Mujer en guerra de Benedikt Erlingsson

Halla (Halldóra Geirharôsdóttir) es una mujer independiente que, detrás de una rutina tranquila, esconde una doble vida como activista ambiental. Es conocida en la prensa de su país con el seudónimo “La mujer de la montaña”, porque secretamente le declara la guerra a la industria del aluminio y su incesante contaminación. Pero cuando empieza a planear su acción de sabotaje más importante, recibe una carta que lo cambiará todo: su solicitud para adoptar una niña fue finalmente aceptada, por lo que puede que su sueño de ser madre se ponga en peligro a consecuencia de su espíritu combativo extremista.

El film da su inicio con un plano detalle de un arco y flecha a ser lanzados. Se lanza, se abre plano y vemos a una mujer, de aproximadamente 40 años, saboteando las líneas de energía dispuestas en un descampado montañoso. Desde el inicio Benedikt Erlingsson añade un código actoral y musical al film rozando con el absurdo, como crítica de su propia mirada hacia el sistema estatal islandés, sus autoridades y el falso progresismo. Pues mientras Halla sabotea el cableado y deja sin electricidad a gran parte de la población en función de proteger a la madre tierra; las fuerzas de seguridad la buscan incansablemente con drones y helicópteros, pero ella logra escapar un poco “a pie” y luego con ayuda de un lugareño al que adopta como un “primo”.

Mientras que, en paralelo, las fuerzas policiales detienen como culpable a un inmigrante por portación de rostro y nacionalidad. Este personaje, durante todo el film, sufrirá las consecuencias de un sistema que ante “la duda” culparán al “extranjero” del momento. Lo que nos denota aún más que el lugar de relato elegido por su director es la sátira, la cual nos invita a reflexionar desde el humor ácidamente sobre la vida que vivimos, valga la redundancia, lo que creemos hacer bien y sus discrepancias.

El recurso sonoro y su decisión de uso es para mí el más acertado, pues Halla es directora de un coro como fachada social pero, secretamente, está muy comprometida con la causa ambiental. Entonces la música de este personaje jugará un rol fundamental en toda la película, convirtiéndose así en compañía, molestia y reflejo de acciones, estrategias, pensamientos y emociones propios del personaje. El director no sólo enuncia con ésta desde lo extradiegético sino que dispone en el plano, físicamente, a músicos y coristas mutando la música a la propia diégesis de Halla, evidenciando parte de su salud mental y la interacción de ella para con ella misma y para el mundo, o sea ¿qué tan perseguida se siente esta mujer que para hablar con un compañero pone en el freezer su celular y desenchufa la impresora? O ¿qué nivel de estrés maneja si mientras hace Tai Chi “zappinea” la televisión para informarse?

Es claro que Halla es una mujer multitarea y eso la conlleva a contradicciones en un mundo que nos exige constante productividad y es ahí donde el film empieza a mostrarnos que la ironía de nuestras vidas y propósitos chocan constantemente. Entonces ¿cuál es el mensaje detrás de ese absurdo? Soy antisistema pero vivo en mi casa toda equipada y eléctrica; una fuerte crítica al hueso de la humanidad y sus causas “nobles”.

Halla tiene una hermana gemela, Ása (interpretada por la misma actriz), profesora de yoga cargada de estereotipos budistas, la cual persigue la iluminación interna desde su lugar de persona snob de privilegio social y económico. Esta hermana será la pieza que ayude a Halla a sortear ciertos obstáculos con su meta de ser madre y, también, es un personaje dispuesto en la trama para evidenciar burdamente cómo el gobierno y sus autoridades, embanderándose detrás de conseguir la “seguridad” social, pondrán en peligro la pérdida de la individualidad y la privacidad de cada una de las personas haciéndonos reflexionar como espectadores sobre un absurdo no muy distante de nuestra propia realidad.

Puntuación: 3 de 5.

Mujer en guerra es un hermoso y delirante dramedy negro que pone en foco el debate sobre las responsabilidades propias y del Estado, en este caso islandés, ante la situación medioambiental y el extremismo de sus activistas, atravesado por una fuerte crítica demasiado humana y acompañado por un recurso musical disruptivo.