Rivera 2100 de Miguel Kohan

En 1976, Rubens “Donvi” Vitale y Esther Soto deciden crear un oasis musical y cultural en Villa Adelina. De allí emerge buena parte de la cultura alternativa de la época y un modo de gestionar la creación artística en absoluta libertad e independencia.

Rivera 2100 empieza con la voz de Luis Alberto Spinetta hablando sobre MIA, sobre este cálido espacio de música nueva. “Es interesante la labor desinteresada que están haciendo para la música nueva y bien inspirada en nuestro medio”. La idea que en principio puede parecer idílica, en especial en una época como en la que sucede, sobre cambiar el mundo, fundar uno propio dejando un legado de acción cultural que trascienda la saga familiar y permanezca vigente. Y sin embargo es algo que se ha cumplido. Lito y Liliana Vitale son los hijos que hoy mantienen vivo ese legado y quienes llevan adelante este documental. Como no podía ser de otra manera, también la música, interpretada por Lito, juega un papel primordial.

El documental está compuesto, a modo de collage, a través de algunos testimonios, escenas de clases de canto, o revisando y descubriendo archivos de la familia, la imagen y voz de Esther (fallecida en el 2018) a través de una pantalla, la voz de “Donvi” reflexionando sobre las revoluciones sociales, o ex integrantes reunidos revisitando diapositivas de fotos antiguas en Rivera 2100 en Villa Adelina; a esto se le suma el epílogo con el agradecimiento del Indio Solari por lo que MIA hizo por los Redonditos de Ricota. La edición y el guion escrito entre Miguel Kohan, Paula Romero Levit y Alicia Beltrami permiten que la narración fluya  y respire. Lo que no hace la película es poner carteles explicativos, recién al final aparecen los nombres de cada persona que aparece en pantalla y para ello apela a la familiaridad.

Es un film hecho con cariño y respeto, intimista y conmovedor, en especial con Esther. El documental incluso dedica un momento a su faceta de autora y moviliza escucharla cuando habla de la muerte de su marido y explica que “es muy difícil volver a vivir en singular”.

Puntuación: 4 de 5.

Rivera 2100 funciona como un tributo, como un homenaje, pero también como un retrato sobre la importancia del legado familiar y de la cultura como refugio.