Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2020: Sexta Crónica

Día 6: jueves 26 de noviembre

En la Competencia Internacional podemos encontrar Seize Printemps, la ópera prima de Suzanne Lindon, que además protagoniza. En ella, Suzanne es una adolescente de 16 años que no logra hallarse entre la gente de su edad, que se aburre de las noches de fiestas y alcohol y las conversaciones triviales en los bares. Pero en su recorrido cotidiano pasa por delante de un teatro y allí empieza a observar a un hombre mayor al que sigue y con quien pronto consigue entablar una relación, entre cafés y alguna reunión. Aunque la historia nos haga pensar en Lolita y todas las obras derivadas de ella, la mirada de Lindon es mucho más sutil y delicada. La joven actriz y directora consigue delinear personajes memorables a partir de una historia pequeña de emociones que, a veces, sus personajes sólo consiguen transmitir a través de coreografías de baile. Sin grandes giros, sin bajadas de línea, Lindon presenta una película modesta y honesta pero, sobre todo, fresca como la mirada de una chica joven que vive su primer amor.

En la Competencia Argentina nos encontramos con el nuevo documental de María Álvarez, El tiempo perdido. Así como en Las cinéphilas seguía a un grupo de jubiladas que tenían en común la pasión por ir al cine, acá se centra exclusivamente en un grupo de lectura -que ya habíamos podido vislumbrar en la película anterior por lo que vuelve a aparecer una de sus protagonistas-. Un grupo de gente mayor que se reúne hace diecisiete a años a leer y discutir los diferentes volúmenes de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust. Esta vez María Álvarez no se mueve de esa mesa del bar de Tribunales que los reúne, a veces a los mismos de siempre, a veces con alguna inclusión nueva. En blanco y negro y con el mismo amor con el que retrataba a las cinéfilas, El tiempo perdido es de esas películas que impregnan una sonrisa en el espectador: resulta hermoso escucharlos leer o disertar sobre determinados pasajes, tratar de diseccionar qué se quiso decir, pero sobre todo cuando queda en evidencia el poder de evocación que tiene la novela: como cuando no pueden volver a comer una magdalena sin acordarse de ella, o pasean una tarde lluviosa por Buenos Aires y se sienten en París, o ven a un hombre vestido de una manera algo elegante y anticuada y piensan que se parece a un personaje de Proust. También se cuelan fragmentos de conversaciones más cotidianas, pero a la larga el corazón de la película radica en la idea de la lectura no sólo como arte creativo, como define uno de los señores, sino como punto de encuentro. El cariño hacia sus personajes, y el de ellos hacia la obra de Proust, trasciende en cada fotograma.

Fuera de competencia se encuentra la última película de Fernando Spiner que, además, marca su regreso al género fantástico y nos llega después de su paso por el Festival de Sitges. Inmortal nos presenta una historia en la que es posible crear una especie de universo paralelo donde se quedan los muertos, pero al que también se puede ir a visitar y pasar un rato. Ana (Belén Blanco) vuelve desde Roma para cerrar unos trámites y una tarde cree ver desde el colectivo a su padre vagando por las calles; su padre está muerto. Así se acerca al Dr. Benedetti (Daniel Fanego), un viejo amigo de su progenitor al que ella considera un estafador por haberle presentado una farsa ridícula y delirante sobre este mundo paralelo, y entonces descubre que es real. Spiner le dedica bastante tiempo a desarrollar esta parte de la trama y ahí quedan descuidados sus protagonistas, a quien se le suma el hijo del doctor, interpretado por Diego Velázquez, que se convertirá en el interés amoroso de Ana. Todo lo que tiene que ver con los lazos que se crean entre sus personajes se suceden de manera apresurada y forzosa. Las actuaciones, aunque desfilen actores talentosos, resultan desparejas. Una película bastante floja.

También Fuera de Competencia está Edición ilimitada, una película compuesta de cuatro cortometrajes dirigidos por escritores. Edgardo Cozarinsky presenta una historia simpática, que además protagoniza, sobre un hombre a punto de operarse de la vista que intenta leer a Mark Fisher en una mesa de Los Galgos. Una mujer que lo observa tener dificultades se ofrece para leerle, lo que lo lleva, una vez operado, a utilizar ese mismo truco, esta vez con Barthes. Santiago Loza dirige una historia sobre un aprendiz de escritor que empieza a visitar a su erudito abuelo, quien lo instruye sobre la escritura, pero finalmente lo que los una está en otro lugar. Es el más flojo de los cortometrajes. El que le sigue es el de Virginia Cosin, sobre un monólogo interior que una escritora recientemente publicada tiene en medio de una fiesta. Allí, entre cameos y algunas interacciones, reflexiona sobre su condición de madre separada y confiesa que por primera vez sabe cómo definirse: escritora. También se desarrolla brevemente un poco de ese mundo intelectual al que parecería que todos quieren aspirar: “estás donde siempre quisiste estar pero querés salir corriendo”, se dice. Y termina con Paula Maffia haciendo una preciosa versión de “Amo lo extraño” de Charly. El último de los cortometrajes es el de Romina Paula, quizás el más curioso en cuanto a lo que decide contar: sentados a una mesa en la que se lee un par de escenas de una obra teatral, cada personaje con su propia voz, pronto descubrimos que no es un ensayo sino un taller de escritura teatral y se desentraña lo que una de sus alumnas trajo escrito. Y esos textos surgen, en la vida real, de una obra de teatro de Paula, una obra que fue llevada a escena y que incluso está editada en un libro de Entropía. Así, parecería que la directora utiliza su propia obra para desentrañarla, desentrañarse y también reflexionar sobre la obra dentro de la obra. “La verdad tiene estructura de ficción”. En resumen, Edición ilimitada es un interesante compendio de miradas literarias.

Publicado por

Jesica Johanna Taranto

Sagitariana. Recibida de Guionista de Cine y TV en el CIEVYC. Actualmente hago de crítica de cine. Veo muchas películas, leo varios libros a la vez y escribo un poco. Me gusta David Bowie y los vampiros. Amo el cine de terror pero quisiera vivir en una película de Wes Anderson. No salgo de casa sin mis auriculares y me gusta subrayar y marcar mis libros. Y compro compulsivamente cuadernos y otros artículos de librería. Colaboro en los sitios Visiondelcine.net, Espectadorweb.com.ar y Cronicasdemoda.com.

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