Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2020: Séptima Crónica

Día 7: viernes 27 de noviembre

En el último día de la Competencia Internacional se pudo ver la argentina Nosotros nunca moriremos, de Eduardo Crespo. Una película que, como fue característica de varias en esta edición, gira en torno a la muerte y al duelo. En este caso, Romina Escobar (Breve historia de un planeta verde) interpreta a una madre que viaja a un pueblo del interior tras la muerte de su hijo mayor; lo hace acompañada de su otro hijo y se ve inmersa en los trámites que conlleva esta situación. Pero además del dolor propio del duelo, de pronto va descubriendo toda una faceta y secretos que desconocía, como si nunca hubiese sabido realmente quién era su hijo. Escobar interpreta a esta mujer de manera austera, como si estuviese entumecida o conteniendo algo que en algún momento va a explotar probablemente en forma de un llanto desconsolador. El film, de tiempos pausados, reflexiona sobre la muerte desde lo espiritual, desde la idea del qué hay después, pero también desde la mirada de los que se quedan acá y tienen que seguir. Sensible, a veces un poco distante, y con una interesante gamas de personajes.

El cierre de la Competencia Internacional estuvo a cargo de una película proveniente de Estados Unidos que aunque se sucede casi en su totalidad en un funeral, no trata sobre la muerte: Shiva Baby. La ópera prima dirigida y escrita por Emma Seligman y basada en su propio corto tiene como protagonista a Danielle, una joven bisexual de veinte años a la que en su primera escena podemos ver junto a su sugar daddy (un hombre que le paga por su compañía). Al salir de allí se dirige a un funeral judío donde la espera toda la familia, un momento que sabe que no va a ser cómodo porque ante las preguntas de todos se la pasa armando versiones de su vida. Lo que no esperaba es que uno de los invitados fuera el hombre con el que hasta hace un rato estaba teniendo sexo: un tipo casado que llega con su mujer y su pequeño hijo. Seligman filma todo este funeral con una cámara inquieta y tensa, tanto como sufre Danielle que, como si fuera poco, tiene rondando la presencia de su ex. Una comedia de enredos pero también una especie de thriller psicológico -puede poner al espectador muy nervioso-, Shiva Baby pone en foco, antes que nada, a una joven que siente que no tiene otra opción que mentir sobre sus estudios, su trabajo y hasta sobre con quiénes se acuesta para sentir que no decepciona a su familia entre personas que mantienen sus propias empresas o llevan a cabo importantes carreras. Y lo hace con mucha frescura y con una mirada despojada de prejuicios; de hecho uno de sus mejores aciertos radica en el modo en que se retrata la sexualidad de su protagonista.

Dentro de la sección Panorama se pudo ver lo último del director coreano Hong Sang-soo. The Woman who Ran es una película que tiene todo su estilo, calmo, hecho de pequeños momentos. En esta historia la protagonista es una mujer que se queda unos días sola cuando su marido -de quien nunca se separó un día- se va de viaje. El director sigue a este personaje en unos pocos encuentros con amigas, es una película compuesta principalmente de personajes femeninos que conversan y dialogan sobre la vida, comparten comidas. Sencilla, calma, fluye con mucha naturalidad; es una película que te mete dentro o te saca de ella.

Para el final, la última de la sección Hora Cero llega desde Francia y es Meander, de Mathieu Turi. Una mujer que perdió a su hija pequeña despierta después de subirse al auto de un extraño dentro de una especie de tubería. Como en la saga SAW, parece que la única manera que tiene de sobrevivir y de salir de ese lugar es sumarse a un juego perverso y sádico en el cual tiene que demostrar antes que nada que quiere sobrevivir cueste lo que cueste. Como en El Cubo, los espacios tienen sus trampas y también aparece una cita clara a Alien. La claustrofobia que genera la película remite mucho a Enterrado además. Sin embargo, la trama se agota rápidamente en una serie de peripecias que se tornan repetitivas y cansadoras. El desarrollo que tiene el personaje principal es bastante pobre -a la larga poco más sabemos además de que con la muerte de su hija perdió las ganas de vivir-, y al final la historia se torna muy alegórica. Gaia Wess le pone el cuerpo a su personaje y a la película pero ésta se siente más bien una oportunidad desaprovechada.

Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2020: Sexta Crónica

Día 6: jueves 26 de noviembre

En la Competencia Internacional podemos encontrar Seize Printemps, la ópera prima de Suzanne Lindon, que además protagoniza. En ella, Suzanne es una adolescente de 16 años que no logra hallarse entre la gente de su edad, que se aburre de las noches de fiestas y alcohol y las conversaciones triviales en los bares. Pero en su recorrido cotidiano pasa por delante de un teatro y allí empieza a observar a un hombre mayor al que sigue y con quien pronto consigue entablar una relación, entre cafés y alguna reunión. Aunque la historia nos haga pensar en Lolita y todas las obras derivadas de ella, la mirada de Lindon es mucho más sutil y delicada. La joven actriz y directora consigue delinear personajes memorables a partir de una historia pequeña de emociones que, a veces, sus personajes sólo consiguen transmitir a través de coreografías de baile. Sin grandes giros, sin bajadas de línea, Lindon presenta una película modesta y honesta pero, sobre todo, fresca como la mirada de una chica joven que vive su primer amor.

En la Competencia Argentina nos encontramos con el nuevo documental de María Álvarez, El tiempo perdido. Así como en Las cinéphilas seguía a un grupo de jubiladas que tenían en común la pasión por ir al cine, acá se centra exclusivamente en un grupo de lectura -que ya habíamos podido vislumbrar en la película anterior por lo que vuelve a aparecer una de sus protagonistas-. Un grupo de gente mayor que se reúne hace diecisiete a años a leer y discutir los diferentes volúmenes de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust. Esta vez María Álvarez no se mueve de esa mesa del bar de Tribunales que los reúne, a veces a los mismos de siempre, a veces con alguna inclusión nueva. En blanco y negro y con el mismo amor con el que retrataba a las cinéfilas, El tiempo perdido es de esas películas que impregnan una sonrisa en el espectador: resulta hermoso escucharlos leer o disertar sobre determinados pasajes, tratar de diseccionar qué se quiso decir, pero sobre todo cuando queda en evidencia el poder de evocación que tiene la novela: como cuando no pueden volver a comer una magdalena sin acordarse de ella, o pasean una tarde lluviosa por Buenos Aires y se sienten en París, o ven a un hombre vestido de una manera algo elegante y anticuada y piensan que se parece a un personaje de Proust. También se cuelan fragmentos de conversaciones más cotidianas, pero a la larga el corazón de la película radica en la idea de la lectura no sólo como arte creativo, como define uno de los señores, sino como punto de encuentro. El cariño hacia sus personajes, y el de ellos hacia la obra de Proust, trasciende en cada fotograma.

Fuera de competencia se encuentra la última película de Fernando Spiner que, además, marca su regreso al género fantástico y nos llega después de su paso por el Festival de Sitges. Inmortal nos presenta una historia en la que es posible crear una especie de universo paralelo donde se quedan los muertos, pero al que también se puede ir a visitar y pasar un rato. Ana (Belén Blanco) vuelve desde Roma para cerrar unos trámites y una tarde cree ver desde el colectivo a su padre vagando por las calles; su padre está muerto. Así se acerca al Dr. Benedetti (Daniel Fanego), un viejo amigo de su progenitor al que ella considera un estafador por haberle presentado una farsa ridícula y delirante sobre este mundo paralelo, y entonces descubre que es real. Spiner le dedica bastante tiempo a desarrollar esta parte de la trama y ahí quedan descuidados sus protagonistas, a quien se le suma el hijo del doctor, interpretado por Diego Velázquez, que se convertirá en el interés amoroso de Ana. Todo lo que tiene que ver con los lazos que se crean entre sus personajes se suceden de manera apresurada y forzosa. Las actuaciones, aunque desfilen actores talentosos, resultan desparejas. Una película bastante floja.

También Fuera de Competencia está Edición ilimitada, una película compuesta de cuatro cortometrajes dirigidos por escritores. Edgardo Cozarinsky presenta una historia simpática, que además protagoniza, sobre un hombre a punto de operarse de la vista que intenta leer a Mark Fisher en una mesa de Los Galgos. Una mujer que lo observa tener dificultades se ofrece para leerle, lo que lo lleva, una vez operado, a utilizar ese mismo truco, esta vez con Barthes. Santiago Loza dirige una historia sobre un aprendiz de escritor que empieza a visitar a su erudito abuelo, quien lo instruye sobre la escritura, pero finalmente lo que los una está en otro lugar. Es el más flojo de los cortometrajes. El que le sigue es el de Virginia Cosin, sobre un monólogo interior que una escritora recientemente publicada tiene en medio de una fiesta. Allí, entre cameos y algunas interacciones, reflexiona sobre su condición de madre separada y confiesa que por primera vez sabe cómo definirse: escritora. También se desarrolla brevemente un poco de ese mundo intelectual al que parecería que todos quieren aspirar: “estás donde siempre quisiste estar pero querés salir corriendo”, se dice. Y termina con Paula Maffia haciendo una preciosa versión de “Amo lo extraño” de Charly. El último de los cortometrajes es el de Romina Paula, quizás el más curioso en cuanto a lo que decide contar: sentados a una mesa en la que se lee un par de escenas de una obra teatral, cada personaje con su propia voz, pronto descubrimos que no es un ensayo sino un taller de escritura teatral y se desentraña lo que una de sus alumnas trajo escrito. Y esos textos surgen, en la vida real, de una obra de teatro de Paula, una obra que fue llevada a escena y que incluso está editada en un libro de Entropía. Así, parecería que la directora utiliza su propia obra para desentrañarla, desentrañarse y también reflexionar sobre la obra dentro de la obra. “La verdad tiene estructura de ficción”. En resumen, Edición ilimitada es un interesante compendio de miradas literarias.

Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2020: Quinta Crónica

Día 5: miércoles 25 de noviembre

Lo nuevo del director Sion Sono, Red Post on Escher Street, forma parte de la Competencia Internacional con una historia que gira sobre el proceso de hacer cine, pero esta vez se enfoca más que nada en el papel de los actores. La película empieza con un casting que entusiasma a un montón de jóvenes ya que el director busca específicamente caras nuevas y no necesariamente con experiencia. Además del entusiasmo colectivo, de las ilusiones de cada una de ellas, empiezan a aflorar pequeñas historias, las de cada una de estas mujeres. Así, podemos ser testigos de una misma audición pero desde diferentes perspectivas. El universo de Sion Sono es delirante pero también enternecedor e incluso le brinda lugar en su historia al mundo de los extras, estos aspirantes a actores que sólo cuentan con unos pocos segundos en pantalla, generalmente sin diálogos, y el director los muestra con todo el entusiasmo y la ilusión de, en algún momento, interpretar a un personaje. Como la película tiene muchos personajes, justamente también tiene muchas historias, y la narración resulta muy fluida aun entre tanta información: la joven que quiere actuar porque su marido que la dejó viuda soñaba con ser actor, la que a causa de una traumática historia familiar encuentra en la audición una manera de liberarse un poco, las fanáticas enceguecidas del director, el propio director que se encuentra perdido con un guion que no lo convence y unos productores que lo presionan para hacer una película que no quiere mientras lo persigue un fantasma. En resumen, más de dos horas de un delirio hermoso, un poco ruidoso y, sobre todo, con mucho amor, que nos dice que lo importante es asumir el rol protagónico de nuestras propias vidas.

Otra película de la Competencia Internacional es Moving On, de Corea del Sur, una ópera prima de una joven directora: Yoon Dan-bi. La historia empieza con una mudanza de un padre separado y sus dos hijos, una adolescente y un niño, a la casa de su padre. Allí ellos empiezan a relacionarse de una manera más íntima con su abuelo y pronto se suma la presencia de su tía, la otra hija de este hombre dueño de la casa, que atraviesa una crisis matrimonial. La película está compuesta de pequeños momentos de la cotidianidad de esta familia. Es un drama sensible sobre los lazos familiares y las generaciones que dan lugar a las que vienen. Aunque hay varias cuestiones dramáticas, la película opta por tratarlas de un modo muy sutil y cálido. Sin sorpresas pero conmovedora.

Dentro de la Competencia Argentina podemos encontrar el tercer largometraje de Edgardo Castro: Las ranas. Como con sus películas anteriores estamos ante una historia ficcionalizada con un registro documental, algo que navega entre una cosa y otra. Castro vuelve a apostar a la crudeza, esta vez con la historia de una mujer humilde que tiene un hijo pequeño, vende medias en la calle, medias que casi todo el mundo le rechaza, y una pareja en la cárcel. Un poco como se veía en el documental La visita de Jorge Leandro Colás, Barby es de las mujeres que hacen un largo viaje cargadas para poder pasar un rato junto a su novio en el penal. El acercamiento que el director hace hacia este personaje es brutal, obsesivo, la sigue en cada momento de su cotidianidad, no se guarda nada. A través de estas escenas aparentemente intrascendentes -conversaciones triviales, momentos en el baño, múltiples rechazos en la calle- es que se construye el retrato desolador de este personaje marginal dispuesta a poner el cuerpo.

El asiduo participante del Festival, José Celestino Campusano presenta su nueva película, En la frontera, pero esta vez Fuera de competencia. La protagonista de esta historia es Vero, una mujer que trabaja junto a su hermano mayor en una obra y por lo tanto está acostumbrada al trato machista recurrente de esos lugares y sabe cómo reaccionar. Su hermano se muda con ella, al mismo tiempo que mantiene una relación con una mujer bastante más joven. Es descuidado y se aprovecha un poco de la hospitalidad de Vero. Alrededor de estos dos personajes se van tejiendo algunas otras historias, siendo la más importante la de su prima: una mujer que sufre violencia doméstica por parte de un marido que tiene conexiones con la policía y por lo que le cuesta escaparse de él. Sin embargo Vero es una mujer activa y se encarga de ayudarla, junto a su hermano y un obrero que trabaja para ellos, de sacarla de esa situación en medio de una escena bastante tensa. También vemos a Vero como una mujer preocupada por cuestiones sociales, aunque nunca sepa exactamente cómo ayudar, aunque a veces tenga más preguntas que respuestas. Allí Campusano presenta diferentes temáticas que, en su conjunto, resultan desordenadas. Quiere abarcar demasiados conflictos cuando el núcleo de la historia debería estar en esta mujer adulta a la que la vida parece demostrarle que quizás lo mejor sea siempre estar sola, después de constantes fallidas relaciones. En la idea de hacer un retrato social, Campusano parece, esta vez, más perdido que nunca, pero de todos modos consigue un par de escenas con discusiones y contradicciones planteadas de manera necesaria.

Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2020: Cuarta Crónica

Día 4: martes 24 de noviembre

La nueva película de Francisco Márquez (uno de los directores de La larga noche de Francisco Sanctis) es un incómodo thriller que forma parte de la Competencia Argentina. En Un crimen común, Elisa Carricajo interpreta a una profesora de sociología, mujer separada, que vive con un hijo. Tiene contratada a una mujer más humilde para que la ayude con las cosas de la casa y un día conoce al hijo de ésta. Después de eso, una noche de tormenta escucha que alguien golpea la puerta. Un golpe desesperado que, espiando desde las persianas a escondidas, descubre que pertenece a este joven. Asustada, no hace nada. Al día siguiente en las pantallas del televisor está la noticia de la desaparición de este muchacho. Sin embargo, el guion (que está escrito por el director junto al escritor Tomás Downey) no se enfoca en esa situación desde lo político -aunque está muy presente-, sino que bucea en lo que le pasa a esta mujer que no le dice a nadie lo que vio. Con algo de La mujer sin cabeza de Lucrecia Martel, la realidad a esta profesora se le empieza a enrarecer, siente presencias y voces en su casa e incluso en su profesión no puede funcionar de la manera en que lo hacía antes. Confundida, se guarda el miedo y las dudas y estos empiezan a crecer dentro suyo: la culpa aflora en medio del laberinto en que se encuentra perdida. Un crimen común es el viaje interno, un viaje vertiginoso, de una mujer que explora los límites de su propia empatía y compromiso por fuera de la teoría; en la práctica no es igual de fácil. Con una dirección notable y un importante uso de las luces, resulta intrigante, provocadora y cuenta con una actuación destacable de Carricajo.

Fuera de competencia encontramos a la nueva película de Paula Hernández (quien esta semana recibió la noticia de que su película anterior, Las sonámbulas, será enviada a los premios Oscar en representación de nuestro país). Las siamesas está protagonizada por Valeria Lois y Rita Cortese, quienes interpretan a hija y madre respectivamente. La historia es pequeña: estas dos mujeres que viven juntas y solas tienen que viajar desde Junín a la costa por unos departamentos que la hija hereda de su padre, “el innombrable”. Pero la relación entre ellas se torna cada vez más tensa e incómoda y así resultará todo ese viaje en micro que, para colmo, en algún momento se queda varado en medio de la ruta y la noche. Escrito por la directora junto a Leonel D’Agostino, el film se basa en un cuento de Guillermo Saccomano sobre el vínculo endogámico. Hernández, a través de la cuidada elección de los planos y de la música, lleva su película a un in crescendo claustrofóbico que se torna cada vez más insoportable, en el mejor de los sentidos, con una crudeza sin reparos a la hora de desarrollar esta relación que por un lado es problemática y por el otro totalmente necesaria.

La segunda de las películas de la sección de Hora Cero llega de Canadá y es Come True, de Anthony Scott Burns. Terror y ciencia ficción se mezclan en una historia que empieza con buenas ideas pero se va enredando hasta llegar a una resolución ridícula que arroja por la borda todo aquello de interesante que se había construido. Escrita por el director junto a Daniel Weissenberger, la historia empieza con una joven que se encuentra en su último año de secundaria. Se percibe que tiene problemas en su casa y por eso duerme fuera y mal, vagando de un lugar a otro. Un día lee un aviso sobre un proyecto de investigación para el que solicitan sujetos dispuestos a dormir y siente que es todo lo que necesitaba: un lugar fijo donde pueda descansar tranquila. Pero la investigación tiene que ver con los sueños y su propia realidad pronto comienza a resultar casi tan extraña como ellos. A favor hay que decir que con pocos recursos la película consigue momentos de climas oscuros y aterradores. No obstante la trama, que aunque se base en algo con tan poca coherencia como el mundo de los sueños, resulta innecesariamente enrevesada, con un desarrollo pobre y básico de los personajes y ni hablar de la construcción del romance. Quiere ser novedosa y fresca y sólo resulta confusa, aburrida y anticuada.

Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2020: Tercera Crónica

Día 3: lunes 23 de noviembre

Las mil y una de la directora correntina Clarisa Navas es otra de las películas argentinas que forma parte de la Competencia Internacional. Durante dos horas, Navas sigue a su protagonista y hace un retrato de la vida en el barrio Las Mil Viviendas en su provincia natal. La historia se puede resumir en pocas palabras: chica gusta de chica. Iris es una adolescente que no tiene muchos amigos, pasa un poco de tiempo con sus primos pero más con la pelota de básquet. De vestimenta deportiva y una larga cola de caballo en la cabeza, sus estanterías internas se mueven cuando ve a Renata, la chica que vuelve al pueblo. Ese flechazo la hace seguirla y hasta escribirle una carta. Mientras tanto, en el barrio le advierten que es prostituta y tiene sida, que son cosas que sabe todo el mundo ahí. Iris dice que no le importa lo que se diga pero sí le importa. Eso parece en las escenas en que están más cerca y si se besan, siempre mirando alrededor, pendiente del exterior. Clarisa Navas construye su película a través de largos planos y con cámara en mano, nos introduce en el barrio donde en verano podés cruzarte con unos chicos que te tiran bombitas de agua. El mayor acierto se encuentra en el modo de acercarse a Iris y Renata, de mostrar desde la torpeza inicial de la conquista a la intimidad a solas en rincones del barrio; lo hace de manera tierna y amable. Por otro lado, sus primos también tienen su protagonismo, adolescentes con las hormonas a flor de piel. Las mil y una se siente honesta, fresca.

Un cuerpo estalló en mil pedazos es un documental de Martín Sappia sobre Jorge Bonino que forma parte de la Competencia Argentina. ¿Cómo abordar la figura del arquitecto, humorista, artista conceptual y actor? Sappia apuesta por una realización minimalista: planos fijos de lugares generalmente vacíos en blanco y negro y una voz en off. A veces, en el medio, alguna imagen encuadrada por otra, o una postal o carta en pantalla. Pero, a grandes rasgos, la historia está contada a través de las palabras de esa narración. Y en ese sentido lo hace de una manera muy clásica: cómo empezó con su carrera, su modo de abordar y pensar la arquitectura, los viajes que le permiten hacer obras en otros países, una leyenda que empieza a crecer. La voz que predomina es anónima: siempre cuenta que “dicen que…”, porque está formada a través de recuerdos de diferentes personas. Dicen que las manos salvan a Bonino. Dicen que es feliz en España. Dicen que entraron luces en su cabeza. Dicen que Bonino no deja rastros. Dicen… Así se va acercando como se puede a la mente de un hombre que utilizó el humor para hacerse famoso pero que, sin embargo, ocultaba por debajo una enorme tristeza, sus pasos por los psiquiátricos y el regreso a su Córdoba. Es un documental al que cuesta entrar, especialmente si no se conoce demasiado a la figura, pero que luego te va introduciendo a la vida de Bonino al menos hasta donde se puede. Minimalista, logra transmitir una sensación de desolación en esa distancia que construye con las imágenes.

Mamá, mamá, mamá es la hermosa ópera prima de Sol Berruezo Pichon-Riviére que también forma parte de la Competencia Argentina. Una película protagonizada por mujeres de diferentes edades. La historia comienza con una muerte. Cleo queda entonces a cargo de su tía y en compañía de sus numerosas primas. Se siente confundida, extraña a su madre, y no termina de entender nada de lo que sucede alrededor, tampoco de lo que le sucede a ella, que en el medio sigue creciendo. Como es chica, no le dicen muchas cosas y la película está narrada así, desde ese punto de vista limitado, incompleto. La directora se acerca a estas niñas que van a pasar mucho tiempo juntas, mientras las adultas tratan de arreglar sus cosas, de seguir adelante sin incluirlas para no hacerles daño, de una manera sensible. Las imágenes en el exterior, sobre las hierbas y con luz natural, pueden rememorar al cine de Sofia Coppola, es que incluso algunos planos de las niñas parecen salidos de Las vírgenes suicidas (“No sabés lo que es ser una chica de trece años”), más allá de que la historia de la muerte acá pasa por otro lado, y también está presente Lucrecia Martel y La ciénaga. La química entre las niñas le brinda mucha naturalidad a cada una de las escenas, ya sea persiguiendo a un conejo, practicando besar con un tomate, o haciendo una ceremonia para los bebés que no vendrán después de que Cleo tuviera su primera menstruación. Una historia de crecimiento y de duelo contada de manera amorosa.

Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2020: Segunda Crónica

Día 2: domingo 22 de noviembre

Una de las películas que forma parte de la Competencia Latinoamericana es Selva trágica dirigida por Yulene Olaizola. El film nos introduce en el misterio de la selva a través de la leyenda del Xtabay, una mujer que seduce a los hombres y los lleva hacia la perdición. La historia comienza con Agnes, aunque su protagonismo, físico al menos, se va evaporando hacia la segunda mitad del relato. Ella escapa, junto a su hermana y su guía, de su pretendiente, un comerciante británico que encarna el mal. Pero en ese viaje con sangre y muerte se cruza a otro grupo de personas, también todos hombres, que transportan grandes cantidades de chicle. Allí ella se convierte en una especie de diosa, cautivándolos por su belleza. De a poco la mística va tomando protagonismo, las tensiones sexuales se intensifican y los hombres van siendo llevados hacia la locura. “Pobre de ti si no puedes entender los misterios de la selva”. Olaizola nos traslada al medio de la naturaleza con una película muy cuidada desde la fotografía y el sonido (viene de dirigir documentales y en la primera parte de la película es fácil apreciar esa experiencia). Y una vez inmersos en ella, en esa selva que infunde respeto, despliega esta historia de choques culturales que va transformando a su protagonista en una especie de ninfa. De cocción lenta, Selva trágica es una película cautivante como su mismo escenario.

Fuera de competencia nos encontramos con el documental Vicenta, dirigido por Darío Doria. Lo curioso de esta película es la manera en que está narrada. Como si fuese una historia de ficción, una voz en off sigue las peripecias de la mujer que da título al film pero las imágenes que recrean las escenas están hechas con muñecos de plastilina. No es una de animación, son imágenes fijas que cobran vida a través de la iluminación o de los sonidos y la narración. La historia pide ser escuchada: es la de una mujer analfabeta que vive de limpiar casas y cuida a su hija que, aunque tenga diecinueve años, tiene un retraso madurativo por lo que funciona como si tuviera no más de ocho años. Todo cambia cuando descubre que tiene poco más de tres meses de embarazo tras ser violada por su tío. Vicenta sigue los pasos que le indican para poder realizar el aborto de una manera legal, porque la ley indica que en casos de violación el aborto es permitido, pero se encuentra con un sendero de interminables vueltas y trabas mientras la panza de su hija sigue creciendo. La voz de Liliana Herrero narra ese ir y venir constante, las dificultades que se encuentra alguien que, por un lado, no sabe leer y necesita ampararse constantemente en otra persona para los trámites, y que además se encuentra en una condición económica precaria. Vicenta pone en foco entonces la ausencia del Estado, la burocracia judicial, la negativa de los médicos y la presión de la Iglesia. Esto sucede en el 2006 y sin embargo la historia resuena por lo actual. ¿Cuánto dura un abuso? El de un tío, el de las instituciones, se pregunta Vicenta en esta historia. Narrada con mucha sensibilidad, es la historia de una lucha que persiste.

Una de las sorpresas de la Competencia Argentina es Historia de lo oculto. La película que dirige y escribe Cristian Ponce es ante todo un thriller político en blanco y negro. Sin embargo se utiliza el fantástico, en este caso la brujería, para narrar una historia de conspiraciones. Historia de lo oculto se sucede en una noche y gira en torno a un programa de televisión de fuerte presencia en cuestiones políticas: hoy es el último programa y por lo tanto la última oportunidad para que su conductor y sus productores, que se encuentran en una locación oculta un poco observando lo que pasa y otro poco moviendo los hilos, puedan develar una verdad oculta. Ponce arroja muchas ideas y a veces la narración se torna algo confusa pero al final todo cobra sentido. La Buenos Aires de esta película es como una versión corrida de la real y, sin embargo, ahí están la corrupción y la libertad de prensa enfrentándose. Una película atrapante, entretenida, con sorpresas y de esas que se quedan dando vuelta en la cabeza. En un elenco que funciona muy bien, se destaca Germán Baudino como el misterioso Adrián Marcato. Y si hablamos de ocultismo, no puede faltar la cita a Mariana Enríquez. Recomendable.

Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2020: Primera Crónica

Día 1: sábado 21 de noviembre

Una de las películas argentinas que forman parte de la Competencia Internacional es lo nuevo de Matías Piñeiro. En Isabella, como en su película anterior, Hermia & Helena, el director vuelve a interpretar y reinterpretar a Shakespeare, esta vez con una protagonista que quiere ser Isabella en una nueva puesta en escena de Medida por medida. Mariel está embarazada y después de sentir que nada le sale bien deposita esperanzas en conseguir ese papel que, además, la ayudaría económicamente. Pero si bien ella recibe un poco de ayuda de parte de su hermano que le adelanta cómo va a ser el casting para que pueda estar un poco más preparada, se encuentra con que Lucrecia, una joven mucho  más segura de sí misma y que consiguió el papel un año antes pero no pudo hacer la obra por un viaje a Portugal, también audiciona. “La gente que actúa no duda”, pero Mariel está llena de piedras como dudas y aunque intente despojarse de ellas, de lanzar esas piedras al agua, siempre hay más. Con una narración no lineal, contada de manera fragmentada, como bloques, Piñeiro va y viene entre escenas con algunas repeticiones, encuentros y la imagen del mar que se tiñe de púrpura; un juego de espejos cuyas tonalidades van cambiando pero todo empieza y termina ahí.

También en la Competencia Internacional se puede ver Sophie Jones, en este caso una ópera prima. Jessie Barr dirige y coescribe junto a su prima, Jessica Barr, además protagonista absoluta, un coming of age que atraviesa un duelo. Como si la adolescencia por sí sola no fuese uno de los momentos más traumáticos de la vida, donde todas las emociones estallan a flor de piel, a Sophie Jones se le acaba de morir la madre y así como hay  muchas cosas que no sabe, tampoco cómo lidiar con esa pérdida. Entonces improvisa y le pone el cuerpo, desde lamer las cenizas de su madre al sexo sin experiencia. “Al menos no me estoy cortando”, y entonces parece que la vida sigue para ella, su hermana, y el padre que se queda a cargo. Hay escenas que Barr capta con mucha sensibilidad: como la conversación entre amigas, la escena en que con su hermana aprovechan las flores del funeral para hacer una sesión fotográfica a lo Ofelia, o el momento en que en voz alta y a solas le habla a su madre. También los momentos de escape, ya sea en auriculares, en el sexo sin compromiso o manejando para alejarse. La música es un  lindo complemento pero a veces las letras subrayan demasiado las escenas. Con Nicole Holofcener como productora ejecutiva, Sophie Jones es una modesta ópera prima sobre el paso a la adultez que acá se marca a través de la necesidad del dejar ir, arrojar las cenizas, seguir adelante.

Dentro de la Competencia Latinoamericana se encuentra una llamativa película uruguaya. Al morir la matinée está dirigida por Maximiliano Contenti y escrita por Manuel Facal y funciona, antes que nada, como un homenaje y una carta de amor al clásico y estilizado slasher de antaño. Cada detalle de la dirección de arte está puesto a favor de crear una estética de otra época (la película está situada en la década de 1990) y las muertes, algunas más llamativas que otras, rememoran a los clásicos giallos, incluso en el modo artesanal en que son creadas. La trama es muy simple: durante la última función de un antiguo cine de barrio se proyecta una película de terror, Frankenstein: Day of the beast (película del 2011 dirigida por Ricardo Islas, quien además acá interpreta al asesino). Es tarde, llueve de manera torrencial y pocas personas entran a la sala a verla sin saber que pronto quedarán encerrados y serán víctimas de un asesino que quiere sus ojos. Aunque hay una idea clara de mostrar desprecio hacia la clase de gente que va al cine pero no para ver la película, la construcción del villano resulta atractiva desde lo superficial y carece de un mayor desarrollo. Para los personajes da casi igual tanto descubrir su rostro así como para nosotros la razón por la cual ataca: los ojos; es algo simbólico a lo que le falta fuerza narrativa. En cuanto a los protagonistas, las actuaciones son bastante desparejas y con los personajes pasa un poco lo mismo: por suerte la protagonista principal, Luciana Grasso y su Ana, la hija del proyectorista que se queda a cargo y se convertirá en la final girl, está entre los aspectos positivos del casting. A la larga, Al morir la matinée emula fórmulas casi en desuso y, aunque no consiga aportar algo novedoso, resulta entretenida y agradable, especialmente teniendo en cuenta que se sucede en una sola locación y que se toma su tiempo. Tiene una estética muy cuidada y aparecen unas cuantas citas cinéfilas. Y es que sobre todo se aprecia el amor por el ritual de ir al cine, aquel que este año más que nunca apreciamos tanto.

Y para cerrar la jornada, la primera de las tres películas que conforman la sección de este año de Hora Cero: Teddy, dirigida y escrita a cuatro manos por Ludovic Boukherma y Zoran Boukherma. La película comienza con una impactante escena que termina con una ventana tiñéndose de sangre. Pero pronto conocemos al protagonista, el del título, un adolescente que no termina de encajar: no va a la escuela, trabaja en una casa de masajes que odia, vive con su tío desequilibrado y una tía anciana dependiente hasta para alimentarse, pero al menos tiene una novia divertida con la cual se encierra en su cuarto a drogarse y tener sexo. Un día, una criatura que no llega a identificar lo ataca y a partir de ese momento todo comienza a enrarecerse: le crecen pelos en lugares demasiado extraños, como la lengua, o tiene sueños raros como aquel en el que se come el pie de su tía. Sin embargo, Teddy no es la típica película de hombre lobo: por un lado tiene un tono de comedia negra pero ligera, que a veces resulta demasiado peculiar como para causar alguna risa, por el otro la transformación de Teddy no hace más que incrementar algo que ya se percibía en su personaje, que es un marginado. Claro que ahora el modo de reaccionar ante un ambiente que percibe hostil no será de una manera tranquila. No obstante, esa escena en la que Teddy explota, en que por primera vez lo podemos ver como el monstruo en el que se convirtió, deja flotando ideas que no terminan de ser aprovechadas y podrían haber hecho del film algo más sustancioso y que la separara de la mayoría de estas películas sobre licántropos.

Golondrinas de Mariano Mouriño

En este primer largometraje de Mariano Mouriño, Ana y Juan son dos hermanos que van migrando persiguiendo el trabajo en cosechas a lo largo del país. Mientras Ana quisiera irse a Buenos Aires y dejar de moverse, Juan pretende seguir saltando de una oportunidad a otra, al menos esto le permite irse cada vez que está en problemas.

Cuando los hermanos, nómades, sin mucho más que un bolsito de ropa cada uno, llegan a una nueva plantación se encuentran con un encargado de mal carácter y de reacciones violentas. Pero también está el nuevo capataz, Edgardo (Germán Palacios). Si bien el ambiente es bastante precario (además de un estado deplorable del lugar donde se quedan, hay menos camas que empleados y poco tiempo tienen para hacer otra cosa que no sea trabajar largas horas al sol), este hombre parece verlos como algo más que dos peones y comienza a acercarse a ellos con la intención de ofrecerles un trabajo “más humano”, de tenerlos cerca. Ana queda relegada a las labores domésticas, mientras que Juan se ve, de repente, con una posición con más poder al que está acostumbrado. Sin embargo, mientras ella parece sentirse cómoda, a él algo que todavía no sabe qué es comienza a molestarle.

Enmarcada en la década de los 90, Golondrinas expone las diferencias de clase en un contexto rural. No obstante, logra destacarse por el modo en que sus personajes se desarrollan. Detalles como el modo en que Ana disfruta de lo que la música que no conocía le hace sentir, o las reacciones impulsivas de Juan. Mientras a Edgardo se lo ve como un hombre que disfruta de su posición de una manera tranquila, sin alardear, pero sabiendo que a la larga es quien manda, mientras fuma y bebe, a veces, sin control.

Con un tono naturalista que sabe aprovechar los vastos exteriores, Golondrinas desarrolla esta historia a través de escenas de pequeños momentos. Se aleja de lugares comunes, se permite jugar un poco con el romanticismo (como una escena en la que viajan en auto escuchando música), traza los vínculos de límites a veces difusos. Aunque prevalecen las relaciones de poder, el foco está en el viaje personal de estos hermanos.

Puntuación: 4 de 5.

Mouriño desarrolla el arduo mundo de los trabajadores precarizados del campo y su crudo contexto laboral, pero lo hace desde el corazón de sus protagonistas. A la larga, Golondrinas es una historia de dos hermanos antes de levantar vuelo propio.

Escribir en el aire de Paula de Luque

En el cine de Paula de Luque, aun en la ficción, se nota que hay una exploración desde la expresión corporal, probable y sencillamente, porque la danza también forma parte de su propia vida. En su película anterior, La forma de las horas, un drama romántico, se incluían imágenes de Paula Robles bailando en medio del bosque que nada tenían que ver con el argumento de la película y, sin embargo, ahí estaban, quizás, para expresar algo de una manera más corporal y abstracta.

Escribir en el aire es un documental que estudia la figura de Oscar Araiz, coreógrafo y director de danza argentina. Pero no lo hace de una manera clásica y tradicional sino que, otra vez, la directora parece más interesada en lo que las imágenes y la música pueden expresar.

Porque si bien hay escenas del propio Araiz reflexionando sobre su oficio y su carrera, también de una manera poética, calculada, sobre el escenario de un teatro vacío en el que se encuentran rodeados de naranjas en el piso, por ejemplo, lo que prevalece son los números musicales. Cuadros enteros filmados con un ojo que, a veces, es muy cercano, capaz de captar desde un tatuaje hasta la piel de gallina de quien se encuadra.

En la película se mezclan escenas propias del documental como otras ficcionalizadas, es decir, es un documental que nunca quiere ser sólo eso. Hay imágenes claras: el pez en la pecera en constante movimiento que no se deja atrapar, o dos oponentes en un cuadrilátero, o el propio Araiz como espectador de su propia vida. Pero también hay momentos de mayor distensión, como una reunión alrededor de la mesa, aunque no deja de ser una puesta en escena.

Paula de Luque intenta captar la esencia misma del movimiento. Lo que Oscar Araiz define como “ese momento entre dos muertes”. Y lo hace desde lo poético y lo sensorial. Pero esos cuadros que, a veces, pueden resultar hipnóticos se sienten reiterativos y, a la larga, uno espera las palabras del protagonista sobre el mecanismo del cuerpo, sobre los sueños, o sobre la idea de que todo es continuado y nada tiene final.

Escribir en el aire no es ni pretende ser una película que presente a Oscar Araiz, un documental tradicional que nos cuente sobre su vida o carrera desde lo formal. Por eso tal vez está dirigida a un público conocedor o interesado por acercarse de una manera más emocional y conceptual.

Puntuación: 3 de 5.

Escribir en el aire es un documental que retrata a Oscar Araiz desde lo sensorial, de manera poética aunque demasiado calculada. Lo más interesante termina siendo escuchar al artista reflexionar sobre su obra.

Crónica de una tormenta de Mariana Barassi

Crónica de una tormenta se sucede por completo en la redacción de un importante diario gráfico. En vísperas de Navidad, se hace el brindis entre los periodistas, se refiere brevemente al estado actual del periodismo, algo que “ya no es lo que era ni tampoco se lee de la misma manera” y que se ha tornado inmediato, breve, sin tiempo para largas columnas y enfocado en lo visual, en la apariencia: la idea es pasar a la pantalla, grabar videos.

Maca (Clara Lago) es una mujer que ha trabajado largos años allí, que supo hacerse su lugar. Pero cuando la gente se va yendo a sus casas y queda un momento a solas con Antonio (Ernesto Alterio), después de una conversación que pretende ser pasada por casual pero se siente forzada por él, le confiesa que a causa de una enfermedad grave debe dejar su puesto y ella es una de las posibles candidatas. Su competencia es ni más ni menos que Vargas (Quique Fernández), un periodista al que Maca detesta por su forma poco correcta y leal de trabajar.

A lo largo de toda esa noche de tormenta, y de toda la película, Antonio y Maca van desentrañando sus oficios y sus vidas personales. Él es un hombre de familia, casado, con un trabajo al que supo ponerle el cuerpo cuando era joven como corresponsal de guerra; ella lo admira, se enamoró del periodismo gracias a él y lleva una vida un poco más libre porque además, aunque quisiera, sabe que ser madre y formar una familia es algo que se antepone a su trabajo y cuando tuvo que elegir no lo dudó.

Así, el guion de Mariana Barassi aprovecha para poner un montón de cuestiones actuales sobre la mesa, sobre todo en relación al feminismo y a la mujer en contraposición al hombre en lugares de poder. No obstante muchas de estas conversaciones no parecen fluidas, se sienten forzadas. Como la inclusión de la sexualidad de Maca y los estigmas que les imponen a las mujeres; es un tema que no se aprovecha. No se profundiza demasiado en ninguna de las cosas que se propone reflexionar o cuestionar.

El argumento entonces gira en torno a esa decisión sobre el futuro liderazgo y lo que suceda esa noche puede influir bastante. O quizás, en realidad, ésta ya esté tomada aunque hay una ligera esperanza de que algo pueda cambiar. Pero, para ser una historia sobre periodismo, llama la atención que no hay detrás una investigación o noticia que ayude como hilo narrativo; al contrario, aparece algo sólo a cuentagotas en la resolución, lo que suma a la sensación de un guion forzado. No hay una búsqueda de la verdad, si no una lucha por el poder. Estamos ante una historia que podría haber sido mucho más oscura y arriesgada.

Las interpretaciones funcionan. Clara Lago siempre permanece como una mujer firme y decidida, alguien que no tuvo otra opción que mantener esa postura para triunfar en este rubro, y es quien transita las dudas y cuestionamientos sobre hasta dónde está dispuesta a llegar para conseguir lo deseado. Ernesto Alterio se permite mostrarse un poco más dócil pero porque, a la larga, fue quien siempre tuvo el poder y ahora le resta entregárselo a alguien más, se percibe algo de nostalgia en él. Quique Fernández, en cambio, aparece más deslucido con su menor tiempo de pantalla, resulta unidimensional, es fácil desde el primer momento en que aparece saber hacia dónde se va a dirigir.

Crónica de una tormenta está basada en una obra de teatro y Barassi no logra despegarse demasiado de esa forma de contar una historia: pocos personajes, una locación y una trama que avanza mayormente a través de los diálogos.

Puntuación: 2.5 de 5.

Crónica de una tormenta pone sobre la mesa cuestiones y reflexiones actuales sobre el periodismo y sobre el machismo que impera en estos lugares de poder. Pero lo hace a través de un guion que no tiene ni la fluidez ni la profundidad necesaria. De todos modos tiene buen ritmo y cuenta con la destacable interpretación de Clara Lago.

Rivera 2100 de Miguel Kohan

En 1976, Rubens “Donvi” Vitale y Esther Soto deciden crear un oasis musical y cultural en Villa Adelina. De allí emerge buena parte de la cultura alternativa de la época y un modo de gestionar la creación artística en absoluta libertad e independencia.

Rivera 2100 empieza con la voz de Luis Alberto Spinetta hablando sobre MIA, sobre este cálido espacio de música nueva. “Es interesante la labor desinteresada que están haciendo para la música nueva y bien inspirada en nuestro medio”. La idea que en principio puede parecer idílica, en especial en una época como en la que sucede, sobre cambiar el mundo, fundar uno propio dejando un legado de acción cultural que trascienda la saga familiar y permanezca vigente. Y sin embargo es algo que se ha cumplido. Lito y Liliana Vitale son los hijos que hoy mantienen vivo ese legado y quienes llevan adelante este documental. Como no podía ser de otra manera, también la música, interpretada por Lito, juega un papel primordial.

El documental está compuesto, a modo de collage, a través de algunos testimonios, escenas de clases de canto, o revisando y descubriendo archivos de la familia, la imagen y voz de Esther (fallecida en el 2018) a través de una pantalla, la voz de “Donvi” reflexionando sobre las revoluciones sociales, o ex integrantes reunidos revisitando diapositivas de fotos antiguas en Rivera 2100 en Villa Adelina; a esto se le suma el epílogo con el agradecimiento del Indio Solari por lo que MIA hizo por los Redonditos de Ricota. La edición y el guion escrito entre Miguel Kohan, Paula Romero Levit y Alicia Beltrami permiten que la narración fluya  y respire. Lo que no hace la película es poner carteles explicativos, recién al final aparecen los nombres de cada persona que aparece en pantalla y para ello apela a la familiaridad.

Es un film hecho con cariño y respeto, intimista y conmovedor, en especial con Esther. El documental incluso dedica un momento a su faceta de autora y moviliza escucharla cuando habla de la muerte de su marido y explica que “es muy difícil volver a vivir en singular”.

Puntuación: 4 de 5.

Rivera 2100 funciona como un tributo, como un homenaje, pero también como un retrato sobre la importancia del legado familiar y de la cultura como refugio.

Tomando estado de Federico Sosa

Estamos en octubre del 2001 y en la radio se escucha hablar sobre una Argentina sin riesgos y, por lo tanto, previsible, donde se incita a cosechar los frutos del esfuerzo. Mientras, en una cooperativa eléctrica de un pueblo del interior laburan, entre otros, un viejo operario del pueblo, Carlos (Germán de Silva), un hombre casado cuyo hijo se fue a vivir a España, y un joven aprendiz que lo sigue, Nicola (Sergio Podeley), interesado en muchos temas y que mantiene una relación casual con una mujer casada.

Tomando estado, lo nuevo del director del documental Contra Paraguay y los largometrajes de ficción Yo sé lo que envenena y Tampoco tan grandes, sigue a estos dos personajes de diferentes generaciones. Carlos recibe una llamada de un antiguo compañero de militancia y algo se despierta en él y Nicola se ve sacudido por una joven que vino de Capital y trabaja en un programa de radio cultural local. A partir de una mirada al pasado y de otra al futuro es que se va construyendo este presente que tanto recordamos. Alrededor se van abriendo diferentes subtramas (como el robo de tendidos eléctricos o la persuasión hacia Carlos para que firme un convenio que no lo convence).

Mientras la crisis se termina de acentuar, de tomar forma, Carlos y Nicola intentan mantener sus puestos de trabajo. La radio y la televisión aparecen para terminar de contextualizar este momento: en el inmortal programa de Mirtha Legrand hablando sobre la redistribución de ingresos o el noticiero mostrando el camión de vacas que volcó y la gente desesperada que las carneó en el momento. Es verdad que, en más de una ocasión, se siente que la película subraya lo que quiere decir o mostrar, como cuando hablan de Rocky o de los mutantes.

Las vacas aparecen, vivas y corriendo a través del campo, en una de las escenas más destacables de la película, musicalizada por el Himno Nacional. Una secuencia que es como una pequeña bocanada de libertad. La otra escena a resaltar del film se sucede ya al final, donde quedan en evidencia los ideales de su protagonista y una sensación de amargura ante las ilusiones perdidas y sin embargo, a lo lejos pero cada vez más cerca, las cacerolas se hacen escuchar. En el medio, Tomando estado se mueve entre estos personajes no siempre con la misma fluidez y es Carlos, interpretado notablemente por De Silva, quien termina apoderándose de la película aún durante las escenas que muestran al resto de los operarios trabajando o conversando.

La película también está compuesta de referencias literarias a las que cita textualmente, como la obra de teatro Digamos boludeces de José Pablo Feinmann, o las novelas Cámara Gesell de Guillermo Saccomanno y Villa Celina de Juan Diego Icardona.

Federico Sosa habla sobre los ideales a través del retrato de una crisis que sentimos cerca, no sólo porque la vivimos y no nos la contaron, sino también porque la realidad se encarga de rememorárnosla.

Puntuación: 3.5 de 5.

Bien dirigida y con un mensaje claro, Tomando estado es una historia sobre los ideales, que se destaca gracias a la interpretación de Germán de Silva como este personaje al que se le despiertan sentimientos del pasado y, a veces, no parece encontrar otra opción para sobrevivir que bajar la cabeza.