Paraíso de Pablo Falá

Sofía vuelve a la Argentina luego de varios años de vivir en Europa y se encuentra perdida. Se rodea de ruido y gente para no sentir el aplastante silencio del paisaje de Traslasierras que la rodea por completo. Como parte de su proceso de reinserción, en este mundo que dejó atrás hace unos años, invita a Lautaro a pasar unos días con ella, ese ex novio a quien abandonó para irse afuera. Pero el reencuentro va a estar signado por los reclamos de un pasado que ella debe revisitar para poder seguir adelante.

La mente de Sofía parece estar dividida en dos polos totalmente opuestos del espectro emocional. Por un lado busca evadirse con música fuerte, alcohol y drogas de la realidad que la circunda y por otro es ella misma quien invita a su ex, quien encarna, no muy sutilmente, toda la carga de un pasado del cual ella huyó sin tener muy en claro por qué.

Así conocemos a Lautaro que acude a la cita sin mucha idea de qué esperar, pero con la clara expectativa de un reencuentro con la persona que vio partir años atrás. Se encuentra, sin embargo, con que ella pone en escena situaciones en las cuales la reconexión se vuelve compleja, mediada por amigos, peleas y reclamos que parecen tener más que ver con su propia frustración y no con situaciones relacionadas con él, presente incondicionalmente a su lado en cuanto ella lo llama.

El film nos muestra esta dualidad con dos puestas en escena muy diferenciadas la una de la otra. Por un lado, la contemplación de los paisajes, las escenas relajadas entre Sofía y Lautaro y el silencio cómodo que a veces se da entre los dos, y por otro lado, la música fuerte, los planos cortos sobre el rostro del personaje y las discusiones provocadas sin mucho sentido más que el de la pelea en sí misma.

Las charlas son muy explícitas y demasiado explicativas y el contraste que se da con la prolija y muy lograda fotografía, no sólo de los paisajes sino también de la casa y los personajes, le termina restando mucho potencial a esto último que hubiese sido más que suficiente para expresar las idas y vueltas de los protagonistas y toda la angustia y el enojo que llevan acumulados.

Estos dos códigos, entre los cuales fluctúa Paraíso, no están orgánicamente yuxtapuestos en el film y pierden fuerza cuando son interrumpidos por su contraparte estética, sobre todo cuando los conflictos entre ellos dos son resueltos con charlas plagadas de palabras que se contraponen con la sutileza de los momentos contemplativos del film. Y si bien cumple con el cometido de reflejar el estado anímico cambiante de Sofía, no siempre logra transmitírselo al espectador que mira distanciado a ese personaje que no sabe lo que quiere, generándole más juicios que empatías hacia el personaje.

Puntuación: 2.5 de 5.

Paraíso es un film que deambula entre lo contemplativo y lo explícito, sin tener un punto intermedio para el espectador y allí, seguramente, es donde falla al intentar reflejar las emociones que su personaje tiene arraigadas muy dentro de su personalidad, pero con las que el espectador nunca logra conectar del todo, volviéndose un poco redundante y carente de ritmo.

Paraíso de Andrei Konchalovsky

Tres personajes e historias cruzadas durante la Segunda Guerra Mundial y bajo el imperio del nazismo componen el relato de Paraíso del director ruso Andrei Konchalovsky.

Filmada en un áspero blanco y negro, Konchalovsky (director ruso que ha colaborado con Tarkovsky) decide contar la historia de tres personajes cuyas vidas se cruzan bajo el nazismo: Olga, una aristócrata y periodista de moda rusa que es miembro de la Resistencia Francesa; Jules, un policía francés colaboracionista que comienza a gestionar la detención de Olga y Helmut, un oficial alemán de alto rango en la SS.

Las historias están contadas a través de escenas ficcionalizadas pero también se intercalan, con asiduidad, imágenes de cada uno de estos tres protagonistas dando testimonio a cámara, un recurso documental que rompe el ritmo sin comprometerlo.

Sin dudas la interpretación que sobresale es la de la actriz Julia Vysotskaya, capaz de transitar muchas emociones distintas a lo largo del film. Otro acierto del filme es que los personajes son complejos y de una construcción llena de contradicciones, así uno puede empatizar con ellos para luego arrepentirse de haberlo hecho. Los malos no siempre parecen malos, los buenos también hacen cosas malas. Y todo esto se sucede sin juzgarlos.

A través de las más de dos horas de duración, Konchalovsky logra que el interés nunca decaiga, aunque en un principio puede confundir hasta hacernos entrar en su ritmo. Pero mientras cuenta con escenas a nivel narrativo mejor logradas que otras, la fotografía de Aleksandr Simonov es hermosa y elegante. Lamentablemente sobre el final se opta por el camino más fácil y accesible y terminan sobrando algunos planos.

Dato de color no menor: Paraíso es la película que Rusia envió como representante para los pasados premios de la Academia. Es un cine de autor arriesgado, diferente y con un estilo definido.