4×4 de Mariano Cohn

Después de varios planos a puertas y entradas enrejadas, protegidas por alambres o por algún tipo de sistema de seguridad, se lo observa a Ciro (interpretado por Peter Lanzani) pasear por una calle de barrio hasta detenerse en una lujosa camioneta. Como en un día más de tantos, la fuerza y logra entrar sin mucha complicación. Allí adentro se apodera de lo que cree que puede servirle, orina sobre el asiento trasero para demostrar su resentimiento o desprecio hacia la gente que puede ser dueña de esa camioneta, y se dispone a salir. Sin embargo, las puertas quedan trabadas, las ventanas imposibles de abrir, y todo el auto permanece -como descubrirá en esos pocos minutos-, blindado e insonorizado. Y él, incomunicado, porque ni siquiera tiene batería en el celular.

A partir de ese momento, 4×4 se convierte en un thriller sobre un personaje encerrado, en este caso en una camioneta. Allí pasará varios días, aunque pronto descubre que no es casual: el dueño le habla por teléfono y se presenta como una persona cansada de la inseguridad, con una hija que por ese motivo tuvo que irse a vivir afuera, y que decidió tomar el toro por las astas. Como en una especie de Juego del miedo (con menos sangre), Ciro estará a su merced, esperando un poco de solidaridad de parte de aquella voz para que le permita comer algo, o ventilar el vehículo un poco para calmar el calor agobiante que hace ahí adentro.

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Lanzani demuestra una vez más ser un actor versátil, capaz de apuntar a diferentes registros. Acá transmite, en esos planos cerrados que pretenden intensificar la sensación de asfixia, la desesperación, impotencia y frustración que siente su personaje.

Como sabemos, en algún momento se saldrá de ese vehículo pero las cosas no serán más sencillas afuera. Dady Brieva interpreta a este médico que decide hacer justicia pro mano propia con este ladrón que el barrio abuchea esperando que lo maten, mientras un desganado Luis Brandoni intenta apaciguar las aguas.

4×4 juega todo el tiempo con mantener la tensión bien arriba, con un trabajo sonoro que acentúa ciertos momentos específicos. No obstante el guion, escrito por la dupla Cohn y Duprat, parte de estereotipos y clichés y no logra construir una trama que no resulte redundante y predecible. Es fácil adivinar cada una de las peripecias a las que se verá expuesto el protagonista desde antes de que sucedan, de hecho la mayoría acontecen en los primeros minutos de película, los más intensos. Después se pierde fuerza e interés.

A nivel técnico estamos ante un film rodado con una mayor prolijidad que películas anteriores como la exitosa El ciudadano ilustre. Por ahí ronda también un guiño que el realizador se hace sí mismo. Por último, la música de Dante Spinetta termina de imprimirle el tono buscado.

Puntuación: 1.5 de 5.

La premisa de 4×4 resultaba al menos interesante como thriller pero éste se agota rápidamente y no logra sostenerse durante la hora y media que dura la película. Como si fuera poco, los personajes estereotipados y el mensaje que termina flotando sobre la película en cuanto a las diferencias de clase y la inseguridad dejan en foco una mirada pobre y triste.

Estrenos El Ciudadano ilustre de Gaston Duprat y Mariano Cohn

El Ciudadano Ilustre es el nuevo trabajo de la dupla Cohn- Duprat, actualmente en competencia oficial en el Festival de Venecia.

Daniel Mantovani es el único escritor argentino, por lo menos hasta el momento, que ganó un Premio Nobel de literatura.

Su obra de ficción siempre se situó en Salas, el pueblo donde nació, en la provincia de Buenos Aires. Pero desde que aceptó el galardón, que el mismo cree que lo colocó en un lugar de canonización en el que preferiría no estar, no publicó ninguna novela, si no sólo artículos, prólogos y obituarios. Ausente de Argentina desde hace 40 años, cuando dejó su tierra para probar suerte en Europa, vive en una moderna casa en Barcelona, programando una agenda, plagada de invitaciones a todas partes del mundo, que generalmente rechaza. Entre los convites que objeta a su asistente Nuria, llega una invitación de su tierra natal para ser nombrado Ciudadano ilustre. De la vuelta a su pueblo y la recepción del mismo, se nutre El ciudadano Ilustre.

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Estructurada con un prólogo y cinco capítulos (La invitación, Salas, Irene, El Volcán, La cacería), El ciudadano ilustre es una sátira burlona de los personajes de pueblo en relación a una celebridad nacida en esa tierra, que se dedica a la literatura y que quizás sea más fotografiado por celulares que leído. Gana puntos cuando presenta situaciones mordaces y patéticas (el viaje en remis, su presencia como jurado en un concurso de pintura, los habitantes que creen saber en quienes están basados los personajes de ficción, el chovinismo tan argentino de mencionar al Papa, Messi, la reina de Holanda y… Mantovani, sin mencionar jamás a los cinco restantes compatriotas que fueron galardonados por la fundación sueca).

Cuando el asunto vira al drama o la oscuridad, la película se resiente. Los personajes relacionados con el pasado del escritor, su amigo de la infancia, Antonio y su ex novia Irene (actualmente casada con Antonio) actúan de contrapeso dramático en la historia. Mantovani no tiene lazos de sangre, sus padres han muerto, nunca se casó, no tiene hijos, de manera que su literatura es su legado y su posibilidad de trascendencia. Pero estancado en su proceso creativo, la vuelta al pueblo puede ser la posibilidad de encontrar nueva inspiración. Los momentos más pequeños relacionados con un costado más humano del personaje principal (la aparición de una groupie, el joven conserje del hotel con aspiraciones literarias) tienen mejor funcionamiento que la tensión que se pretende reflejar con el triángulo amoroso de antaño.

Los directores de El artista y El hombre de al lado, Gaston Duprat y Mariano Cohn ponen el dedo en la llaga en la argentinidad y en la vida de pueblo y eligen concentrar su pirotecnia en eso y no tanto en la vida intelectual, o en todo caso, tamizan el falso brillo de la cultura (que ya habían transitado con éxito en El artista) para aglutinar situaciones cómicas que el guión de Andrés Duprat transita con más eficacia que las de tensión dramática. Visual y técnicamente carece de vuelo, con un registro casi televisivo de décadas atrás (de dónde surgió la dupla de realizadores).

La estelarización de Oscar Martinez es indiscutible, tiene autoridad para asumir un personaje que no es cómodo y que es a la vez peso y contrapeso de todas las acciones. Como es usual, la dupla de directores suele convocar a actores con distintos tonos y registros y lograr emparejar siempre para arriba: Dady Brieva, una impensada Andrea Frigerio , Belén Chavane, Manuel Vicente, Julián Larquier, Marcelo D’Andrea y Gustavo Garzón son las solventes caras conocidas, junto a otros secundarios que tienen igual lucimiento en la fauna de personajes pueblerinos.