Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2020: Segunda Crónica

Día 2: domingo 22 de noviembre

Historia de lo oculto de Cristian Ponce es parte de la Competencia Argentina. Este thriller político en blanco y negro retrata un tiempo ucrónico donde un gobierno se ve envuelto en la impopularidad y los negociados de sus representantes. Políticos, empresarios, jueces y una secta donde la brujería parece ser la fuente de acceso al poder real, se conjugan en un relato de resistencia formado por unos productores y periodistas de un programa de televisión periodismo político que, a partir de una investigación, cree haber hallado la manera de exponer lo que sucede en su último programa al aire. Los 80 vuelven a la pantalla, a través de las formas cinematográficas y de la reconstrucción de época, con un trabajo de tensión dramática que no decae y que lamentablemente, y aún con los toques de magia negra, nos parece contar algo bastante posible y cercano.

Correspondencia de Carla Simón y Dominga Sotomayor es un corto (forma parte de la Competencia Latinoamericana de Cortos) en el que, a través de escritos y voces en off de las directoras, se enuncian sus pareceres sobre la familia, las generaciones, las maternidades, los que ya no están y su legado. Este intercambio audiovisual entre dos artistas jóvenes, una española y otra chilena, parte de lo familiar para implosionar en lo político y colectivo de las luchas recientes que llevaron a cabo en las calles los chilenos. 

Las credenciales de Manuel Ferrari habla de protagonistas en tránsito y que pueden ser intercambiables porque a la corta todos podemos ser otros. Un hombre viaja del delta argentino a Berlín mientras otro lo transporta en su llegada a la ciudad hasta el destino fijado. Prejuicios sociales, “portación de cara”, actuaciones mediante, se desandan en este trabajo que forma parte de la Competencia Argentina de Cortos. Así como también lo hace Los primos esperan de Marina Nerea Malchiodi, donde tres jóvenes se reencuentran para pasar el velorio de su abuela en la casa de ésta mientras el resto de la familia acompaña el cuerpo. Compañía, charlas, bailes, pequeñas peleas parecen ser los modos elegidos para atravesar el duelo. Siempre de forma indirecta, tangencialmente, sin animarse a expresar literalmente lo que sienten.

Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2020: Segunda Crónica

Día 2: domingo 22 de noviembre

Una de las películas que forma parte de la Competencia Latinoamericana es Selva trágica dirigida por Yulene Olaizola. El film nos introduce en el misterio de la selva a través de la leyenda del Xtabay, una mujer que seduce a los hombres y los lleva hacia la perdición. La historia comienza con Agnes, aunque su protagonismo, físico al menos, se va evaporando hacia la segunda mitad del relato. Ella escapa, junto a su hermana y su guía, de su pretendiente, un comerciante británico que encarna el mal. Pero en ese viaje con sangre y muerte se cruza a otro grupo de personas, también todos hombres, que transportan grandes cantidades de chicle. Allí ella se convierte en una especie de diosa, cautivándolos por su belleza. De a poco la mística va tomando protagonismo, las tensiones sexuales se intensifican y los hombres van siendo llevados hacia la locura. “Pobre de ti si no puedes entender los misterios de la selva”. Olaizola nos traslada al medio de la naturaleza con una película muy cuidada desde la fotografía y el sonido (viene de dirigir documentales y en la primera parte de la película es fácil apreciar esa experiencia). Y una vez inmersos en ella, en esa selva que infunde respeto, despliega esta historia de choques culturales que va transformando a su protagonista en una especie de ninfa. De cocción lenta, Selva trágica es una película cautivante como su mismo escenario.

Fuera de competencia nos encontramos con el documental Vicenta, dirigido por Darío Doria. Lo curioso de esta película es la manera en que está narrada. Como si fuese una historia de ficción, una voz en off sigue las peripecias de la mujer que da título al film pero las imágenes que recrean las escenas están hechas con muñecos de plastilina. No es una de animación, son imágenes fijas que cobran vida a través de la iluminación o de los sonidos y la narración. La historia pide ser escuchada: es la de una mujer analfabeta que vive de limpiar casas y cuida a su hija que, aunque tenga diecinueve años, tiene un retraso madurativo por lo que funciona como si tuviera no más de ocho años. Todo cambia cuando descubre que tiene poco más de tres meses de embarazo tras ser violada por su tío. Vicenta sigue los pasos que le indican para poder realizar el aborto de una manera legal, porque la ley indica que en casos de violación el aborto es permitido, pero se encuentra con un sendero de interminables vueltas y trabas mientras la panza de su hija sigue creciendo. La voz de Liliana Herrero narra ese ir y venir constante, las dificultades que se encuentra alguien que, por un lado, no sabe leer y necesita ampararse constantemente en otra persona para los trámites, y que además se encuentra en una condición económica precaria. Vicenta pone en foco entonces la ausencia del Estado, la burocracia judicial, la negativa de los médicos y la presión de la Iglesia. Esto sucede en el 2006 y sin embargo la historia resuena por lo actual. ¿Cuánto dura un abuso? El de un tío, el de las instituciones, se pregunta Vicenta en esta historia. Narrada con mucha sensibilidad, es la historia de una lucha que persiste.

Una de las sorpresas de la Competencia Argentina es Historia de lo oculto. La película que dirige y escribe Cristian Ponce es ante todo un thriller político en blanco y negro. Sin embargo se utiliza el fantástico, en este caso la brujería, para narrar una historia de conspiraciones. Historia de lo oculto se sucede en una noche y gira en torno a un programa de televisión de fuerte presencia en cuestiones políticas: hoy es el último programa y por lo tanto la última oportunidad para que su conductor y sus productores, que se encuentran en una locación oculta un poco observando lo que pasa y otro poco moviendo los hilos, puedan develar una verdad oculta. Ponce arroja muchas ideas y a veces la narración se torna algo confusa pero al final todo cobra sentido. La Buenos Aires de esta película es como una versión corrida de la real y, sin embargo, ahí están la corrupción y la libertad de prensa enfrentándose. Una película atrapante, entretenida, con sorpresas y de esas que se quedan dando vuelta en la cabeza. En un elenco que funciona muy bien, se destaca Germán Baudino como el misterioso Adrián Marcato. Y si hablamos de ocultismo, no puede faltar la cita a Mariana Enríquez. Recomendable.

Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2020: Primera Crónica

Día 1: sábado 21 de noviembre

Isabella de Matías Piñeiro (Hermia & Helena) es una de las 4 películas argentinas en la Competencia Internacional. Una nueva integrante de Las Shakesperiadas, estas miradas sobre las comedias del Bardo que el director crea para traerlo a nuestra actualidad y nos sirven, también, para ejemplificar qué significa ser un clásico: alguien que sigue interpelando con sus textos a cada época. Entre el actuar y el vivir, la duda y la acción se mueve Mariel (María Villar). La posibilidad de interpretar en una nueva puesta a Isabella, la protagonista de Medida por medida, la hace cuestionarse y replantearse qué quiere de su vida. El trabajo de Piñeiro con los tiempos que fluyen, mezclándose y saltando con total naturalidad, rompiendo el nexo causal directo, sin que generen confusión es para destacar. Así como el trabajo de todo el elenco y la puesta en escena que, en este caso, adiciona el uso de los colores, o más específicamente del púrpura, para sumar ambigüedades y tonalidades frías y cálidas para acompañar a las escenas, como un plus narrativo y expresivo. Escenas que además se duplican, se replican, se espejan y cuentan con ligereza, mas no liviandad, las profundidades del ser humano.

La Competencia Argentina comenzó con Un cuerpo estalló en mil pedazos. El documental de Matías Sappia recupera la figura de Jorge Bonino y reconstruye una vida ligada al arte en su práctica más lúdica. Arquitecto y actor cordobés que pasó por el Di Tella y huyó del éxito viajando a Estados Unidos y luego a París donde lo volvió a encontrar hasta perder la razón, es una sensible mirada, en blanco y negro, que una voz en off narradora siempre con el “dicen” como inicio de cada frase, en una versión que podemos considerar bien intencionada del chisme, y la sumatoria de los testimonios de quienes lo conocieron también en off rearman el relato de una vida, evitando todo lo posible las imágenes de su protagonista.

Al morir la matinée de Maxi Contenti es una coproducción uruguayo-argentina que forma parte de la Competencia Latinoamericana. Un claro homenaje al giallo y al slasher de los 70, y con múltiples referencias cinéfilas, la trama es sencilla: en una sala de cine, de esas inmensas como ya casi no hay, se proyecta una de terror en un día de lluvia copiosa en un Montevideo de los 90. Poco público, y bastante especial, será espectador de la proyección nocturna que realizará una joven, la hija del proyectorista a quien reemplaza por primera vez. Lo que nadie imagina es que más que público serán actores de la cacería que un asesino llevará adelante en la oscuridad del cine buscando comerse sus ojos. Fácilmente podemos advertir que la visión y la mirada son algo más que simple hilo narrativo. Con la tensión necesaria y sin explicaciones psicologistas, se desarrolla este filme que, sin ser original ni buscarlo, derrocha sangre (con buen uso de los efectos) y entretiene.

Vitória es parte de la Competencia Latinoamericana de Cortos. Ricardo Alves Jr. cuenta de modo parco, casi ascético, la urgencia de la coyuntura en su país donde los derechos se ven cuestionados y en retroceso. La protagonista, empleada de una fábrica textil, ejerce en escenas precisas y sin emotividades la práctica de sus derechos menos como miltancia, aunque también, que como modo de afrontar la vida con dignidad.

Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2020: Primera Crónica

Día 1: sábado 21 de noviembre

Una de las películas argentinas que forman parte de la Competencia Internacional es lo nuevo de Matías Piñeiro. En Isabella, como en su película anterior, Hermia & Helena, el director vuelve a interpretar y reinterpretar a Shakespeare, esta vez con una protagonista que quiere ser Isabella en una nueva puesta en escena de Medida por medida. Mariel está embarazada y después de sentir que nada le sale bien deposita esperanzas en conseguir ese papel que, además, la ayudaría económicamente. Pero si bien ella recibe un poco de ayuda de parte de su hermano que le adelanta cómo va a ser el casting para que pueda estar un poco más preparada, se encuentra con que Lucrecia, una joven mucho  más segura de sí misma y que consiguió el papel un año antes pero no pudo hacer la obra por un viaje a Portugal, también audiciona. “La gente que actúa no duda”, pero Mariel está llena de piedras como dudas y aunque intente despojarse de ellas, de lanzar esas piedras al agua, siempre hay más. Con una narración no lineal, contada de manera fragmentada, como bloques, Piñeiro va y viene entre escenas con algunas repeticiones, encuentros y la imagen del mar que se tiñe de púrpura; un juego de espejos cuyas tonalidades van cambiando pero todo empieza y termina ahí.

También en la Competencia Internacional se puede ver Sophie Jones, en este caso una ópera prima. Jessie Barr dirige y coescribe junto a su prima, Jessica Barr, además protagonista absoluta, un coming of age que atraviesa un duelo. Como si la adolescencia por sí sola no fuese uno de los momentos más traumáticos de la vida, donde todas las emociones estallan a flor de piel, a Sophie Jones se le acaba de morir la madre y así como hay  muchas cosas que no sabe, tampoco cómo lidiar con esa pérdida. Entonces improvisa y le pone el cuerpo, desde lamer las cenizas de su madre al sexo sin experiencia. “Al menos no me estoy cortando”, y entonces parece que la vida sigue para ella, su hermana, y el padre que se queda a cargo. Hay escenas que Barr capta con mucha sensibilidad: como la conversación entre amigas, la escena en que con su hermana aprovechan las flores del funeral para hacer una sesión fotográfica a lo Ofelia, o el momento en que en voz alta y a solas le habla a su madre. También los momentos de escape, ya sea en auriculares, en el sexo sin compromiso o manejando para alejarse. La música es un  lindo complemento pero a veces las letras subrayan demasiado las escenas. Con Nicole Holofcener como productora ejecutiva, Sophie Jones es una modesta ópera prima sobre el paso a la adultez que acá se marca a través de la necesidad del dejar ir, arrojar las cenizas, seguir adelante.

Dentro de la Competencia Latinoamericana se encuentra una llamativa película uruguaya. Al morir la matinée está dirigida por Maximiliano Contenti y escrita por Manuel Facal y funciona, antes que nada, como un homenaje y una carta de amor al clásico y estilizado slasher de antaño. Cada detalle de la dirección de arte está puesto a favor de crear una estética de otra época (la película está situada en la década de 1990) y las muertes, algunas más llamativas que otras, rememoran a los clásicos giallos, incluso en el modo artesanal en que son creadas. La trama es muy simple: durante la última función de un antiguo cine de barrio se proyecta una película de terror, Frankenstein: Day of the beast (película del 2011 dirigida por Ricardo Islas, quien además acá interpreta al asesino). Es tarde, llueve de manera torrencial y pocas personas entran a la sala a verla sin saber que pronto quedarán encerrados y serán víctimas de un asesino que quiere sus ojos. Aunque hay una idea clara de mostrar desprecio hacia la clase de gente que va al cine pero no para ver la película, la construcción del villano resulta atractiva desde lo superficial y carece de un mayor desarrollo. Para los personajes da casi igual tanto descubrir su rostro así como para nosotros la razón por la cual ataca: los ojos; es algo simbólico a lo que le falta fuerza narrativa. En cuanto a los protagonistas, las actuaciones son bastante desparejas y con los personajes pasa un poco lo mismo: por suerte la protagonista principal, Luciana Grasso y su Ana, la hija del proyectorista que se queda a cargo y se convertirá en la final girl, está entre los aspectos positivos del casting. A la larga, Al morir la matinée emula fórmulas casi en desuso y, aunque no consiga aportar algo novedoso, resulta entretenida y agradable, especialmente teniendo en cuenta que se sucede en una sola locación y que se toma su tiempo. Tiene una estética muy cuidada y aparecen unas cuantas citas cinéfilas. Y es que sobre todo se aprecia el amor por el ritual de ir al cine, aquel que este año más que nunca apreciamos tanto.

Y para cerrar la jornada, la primera de las tres películas que conforman la sección de este año de Hora Cero: Teddy, dirigida y escrita a cuatro manos por Ludovic Boukherma y Zoran Boukherma. La película comienza con una impactante escena que termina con una ventana tiñéndose de sangre. Pero pronto conocemos al protagonista, el del título, un adolescente que no termina de encajar: no va a la escuela, trabaja en una casa de masajes que odia, vive con su tío desequilibrado y una tía anciana dependiente hasta para alimentarse, pero al menos tiene una novia divertida con la cual se encierra en su cuarto a drogarse y tener sexo. Un día, una criatura que no llega a identificar lo ataca y a partir de ese momento todo comienza a enrarecerse: le crecen pelos en lugares demasiado extraños, como la lengua, o tiene sueños raros como aquel en el que se come el pie de su tía. Sin embargo, Teddy no es la típica película de hombre lobo: por un lado tiene un tono de comedia negra pero ligera, que a veces resulta demasiado peculiar como para causar alguna risa, por el otro la transformación de Teddy no hace más que incrementar algo que ya se percibía en su personaje, que es un marginado. Claro que ahora el modo de reaccionar ante un ambiente que percibe hostil no será de una manera tranquila. No obstante, esa escena en la que Teddy explota, en que por primera vez lo podemos ver como el monstruo en el que se convirtió, deja flotando ideas que no terminan de ser aprovechadas y podrían haber hecho del film algo más sustancioso y que la separara de la mayoría de estas películas sobre licántropos.

Fernando Juan Lima es el nuevo presidente del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata

“Fernando E. Juan Lima, quien oportunamente se desempeñó como Vicepresidente del INCAA, posee la idoneidad y experiencia requerida para dicho puesto”, dice el Boletín Oficial.

Cecilia Barrionuevo seguirá a cargo de la dirección artística del evento; como a su vez el equipo programadores.

Cuarta crónica 34 MDQ por Javier Luzi

Comentarios en las filas de acceso a las proyecciones, broncas por quedarse sin entradas para esa “imperdible”, trucos varios para intentar acceder, corridas de una sala a otra atravesando la ciudad, preguntas en cada Q&A, aplausos ante la imagen de José, son algunas de las situaciones cotidianas durante el Festival de Cine de Mar del Plata. Películas vivas.

Jonas Trueba (La reconquista) regresa a la Competencia Internacional con La virgen de agosto, una ligera y fresca travesía romehriana durante el verano madrileño, lleno de verbenas y turistas escapando del calor, siguiendo durante 15 días a Eva (Itsaso Arana) que se quedó en su ciudad dispuesta a vivir la sorpresa. Cruces con antiguos conocidos, con amores que aún duelen, con extranjeros interesantes, le permiten a nuestra protagonista pensar y pensarse, tratar de encontrarse consigo misma, sinceramente, más allá de la superficie y la comodidad de la vida que se transita.

Sin solemnidad, con humor e inteligencia, la película acerca temas universales y con los que todos podemos empatizar, entre caminatas por una Madrid lejos de la postal turística, cines, tertulias nocturnas, bares y discos, los personajes se revelan, felizmente, humanos, demasiado humanos.    

Segunda película argentina en Competencia Internacional, Planta Permanente, de Ezequiel Raduzky, nos trae un retrato de estos últimos tiempos políticos y sociales a través de una empleada de limpieza en una dependencia estatal. Lila (Liliana Juárez), junto con Marcela (Rosario Bléfari), una amiga y compañera de trabajo, gestiona un comedor en el edificio. Con la llegada de una nueva directora, poseedora de discursos marketineros de solidaridad y comunión conjunta, la protagonista, con una inocencia y candidez, quizá algo excesiva para la construcción planteada (una laburante de más de 30 años en el Estado), verá cómo todo comienza a complicarse y no sólo con los de arriba sino con sus propios pares.

Con un guion que dice los vínculos antes que mostrarlos y ciertas resoluciones poco verosímiles, con una corrección política que busca empatizar, ciertos apuntes interesantes sobre la actualidad y una cercanía con la coyuntura que permite la risa cómplice pero no promueve una distancia crítica (sino apenas un esbozo de ello) sobre lo que vemos, la película navega entre las aguas de cierto costumbrismo algo transitado en sus momentos menos logrados y una mirada autoral en los mejores. Algo así como la Buena vida delivery de unos cuantos años atrás en este mismo Festival.  

El sábado se proyectó la tercera y última película argentina en Competencia Internacional, Los sonámbulos de Paula Hernández. Una familia (la abuela matriarca, tres hijos -uno con su esposa- y con sus respectivos descendientes), compuesta por varias generaciones, se reúne en la casa de verano (que está a punto de venderse) para compartir las fiestas. Rencillas, secretos, tensiones sexuales, subestimación a causa del género, violencia psicológica y física, se irán desatando, de menor a mayor, provocando un clímax final agobiante y propio de estos tiempos.

A partir de una puesta en escena muy pensada, la directora entrega una película que va sumando capas en un in crescendo que gana apoyado en un gran elenco (Rivas, Marini, Ziembrowski, Hendler, Lois, Federman y Ornella D’Elia). Quizá en ese final algo desbocado, más allá de exponer con fuerza el necesario temario a debatir, el cual casi exige ese registro, se extraña el tono general al que nos había acostumbrado el resto del film.

El cierre de la fiesta volvió a quedar por segundo año consecutivo en manos de Netflix, quien aportó El irlandés de Martin Scorsese (Taxi Driver, Toro salvaje). La esperada película del director de Buenos muchachos y Casino es un compendio épico de toda su obra y nos acerca la vida de Frank Sheeran (un gran Robert De Niro), un veterano de la Segunda Guerra, devenido asesino y reclutado por un clan mafioso liderado por Russell Buffalino (un descomunal Joe Pesci), que se convierte en mano derecha, asistente y amigo del sindicalista Jimmy Hoffa (un destacado Al Pacino).

Las habituales temáticas scorsesianas de la mafia y la lealtad o la traición entre sus miembros, la redención, la violencia y la soledad, la misma masculinidad, contadas con el estilo audiovisual ya marca registrada del director (exquisita banda sonora, saltos temporales, apabullante puesta en escena y un montaje preciso), confluyen para un film con destino de clásico.

El irlandés es tres horas y media de una lección cinematográfica a puro placer. El mejor Scorsese.

Cuarta crónica 34 MDQ por Luciano Mezher

Se podría decir que las películas son las estrellas como decía José Martinez Suarez, pero en un festival la verdadera experiencia está en el aire que se respira. Esas emblemáticas salas como el Ambassador y el Auditorium que ya no existen después de que las grandes cadenas transformaran todo. También el público que aplaude por cualquier cosa entre las risas y la vergüenza. La calidez de comentar una película con otra persona y no tener tiempo ya que hay que ver otra para continuar el debate. Las estrellas son las películas claro, pero la magia no está sólo en el celuloide.

Doletime de Rudy Ray Moore, un clásico del blaxploitation que mezcla humor, acción y romance. El film es parte del emblema que llevó a las minorías de color a ser los protagonistas de sus propias películas.

No hay forma de explicar el argumento, sólo disfrutarlo en pantalla grande y en el ámbito de un festival de cine como el de Mar del Plata. Gran complemento al film es ver Dolemite Is My Name con Eddie Murphy como Rudy Ray Moore, revelando todo lo que se necesitó para hacer esta peculiar pero única producción.

La virgen de Agosto de Jonas Trueba

Parte de la Competencia Internacional, Jonas Trueba (La reconquista) presenta un relato acotado en 15 días en un mes donde el calor es un mal que aqueja al resto de los personajes pero no a la protagonista.

Eva (Itsaso Arana) se replantea varias cosas en su vida: sus relaciones, sus amistades, su familia, el hecho de quedarse y no viajar como hacen otros. Estas inquietudes en vez de encerrarla en un departamento prestado, la vuelcan a las calles donde ira conociendo gente y armando nuevas experiencias. Un poco de El rayo verde de Éric Rohmer y otro de la saga de Antes del Amanecer de Richard Linklater.

Sin lugar a dudas, Trueba tiene una sensibilidad para explorar personajes. Utiliza bastante la magia del cine como eje de esta fantasía que puede pasarnos a cualquiera.

El irlandés de Martin Scorsese

Netflix vuelve a ser parte del cierre del Festival de Cine de Mar del Plata, el año pasado fue con Roma de Alfonso Cuarón y esta vez trae El irlandés de Martin Scorsese.

El director de Buenos muchachos y Casino, vuelve a reunirse con Robert De Niro, Joe Pesci y Harvey Keitel. Se suma Al Pacino y hacen un grupo explosivo. ¿Qué quieren contar? La relación de la mafia con el jefe sindical Jimmy Hoffa. Se basa en datos históricos, pero también busca los espacios íntimos entre la relación de un asesino llamado Frank Sheeran (De Niro) y Hoffa (Pacino).

Aparte de narrar dando una clase de guion y puesta en escena, Scorsese vuelve a sus bases para contar la desaparición de la mafia. Aquellos que en algún momento eran importantes hoy no son nadie. Dura tres horas y media pero bien podría ser eterna.

Tercera crónica 34 MDQ por Luciano Mezher

Con salas llenas y funciones agotadas, continúa el 34 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Incluso la Competencia Internacional con horarios muy tempranos y una sala como la del Auditorium que es inmensa es conquistada por el público.

Una película más se suma a la Competencia Argentina: Angélica de Delfina Castagnino. La directora de Lo que más quiero (2010) vuelve a explorar en las capacidades del ser humano de afrontar el dolor de la muerte de un familiar. Angélica está cerca de cumplir 40 años y entre la crisis su madre fallece. Para refugiarse de su pérdida se queda en la casa de su infancia, mientras su hermana intenta venderla. Las paredes comienzan a derrumbarse pero Angélica no quiere irse.

Un drama con algunas sonrisas por situaciones ridículas se mezclan con el suspenso de una retorcida versión femenina de Psicosis. Por momentos exagerada tanto en las actuaciones como en su puesta en escena, pero tiene un mensaje claro y certero que acopla al espectador con la protagonista.

Dos nuevos títulos se agregan a la Competencia Internacional. El primero, Black magic for white boys de Onur Tukel

En un género claramente de comedia negra, Onur Tukel (director de Summer of Blood, película que fue programada en el 2014 en Mar del Plata) vuelve a utilizar algunos elementos de fantasía con la construcción de personajes totalmente despreciables.

La película es una obra coral con varios relatos. Todos giran alrededor de un mago que puede desaparecer a la gente sin explicación, pero también está la historia de un hombre de mediana edad que ve como su vida se complica cuando deja a una joven embarazada.

Reírse de varios temas tabúes en el cine, como el aborto o las minorías, es algo que por momentos funciona (dentro de la narrativa de la película) pero por otros cansa y parece ser un chiste tras otro sin remate. Aunque sin dudas Onur Tukel intenta construir la comedia desde el seno del cine independiente norteamericano.

La segunda es South Mountain de Hilary Brougher

Filmada prácticamente en una sola locación, Hilary Brougher se apoya en los personajes y los actores que se ponen el guion al hombro.

La historia sigue a Lila que vive en una zona rural alejada, cerca de las montañas en Nueva York. Su marido acaba de revelarle que tuvo un hijo con otra mujer. Lila también se entera de que su mejor amiga tiene cáncer. A partir de estas noticias intenta encontrar la respuesta para no caer en la depresión, de afrontar la realidad con sus hijas pero también experimentar una nueva relación poco convencional con otro joven.

En South Mountain pasan muchas cosas pero se dice muy poco. No hay confianza en esta familia disfuncional del siglo XXI. Talia Balsam construye un excelente personaje que intenta encontrar el rol de su vida, ya sea de amante, de madre o simplemente de mujer.

Sonic Youth – NYC and Beyond de Aaron Mullan

Con la presencia del guitarrista y uno de los fundadores de la banda, Lee Ranaldo, se proyectó en pantalla grande Sonic Youth – NYC and Beyond: un recopilado de videos caseros y filmaciones de recitales en lugares cerrados y al aire libre de la emblemática banda de rock contemporáneo que revolucionó el esquema en la década del 80 y ya entrando en el nuevo siglo.

Ideal para los fanáticos de la banda. Como dijo Lee, el trabajo también demuestra cómo fue cambiando la manera de registrar el material desde las viejas cintas de la década de los 80, hasta la revolución de las viseocaseteras en los 90 y los formatos digitales del 2000 en adelante.

Tercera crónica 34 MDQ por Javier Luzi

Como parte de la Competencia Latinoamericana, se proyectó Por el dinero de Alejo Moguillansky, después de su estreno en Cannes. Siguiendo su estilo juguetón y de aventura, visto en sus anteriores filmes (El escarabajo de oro, La vendedora de fósforos), esta película cuenta el trajinar de una pareja en su intento de participar con una obra en un festival de teatro colombiano. Trasladarse y tener comida y alojamiento durante esos días será una locura que hace que el ingenio haga de tripas corazón para conseguir subsidios, premios, préstamos y todo aquello que les garantice obtener un pago y vivir.

El arte y su subvención. Lo privado y lo público como mecenas. Ser un artista creador cultural y necesitar vivir y pagar las cuentas como si estuvieran en entredicho aún o hubiera que explicar que son dos cosas que van por carriles paralelos y ninguno está por encima del otro o lo reemplaza.

Con humor y referencias reales a casos conocidos o que son más que rumores en el mundo de la cultura argentina, o mejor dicho porteña, se teje la trama que consigue buenos momentos, lo que no implica que, a veces, la constante apelación a la risa se devele una búsqueda menos inteligente que ingeniosa. Hay algo en la puntuación rítmica de las escenas y el montaje que es más que destacable, aun por encima de ciertos desniveles actorales que se intentan superar jugando a hacer aquello que son.

Ya no estoy aquí de Fernando Frías de la Parra forma parte de la sección Nuevos autores. Y es un claro exponente de ello. Un joven que debe huir de México a Estados Unidos nos muestra lo que significa ser un extranjero allí. Contada en flashbacks (el montaje no siempre logra hacer fluida la historia), la película desarma de un modo nada dramático y solemne esa extranjería. Los cruces con personajes extraños, la apelación al humor absurdo y el uso de la música le dan un vuelo propio al film. Además de revisitar un tema ya transitado de una manera novedosa y original.

El jueves la única película de la Competencia Internacional que se presentó fue Vitalina Varela de Pedro Costa. Ganadora en Locarno como film y actriz, la nueva obra del director portugués sigue mostrando el trabajo minucioso que lleva adelante con la forma. Maestro de los espacios y de la iluminación, Costa nos ofrece algunos personajes ya presentados en su anterior Cavalo Dinheiro (también vista en este Festival).

La protagonista regresa a donde fuera su hogar a partir de la muerte de su marido. Ese duelo a atravesar se cuenta fragmentariamente y con frases poéticas y de cuerpos plantados en una puesta exquisita y completamente pensada. Un mundo de recuerdos, casi fantasmático, como si todos emularan sin saberlo a los habitantes de Comala en Pedro Páramo. Grandes preguntas existenciales vestidas con una forma artística insoslayable y depurada.  

Todos los ganadores del 34 Festival de Cine de Mar del Plata

Después de 10 días de actividades, charlas y proyecciones se entregaron los premios oficiales en la sala del Auditorium. La catalana O que arde de Oliver Laxe ganó el premio de la competencia internacional como mejor película y Angélica de Delfina Castagnino como mejor película Argentina.

Competencia Internacional
ASTOR de Oro al mejor largometraje: O que arde, Oliver Laxe
ASTOR de Plata al mejor Director (ex aequo): Pedro Posta, por Vitalina Varela | Angela Schanelec, por I Was at Home, But
ASTOR de Plata a la Mejor Actriz: Liliana Juárez, por Planta Permanente
ASTOR de Plata al Mejor Actor: Ventura, por Vitalina Varela
ASTOR de Plata al Mejor Guion: Oliver Laxe y Santiago Fillol por O que arde

Premio a la Trayectoria: Luciano Monteagudo
Premio del Público al Mejor Largometraje de la Competencia Internacional: A vida invisível, Karim Aïnouz

Competencia Latinoamericana
Mejor largometraje (ex aequo): A febre, Maya Da-Rin | Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, José Luis Torres Leiva
Mejor cortometraje: Plano controle, de Juliana Antunes

Competencia Argentina
Mejor largometraje: Angélica, de Delfina Castagnino
Mención Especial del Jurado: Hogar, de Maura Delpero
Mejor cortometraje: Playback. Ensayo de una despedida, de Agustina Comedi
Premio Martínez Suárez al Mejor Director Argentino: Las poetas visitan a Juana Bignozzi, Laura Citarella, Mercedes Halfon

Competencia Work in Progress
Premio INCAA Mejor Proyecto WIP: Mato seco em chamas, de Joana Pimenta y Adirley Queirós
Premio de Cinecolor, Cono del Silencio y RECAM Una película elegante, de Lorena Best

Competencia Estados Alterados
Mejor Película de la Competencia Estados Alterados: L’île aux Oiseaux, de Maya Kosa y Sergio Da Costa
Mención Especial del Jurado de la competencia Estados Alterados; Longa noite, de Eloy Enciso

Competencia BSO
Mejor Película sección Banda de Sonido Original: Satori Sur, de Federico Rotstein
Mención de Honor del jurado sección Banda de Sonido Original: Radio Olmos, de Gustavo Mosquera

OTROS PREMIOS

Premio Jurado de Crítica Joven (junto a la Carrera de Crítica de la Universidad del Cine – FUC)
Mejor Ópera Prima Internacional: A febre, de Maya Da-Rin
Mención Especial del jurado de Crítica Joven: Um filme de verão, Jo Serfaty

Premios CINE.AR
Premio CINE.AR al Mejor Cortometraje Argentino: Playback. Ensayo de una despedida, de Agustina Comedi
Premio CINE.AR al Mejor Cortometraje Latinoamericano: La última marcha, de Ivo Aichenbaum y Jhon Martínez

Segunda crónica 34 MDQ por Javier Luzi

El lunes fue, para mí, día de Competencia Internacional. Recién a la noche sumé un título más de la Competencia Argentina.

El director brasilero Karim Ainouz volvió al Festival con un melodrama maravillosamente desarrollado. Dos hermanas siempre unidas, se ven separadas por el mandato paterno y los secretos que se prefieren sostener. Guida huye con un marinero, queda embarazada y abandonada regresa al hogar pero se ve rechazada y comienza un derrotero que no le impide escribir interminables cartas que pide les sean entregadas a su hermana, algo que nunca ocurre. Mientras tanto Euridice, forma su propia familia, cumpliendo más los deseos familiares y sociales y teniendo que dejar de lado su proyecto de ser pianista y estudiar en Viena.

Con mano firme y un trabajo con las elipsis temporales (va desde los 50 hasta la actualidad) que hace que la narración fluya y, a la vez, todo sea contado, el director va hilvanando a puro sentimiento una historia de mujeres sometidas a lo que se espera de ellas, aún cuando amen eso que hacen y esos hijos que tuvieron. Poética, reflexiva, sin temor a expresar los sentimientos, A vida invisível emociona con las mejores armas.

Si la película brasilera se vuelca al sentir, Les enfant’s de Isadore lo intenta pero a través de una búsqueda demasiado pensada. A partir de la historia trágica de Isadora Duncan que perdió a sus hijos en un accidente automovilístico, el director Damien Manivel desarrolla consecutivamente tres relatos que tienen que ver con la obra que la bailarina creó en recuerdo a sus hijos, Mother. Primero una joven monta la misma y la vemos en esa prueba, investigando en libros y experimentando en el cuerpo, luego una maestra y su discípula, una chica con síndrome de down, y finalmente una mujer grande que pasa de público a espejar la obra con su vida. Artificial, demasiado evidente en sus “ejemplos”, el film no logra que empaticemos con las protagonistas elegidas, como si la cabeza se impusiera desde la misma puesta por encima del corazón.

La muerte no existe y el amor tampoco de Fernando Salem lleva a la pantalla la novela Agosto de Romina Paula, tomando riesgos más que bienvenidos. Una joven vuelve al sur del país convocada por los padres de una amiga fallecida que deben desenterrarla y cremarla para arrojar sus cenizas en un monte. El film busca un tono alejado de cierto realismo naturalista, tanto en el modo de contar como en el registro actoral. Prefiere ir desarmando esa vuelta y reencontrar a la protagonista con algunas personas de su pasado para permitirle “resolver” situaciones que no eran acuciantes ni traumáticas a primera vista, pero que lentamente van tomando su vida actual. Un viaje en el espacio y en el tiempo. Una película que se anima, en sordina y sin remarcar, a surcar los mares del sentimiento, aunque contenidos. Susana Pampín y Osmar Nuñez dan cátedra.  

El martes dos películas argentinas podían ser vistas en espejo o complementariamente. Las buenas intenciones es un film de esos que son un placer. Todo está en su lugar. La ficcionalizaciòn de una historia real y propia tamizada por el humor y el amor sincero por los personajes, mezclada con imágenes reales y familiares que se unen sin que se vea ninguna costura.

Una pareja separada y compuesta por un padre siempre en plan independiente, despreocupado de su responsabilidad como tal, criando hijos que se cuidan solos y lo “cuidan” a él. Y una madre que lo intentó pero no pudo conseguir algún cambio que fuera beneficioso para todos en la familia. Y tres chicos que viven una vida que siempre parece una aventura. Los 90 en Buenos Aires, recreando la época pero con un sentido que no es sólo estético y decorativo. La música es parte más que importante en la narración. Y entre la risa aflora, en el momento preciso, una emoción sincera que aparece para demostrarnos cómo ese cuento se nos adentró en el corazón. Gran trabajo de Drolas, Stuart y Arzeno y la revelación de Amanda Minujín. Una gran y sentida ópera prima logradísima.

Si cierta desidia por parte del padre que recrea Drolas en Las buenas intenciones nunca termina acarreando problemas graves, cierto descuido por parte de los adultos en El cuidado de los otros es lo que provoca el desarrollo de la trama y hace que todo se complique. Luisa trabaja en el taller de Miguel, su novio, y también cuida chicos. Un día cuidando a Felipe se queda fuera del departamento con el niño dormido dentro. Cuando Miguel le alcance las llaves, pierde su billetera en el sofá y algo que había en ella desencadena una situación que requiere de una urgente asistencia médica.

A partir de allí todo se desarma y salen a la luz conflictos y formas de pensar que detrás del progresismo bienpensante ocultan malos modos y prejuicios enquistados. Con una puesta en escena sobria y que siempre coloca al trabajo manual, de operario en primer plano (podría afirmarse que es una idea de cine la que contiene ese mirar), Mariano González (director, guionista y actor), en su segunda película, vuelve a acertar al describir un mundo desde las dudas y los silencios, sin grandes frases certeras. Brillante Sofía Gala Castiglione y el elenco que la acompaña y apuntala.

Segunda crónica 34 MDQ por Lucho Mezher

De las mañanas del Auditorium a las tardes del shopping Los Gallegos y las noches del Ambassador, mi paso por el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata continúa con películas tan dispares como atractivas.

Desde el cine argentino que está por venir con La fiesta silenciosa con Jazmín Stuart, pasando por la nueva película de Rían Johnson, Entre navajas y secretos. Y terminamos con dos grandes maestros del cine con una extensa trayectoria Marco Bellocchio con El traidor y Takashi Miike con First Love.

En La fiesta silenciosa, de Diego Fried, Jazmín Stuart es Laura, una mujer que se va a casar y planea hacer la fiesta con su novio en una casa apartada en el campo de su papá.

La noche anterior, cansada y por los nervios de la relación con su familia, decide alejarse en el bosque y llega hasta una fiesta con jóvenes que tienen auriculares y escuchan música abstraídos del resto del mundo. Algo sucede con Laura y la historia se transforma en un deseo de venganza y violencia.

La fiesta silenciosa se balancea entre el drama que toca temas reales y conflictos que vivimos en la sociedad hoy en día, con un thriller de suspenso. Un poco predecible y con personajes bastante estereotipados, la película cumple sin regodearse en la violencia. 

En Il Traditore, de Marco Bellocchio, el director italiano, que hace unos días cumplió 80 años, sigue con el mismo espíritu de recrear personajes y acontecimientos reales con detalle y mucho trabajo de investigación.

Pierfranceso Favino es Tommaso Buscetta, uno de los principales informantes de la justicia que fue pilar para los juicios que pusieron en jaque a la mafia de La Cosa Nostra.

Por momentos de tinte político, en otros un policial, un drama y el humor de situaciones que parecen sacadas de la ficción y no de la realidad, Il Traditore es una historia épica, de dos horas y media, que cuenta varios años de reconstrucción que van desde los inverosímiles juicios hasta las situaciones más mundanas de la familia, eje principal de la historia y parte fundamental de la mafia italiana.

Llega un punto en que varios directores del cine independiente de Estados Unidos pasan de historias íntimas y de jugar con los géneros a grandes producciones mainstream. Rian Johnson pasó de un film noir juvenil como Brick en el 2005, a la monstruosa producción de Star Wars: los últimos jedis en el 2017. Ahora se queda en el medio con Entre navajas y secretos, una película de enigma: quién es el culpable de un asesinato.

El elenco es enorme, desde Chris Evans, Daniel Craig, Toni Collete, Christopher Plummer entre muchos otros. Demasiados y poco aprovechados. No se podría decir que cae en lugares comunes, porque el tema no está tan explotado en el cine actual y se basa más en las novelas clásicas de Agatha Christie, pero fuerza el humor y los diálogos para marear al espectador y no funciona. Tampoco hay un trabajo en la dirección y su mano pasa desapercibida.

Takashi Miike, el director de Audition, 13 Asesinos e Ichi the killer presenta First Love. Con más de 100 películas en su filmografía, el realizador japonés es habitué a las historias de yakuzas y cabezas volando por los aires.

En First Love cuenta un relato romántico en el medio de drogas, alucinaciones y peleas. Un boxeador se entera de que tiene un tumor en la cabeza. De manera azarosa, se encuentra con una chica que fue vendida como esclava sexual y está escapando de la mafia por el supuesto robo de unas drogas. La relación se afianza sólo por su por interés, ya que trata de pelear por algo antes de morir.

Miike despliega el humor que lo caracteriza, exagerando las muertes y los personajes que parecen salidos de un manga (un terreno que también adapta mucho). No tiñe la pantalla del gore con el que tiene acostumbrado a su público, es una mirada más occidental del director. No nos olvidemos de que algunas de sus películas están distribuidas para el mercado internacional y eso seguramente acota su estilo o mirada. Los últimos 30 minutos tienen un duelo imparable y se convierte en el punto fuerte del film.