Lejos de casa de María Laura Dariomerlo

En los primeros minutos de Lejos de casa, Flor (Cumelén Sanz) se besa con una chica, toma cerveza y vino (directamente de la botella), se droga y no le importa deberle dinero a su dealer ni intercambiar con él besos o golpes. Al espectador no le quedan dudas, dadas las “claves” referidas, de que algo le pasa. Algo profundo que trata de tapar con lo que tiene a mano.

Su padre (Daniel Kuzniecka), harto de sus posturas irresponsables y sus enojos constantes, la envía a la costa con su madre para tratar de encauzarla. Así andará por la vida ahora trasladada a una ciudad ajena, con una progenitora (Ana Celentano), profesional, con la que no parece tener un vínculo, y con la relación que entabla con un joven kiosquero (Gabriel Gallicchio) que alquila una habitación en la casa materna.

Quizá en la manera de trabajar el film hay algunos lugares comunes o clises que se entienden y aceptan como “verosímiles ficcionales”: si alguien lleva una cámara colgada del cuello todo el tiempo es fotógrafo (en este caso fotógrafa), pareciera que no se necesita nada más que algún momento en donde el personaje hace que saca fotos y está construida la profesión o rol vocacional.

En esos usos, la cuestión es la mayor o menor capacidad de guionistas y directores para la construcción, pero hay otras decisiones que son más cuestionables: dar a entender que los problemas de adicción o en los vínculos humanos (la madre aunque la ama la tuvo como “regalo” a su esposo que le posibilitó hacer su carrera de médica) son fáciles de resolver y en lo que lleva la duración de una película. Desarrollar ciertos temas como si fueran menos complejos de lo que son es algo a revisar. Y no me refiero a lo que espeja como reflejo de una verdad/realidad sino por el mismo verosímil que requiere una ficción.

Más allá de eso, Dariomerlo realiza una película correcta en todos sus rubros, que se apoya en las buenas actuaciones de su elenco y que avanza en algunas cuestiones interesantes como lo es el tratar el instinto maternal como un constructo cultural (en una de las mejores escenas del film).

Puntuación: 3 de 5.

Lejos de casa es un drama que no derrocha originalidad pero cumple con su cometido, aunque ostenta cierta mirada demasiado positiva o naif frente a los problemas que toca.

Puntuación: 3/5

Competencia Argentina BAFICI: Penélope de Agustín Adba

Una chica hace de su vida, especialmente de su deseo sexual y su cuerpo, lo que quiere, de una manera tan libre como lo es la forma en que Agustín Abda elige para narrar Penélope.

Penélope va a buscar a un amigo al teatro donde está realizando un casting. Un joven desconocido la aborda y conversan. Luego la vemos con su novio. Y después cursando una materia de la carrera de arquitectura donde se besa con un compañero. Y así en fiestas, reuniones o salida nocturna no pierde oportunidad de pasarla bien con chicos y chicas, libre de prejuicios en un mundo de lujos, pura vanidad y apariencia.

Los diálogos no abundan. Tampoco las explicaciones. El montaje es por lo menos extraño. Y ayuda a dar idea de un tiempo que se va sucediendo sin que sepamos bien cuánto pasa.

El derrotero del placer de la protagonista (quizá llamarlo femenino sea demasiado. No me animo a plantear generalizaciones sino a hablar de una mujer) no tiene fronteras ni límites y eso lo vamos deduciendo de su accionar, hasta que el guion cree necesario ponerlo en palabras y genera una situación conflictiva que explicita algo de todo esto por si no se estaba entendiendo.

Deshilachada, por momentos confusa en su edición y montaje, con un protagónico de Cumelén Sanz para destacar, Penélope parece más un planteo, un ensayo de cine moderno que sabe de qué habla pero no ha logrado aún encarnarlo y apropiárselo.