Hotel Mumbai de Anthony Maras

El plano de inicio del film connota, visual y sonoramente, la frase “la calma que antecede al huracán”. Ese bote sobre las aguas serenas, con esos adolescentes que viajan inmutables, todos con auriculares, escuchando atentamente una única voz que los guía y dirige a cometer atropellos en nombre de Alá, ya nos pone en situación de comprender de qué va la historia.

En principio, nos introduce al relato con este grupo de extremistas religiosos musulmanes, ocupando el rol de antagonistas, quienes irán atacando indiscriminadamente la ciudad, mientras nos vincula con otros escenarios donde habitan y transitan los protagonistas de esta historia, quienes no se conocen entre sí pero terminarán de coincidir en el prestigioso Hotel Taj, sin saber que dicho lugar es el objetivo principal de los terroristas.

De esta manera la película protagonizada por Dev Patel (Un camino a casa, Slumdog Millionaire) encarnando a Arjun, un empleado del hotel, Armie Hammer (Llámame por tu nombre) como David, un arquitecto estadounidense casado con Zahra, una mujer india interpretada por Nazanin Boniadi; Jason Isaacs (Lucius Malfoy en Harry Potter) representando a un empresario ruso perteneciente a las fuerzas especiales y Anupam Kher, tomando el papel de Chef del hotel, quien en la historia real fue parte fundamental en el resguardo y protección de sus huéspedes y empleados; nos invita a seguir en paralelo a dos fuerzas bien contrastadas.

Desde lo formal puede distinguirse la tensión. Esta se sostiene y va creciendo a lo largo del film como resultado de un montaje exacto en cuanto a cantidad y durabilidad de cortes. Dicha adrenalina se mantiene también por la decisión en las puestas de cámara y su planteamiento en base al espacio, generando puntos de vista con angulaciones que incomodan lo suficiente al espectador, haciéndole sentir el terror y la incertidumbre de no saber qué será de todo esto.

Si bien es un drama dominado por el suspenso, por momentos rozará lo gore. Igualmente la realización no escapa a la producción hollywoodense a la que estamos acostumbrados. Es decir, es efectista y nos deja al filo del asiento estresados, tensos y atentos ante tanta violencia. Esto se genera porque el director sabe cómo manipularnos y utiliza las herramientas cinematográficas para llevarnos donde quiere que estemos, lo que no quiere decir que esté mal ejecutado. Pero este montaje de atracciones comienza a tornarse superfluo cuando tratan de forzarnos a congeniar con los personajes llegando al final de la historia. Ahí es donde la tensión baja, las luces se apagan y nos sentimos lejos de la emoción que intentan evocarnos, pues eso sucede cuando el truco de magia es descubierto. En base ello, la decisión de introducir material de archivo real del atentado mezclado con las escenas de ficción, durante todo el film e incluso en el desenlace, es lo que ha ayudado a que une sienta empatía y se acongoje.

La pata torcida de Hotel Mumbai proviene quizás del guion. No hay una profunda exploración de por qué suceden los acontecimientos, ni en qué contexto, no indaga ni da posibilidad de redención a los antagonistas quienes salen a matar sin distinción, siendo sólo señalados como “niños a los que les lavaron el cerebro”, sumado a que, si bien no eligieron a un superhombre que salve a todes (porque claramente se alejaría de los hechos), algunes de los protagonistas sí toman acciones heroicas restándole cierto realismo a la historia.

Puntuación: 3.5 de 5.

Hotel Mumbai está basada en hechos reales, te mantiene en vilo aunque dura más de lo que debería y es violenta al extremo pero no profundiza sobre los ataques.

La voz de la igualdad de Mimi Leder

Es un mundo de hombres. En la entrada a Harvard en la década de los ’50 sólo se ven trajes y cabelleras cortas. Pura testosterona. Y allí, en el medio de esa multitud, unos zapatitos y un traje con pollera de un color que no es negro. Ruth Bader Ginsburg comienza de manera entusiasta las clases de abogacía, carrera en la que su marido está un poco más adelantado. Aunque desde el primer momento no hace más que encontrar dificultades (como que la ignoran cuando levanta la mano para dar una respuesta a lo que pregunta el profesor, por ejemplo), persevera y sigue estudiando, aun con una niña pequeña en su casa, aun cuando a su marido le diagnostican cáncer y, para que él tampoco pierda clases, asiste a ambas.

Finalmente termina la carrera en otra universidad, la de Columbia, en Nueva York, siguiendo a su marido, y la salida al mundo exterior laboral no le será más fácil. Nadie quiere contratarla y termina, resignada, siendo profesora de un grupo de alumnos con la cabeza más acorde a los tiempos que empiezan a cambiar. Ruth siempre es consciente de los machismos que la rodean, pero cuando aparece un caso que pone los estereotipos machistas del otro lado, se da cuenta de que es una oportunidad única para cambiar un poco las cosas. Y junto a su marido y a algunos contactos se prepara para ir a juicio por primera vez, con el caso de este hombre soltero que de ser mujer estaría exento de pagar impuestos al quedarse en casa cuidando a su madre enferma.

La voz de la igualdad va retratando así la vida del personaje interpretado por Felicity Jones a través de todo el proceso que la lleva hasta convertirse en la persona que cambiaría la historia -como bien nos adelanta el tagline de la película-, pero se queda principalmente en eso, en ese proceso. Así, el final se siente abrupto y dan ganas de saber un poco más. Como toda película de este tipo, la información la terminan de complementar unas placas con texto.

Al menos la película no apunta a los golpes bajos como otras anteriores de su directora (especialmente Cadena de favores). Pero termina siendo una clase bastante básica de feminismo. Es cierto que, como un manual, apunta diferentes tipos de machismos, muchos de ellos aún vigentes (podemos estudiar lo mismo que los hombres pero todavía es probable que nos paguen menos que a ellos), sin embargo lo hace de una manera didáctica y sin profundidad.

Puntuación: 3 de 5.

La voz de la igualdad resulta amable y correcta pero no logra retratar más que un feminismo de manual. Tampoco logra ahondar demasiado en sus personajes, sólo en aquello que resulta funcional para la línea principal del relato. Al mismo tiempo sólo retrata los inicios de Ruth, antes de llegar al cargo de jueza, y eso deja con ganas. Por lo que si se quiere conocer mejor a este personaje, lo recomendable sería ver el documental RBG, nominado a los recientes Oscar, que la sigue hasta la actualidad.

Llámame por tu nombre de Luca Guadagnino

Luca Guadagnino ofrece en Llámame por tu nombre una delicada y sensible historia de amor que no hace bandería sobre el género de sus partícipes (dos hombres) sino que apuesta por los sentimientos aunque duelan.

Basado en la novela homónima de André Aciman y con un guion del “especialista” James Ivory (Maurice, Un amor en Florencia, Lo que queda del día), el director italiano fusiona el clasicismo con la modernidad en Llámame por tu nombre (título que no deja de resonarnos a “el amor que no osa decir su nombre”, aquella frase de Oscar Wilde, para, de alguna forma, subvertirla).

Elio (un increíble Timothée Chalamet. Toda una revelación. Si no se es capaz de relevar los matices de su actuación, ahí está el plano final para demostrarlo), tiene 17 años y una familia liberal, judía y apasionada por la cultura que ha sabido inculcarle ese amor. Sabe de todo, salvo “lo más importante”, según sus propias palabras, cuando puede “hablar”, por primera vez, sobre lo que siente -monumento histórico central de la plaza pueblerina mediante-, con Oliver (un inspirado Armie Hammer). El joven estadounidense es un invitado de su padre quien oficia de supervisor de su tesis de doctorado y, en ese verano de 1983, su presencia acelera el despertar sexual de Elio. Pero también la confianza en sí mismo y sus capacidades.

Con semejante familia, difícil no sentirse empujado siempre a más, aunque jamás lo fuercen a ello, la exigencia es personal y se siente ese peso en el protagonista, pero sin cargar las tintas. Porque esos progenitores (Amira Casar y, especialmente un maravilloso, Michael Stuhlbarg) lo animan y lo acompañan (la nada casual lectura materna de un relato francés) y hasta son capaces de admitir, con una grandeza encomiable, (en un monólogo estremecedor) su vida simple y común para que el adolescente dimensione y ponga en perspectiva lo grandioso y excepcional de lo vivido, pase lo que pase.

Lentamente vamos descubriendo con el protagonista (el film sigue su punto de vista) su deseo. La sorpresa y el miedo ante lo nuevo (aquí aumentado por lo diferente), la angustia, el riesgo de hablar, la concreción amatoria, el placer, el amor y los celos se vuelven un remolino de sensaciones que Elio vivirá ante nuestros ojos captados por una cámara sutil y amable que no se regodea en dramas, que apela al humor y no busca apetecer el morbo pero tampoco se cuida de mostrar escenas sexuales y cuerpos desnudos.

El desarrollo de la narración fluye, con un tiempo preciso y precioso, entre paseos en bicicleta, libros, charlas, roces, enojos, conciertos privados, estanques secretos y el recostarse en la hierba de cara al sol, pasando del desconcierto, al histeriqueo para llegar al clímax amoroso. Las cosas se dan orgánicamente en esa casa de la campiña en el norte italiano -y hasta se permiten los apuntes políticos sobre la democracia, Benito Craxi y el mísmisimo Duce- a partir de escenas y planos que se cortan cuando aún no han terminado y que el montaje evidencia. Y donde la música y las canciones construyen una época sin que suene a venta de banda de sonido.

Las estatuas recuperadas del fondo del mar con su erotismo latente aceleran las pasiones tanto como el baile de Oliver en la discoteca del pueblo que empuja a Elio a soltarse también. Es un “encuentro” el que vemos aflorar ante nuestros ojos de espectadores. Un encuentro especial que se da en contadas oportunidades.

Los vínculos, las relaciones, los cruces con otros, hasta el intercambio sexual es moneda corriente en la vida de todos los seres humanos. Lo diferencial es el amor. Podemos pasar por la vida sin haberlo experimentado. Eso es lo que atrapa en Llámame por tu nombre. Que se haya podido mostrar un amor que se siente real (esos abrazos primeros, esa desesperación por ser del Otro y que el Otro sea de uno que, tan bien, actúan los protagonistas) y que nos compromete. Aunque más no sea en la envidia de ver que es posible.

Estreno El Agente de C.I.P.O.L. de Guy Ritchie

Este jueves llega la adaptación de la serie de tv, El Agente de C.I.P.O.L. al cine, de la mano de Guy Ritchie (Snatch, Sherlock Holmes).

En los primeros sesentas, época de la guerra fría, Napoleón Solo, un ex ladrón de obras de arte que trabaja para la CIA, debe extraer de un lado del Muro de Berlín a una joven mecánica de autos, hija de un científico que trabajaba para los nazis, quien se encuentra desaparecido. Ella será el anzuelo para que reaparezca su progenitor. La misma misión le encargan a Illya Kuryakin, un agente de la KGB. Lo que ellos no saben es que deberán unir sus antagonismos para formar parte de C.I.P.O.L. (U.N.C.L.E. en el nombre original de la serie) una organización formada por rusos y estadounidenses para luchar contra todos aquellos que conspiren contra la paz mundial. El trío se traslada a Roma donde unos villanos planean hacerse con armas nucleares.

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Basada en una serie que se emitió desde el 1964 hasta 1968, que se transformó en objeto de culto, esta vez la batuta recae en Guy Ritchie, quien deja de lado parte de su estilo frenético para encargarse no solo de la dirección, sino también del guión que escribió junto con Lionel Wigram. El realizador de Snatch, cerdos y diamantes aparta su componente arrogante, que le proporcionó tanto detractores como fanáticos, para brindar escenas de persecuciones de autos coreografiadas como una danza, estilización de escenarios, diálogos de humor irónico y una musicalización con una banda sonora sin fisuras. En ese sentido, la escena de la habitación del hotel, jugada entre Illya y Gaby es uno de los puntos altos de la película, así como también la de Napoleón Solo dentro del camión mientras come un sándwich. Hay aquí un uso de la música que no es meramente accesoria, sino que forma parte de la acción.

Subida a la glorificación del estilismo de los años 60, gracias al éxito de Mad men, El agente de C.I.P.O.L. se encarga, no sólo de mostrar el glamour de esa época, sino también de mencionarlo en una divertida escena de impensada mariconería entre dos machos alfa que debaten si un cinturón de Paco Rabanne combina con un vestido de Patou, mientras que la dama que los viste no pronuncia palabra.

En el trío protagónico encontramos a Henry Cavill, como Napoleón Solo, un inglés haciendo de estadounidense. Armie Hammer como Illya Kuryakin, un estadounidense actuando de ruso y una sueca, Alicia Vikander, jugándola de alemana. A ellos se suma Elizabeth Debicki, una australiana que hace de villana italiana. En este cocktail de nacionalidades la balanza se inclina a favor de Cavill, el personaje mas descontracturado, aún cuando conserva el aplomo que en la serie tenía el actor Robert Vaughn, ambos poseen un mentón de publicidad de afeitadoras que debe haber sido clave en la elección del nuevo Napoleón Solo. Lo de Alicia Vikander es una brillante revelacón, su Gaby es deliciosa.

De lo que se trata es de disfrutar, por que esta es una mirada parodica a la guerra fría, cuando la guerra fría ha concluido, cuando el muro de Berlín ya no existe. No es revisionismo a la manera de El topo (2011) o Another country de Marek Kanievska (1981), por citar ejemplos. Se acerca más al divertimento de un Bond de los ’60 que a Jason Bourne, si hablamos de agentes. Y lejos está de la actualización en el tiempo a la manera de Misión Imposible, que se basa en otra serie de los ’60.

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El llanero solitario

Uno de los estrenos mas esperados de este semana es El llanero solitario protagonizada por Johnny Depp y Armie Hammer, de la mano de los mismos creadores de la saga de Piratas del Caribe.

Esta versión cinematográfica del clásico de la televisión, tiene un agregado que la hace diferente. El personaje de “Tonto” es interpretado por Johnny Depp, uno de los actores mas convocantes de la ultima década.

En el Día de la Independencia de los E.E.U.U, llega un film como El llanero solitario, un tanque inmenso que desde el western y la aventura viene a señalar con acierto los puntos oscuros de su construcción como Nación.

No es que El llanero solitario ofrece ideas nuevas, pero su originalidad radica en el lugar desde el que lo hace: presupuesto de mas de 200 millones de dolares y un público amplio al que llegar. El filme, desde la mirada de Jerry Bruckheimer y Gore Verbinski, nos ofrece una mirada histórica y reflexiva de como se construyo, a base de matanzas, la sociedad Norteamericana.

Pero la realidad de la película nos muestra que solo lo dicho es digno de elogio en esta mega producción. Posee grandes secuencias de acción, una enorme belleza en los paisajes y una gran calidad técnica. Pero todo esto, en el año 2013, no son logros, Es lo mínimo que se le reclama a estas producciones y de no tenerlo no seria digno de llevar el sello de Disney.

Armie Hammer ofrece una aceptable interpretación como John Reid (y más tarde El llanero solitario), pero como suele suceder, queda opacado por la actuación de Johnny Depp, “toro”.

No es sabido que uno de los fuertes de Depp,  es la interpretación de los personajes que encarna. Pero en los últimos años, tengo que reconocer, que cada vez veo mas una mezcla de sus personajes que una nueva caracterización. Sin ir mas lejos, en esta película por momentos tenia gestos del Sombrerero de Alicia en el país de las maravillas, con pronunciación y chistes propios de Jack Sparrow.

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Sin dudas esta bien el papel que interpreta, pero la realidad es que es necesario que nos ofrezca un nuevo personaje y no un refrito de si mismo.

Helena Bonham Carter también es de la partida, para poder formar esa gran dupla que mas de una vez cautivo a los espectadores. Pero su participación es escasa, con un personaje que podría ser de ella o de cualquier otra actriz, sin que por esto se vea afectada la historia.

La banda sonora del filme si es un punto para marcar como positivo. A cargo de Hans Zimmer, quien saca el mayor provecho de la tan conocida canción de la historia.

La historia en si es la del famoso héroe enmascarado. En el film, el nativo americano y guerrero espiritual Toro narra las historias que transformaron a John Reid, un hombre de ley, en toda una leyenda de la justicia.

La duración no ayuda, con mas de dos horas de película. Y ademas de la historia principal, con la transformación interna ( y externa) de John Reid hacia El llanero solitario, existen otras subtramas que nunca termina de cerrar bien y a las que no se les ofrece un desarrollo apropiado.

En resumidas cuentas, la película entretiene y logra transmitir su mensaje socio.cultural, pero nada mas que eso.

Si bien los estudios planearon este equipo de trabajo para que consiga lo mismo que Piratas del caribe, con toda la saga, no creo que El llanero solitario vaya a correr con la misma suerte. Habrá que esperar y ver que respuesta se puede sacar luego de las dos primeras semanas de estreno. Una opción para ver en el cine, pero con mucha competencia mejor calificada.