Escribir en el aire de Paula de Luque

En el cine de Paula de Luque, aun en la ficción, se nota que hay una exploración desde la expresión corporal, probable y sencillamente, porque la danza también forma parte de su propia vida. En su película anterior, La forma de las horas, un drama romántico, se incluían imágenes de Paula Robles bailando en medio del bosque que nada tenían que ver con el argumento de la película y, sin embargo, ahí estaban, quizás, para expresar algo de una manera más corporal y abstracta.

Escribir en el aire es un documental que estudia la figura de Oscar Araiz, coreógrafo y director de danza argentina. Pero no lo hace de una manera clásica y tradicional sino que, otra vez, la directora parece más interesada en lo que las imágenes y la música pueden expresar.

Porque si bien hay escenas del propio Araiz reflexionando sobre su oficio y su carrera, también de una manera poética, calculada, sobre el escenario de un teatro vacío en el que se encuentran rodeados de naranjas en el piso, por ejemplo, lo que prevalece son los números musicales. Cuadros enteros filmados con un ojo que, a veces, es muy cercano, capaz de captar desde un tatuaje hasta la piel de gallina de quien se encuadra.

En la película se mezclan escenas propias del documental como otras ficcionalizadas, es decir, es un documental que nunca quiere ser sólo eso. Hay imágenes claras: el pez en la pecera en constante movimiento que no se deja atrapar, o dos oponentes en un cuadrilátero, o el propio Araiz como espectador de su propia vida. Pero también hay momentos de mayor distensión, como una reunión alrededor de la mesa, aunque no deja de ser una puesta en escena.

Paula de Luque intenta captar la esencia misma del movimiento. Lo que Oscar Araiz define como “ese momento entre dos muertes”. Y lo hace desde lo poético y lo sensorial. Pero esos cuadros que, a veces, pueden resultar hipnóticos se sienten reiterativos y, a la larga, uno espera las palabras del protagonista sobre el mecanismo del cuerpo, sobre los sueños, o sobre la idea de que todo es continuado y nada tiene final.

Escribir en el aire no es ni pretende ser una película que presente a Oscar Araiz, un documental tradicional que nos cuente sobre su vida o carrera desde lo formal. Por eso tal vez está dirigida a un público conocedor o interesado por acercarse de una manera más emocional y conceptual.

Puntuación: 3 de 5.

Escribir en el aire es un documental que retrata a Oscar Araiz desde lo sensorial, de manera poética aunque demasiado calculada. Lo más interesante termina siendo escuchar al artista reflexionar sobre su obra.

La forma de las horas de Paula de Luque

La forma de las horas se centra en el reencuentro de una ex pareja (ella interpretada por Julieta Díaz y él interpretado por Jean Pierre Noher), a un año de su separación. Ambos vuelven al hogar en el que convivieron para terminar de sacar todas sus pertenencias y así dejarlo vacío para el próximo habitante. Es así que Paula de Luque nos entrega un relato sobre el amor en todas sus variantes. El duelo tras una separación. El derrumbe de una relación amorosa. Las heridas que, en el fondo, siempre parecen estar presentes a pesar del paso del tiempo.

La particularidad que presenta esta película es que no está contada de una forma lineal. A través de sus capítulos se nos irán presentando fragmentos de los momentos que esta pareja vuelve a vivir en estas veinticuatro horas de reencuentro. Pese a las constantes idas y vueltas temporales, es fácil determinar en qué momento del día se ubica la secuencia que se nos presenta en pantalla.

La fuerza del relato está puesta en la forma en la que está contado (los saltos temporales). Esto, pese a hacer interesante la propuesta, hace que la historia de (des)amor pierda fuerza con el correr de los minutos. Realmente no se llega a conocer a fondo a los personajes y las situaciones que vivieron en el pasado (más allá de algunas afirmaciones), por lo que es difícil conectar con los protagonistas y sus sentimientos.  

La presencia de Julieta Díaz es lo que rescata, en gran parte, esta historia. La actriz pone todo de sí para interpretar a esta mujer que se reencuentra con su ex amado luego de un año. Su actuación es sólida y emocionante. Sus sentimientos parecen traspasar la pantalla. Su mirada, imponente por momentos y desolada por otros, logra conmover en cuestión de segundos.

Puntuación: 3 de 5.

La forma de las horas es una propuesta interesante que se queda a medio camino. La manera en la que está contada le saca profundidad al relato. Es difícil conectar con los personajes y sus sentimientos. Julieta Díaz, sin embargo, logra dar un paso adelante y nos ofrece una actuación sólida que emociona.