn y Daniel Francezon

El film da inicio con una placa explicativa que nos sitúa e introduce a la historia de Facundina, luego vemos una luna llena dibujada que se desplaza en la noche, mientras una voz en off femenina asoma tímida pero contundente “(…) el perro se ha muerto de pena y aquí solita yo… solita…”. Este recorrido del relato sonoro finaliza con una cita impresa en pantalla: “la infancia es el momento en que suceden todas las cosas”. Luego, un canto se acopla a la cascada de agua que suena y corre bajo la referida luna llena, acto seguido se sobreimprime el título del film y amanece el día dándonos paso a la película.

“No sabían olvidarse mis hijos de mí. ¿Qué será ahora la causa?” dice Facundina entre relatos en off sacados de aquel registro pasado. Una mujer nacida “no sabe cuándo”, en el sur de Bolivia, va rearmando sus recuerdos de niñez, su relación con “el finadito” Candelario, padre de sus hijxs, quien la robó a los 14 años y al que ella afirma “tuve que acostumbrarme”, la guerra, el parir en soledad 11 veces, la dura vida en el monte y los viajes constantes de un lado a otro de las fronteras en busca de sustento. Muchas veces sus relatos coinciden con las memorias que sus hijxs van rescatando de aquel olvido, pero a veces no. Cicatrices de vida, varias abiertas, en nombre propio que metaforizan a tantos anónimos que recorren, desde hace más de un siglo, los senderos del Chaco americano mientras rastrean sus destinos.

Este es un honesto y más que humano film documental que, a través del uso de la observación, la pintura animada, el registro fotográfico, el relato en off y la entrevista, nos invita a ser testigxs sutiles de realidades que suelen sentirse algo ajenas a nuestro cotidiano en la ciudad pero que pone en perspectiva, sin lugar a dudas, a la propia infancia del que observa y escucha. Pues recordar la niñez teniendo en cuenta la propia infancia y vida de nuestros mapadres, como lo hacen les hijxs de Facundina, nos llevará a memorias poco amables y hasta dolorosas pero muy necesarias para seguir avanzando. Tal es el caso de “la negra” (hija de Facundina) que confiesa haber tenido un vinculo quebrado por muchos años como madre. Este relato es capturado por la cámara en una escena improvisada, algo fría, más bien tímida, pero sí muy sensible y cargada de valor. En ella se exponen sus por qué de ausencias permitiéndose la reconstrucción del vínculo desde la propia mirada adulta de su hijo.

Puntuación: 3.5 de 5.

Los hijos de Facundina es un documental que registra, sin romantizar, la dura vida de la matriarca Facundina, una mujer de origen chiriguano–guaraní que ha envejecido de golpe, según ella, porque nunca paró de trabajar “solita” para sostener en pie a su familia.

Hermanas de los árboles de Camila Menéndez y Lucas Peñafort

El film da su apertura con un recorte directo sobre un monte desértico, casi estéril, con unas cabras que parecen buscar dónde pastar y, a continuación, nos muestra a un hombre, ya mayor, talando el único árbol en pie de la zona mientras niños varones lo observan, se ríen en complicidad y aplauden la caída de dicho árbol. Corte seguido, vemos a dos mujeres caminando por un sendero con sus sedas al viento; ellas serán las protagonistas que nos darán acceso a este bellísimo relato de superación personal y colectiva.

Contextualicemos: en India, si el embarazo da como resultado el nacimiento de una niña, la familia lo considera como una carga económica porque cuando sea “la hora de casarla” ésta deberá hacerle frente a una dote de 54 mil rupias para la familia del esposo. En cambio, si nace niño, la familia será quien reciba esa dote, incrementando sus ingresos. Bajo este preconcepto de estructura socio-cultural (patriarcal) muchas familias deben decidir entre asesinar a la niña recién nacida o, si prefieren que siga con vida, ingeniárselas económicamente para poder conseguir el dinero de su dote.

En general, no se pueden practicar abortos selectivos en India porque la tomografía es ilegal y si el doctor te comunica el sexo del bebé, va preso, por lo que las bebas son asesinadas una vez nacidas y luego son tiradas a la basura.

En esta aldea rural de Piplantri (India), donde se registra el documental, las mujeres ya no temen dar a luz a sus hijas, porque desde el 2005 se plantan 111 árboles en nombre de cada una de ellas para celebrar la ocasión. Este ritual surge a partir de la vivencia personal de Shyam Sunder Paliwal, alcalde de la aldea, quién, tras haber perdido a su hija de 16 años, decidió plantar un árbol en su memoria, pero en ese momento de tristeza no pudo creer que algunos padres y/o madres asesinaran a sus hijas sólo por razones económicas; entonces pensó que los árboles deberían plantarse para celebrar la vida de las niñas y convenció de ello a toda la comunidad.

Esta idea no sólo ayudó al cambio climático y al crecimiento económico de la aldea, sino que sirvió para implementar un sistema que previene los matrimonios infantiles, alfabetiza y protege a las niñas. Incluso, bajo este paradigma de paridad, muchas mujeres adultas lograron conseguir independencia económica a través de trabajos comunitarios y, por consiguiente, reducir la violencia de género doméstica.

Puntuación: 4 de 5.

Hermanas de los árboles es un documental de registro observacional, con un gran impacto crítico y social sobre la perspectiva de género, pero trabajado desde la sutileza poética; cargado de metáforas visuales y sonoras, con la mirada puesta en lo importante, en la autodeconstrucción de una sociedad patriarcal en constante búsqueda de igualdad de oportunidades sin distinción, sin perder de vista la propia cultura.