Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2020: Cuarta Crónica

Día 4: martes 24 de noviembre

Edgardo Castro presenta su tercera película Las ranas dentro de la Competencia Argentina. Con la impronta que lo caracteriza, y ya es todo un estilo, se sumerge en las historias que aborda desde un lugar donde se rompen las fronteras entre ficción y documental, se diluye la cámara y la intimidad parece presentarse frente a nuestros ojos sin velos. En este caso seguimos la cotidianidad de Barby, una joven madre que vende medias en la calle y puerta a puerta, para conseguir el mango diario. Habitante de un lugar más que humilde la acompañamos, además, en su ida a la cárcel donde visita a un joven que es su pareja. Esos instantes nos mostrarán el interior de la prisión, los sentimientos de ambos, cuando están juntos y cuando no (vemos que él recibe otras visitas familiares). La mirada sin prejuicios ni preconceptos sobre estas personas nos acerca a vidas completamente estigmatizadas por la mayoría de la sociedad y de los medios, pero tampoco las santifica. Y de paso nos muestra ciertos trucos que el ingenio popular crea para horadar ciertas reglas carcelarias.

Un crimen común también vuelve a mostrar la mirada comprometida con su tiempo, fuertemente política, que cuestiona e interroga sobre las posiciones sociales sin juzgar ni señalar con el dedo, que Francisco Márquez ha desarrollado en su filmografía. En este caso a través de Cecilia (Elisa Carricajo), una docente y académica, socióloga, madre, mujer separada, que tiene una mirada progre sobre el mundo, con saberes y herramientas que la Universidad Pública le ha brindado. En su casa trabaja Nebe, que es parte de la familia. Pero cuando una noche lluviosa, el hijo de esta señora golpee la puerta huyendo y pidiendo auxilio, Cecilia prefiere ignorar el llamado presa del miedo. Al día siguiente el joven es encontrado muerto como resultado de estos casos de gatillo fácil y abuso de poder por parte de la policía que lamentablemente son moneda corriente. A partir de allí la protagonista se interna en un mundo de pesadillas (como en ese túnel de terror anticipatorio de la primera escena en el parque de diversiones) donde la culpa no le da respiro. Thriller político en torno a temas coyunturales y candentes, también el terror va adueñándose del género y del filme: algo en esa casa parece acecharla y no le da respiro. ¿Qué hacer con el saber frente a la realidad práctica? ¿El progresismo es apenas un discurso que no llega a la acción cuando debe? Estas y otras preguntas se le hacen carne a la protagonista y nos interpelan como espectadores frente a la toma de conciencia y a la responsabilidad que nos compete como ciudadanos y como humanidad.

En la Competencia Internacional se presenta Red Post on Escher Street, el último film del japonés Sion Sono y también podemos hablar de marca autoral. Esta comedia, fresca y liviana, sobre el mundo de la actuación y el cine podría dividirse en dos partes: la primera es el desarrollo de un casting para participar del próximo film de Kobayashi, un director famoso, que permite presentarnos una coralidad de personajes con un ritmo vertiginoso y mezclando distintas historias sin que perdamos el hilo. La segunda se da a partir de un quiebre donde este director comprende que la industria lo ha cooptado y debe trabajar con lo que hay y no con lo que quiere. Ya estamos en plena filmación y lentamente todo se desmadrará hasta una especie de revolución que adopta el slapstick, los golpes y las corridas para ofrecer como salida el dejar de ser un extra, con todo lo que ello implica y que puede trascender a todos los órdenes de la vida. La maestría de Sion Sono en su puesta en escena para presentar las múltiples historias, dar carnadura a los personajes y vincularlos sin que el relato se vuelva imposible de seguir es destacable, así como el humor que no abandona jamás.

Tres mujeres llegan a una isla, entierran algunos objetos y visitan a una vidente del lugar. Tras un ritual de invocación ésta es arrastrada a un mundo de oscuridad y algo más. En Las sombras, Paulo Pécora construye el misterio y el terror apelando a los recursos cinematográficos con habilidad. Carteles explicativos al estilo cine mudo, sonido envolvente y narrativo y una fotografía en blanco y negro donde el soporte fílmico muestra granulados, saltos, revelados expuestos, manchas que cuentan por encima de la bella estética que también aporta. Este film es parte de la Competencia Argentina de Cortos.

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