Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2020: Quinta Crónica

Día 5: miércoles 25 de noviembre

Lo nuevo del director Sion Sono, Red Post on Escher Street, forma parte de la Competencia Internacional con una historia que gira sobre el proceso de hacer cine, pero esta vez se enfoca más que nada en el papel de los actores. La película empieza con un casting que entusiasma a un montón de jóvenes ya que el director busca específicamente caras nuevas y no necesariamente con experiencia. Además del entusiasmo colectivo, de las ilusiones de cada una de ellas, empiezan a aflorar pequeñas historias, las de cada una de estas mujeres. Así, podemos ser testigos de una misma audición pero desde diferentes perspectivas. El universo de Sion Sono es delirante pero también enternecedor e incluso le brinda lugar en su historia al mundo de los extras, estos aspirantes a actores que sólo cuentan con unos pocos segundos en pantalla, generalmente sin diálogos, y el director los muestra con todo el entusiasmo y la ilusión de, en algún momento, interpretar a un personaje. Como la película tiene muchos personajes, justamente también tiene muchas historias, y la narración resulta muy fluida aun entre tanta información: la joven que quiere actuar porque su marido que la dejó viuda soñaba con ser actor, la que a causa de una traumática historia familiar encuentra en la audición una manera de liberarse un poco, las fanáticas enceguecidas del director, el propio director que se encuentra perdido con un guion que no lo convence y unos productores que lo presionan para hacer una película que no quiere mientras lo persigue un fantasma. En resumen, más de dos horas de un delirio hermoso, un poco ruidoso y, sobre todo, con mucho amor, que nos dice que lo importante es asumir el rol protagónico de nuestras propias vidas.

Otra película de la Competencia Internacional es Moving On, de Corea del Sur, una ópera prima de una joven directora: Yoon Dan-bi. La historia empieza con una mudanza de un padre separado y sus dos hijos, una adolescente y un niño, a la casa de su padre. Allí ellos empiezan a relacionarse de una manera más íntima con su abuelo y pronto se suma la presencia de su tía, la otra hija de este hombre dueño de la casa, que atraviesa una crisis matrimonial. La película está compuesta de pequeños momentos de la cotidianidad de esta familia. Es un drama sensible sobre los lazos familiares y las generaciones que dan lugar a las que vienen. Aunque hay varias cuestiones dramáticas, la película opta por tratarlas de un modo muy sutil y cálido. Sin sorpresas pero conmovedora.

Dentro de la Competencia Argentina podemos encontrar el tercer largometraje de Edgardo Castro: Las ranas. Como con sus películas anteriores estamos ante una historia ficcionalizada con un registro documental, algo que navega entre una cosa y otra. Castro vuelve a apostar a la crudeza, esta vez con la historia de una mujer humilde que tiene un hijo pequeño, vende medias en la calle, medias que casi todo el mundo le rechaza, y una pareja en la cárcel. Un poco como se veía en el documental La visita de Jorge Leandro Colás, Barby es de las mujeres que hacen un largo viaje cargadas para poder pasar un rato junto a su novio en el penal. El acercamiento que el director hace hacia este personaje es brutal, obsesivo, la sigue en cada momento de su cotidianidad, no se guarda nada. A través de estas escenas aparentemente intrascendentes -conversaciones triviales, momentos en el baño, múltiples rechazos en la calle- es que se construye el retrato desolador de este personaje marginal dispuesta a poner el cuerpo.

El asiduo participante del Festival, José Celestino Campusano presenta su nueva película, En la frontera, pero esta vez Fuera de competencia. La protagonista de esta historia es Vero, una mujer que trabaja junto a su hermano mayor en una obra y por lo tanto está acostumbrada al trato machista recurrente de esos lugares y sabe cómo reaccionar. Su hermano se muda con ella, al mismo tiempo que mantiene una relación con una mujer bastante más joven. Es descuidado y se aprovecha un poco de la hospitalidad de Vero. Alrededor de estos dos personajes se van tejiendo algunas otras historias, siendo la más importante la de su prima: una mujer que sufre violencia doméstica por parte de un marido que tiene conexiones con la policía y por lo que le cuesta escaparse de él. Sin embargo Vero es una mujer activa y se encarga de ayudarla, junto a su hermano y un obrero que trabaja para ellos, de sacarla de esa situación en medio de una escena bastante tensa. También vemos a Vero como una mujer preocupada por cuestiones sociales, aunque nunca sepa exactamente cómo ayudar, aunque a veces tenga más preguntas que respuestas. Allí Campusano presenta diferentes temáticas que, en su conjunto, resultan desordenadas. Quiere abarcar demasiados conflictos cuando el núcleo de la historia debería estar en esta mujer adulta a la que la vida parece demostrarle que quizás lo mejor sea siempre estar sola, después de constantes fallidas relaciones. En la idea de hacer un retrato social, Campusano parece, esta vez, más perdido que nunca, pero de todos modos consigue un par de escenas con discusiones y contradicciones planteadas de manera necesaria.

Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2020: Cuarta Crónica

Día 4: martes 24 de noviembre

La nueva película de Francisco Márquez (uno de los directores de La larga noche de Francisco Sanctis) es un incómodo thriller que forma parte de la Competencia Argentina. En Un crimen común, Elisa Carricajo interpreta a una profesora de sociología, mujer separada, que vive con un hijo. Tiene contratada a una mujer más humilde para que la ayude con las cosas de la casa y un día conoce al hijo de ésta. Después de eso, una noche de tormenta escucha que alguien golpea la puerta. Un golpe desesperado que, espiando desde las persianas a escondidas, descubre que pertenece a este joven. Asustada, no hace nada. Al día siguiente en las pantallas del televisor está la noticia de la desaparición de este muchacho. Sin embargo, el guion (que está escrito por el director junto al escritor Tomás Downey) no se enfoca en esa situación desde lo político -aunque está muy presente-, sino que bucea en lo que le pasa a esta mujer que no le dice a nadie lo que vio. Con algo de La mujer sin cabeza de Lucrecia Martel, la realidad a esta profesora se le empieza a enrarecer, siente presencias y voces en su casa e incluso en su profesión no puede funcionar de la manera en que lo hacía antes. Confundida, se guarda el miedo y las dudas y estos empiezan a crecer dentro suyo: la culpa aflora en medio del laberinto en que se encuentra perdida. Un crimen común es el viaje interno, un viaje vertiginoso, de una mujer que explora los límites de su propia empatía y compromiso por fuera de la teoría; en la práctica no es igual de fácil. Con una dirección notable y un importante uso de las luces, resulta intrigante, provocadora y cuenta con una actuación destacable de Carricajo.

Fuera de competencia encontramos a la nueva película de Paula Hernández (quien esta semana recibió la noticia de que su película anterior, Las sonámbulas, será enviada a los premios Oscar en representación de nuestro país). Las siamesas está protagonizada por Valeria Lois y Rita Cortese, quienes interpretan a hija y madre respectivamente. La historia es pequeña: estas dos mujeres que viven juntas y solas tienen que viajar desde Junín a la costa por unos departamentos que la hija hereda de su padre, “el innombrable”. Pero la relación entre ellas se torna cada vez más tensa e incómoda y así resultará todo ese viaje en micro que, para colmo, en algún momento se queda varado en medio de la ruta y la noche. Escrito por la directora junto a Leonel D’Agostino, el film se basa en un cuento de Guillermo Saccomano sobre el vínculo endogámico. Hernández, a través de la cuidada elección de los planos y de la música, lleva su película a un in crescendo claustrofóbico que se torna cada vez más insoportable, en el mejor de los sentidos, con una crudeza sin reparos a la hora de desarrollar esta relación que por un lado es problemática y por el otro totalmente necesaria.

La segunda de las películas de la sección de Hora Cero llega de Canadá y es Come True, de Anthony Scott Burns. Terror y ciencia ficción se mezclan en una historia que empieza con buenas ideas pero se va enredando hasta llegar a una resolución ridícula que arroja por la borda todo aquello de interesante que se había construido. Escrita por el director junto a Daniel Weissenberger, la historia empieza con una joven que se encuentra en su último año de secundaria. Se percibe que tiene problemas en su casa y por eso duerme fuera y mal, vagando de un lugar a otro. Un día lee un aviso sobre un proyecto de investigación para el que solicitan sujetos dispuestos a dormir y siente que es todo lo que necesitaba: un lugar fijo donde pueda descansar tranquila. Pero la investigación tiene que ver con los sueños y su propia realidad pronto comienza a resultar casi tan extraña como ellos. A favor hay que decir que con pocos recursos la película consigue momentos de climas oscuros y aterradores. No obstante la trama, que aunque se base en algo con tan poca coherencia como el mundo de los sueños, resulta innecesariamente enrevesada, con un desarrollo pobre y básico de los personajes y ni hablar de la construcción del romance. Quiere ser novedosa y fresca y sólo resulta confusa, aburrida y anticuada.

Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2020: Tercera Crónica

Día 3: lunes 23 de noviembre

Las mil y una de la directora correntina Clarisa Navas es otra de las películas argentinas que forma parte de la Competencia Internacional. Durante dos horas, Navas sigue a su protagonista y hace un retrato de la vida en el barrio Las Mil Viviendas en su provincia natal. La historia se puede resumir en pocas palabras: chica gusta de chica. Iris es una adolescente que no tiene muchos amigos, pasa un poco de tiempo con sus primos pero más con la pelota de básquet. De vestimenta deportiva y una larga cola de caballo en la cabeza, sus estanterías internas se mueven cuando ve a Renata, la chica que vuelve al pueblo. Ese flechazo la hace seguirla y hasta escribirle una carta. Mientras tanto, en el barrio le advierten que es prostituta y tiene sida, que son cosas que sabe todo el mundo ahí. Iris dice que no le importa lo que se diga pero sí le importa. Eso parece en las escenas en que están más cerca y si se besan, siempre mirando alrededor, pendiente del exterior. Clarisa Navas construye su película a través de largos planos y con cámara en mano, nos introduce en el barrio donde en verano podés cruzarte con unos chicos que te tiran bombitas de agua. El mayor acierto se encuentra en el modo de acercarse a Iris y Renata, de mostrar desde la torpeza inicial de la conquista a la intimidad a solas en rincones del barrio; lo hace de manera tierna y amable. Por otro lado, sus primos también tienen su protagonismo, adolescentes con las hormonas a flor de piel. Las mil y una se siente honesta, fresca.

Un cuerpo estalló en mil pedazos es un documental de Martín Sappia sobre Jorge Bonino que forma parte de la Competencia Argentina. ¿Cómo abordar la figura del arquitecto, humorista, artista conceptual y actor? Sappia apuesta por una realización minimalista: planos fijos de lugares generalmente vacíos en blanco y negro y una voz en off. A veces, en el medio, alguna imagen encuadrada por otra, o una postal o carta en pantalla. Pero, a grandes rasgos, la historia está contada a través de las palabras de esa narración. Y en ese sentido lo hace de una manera muy clásica: cómo empezó con su carrera, su modo de abordar y pensar la arquitectura, los viajes que le permiten hacer obras en otros países, una leyenda que empieza a crecer. La voz que predomina es anónima: siempre cuenta que “dicen que…”, porque está formada a través de recuerdos de diferentes personas. Dicen que las manos salvan a Bonino. Dicen que es feliz en España. Dicen que entraron luces en su cabeza. Dicen que Bonino no deja rastros. Dicen… Así se va acercando como se puede a la mente de un hombre que utilizó el humor para hacerse famoso pero que, sin embargo, ocultaba por debajo una enorme tristeza, sus pasos por los psiquiátricos y el regreso a su Córdoba. Es un documental al que cuesta entrar, especialmente si no se conoce demasiado a la figura, pero que luego te va introduciendo a la vida de Bonino al menos hasta donde se puede. Minimalista, logra transmitir una sensación de desolación en esa distancia que construye con las imágenes.

Mamá, mamá, mamá es la hermosa ópera prima de Sol Berruezo Pichon-Riviére que también forma parte de la Competencia Argentina. Una película protagonizada por mujeres de diferentes edades. La historia comienza con una muerte. Cleo queda entonces a cargo de su tía y en compañía de sus numerosas primas. Se siente confundida, extraña a su madre, y no termina de entender nada de lo que sucede alrededor, tampoco de lo que le sucede a ella, que en el medio sigue creciendo. Como es chica, no le dicen muchas cosas y la película está narrada así, desde ese punto de vista limitado, incompleto. La directora se acerca a estas niñas que van a pasar mucho tiempo juntas, mientras las adultas tratan de arreglar sus cosas, de seguir adelante sin incluirlas para no hacerles daño, de una manera sensible. Las imágenes en el exterior, sobre las hierbas y con luz natural, pueden rememorar al cine de Sofia Coppola, es que incluso algunos planos de las niñas parecen salidos de Las vírgenes suicidas (“No sabés lo que es ser una chica de trece años”), más allá de que la historia de la muerte acá pasa por otro lado, y también está presente Lucrecia Martel y La ciénaga. La química entre las niñas le brinda mucha naturalidad a cada una de las escenas, ya sea persiguiendo a un conejo, practicando besar con un tomate, o haciendo una ceremonia para los bebés que no vendrán después de que Cleo tuviera su primera menstruación. Una historia de crecimiento y de duelo contada de manera amorosa.

Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2020: Segunda Crónica

Día 2: domingo 22 de noviembre

Una de las películas que forma parte de la Competencia Latinoamericana es Selva trágica dirigida por Yulene Olaizola. El film nos introduce en el misterio de la selva a través de la leyenda del Xtabay, una mujer que seduce a los hombres y los lleva hacia la perdición. La historia comienza con Agnes, aunque su protagonismo, físico al menos, se va evaporando hacia la segunda mitad del relato. Ella escapa, junto a su hermana y su guía, de su pretendiente, un comerciante británico que encarna el mal. Pero en ese viaje con sangre y muerte se cruza a otro grupo de personas, también todos hombres, que transportan grandes cantidades de chicle. Allí ella se convierte en una especie de diosa, cautivándolos por su belleza. De a poco la mística va tomando protagonismo, las tensiones sexuales se intensifican y los hombres van siendo llevados hacia la locura. “Pobre de ti si no puedes entender los misterios de la selva”. Olaizola nos traslada al medio de la naturaleza con una película muy cuidada desde la fotografía y el sonido (viene de dirigir documentales y en la primera parte de la película es fácil apreciar esa experiencia). Y una vez inmersos en ella, en esa selva que infunde respeto, despliega esta historia de choques culturales que va transformando a su protagonista en una especie de ninfa. De cocción lenta, Selva trágica es una película cautivante como su mismo escenario.

Fuera de competencia nos encontramos con el documental Vicenta, dirigido por Darío Doria. Lo curioso de esta película es la manera en que está narrada. Como si fuese una historia de ficción, una voz en off sigue las peripecias de la mujer que da título al film pero las imágenes que recrean las escenas están hechas con muñecos de plastilina. No es una de animación, son imágenes fijas que cobran vida a través de la iluminación o de los sonidos y la narración. La historia pide ser escuchada: es la de una mujer analfabeta que vive de limpiar casas y cuida a su hija que, aunque tenga diecinueve años, tiene un retraso madurativo por lo que funciona como si tuviera no más de ocho años. Todo cambia cuando descubre que tiene poco más de tres meses de embarazo tras ser violada por su tío. Vicenta sigue los pasos que le indican para poder realizar el aborto de una manera legal, porque la ley indica que en casos de violación el aborto es permitido, pero se encuentra con un sendero de interminables vueltas y trabas mientras la panza de su hija sigue creciendo. La voz de Liliana Herrero narra ese ir y venir constante, las dificultades que se encuentra alguien que, por un lado, no sabe leer y necesita ampararse constantemente en otra persona para los trámites, y que además se encuentra en una condición económica precaria. Vicenta pone en foco entonces la ausencia del Estado, la burocracia judicial, la negativa de los médicos y la presión de la Iglesia. Esto sucede en el 2006 y sin embargo la historia resuena por lo actual. ¿Cuánto dura un abuso? El de un tío, el de las instituciones, se pregunta Vicenta en esta historia. Narrada con mucha sensibilidad, es la historia de una lucha que persiste.

Una de las sorpresas de la Competencia Argentina es Historia de lo oculto. La película que dirige y escribe Cristian Ponce es ante todo un thriller político en blanco y negro. Sin embargo se utiliza el fantástico, en este caso la brujería, para narrar una historia de conspiraciones. Historia de lo oculto se sucede en una noche y gira en torno a un programa de televisión de fuerte presencia en cuestiones políticas: hoy es el último programa y por lo tanto la última oportunidad para que su conductor y sus productores, que se encuentran en una locación oculta un poco observando lo que pasa y otro poco moviendo los hilos, puedan develar una verdad oculta. Ponce arroja muchas ideas y a veces la narración se torna algo confusa pero al final todo cobra sentido. La Buenos Aires de esta película es como una versión corrida de la real y, sin embargo, ahí están la corrupción y la libertad de prensa enfrentándose. Una película atrapante, entretenida, con sorpresas y de esas que se quedan dando vuelta en la cabeza. En un elenco que funciona muy bien, se destaca Germán Baudino como el misterioso Adrián Marcato. Y si hablamos de ocultismo, no puede faltar la cita a Mariana Enríquez. Recomendable.

Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2020: Primera Crónica

Día 1: sábado 21 de noviembre

Una de las películas argentinas que forman parte de la Competencia Internacional es lo nuevo de Matías Piñeiro. En Isabella, como en su película anterior, Hermia & Helena, el director vuelve a interpretar y reinterpretar a Shakespeare, esta vez con una protagonista que quiere ser Isabella en una nueva puesta en escena de Medida por medida. Mariel está embarazada y después de sentir que nada le sale bien deposita esperanzas en conseguir ese papel que, además, la ayudaría económicamente. Pero si bien ella recibe un poco de ayuda de parte de su hermano que le adelanta cómo va a ser el casting para que pueda estar un poco más preparada, se encuentra con que Lucrecia, una joven mucho  más segura de sí misma y que consiguió el papel un año antes pero no pudo hacer la obra por un viaje a Portugal, también audiciona. “La gente que actúa no duda”, pero Mariel está llena de piedras como dudas y aunque intente despojarse de ellas, de lanzar esas piedras al agua, siempre hay más. Con una narración no lineal, contada de manera fragmentada, como bloques, Piñeiro va y viene entre escenas con algunas repeticiones, encuentros y la imagen del mar que se tiñe de púrpura; un juego de espejos cuyas tonalidades van cambiando pero todo empieza y termina ahí.

También en la Competencia Internacional se puede ver Sophie Jones, en este caso una ópera prima. Jessie Barr dirige y coescribe junto a su prima, Jessica Barr, además protagonista absoluta, un coming of age que atraviesa un duelo. Como si la adolescencia por sí sola no fuese uno de los momentos más traumáticos de la vida, donde todas las emociones estallan a flor de piel, a Sophie Jones se le acaba de morir la madre y así como hay  muchas cosas que no sabe, tampoco cómo lidiar con esa pérdida. Entonces improvisa y le pone el cuerpo, desde lamer las cenizas de su madre al sexo sin experiencia. “Al menos no me estoy cortando”, y entonces parece que la vida sigue para ella, su hermana, y el padre que se queda a cargo. Hay escenas que Barr capta con mucha sensibilidad: como la conversación entre amigas, la escena en que con su hermana aprovechan las flores del funeral para hacer una sesión fotográfica a lo Ofelia, o el momento en que en voz alta y a solas le habla a su madre. También los momentos de escape, ya sea en auriculares, en el sexo sin compromiso o manejando para alejarse. La música es un  lindo complemento pero a veces las letras subrayan demasiado las escenas. Con Nicole Holofcener como productora ejecutiva, Sophie Jones es una modesta ópera prima sobre el paso a la adultez que acá se marca a través de la necesidad del dejar ir, arrojar las cenizas, seguir adelante.

Dentro de la Competencia Latinoamericana se encuentra una llamativa película uruguaya. Al morir la matinée está dirigida por Maximiliano Contenti y escrita por Manuel Facal y funciona, antes que nada, como un homenaje y una carta de amor al clásico y estilizado slasher de antaño. Cada detalle de la dirección de arte está puesto a favor de crear una estética de otra época (la película está situada en la década de 1990) y las muertes, algunas más llamativas que otras, rememoran a los clásicos giallos, incluso en el modo artesanal en que son creadas. La trama es muy simple: durante la última función de un antiguo cine de barrio se proyecta una película de terror, Frankenstein: Day of the beast (película del 2011 dirigida por Ricardo Islas, quien además acá interpreta al asesino). Es tarde, llueve de manera torrencial y pocas personas entran a la sala a verla sin saber que pronto quedarán encerrados y serán víctimas de un asesino que quiere sus ojos. Aunque hay una idea clara de mostrar desprecio hacia la clase de gente que va al cine pero no para ver la película, la construcción del villano resulta atractiva desde lo superficial y carece de un mayor desarrollo. Para los personajes da casi igual tanto descubrir su rostro así como para nosotros la razón por la cual ataca: los ojos; es algo simbólico a lo que le falta fuerza narrativa. En cuanto a los protagonistas, las actuaciones son bastante desparejas y con los personajes pasa un poco lo mismo: por suerte la protagonista principal, Luciana Grasso y su Ana, la hija del proyectorista que se queda a cargo y se convertirá en la final girl, está entre los aspectos positivos del casting. A la larga, Al morir la matinée emula fórmulas casi en desuso y, aunque no consiga aportar algo novedoso, resulta entretenida y agradable, especialmente teniendo en cuenta que se sucede en una sola locación y que se toma su tiempo. Tiene una estética muy cuidada y aparecen unas cuantas citas cinéfilas. Y es que sobre todo se aprecia el amor por el ritual de ir al cine, aquel que este año más que nunca apreciamos tanto.

Y para cerrar la jornada, la primera de las tres películas que conforman la sección de este año de Hora Cero: Teddy, dirigida y escrita a cuatro manos por Ludovic Boukherma y Zoran Boukherma. La película comienza con una impactante escena que termina con una ventana tiñéndose de sangre. Pero pronto conocemos al protagonista, el del título, un adolescente que no termina de encajar: no va a la escuela, trabaja en una casa de masajes que odia, vive con su tío desequilibrado y una tía anciana dependiente hasta para alimentarse, pero al menos tiene una novia divertida con la cual se encierra en su cuarto a drogarse y tener sexo. Un día, una criatura que no llega a identificar lo ataca y a partir de ese momento todo comienza a enrarecerse: le crecen pelos en lugares demasiado extraños, como la lengua, o tiene sueños raros como aquel en el que se come el pie de su tía. Sin embargo, Teddy no es la típica película de hombre lobo: por un lado tiene un tono de comedia negra pero ligera, que a veces resulta demasiado peculiar como para causar alguna risa, por el otro la transformación de Teddy no hace más que incrementar algo que ya se percibía en su personaje, que es un marginado. Claro que ahora el modo de reaccionar ante un ambiente que percibe hostil no será de una manera tranquila. No obstante, esa escena en la que Teddy explota, en que por primera vez lo podemos ver como el monstruo en el que se convirtió, deja flotando ideas que no terminan de ser aprovechadas y podrían haber hecho del film algo más sustancioso y que la separara de la mayoría de estas películas sobre licántropos.

Golondrinas de Mariano Mouriño

En este primer largometraje de Mariano Mouriño, Ana y Juan son dos hermanos que van migrando persiguiendo el trabajo en cosechas a lo largo del país. Mientras Ana quisiera irse a Buenos Aires y dejar de moverse, Juan pretende seguir saltando de una oportunidad a otra, al menos esto le permite irse cada vez que está en problemas.

Cuando los hermanos, nómades, sin mucho más que un bolsito de ropa cada uno, llegan a una nueva plantación se encuentran con un encargado de mal carácter y de reacciones violentas. Pero también está el nuevo capataz, Edgardo (Germán Palacios). Si bien el ambiente es bastante precario (además de un estado deplorable del lugar donde se quedan, hay menos camas que empleados y poco tiempo tienen para hacer otra cosa que no sea trabajar largas horas al sol), este hombre parece verlos como algo más que dos peones y comienza a acercarse a ellos con la intención de ofrecerles un trabajo “más humano”, de tenerlos cerca. Ana queda relegada a las labores domésticas, mientras que Juan se ve, de repente, con una posición con más poder al que está acostumbrado. Sin embargo, mientras ella parece sentirse cómoda, a él algo que todavía no sabe qué es comienza a molestarle.

Enmarcada en la década de los 90, Golondrinas expone las diferencias de clase en un contexto rural. No obstante, logra destacarse por el modo en que sus personajes se desarrollan. Detalles como el modo en que Ana disfruta de lo que la música que no conocía le hace sentir, o las reacciones impulsivas de Juan. Mientras a Edgardo se lo ve como un hombre que disfruta de su posición de una manera tranquila, sin alardear, pero sabiendo que a la larga es quien manda, mientras fuma y bebe, a veces, sin control.

Con un tono naturalista que sabe aprovechar los vastos exteriores, Golondrinas desarrolla esta historia a través de escenas de pequeños momentos. Se aleja de lugares comunes, se permite jugar un poco con el romanticismo (como una escena en la que viajan en auto escuchando música), traza los vínculos de límites a veces difusos. Aunque prevalecen las relaciones de poder, el foco está en el viaje personal de estos hermanos.

Puntuación: 4 de 5.

Mouriño desarrolla el arduo mundo de los trabajadores precarizados del campo y su crudo contexto laboral, pero lo hace desde el corazón de sus protagonistas. A la larga, Golondrinas es una historia de dos hermanos antes de levantar vuelo propio.

Escribir en el aire de Paula de Luque

En el cine de Paula de Luque, aun en la ficción, se nota que hay una exploración desde la expresión corporal, probable y sencillamente, porque la danza también forma parte de su propia vida. En su película anterior, La forma de las horas, un drama romántico, se incluían imágenes de Paula Robles bailando en medio del bosque que nada tenían que ver con el argumento de la película y, sin embargo, ahí estaban, quizás, para expresar algo de una manera más corporal y abstracta.

Escribir en el aire es un documental que estudia la figura de Oscar Araiz, coreógrafo y director de danza argentina. Pero no lo hace de una manera clásica y tradicional sino que, otra vez, la directora parece más interesada en lo que las imágenes y la música pueden expresar.

Porque si bien hay escenas del propio Araiz reflexionando sobre su oficio y su carrera, también de una manera poética, calculada, sobre el escenario de un teatro vacío en el que se encuentran rodeados de naranjas en el piso, por ejemplo, lo que prevalece son los números musicales. Cuadros enteros filmados con un ojo que, a veces, es muy cercano, capaz de captar desde un tatuaje hasta la piel de gallina de quien se encuadra.

En la película se mezclan escenas propias del documental como otras ficcionalizadas, es decir, es un documental que nunca quiere ser sólo eso. Hay imágenes claras: el pez en la pecera en constante movimiento que no se deja atrapar, o dos oponentes en un cuadrilátero, o el propio Araiz como espectador de su propia vida. Pero también hay momentos de mayor distensión, como una reunión alrededor de la mesa, aunque no deja de ser una puesta en escena.

Paula de Luque intenta captar la esencia misma del movimiento. Lo que Oscar Araiz define como “ese momento entre dos muertes”. Y lo hace desde lo poético y lo sensorial. Pero esos cuadros que, a veces, pueden resultar hipnóticos se sienten reiterativos y, a la larga, uno espera las palabras del protagonista sobre el mecanismo del cuerpo, sobre los sueños, o sobre la idea de que todo es continuado y nada tiene final.

Escribir en el aire no es ni pretende ser una película que presente a Oscar Araiz, un documental tradicional que nos cuente sobre su vida o carrera desde lo formal. Por eso tal vez está dirigida a un público conocedor o interesado por acercarse de una manera más emocional y conceptual.

Puntuación: 3 de 5.

Escribir en el aire es un documental que retrata a Oscar Araiz desde lo sensorial, de manera poética aunque demasiado calculada. Lo más interesante termina siendo escuchar al artista reflexionar sobre su obra.

Crónica de una tormenta de Mariana Barassi

Crónica de una tormenta se sucede por completo en la redacción de un importante diario gráfico. En vísperas de Navidad, se hace el brindis entre los periodistas, se refiere brevemente al estado actual del periodismo, algo que “ya no es lo que era ni tampoco se lee de la misma manera” y que se ha tornado inmediato, breve, sin tiempo para largas columnas y enfocado en lo visual, en la apariencia: la idea es pasar a la pantalla, grabar videos.

Maca (Clara Lago) es una mujer que ha trabajado largos años allí, que supo hacerse su lugar. Pero cuando la gente se va yendo a sus casas y queda un momento a solas con Antonio (Ernesto Alterio), después de una conversación que pretende ser pasada por casual pero se siente forzada por él, le confiesa que a causa de una enfermedad grave debe dejar su puesto y ella es una de las posibles candidatas. Su competencia es ni más ni menos que Vargas (Quique Fernández), un periodista al que Maca detesta por su forma poco correcta y leal de trabajar.

A lo largo de toda esa noche de tormenta, y de toda la película, Antonio y Maca van desentrañando sus oficios y sus vidas personales. Él es un hombre de familia, casado, con un trabajo al que supo ponerle el cuerpo cuando era joven como corresponsal de guerra; ella lo admira, se enamoró del periodismo gracias a él y lleva una vida un poco más libre porque además, aunque quisiera, sabe que ser madre y formar una familia es algo que se antepone a su trabajo y cuando tuvo que elegir no lo dudó.

Así, el guion de Mariana Barassi aprovecha para poner un montón de cuestiones actuales sobre la mesa, sobre todo en relación al feminismo y a la mujer en contraposición al hombre en lugares de poder. No obstante muchas de estas conversaciones no parecen fluidas, se sienten forzadas. Como la inclusión de la sexualidad de Maca y los estigmas que les imponen a las mujeres; es un tema que no se aprovecha. No se profundiza demasiado en ninguna de las cosas que se propone reflexionar o cuestionar.

El argumento entonces gira en torno a esa decisión sobre el futuro liderazgo y lo que suceda esa noche puede influir bastante. O quizás, en realidad, ésta ya esté tomada aunque hay una ligera esperanza de que algo pueda cambiar. Pero, para ser una historia sobre periodismo, llama la atención que no hay detrás una investigación o noticia que ayude como hilo narrativo; al contrario, aparece algo sólo a cuentagotas en la resolución, lo que suma a la sensación de un guion forzado. No hay una búsqueda de la verdad, si no una lucha por el poder. Estamos ante una historia que podría haber sido mucho más oscura y arriesgada.

Las interpretaciones funcionan. Clara Lago siempre permanece como una mujer firme y decidida, alguien que no tuvo otra opción que mantener esa postura para triunfar en este rubro, y es quien transita las dudas y cuestionamientos sobre hasta dónde está dispuesta a llegar para conseguir lo deseado. Ernesto Alterio se permite mostrarse un poco más dócil pero porque, a la larga, fue quien siempre tuvo el poder y ahora le resta entregárselo a alguien más, se percibe algo de nostalgia en él. Quique Fernández, en cambio, aparece más deslucido con su menor tiempo de pantalla, resulta unidimensional, es fácil desde el primer momento en que aparece saber hacia dónde se va a dirigir.

Crónica de una tormenta está basada en una obra de teatro y Barassi no logra despegarse demasiado de esa forma de contar una historia: pocos personajes, una locación y una trama que avanza mayormente a través de los diálogos.

Puntuación: 2.5 de 5.

Crónica de una tormenta pone sobre la mesa cuestiones y reflexiones actuales sobre el periodismo y sobre el machismo que impera en estos lugares de poder. Pero lo hace a través de un guion que no tiene ni la fluidez ni la profundidad necesaria. De todos modos tiene buen ritmo y cuenta con la destacable interpretación de Clara Lago.

Rivera 2100 de Miguel Kohan

En 1976, Rubens “Donvi” Vitale y Esther Soto deciden crear un oasis musical y cultural en Villa Adelina. De allí emerge buena parte de la cultura alternativa de la época y un modo de gestionar la creación artística en absoluta libertad e independencia.

Rivera 2100 empieza con la voz de Luis Alberto Spinetta hablando sobre MIA, sobre este cálido espacio de música nueva. “Es interesante la labor desinteresada que están haciendo para la música nueva y bien inspirada en nuestro medio”. La idea que en principio puede parecer idílica, en especial en una época como en la que sucede, sobre cambiar el mundo, fundar uno propio dejando un legado de acción cultural que trascienda la saga familiar y permanezca vigente. Y sin embargo es algo que se ha cumplido. Lito y Liliana Vitale son los hijos que hoy mantienen vivo ese legado y quienes llevan adelante este documental. Como no podía ser de otra manera, también la música, interpretada por Lito, juega un papel primordial.

El documental está compuesto, a modo de collage, a través de algunos testimonios, escenas de clases de canto, o revisando y descubriendo archivos de la familia, la imagen y voz de Esther (fallecida en el 2018) a través de una pantalla, la voz de “Donvi” reflexionando sobre las revoluciones sociales, o ex integrantes reunidos revisitando diapositivas de fotos antiguas en Rivera 2100 en Villa Adelina; a esto se le suma el epílogo con el agradecimiento del Indio Solari por lo que MIA hizo por los Redonditos de Ricota. La edición y el guion escrito entre Miguel Kohan, Paula Romero Levit y Alicia Beltrami permiten que la narración fluya  y respire. Lo que no hace la película es poner carteles explicativos, recién al final aparecen los nombres de cada persona que aparece en pantalla y para ello apela a la familiaridad.

Es un film hecho con cariño y respeto, intimista y conmovedor, en especial con Esther. El documental incluso dedica un momento a su faceta de autora y moviliza escucharla cuando habla de la muerte de su marido y explica que “es muy difícil volver a vivir en singular”.

Puntuación: 4 de 5.

Rivera 2100 funciona como un tributo, como un homenaje, pero también como un retrato sobre la importancia del legado familiar y de la cultura como refugio.

Tomando estado de Federico Sosa

Estamos en octubre del 2001 y en la radio se escucha hablar sobre una Argentina sin riesgos y, por lo tanto, previsible, donde se incita a cosechar los frutos del esfuerzo. Mientras, en una cooperativa eléctrica de un pueblo del interior laburan, entre otros, un viejo operario del pueblo, Carlos (Germán de Silva), un hombre casado cuyo hijo se fue a vivir a España, y un joven aprendiz que lo sigue, Nicola (Sergio Podeley), interesado en muchos temas y que mantiene una relación casual con una mujer casada.

Tomando estado, lo nuevo del director del documental Contra Paraguay y los largometrajes de ficción Yo sé lo que envenena y Tampoco tan grandes, sigue a estos dos personajes de diferentes generaciones. Carlos recibe una llamada de un antiguo compañero de militancia y algo se despierta en él y Nicola se ve sacudido por una joven que vino de Capital y trabaja en un programa de radio cultural local. A partir de una mirada al pasado y de otra al futuro es que se va construyendo este presente que tanto recordamos. Alrededor se van abriendo diferentes subtramas (como el robo de tendidos eléctricos o la persuasión hacia Carlos para que firme un convenio que no lo convence).

Mientras la crisis se termina de acentuar, de tomar forma, Carlos y Nicola intentan mantener sus puestos de trabajo. La radio y la televisión aparecen para terminar de contextualizar este momento: en el inmortal programa de Mirtha Legrand hablando sobre la redistribución de ingresos o el noticiero mostrando el camión de vacas que volcó y la gente desesperada que las carneó en el momento. Es verdad que, en más de una ocasión, se siente que la película subraya lo que quiere decir o mostrar, como cuando hablan de Rocky o de los mutantes.

Las vacas aparecen, vivas y corriendo a través del campo, en una de las escenas más destacables de la película, musicalizada por el Himno Nacional. Una secuencia que es como una pequeña bocanada de libertad. La otra escena a resaltar del film se sucede ya al final, donde quedan en evidencia los ideales de su protagonista y una sensación de amargura ante las ilusiones perdidas y sin embargo, a lo lejos pero cada vez más cerca, las cacerolas se hacen escuchar. En el medio, Tomando estado se mueve entre estos personajes no siempre con la misma fluidez y es Carlos, interpretado notablemente por De Silva, quien termina apoderándose de la película aún durante las escenas que muestran al resto de los operarios trabajando o conversando.

La película también está compuesta de referencias literarias a las que cita textualmente, como la obra de teatro Digamos boludeces de José Pablo Feinmann, o las novelas Cámara Gesell de Guillermo Saccomanno y Villa Celina de Juan Diego Icardona.

Federico Sosa habla sobre los ideales a través del retrato de una crisis que sentimos cerca, no sólo porque la vivimos y no nos la contaron, sino también porque la realidad se encarga de rememorárnosla.

Puntuación: 3.5 de 5.

Bien dirigida y con un mensaje claro, Tomando estado es una historia sobre los ideales, que se destaca gracias a la interpretación de Germán de Silva como este personaje al que se le despiertan sentimientos del pasado y, a veces, no parece encontrar otra opción para sobrevivir que bajar la cabeza.

Drift de Helena Wittmann

Drift es una película que tiene un par de personajes, unos pocos diálogos (y la mayoría, a simple vista, intrascendentes) y mucha imagen audiovisual que apunta a lo sensorial, al viaje, a sentirse inmerso en medio de un paisaje frío y desolado o a la deriva sobre un mar que se percibe infinito.

El argumento mínimo de esta película gira en torno a dos mujeres que se separan, que deciden cada una hacer un viaje personal. Sin embargo, como apuntaba antes, a Wittmann no le interesa demasiado lo narrativo, no importa qué se cuenta, qué tiene para contar, sino que se preocupa por transmitir aquello que el paisaje brinda, ya sea desolación, ausencia, libertad. En ese sentido se siente más experimental.

Hay una fijación por el mar, a quien se le dedica largos minutos de contemplación, un mar que hechiza. Ese cuadro, el del mar y nada más que el mar, se termina de resignificar en la escena final, donde aparece ya de otro modo, como una especie de recordatorio: el mar como transición, el viaje que nos modifica. Porque, como dijo el explorador y eterno enamorado del mar Jacques Yves Cousteau, “el mar, una vez que te lanza el hechizo te mantiene en su red para siempre”.

Más allá de que Wittmann consigue hacernos sentir inmersos en este viaje, aún a través de algunas escenas en el medio de la cotidianeidad de cada una en los lugares que recorre, la experiencia, aunque no es del todo sensorial, sí se siente un poco abrumadora a lo largo de la hora y media que dura la película.

Drift es un film en el que prevalecen las largas escenas de contemplación, a veces de noche donde sólo podemos ver aquello que ilumina una linterna, una contemplación que no necesita más que un instante para hacernos sentir dentro. Es además una película que, sin dudas, se apreciaría de otro modo en una sala de cine y que, también, se ve de una manera especial en esta época donde permanecemos encerrados y es fácil soñar con perderse en lugares como los que Wittmann filma. Entonces, no nos deja indiferentes. Dejarse ir, dejarse llevar, estar a la deriva, a merced de algo más.

Con un título que aparece recién a los veinte minutos y un segundo acto que se siente alargado y repetitivo después de un tiempo, el último tercio cierra la película con una bella escena que, también disfrazada de la más corriente cotidianeidad, termina de retratar la distancia de un modo actual: a la larga, detrás de la pantalla, siempre hay alguien con quien podemos conversar o compartir una taza de té o una linda canción.

Puntuación: 3 de 5.

Drift es una película que logra hacerte parte de un viaje sensorial. Contemplativa y poética y poco preocupada por lo argumental, es una experiencia que puede resultar muy estimulante, especialmente en esta época que estamos viviendo, o un poco tediosa sobre todo en su segunda mitad.

Las poetas visitan a Juana Bignozzi de Laura Citarella y Mercedes Halfon

Las poetas visitan a Juana Bignozzi empieza con la figura de Mercedes Halfon esperando en la puerta de un edificio y la voz en off relatando una pequeña historia sobre una joven poeta que va a entrevistar a Juana Bignozzi. Diez años más tarde la famosa poeta fallece y, en su testamento, deja sus pertenencias a amigos, ya que no había tenido hijos. A Mercedes le deja ni más ni menos que su obra literaria.

Las cámaras siguen, entonces, a esta joven escritora entre las cosas, los libros, los discos, las carteras, los elefantes que aparecen de todas las formas imaginables, en la casa donde vivió Juana Bignozzi sus últimos años. Detrás de ella hay un equipo de mujeres haciendo esta película, que aparece, además, dando indicaciones sobre cómo ponerse ante la cámara, cómo actuar.

De a poco, Las poetas visitan a Juana Bignozzi se revela no sólo como un documental sobre esta figura poética sino sobre gente que se acerca a ella, sobre esos jóvenes a los que ella siempre se refiere, y sobre cómo hacer una película sobre poesía, cómo filmar la poesía.

En el medio se intercalan entrevistas, imágenes de archivo, algunas líneas de sus poemas, las mencionadas inquietudes sobre la realización de esta película (a veces mientras una escena es filmada se pueden apreciar las discusiones detrás de cámara que, de repente, pasan a un primer plano y esto puede distraer un poco) y, sobre todo, vemos a una joven escritora asumir una responsabilidad enorme: hacerse cargo de la obra de esta poeta que escribió sobre política y, además, trabajó como traductora, reflexionando sobre el papel de albacea, porque no es lo mismo leerla desde ese lugar que desde el de lectora.

Recién pasada la mitad de la película se contextualiza y se dan datos biográficos y más duros sobre Juana Bignozzi, su vida llena de viajes, sus largos años fuera de la Argentina, sus muchas amistades y la pregunta que surge a partir de fotografías en reuniones de su país, ¿por qué en ninguna de esas visitas quiso quedarse? ¿Al final quién era Juana Bignozzi?

Ya más cerca del final, la pantalla se llena de gente leyendo sus poemas en voz alta. “Ahora puedo escribir eternamente” es una de las últimas líneas de su escritura que aparece en pantalla y nos demuestra que, quizás, nunca terminaremos de conocer a la persona pero nos queda su poesía.

Puntuación: 4 de 5.

Las poetas visitan a Juana Bignozzi es una película que cruza ficción y documental y que, desde la forma, explora varias aristas, tanto de la poeta como de la poesía y a la vez del cine, y abre más preguntas que respuestas. Pero a la larga el fin parece ser uno: que la gente lea a Juana Bignozzi, en voz alta o para sí, pero que se propague esa fuerte voz femenina que todavía tiene mucho para decir.