La muerte de un perro de Matías Ganz

La muerte de un perro nos presenta a Mario (Guillermo Arengo) y Silvia (Pelusa Vidal). Él, un médico veterinario. Ella, recientemente jubilada. La trágica muerte de un perro lleva a que Mario se vea envuelto en un linchamiento público a través de redes sociales. Como si esto fuese poco, la pareja es víctima de un robo. Como consecuencia de estos hechos, deciden mudarse temporalmente a la casa de su hija. Allí, la radical paranoia que atraviesa Silvia (quien acusa a su empleada doméstica por supuestos robos) se traslada a Mario. De esta manera, la pareja pasa a estar constantemente en un estado de alerta máximo.

La ópera prima de Matías Ganz nos lleva y trae entre distintos géneros. Es un drama enfocado en lo social. Pero es innegable el tono de comedia negra que maneja en (casi) todo momento. Tampoco se pueden obviar los elementos de thriller psicológico. De esta manera, La muerte de un perro logra hacernos pasar, como espectadores, por distintos tipos de emociones y sentimientos. La mayor parte del tiempo nos deja con un sentimiento agridulce, que nos hace repensar sobre el accionar de los distintos personajes.

La película abre diversas aristas que, en un comienzo (y bastante avanzada la trama), parecen no conectar entre sí. Las subtramas surgen como más libradas al azar, e incluso improvisadas. El accionar de los personajes ante las diversas situaciones que se les presentan también parece, por momentos, no tener sentido. Finalmente, cuando se llega al clímax, todo logra unirse, dándole un sentido a cada uno de los puntos que se nos fueron mostrando durante toda la trama.

Ganz analiza la condición humana en general, con personajes que actúan, por momentos, sin razonamiento alguno. También deja ver la impunidad con la que logran manejarse las personas pertenecientes a cierta clase social (alta), quienes parecen tener la libertad de actuar tal y como se les dé la gana, sin sufrir consecuencia alguna por sus actos.

Puntuación: 3.5 de 5.

La muerte de un perro es un drama social conciso, que combina de manera eficaz elementos de la comedia negra y del thriller psicológico. En su ópera prima, Matías Ganz deja en evidencia cómo cierta clase social puede manejarse a su antojo sin, prácticamente, sufrir consecuencias por sus actos.

La dosis de Martín Kraut

Marcos (Carlos Portaluppi) es un enfermero cincuentón que trabaja desde hace años en el turno noche de una clínica. Su vida monótona y solitaria sufre un sobresalto con la llegada de un nuevo enfermero: Gabriel (Ignacio Rogers), un joven que, al igual que el protagonista, esconde perversos secretos. Es así como estos colegas comenzarán una suerte de relación enfermiza, tóxica, donde constantemente sus secretos amenazan con salir, de una vez por todas, a la luz. La tensión entre ellos se incrementa cuando en el hospital realizan una auditoría y dan con una alarmante cifra que muestra un aumento en la tasa de mortalidad del sector.

El debate por la eutanasia, la muerte digna, es algo que fue in crescendo en el último tiempo. Es una cuestión que tiene tantos adeptos como detractores. Martín Kraut pone esta discusión sobre la mesa. Si bien hay una mirada crítica sobre enfermeros que “juegan a ser Dios” (se juzga su accionar y las decisiones que toman), existe un planteo respecto a qué tan malos o equivocados realmente están, cuando, en algunas ocasiones, son los mismos pacientes quienes les piden que acaben con su sufrimiento.

Como thriller psicológico, La dosis nos mantiene, como espectadores, siempre atentos y alertas a todo lo que ocurre. La tirantez entre sus protagonistas es tan fuerte que es difícil despegar los ojos de la pantalla. Constantemente nos hace preguntarnos qué va a pasar a continuación. Se consigue crear un clima tan tenso que, por momentos, el debate principal (la eutanasia) queda en un plano completamente secundario.

Las actuaciones también son un punto para destacar. Tanto Carlos Portaluppi como Ignacio Rogers logran traspasar la pantalla. La evolución que tienen sus respectivos personajes a lo largo de la trama se ve reflejada en el trabajo actoral de cada uno de ellos. Basta con observarlos unos pocos segundos para comprender qué pasa por la cabeza de sus personajes.

Puntuación: 3.5 de 5.

La dosis logra mantenernos atrapados como espectadores. El drama y la tensión constante hacen que sea difícil despegar los ojos de la pantalla. Además, plantea un debate interesante y muchas veces ignorado: la eutanasia.

Román de Majo Staffolani

Román (Carlo Argento), un agente inmobiliario, descubre, casi como por arte de magia, que se siente atraído por los hombres. Es así que comienza una suerte de relación paralela con Lucas (Gastón Cocchiarale), un amigo de su hija. Esto le genera sentimientos de culpa ya que se encuentra casado. La película nos sumergirá en el camino del autodescubrimiento sexual del protagonista.

Es claro hacia dónde quiere apuntar la trama, el problema es que, dejando de lado la relación entre Román y Lucas, todas las demás cuestiones que son alguna vez mencionadas quedan en un plano completamente secundario. De esta manera, muchas cosas son dejadas a merced del espectador. Hay otras situaciones que además resultan poco verosímiles por ser demasiado exageradas.

Los diálogos entre sus personajes, además, suenan demasiado forzados. La mayor parte del tiempo las conversaciones son pocos creíbles. Por momentos, se cae en sobreexplicar cada una de las cosas que le ocurre o que siente el protagonista. Como si las actuaciones de cada uno de ellos no fuese suficiente. La música elegida para acompañar a las escenas también se siente redundante. 

Las actuaciones, por su parte, son lo que más ayuda a empatizar con el relato, sobre todo la de Carlo Argento, quien demuestra que, más allá de los diálogos (extremadamente) artificiales y sobreexplicativos, puede transmitir lo que siente/piensa su personaje con tan solo unas miradas.

Puntuación: 2.5 de 5.

Román cuenta con una historia sencilla e interesante, pero que se pierde al caer en diálogos demasiados forzados y sobreexplicados. La relación entre sus personajes principales termina dejando al azar muchas otras cuestiones. Pese a todo esto, es interesante ver el recorrido del protagonista tras su “autodescubrimiento y despertar sexual”.

El premio de Paula Markovitch

La película nos ubica en 1977, en plena dictadura militar. Se centra en la historia de Cecilia, una niña de tan sólo 7 años que viaja junto a su madre a San Clemente del Tuyú para refugiarse. Son víctimas de la persecución política de aquella época y deben ocultar cualquier indicio de su identidad para resguardar su vida. En medio de este conflicto, la niña comienza la escuela. Un lugar que, por momentos, se tornará hostil, sobre todo cuando la pequeña debe mentir constantemente, hasta a sus más allegados, sobre su verdadero ser.

Como si todo lo anterior fuese poco, un día el colegio ingresa en un concurso del Ejército Argentino. Los alumnos deberán escribir un texto sobre las Fuerzas Armadas. Claro que dicho escrito no tiene que contener cosas en contra de los uniformados, sino que, por el contrario, deben ser “palabras lindas”. Es así que, a su corta edad, Cecilia entra en un dilema ético sobre qué es lo correcto a hacer en esta complicada situación.

La película está narrada desde el punto de vista de la pequeña. No sólo la vemos luchar por entender quién es, qué está pasando y qué peligros enfrenta, sino que también vemos la niñez en su máximo esplendor: los primeros días de clase, los nuevos amigos, las incógnitas sobre la vida en general. La ópera prima de Paula Markovitch nos lleva y trae entre la inocencia de la niñez y la hostil situación que deben afrontar ambas mujeres.

El premio cuenta con un guion sólido, preciso. En ningún momento cae en sobreexplicar qué es lo que está pasando. Con tan sólo unos diálogos se entiende hacia adonde apunta. El miedo y la paranoia de las protagonistas están siempre presentes y generan inquietud en el espectador. La trama en ningún momento cae en lugares comunes o golpes bajos. Es una película concisa, atrapante, intrigante.

Puntuación: 4 de 5.

Paula Markovitch nos lleva y trae entre la inocencia de la niñez y el drama por la identidad, en el contexto de la dictadura militar. El premio es una película concisa, atrapante que, pese al tema que aborda, logra no caer en lugares comunes ni en golpes bajos.

Karakol de Saula Benavente

La historia se centra en Clara, una joven que acaba de perder a su padre. Un día, revisando las cosas de su progenitor, se encuentra con algo que no puede pasar por alto: un pasaporte, billetes extranjeros y cartas. Es así que, ante las sospechas de una vida paralela por parte de su padre, decide emprender un viaje hacia Karakol, un lago ubicado en la república de Tajikistán.

Karakol tiene el clásico esquema de una road movie: protagonista que inicia un largo viaje para poder encontrarse a sí misma. Con la muerte del padre y la posibilidad de que éste tenga una mujer e hijo en la otra parte del mundo, Clara se sumerge en un viaje no sólo externo, sino que, principalmente, interno, donde busca construir su (nueva) identidad y, también, reconstruir la identidad de aquel a quien tanto creía conocer.

De esta manera, la nueva película de Saula Benavente nos invita a nosotros, los espectadores, a plantearnos ciertas preguntas en torno a la muerte (en general), a la pérdida de un ser querido (en particular), al proceso de duelo y, sobre todo, al quiebre del yo y la búsqueda de la verdadera identidad cuando se pierde el rumbo y se desconoce hasta lo conocido.

Pese a que la trama es concreta con respecto a dónde quiere llevarnos (de hecho, lo hace sin muchas vueltas), la aparición y salida de ciertos personajes secundarios hace que aquello que ocurre en pantalla comience a sentirse un poco ajeno. Esta lejanía, que se produce entre lo que se nos muestra y lo que nos llega, produce además un quiebre en relación con la protagonista y la posibilidad de empatizar con ella.

Puntuación: 2.5 de 5.

Karakol es una película correcta, pero no ofrece mucho más de lo que se nos muestra en pantalla. La trama nos invita a reflexionar sobre las cuestiones ya mencionadas, pero nada más. La propuesta de Benavente no toma riesgos, se queda siempre girando en el mismo eje.

Con nombre de flor de Carina Sama

La edad promedio de una persona trans es de 35 años. Malva logró ser una de las excepciones a ello y vivió hasta los 95 años. Es así que Carina Sama nos sumerge en la historia de la transexual más longeva del país. Para ello pone a Malva a relatar toda su historia en primera persona. Con nombre de flor nos traslada a los años 40, donde Malva comenzó con su militancia, y también da un repaso por sus últimos años de vida.

Con nombre de flor consigue el testimonio en primera persona de lo que era (y es) ser trans en una sociedad aún machista, homofóbica y, claramente, transfóbica. Sin caer en el sensacionalismo (ni tampoco en lugares comunes), Carina Sama consigue darnos un relato crudo, que, sin quererlo, duele. Que no deja a nadie indiferente.

El documental, además, está construido con diverso material de archivo. Las imágenes, vídeos y audios del pasado no sólo acompañan el relato de Malva, sino que les dan mayor peso a sus palabras. Los recortes de diarios (los dichos de la prensa en general) dejan en evidencia algo que muchos se niegan a reconocer: la transfobia dentro de la sociedad. Problemática que, pese a la conquista de diversos derechos, aún sigue presente.

Puntuación: 3.5 de 5.

Con nombre de flor es un documental crudo, pero necesario. Sin caer en golpes bajos, evitando cualquier tipo de sensacionalismo, pone la piel de gallina. Carina Sama, a través del relato de Malva, deja en evidencia la transfobia (aún) latente en la sociedad argentina.

Una chica invisible de Francisco Bendomir

La película narra la historia de Andrea, una actriz que busca en internet un tutorial sobre cómo suicidarse luego de que se viralizara en Youtube un video en el que vomita en el medio de un casting. Mientras, su ex novio, obsesionado con ella, contrata a un hacker para poder espiarla. Por otro lado, está Daniel, el hacker en cuestión, quien no puede dejar de observar cada paso que la joven da.

La trama, además, pondrá foco en la hija del hacker (Lola Ahumada, una gran revelación), quien, como buena centennial, entiende más que nadie cómo funciona internet hoy en día y qué clases de vídeos son los que alcanzan el éxito.

El guion se toma el tiempo necesario para introducirnos a cada uno de los personajes y desplegar sus respectivas historias. Como la película se desarrolla, principalmente, en espacios cerrados (cada personaje cuenta con su lugar personal, propio), la dirección de arte cumple un rol fundamental para remarcarnos no sólo la personalidad de cada uno de ellos, sino también la soledad en la que, a su manera, están sumergidos.

Con un humor ácido predominante, Una chica invisible logra abordar temas complejos de una manera inteligente. La trama fluye de una manera natural. Incluso aquellas situaciones descabelladas y/o la presencia de personajes bizarros logran sentirse verosímiles dentro del relato.

La forma en la que está narrada la historia consigue, constantemente, mantenernos en vilo sobre qué pasará, no sólo con la joven actriz que busca cómo suicidarse, sino con todos los demás personajes.

Puntuación: 3.5 de 5.

Con un sentido del humor ácido, Una chica invisible logra abordar temas complejos de una manera inteligente. La película de Francisco Bendomir nos invita a reflexionar sobre el uso de internet, sus beneficios y sus contras.

Los caminos de Cuba de Luciano Nacci

Cuba es un país respecto al que rara vez hay medias tintas. Algunos lo aman. Otros, en cambio, lo aborrecen. Siempre va a depender de con qué ojos políticos se lo mire. Luciano Nacci inició un recorrido por este país. Allí decidió entrevistar a sus residentes, quienes cuentan cómo es el día a día en este lugar caribeño y cómo se llegó a la actualidad. Los personajes, además de darnos sus puntos de vista respecto a la situación de Cuba (y el pasado de la isla), también se abren ante las cámaras para contarnos sus propias vidas.

El director, a través de las voces de los distintos entrevistados, busca responder ¿qué es Cuba? Para ello se apoya, principalmente, en la gran revolución cubana y la transición hacia el hoy, con las famosas políticas de apertura. Si bien es una pregunta que obtendría diversos tipos de respuesta, no es lo que finalmente ocurre en este documental. Los caminos de Cuba apunta básicamente hacia una única dirección y las elecciones que se toman lo dejan en claro.

Siendo un documental que busca enseñarnos la historia de Cuba y su transición hacia el hoy, se apoya muy poco en documentos, testimonios oficiales y otros tipos de materiales que nos aporten esta información. Si bien hay alguna que otra imagen de archivo, realmente no aporta mucho a la cuestión, mas allá de algo meramente estético.

El hecho de que tampoco se haga hincapié en tomas generales, que nos dejen ver realmente la isla, tampoco ayuda. Los planos generales, básicamente, brillan por su ausencia (los presentes realmente no muestran más allá de una toma prolija, centrada). Este tipo de imágenes no sólo aportarían algo desde lo estético, sino que también nos llevarían como espectadores a recorrer, junto al cineasta y sus entrevistados, “los caminos de Cuba”.

Puntuación: 2 de 5.

Los caminos de Cuba es un documental que, irónicamente, se queda a medio camino a la hora de explicar qué es Cuba, qué fue su famosa revolución y en qué punto se encuentra en la actualidad.  

Silvia de María Silvia Esteve

Mediante la recopilación de VHS caseros, María Silvia Esteve busca reconstruir, junto a sus dos hermanas, la vida de su madre, Silvia. Lo que en un comienzo parece ser una historia de amor y felicidad, termina convirtiéndose en un trágico relato sobre la violencia, el abandono y los demonios internos. A través de la voz en off, las hermanas no sólo nos abren las puertas a su familia sino que, también, a las de sus propios fantasmas.

El documental no es sólo la historia de Silvia en sí, sino también la relación que la directora tenía con su madre. María Silvia Esteve hace un viaje introspectivo, donde se anima a atravesar todo tipo de emociones con el fin de comprender a su madre y las elecciones que ésta tomó. Es un relato íntimo, en donde la realizadora hace catarsis y dice todo aquello que no le pudo decir en vida a su progenitora.

También es un documental que refleja la violencia machista al que eran (son) sometidas las mujeres. Evidencia además cómo las denuncias ante esto eran invisibilizadas e invalidadas. No importa qué tanto haya pedido ayuda Silvia, qué tanto haya contado a viva voz los maltratos constantes a los que era sometida por parte de Carlos, ella era la loca para los ojos de todos los demás, incluso para los de su propia familia.

Si bien Silvia es un trabajo completamente introspectivo por parte de la realizadora, el documental nos invita a hacer una reflexión interna sobre la relación con nuestra madre y nos hace cuestionarnos: ¿qué cosas encontraríamos en VHS caseros de nuestras familias?, ¿cómo se vería reflejada nuestra madre en ellos?, ¿qué tan real sería lo que muestran esas cintas? Es así que, si bien este documental es un trabajo meramente personal y ajeno al espectador, es (casi) imposible no sentir empatía por los sentimientos por los que atraviesa la directora.

Puntuación: 4 de 5.

Silvia es un retrato completamente personal, por lo cual, por momentos, se siente demasiado ajeno para el espectador. Sin embargo, los enojos, miedos y lamentos de María Silvia Esteve impactan de tal manera que es difícil no sentir empatía por ella (y por ende sentirnos más cercanos a su historia).

Nuestro Mundo – Anuhu Yrmo de Darío Arcella

Nuestro mundo – Anuhu Yrmo nos sumerge de lleno en el mundo Yshir, un pueblo indígena ubicado en el Chaco Boreal, en el departamento de Alto Paraguay. La comunidad lucha por mantener con vida la cultura y el idioma de sus ancestros. Su rutina diaria, lejos de todo a lo que estamos acostumbrados como sociedad, consiste, en parte, en la pesca y caza de animales para subsistir. Esto genera no sólo malestar dentro de Paraguay, sino también en el país vecino: Brasil.

Es así como Darío Arcella no sólo nos muestra el día a día de este pueblo originario, sino también hace hincapié sobre cómo deben luchar por su existencia cuando parecen tener todas en su contra. Principalmente, deben hacerle frente a la destrucción general del ecosistema, punto ocasionado ante todo por la agroindustria. Pero también hay otra cuestión: las dificultades que les representan las nuevas leyes de conservación del medioambiente promovidas por las grandes agencias internacionales.

Las imágenes de Nuestro Mundo – Anuhu Yrmo son crudas pero necesarias para entender la vida de esta comunidad indígena. Darío Arcella documenta cada paso que ellos dan. Las declaraciones de quienes pertenecen a esta comunidad aportan un material más que necesario para comprender su estilo de vida y por qué se ven afectados por las medidas ambientales que socialmente suenan más que atractivas.

El documental cuenta además con declaraciones de representantes de agencias tales como la ONU, que van aportando datos más bien informativos respecto a los ecosistemas y la biodiversidad. De esta manera, el director nos brinda también un punto de vista más técnico.

Puntuación: 3 de 5.

Darío Arcella logra sumergirnos de lleno en el día a día del pueblo Yshir. Las imágenes que se muestran son crudas pero necesarias para entender sus costumbres y cómo se ven afectados no sólo por la agroindustria, sino también por las grandes compañías que levantan la bandera en favor del medioambiente.

Bajo mi piel morena de José Celestino Campusano

Bajo mi piel morena retrata la vida de tres mujeres trans: Morena, quien trabaja en un taller textil; Claudia, quien inicia su primera suplencia como docente; y Myriam, quien ejerce la prostitución como salida laboral. No importa cuánto creamos haber avanzado como sociedad conquistando ciertos derechos básicos, un número importante de personas continúa juzgando (discriminando) a personas sólo por sus gustos y/o elecciones personales. Es así que José Celestino Campusano nos muestra el mundo hostil al que deben hacer frente, en su día a día, este grupo de mujeres.

Sin caer en golpes bajos ni lugares comunes, el director le da voz, a través de la ficción, a este grupo de personas que, muchas veces (casi siempre, en realidad), son invisibilizadas por la sociedad. Es así que nos muestra a estas tres mujeres con realidades socioeconómicas distintas, pero con múltiples factores en común. Ellas son víctimas de discriminación, rechazo, agresiones sistemáticas. Sin embargo, cada una de ellas, a su manera, afronta estas adversidades y busca vivir libremente su identidad.

Bajo mi piel morena es una película sencilla, sin grandes sobresaltos. Campusano se dedica a contar, simplemente, el día a día de estas mujeres. Sin embargo, es en esta “sencillez” donde radica el peso de la historia. El objetivo es visibilizar la realidad de estas mujeres. Para ello se enfoca, más allá de las claras imágenes, en el diálogo entre personajes. Si bien por momentos parecen sobreexplicar algunas cuestiones, es algo necesario para dejar en claro los distintos tipos de violencia al que son sometidas en su vida diaria.

Puntuación: 3.5 de 5.

Bajo mi piel morena nos muestra la realidad a la que se enfrenta la comunidad trans en su día a día. Sin golpes bajos, pero tampoco con mensajes esperanzadores, José Celestino Campusano le da voz a este grupo de personas muchas veces marginado por gran parte de la sociedad.

Algo con una mujer de Mariano Turek y Luján Loioco

Argentina, 1955. Rosa (María Soldi), ama de casa, tiene dos objetivos en claro: quedar embarazada y hacer feliz a su marido, un hombre que poco interés y tiempo dedica a la relación. Una noche, tras una frustrada fiesta, la joven decide ir a fumar un cigarrillo a la terraza del PH donde vive. Desde su ubicación logra ver cómo uno de los vecinos del lugar asesina a otro. Es así que entra en una dicotomía sobre qué hacer al respecto.

Algo con una mujer nos sumerge en un policial negro donde la protagonista, por momentos (y muchas veces en contra de su propia cabeza), tomará los elementos disponibles a su alcance para ponerse en el rol de detective y averiguar así más cosas sobre este brutal crimen. Qué pasara finalmente con los involucrados es una cuestión que nos mantendrá en vilo durante toda la trama.

Para entender el accionar de la protagonista es importante trasladarnos a la época en la que se ubica la historia. Rosa es una joven sumisa. Su voz, su opinión, parecen no tener importancia alguna. Lo único con valor es el deseo de su marido (y el de otros hombres). Y en este caso, el deseo del susodicho es que la joven mantenga la boca cerrada sobre aquel crimen. Claro que ella, más allá de todo, decidirá apartarse (un poco) de aquel rol e investigar ciertas cuestiones por su propia cuenta.

Algo con una mujer se muestra en sintonía con la época que evoca. De esta manera, estamos frente a una ambientación cuidada, pensada en cada uno de sus detalles. Esto no sólo se ve reflejado en el arte de la película, sino también en la manera de hablar, de pensar y de actuar de cada uno de los personajes. Mariano Turek y Luján Loioco nos trasladan de lleno al pasado, sin romantizarlo ni endemoniarlo: simplemente nos muestran cómo eran las cosas.

Puntuación: 3.5 de 5.

Algo con una mujer es un policial correcto, que logra atrapar con el misterio en torno al crimen. Sin embargo, destaca principalmente por sobre cómo logra reflejar de manera eficaz la época en la que se ubica, no sólo en el arte, sino en el comportamiento de sus personajes.