Los hijos de Facundina de Daniel Samyn y Daniel Francezon

El film da inicio con una placa explicativa que nos sitúa e introduce a la historia de Facundina, luego vemos una luna llena dibujada que se desplaza en la noche, mientras una voz en off femenina asoma tímida pero contundente “(…) el perro se ha muerto de pena y aquí solita yo… solita…”. Este recorrido del relato sonoro finaliza con una cita impresa en pantalla: “la infancia es el momento en que suceden todas las cosas”. Luego, un canto se acopla a la cascada de agua que suena y corre bajo la referida luna llena, acto seguido se sobreimprime el título del film y amanece el día dándonos paso a la película.

“No sabían olvidarse mis hijos de mí. ¿Qué será ahora la causa?” dice Facundina entre relatos en off sacados de aquel registro pasado. Una mujer nacida “no sabe cuándo”, en el sur de Bolivia, va rearmando sus recuerdos de niñez, su relación con “el finadito” Candelario, padre de sus hijxs, quien la robó a los 14 años y al que ella afirma “tuve que acostumbrarme”, la guerra, el parir en soledad 11 veces, la dura vida en el monte y los viajes constantes de un lado a otro de las fronteras en busca de sustento. Muchas veces sus relatos coinciden con las memorias que sus hijxs van rescatando de aquel olvido, pero a veces no. Cicatrices de vida, varias abiertas, en nombre propio que metaforizan a tantos anónimos que recorren, desde hace más de un siglo, los senderos del Chaco americano mientras rastrean sus destinos.

Este es un honesto y más que humano film documental que, a través del uso de la observación, la pintura animada, el registro fotográfico, el relato en off y la entrevista, nos invita a ser testigxs sutiles de realidades que suelen sentirse algo ajenas a nuestro cotidiano en la ciudad pero que pone en perspectiva, sin lugar a dudas, a la propia infancia del que observa y escucha. Pues recordar la niñez teniendo en cuenta la propia infancia y vida de nuestros mapadres, como lo hacen les hijxs de Facundina, nos llevará a memorias poco amables y hasta dolorosas pero muy necesarias para seguir avanzando. Tal es el caso de “la negra” (hija de Facundina) que confiesa haber tenido un vinculo quebrado por muchos años como madre. Este relato es capturado por la cámara en una escena improvisada, algo fría, más bien tímida, pero sí muy sensible y cargada de valor. En ella se exponen sus por qué de ausencias permitiéndose la reconstrucción del vínculo desde la propia mirada adulta de su hijo.

Puntuación: 3.5 de 5.

Los hijos de Facundina es un documental que registra, sin romantizar, la dura vida de la matriarca Facundina, una mujer de origen chiriguano–guaraní que ha envejecido de golpe, según ella, porque nunca paró de trabajar “solita” para sostener en pie a su familia.

Hermanas de los árboles de Camila Menéndez y Lucas Peñafort

El film da su apertura con un recorte directo sobre un monte desértico, casi estéril, con unas cabras que parecen buscar dónde pastar y, a continuación, nos muestra a un hombre, ya mayor, talando el único árbol en pie de la zona mientras niños varones lo observan, se ríen en complicidad y aplauden la caída de dicho árbol. Corte seguido, vemos a dos mujeres caminando por un sendero con sus sedas al viento; ellas serán las protagonistas que nos darán acceso a este bellísimo relato de superación personal y colectiva.

Contextualicemos: en India, si el embarazo da como resultado el nacimiento de una niña, la familia lo considera como una carga económica porque cuando sea “la hora de casarla” ésta deberá hacerle frente a una dote de 54 mil rupias para la familia del esposo. En cambio, si nace niño, la familia será quien reciba esa dote, incrementando sus ingresos. Bajo este preconcepto de estructura socio-cultural (patriarcal) muchas familias deben decidir entre asesinar a la niña recién nacida o, si prefieren que siga con vida, ingeniárselas económicamente para poder conseguir el dinero de su dote.

En general, no se pueden practicar abortos selectivos en India porque la tomografía es ilegal y si el doctor te comunica el sexo del bebé, va preso, por lo que las bebas son asesinadas una vez nacidas y luego son tiradas a la basura.

En esta aldea rural de Piplantri (India), donde se registra el documental, las mujeres ya no temen dar a luz a sus hijas, porque desde el 2005 se plantan 111 árboles en nombre de cada una de ellas para celebrar la ocasión. Este ritual surge a partir de la vivencia personal de Shyam Sunder Paliwal, alcalde de la aldea, quién, tras haber perdido a su hija de 16 años, decidió plantar un árbol en su memoria, pero en ese momento de tristeza no pudo creer que algunos padres y/o madres asesinaran a sus hijas sólo por razones económicas; entonces pensó que los árboles deberían plantarse para celebrar la vida de las niñas y convenció de ello a toda la comunidad.

Esta idea no sólo ayudó al cambio climático y al crecimiento económico de la aldea, sino que sirvió para implementar un sistema que previene los matrimonios infantiles, alfabetiza y protege a las niñas. Incluso, bajo este paradigma de paridad, muchas mujeres adultas lograron conseguir independencia económica a través de trabajos comunitarios y, por consiguiente, reducir la violencia de género doméstica.

Puntuación: 4 de 5.

Hermanas de los árboles es un documental de registro observacional, con un gran impacto crítico y social sobre la perspectiva de género, pero trabajado desde la sutileza poética; cargado de metáforas visuales y sonoras, con la mirada puesta en lo importante, en la autodeconstrucción de una sociedad patriarcal en constante búsqueda de igualdad de oportunidades sin distinción, sin perder de vista la propia cultura.

Mujer en guerra de Benedikt Erlingsson

Halla (Halldóra Geirharôsdóttir) es una mujer independiente que, detrás de una rutina tranquila, esconde una doble vida como activista ambiental. Es conocida en la prensa de su país con el seudónimo “La mujer de la montaña”, porque secretamente le declara la guerra a la industria del aluminio y su incesante contaminación. Pero cuando empieza a planear su acción de sabotaje más importante, recibe una carta que lo cambiará todo: su solicitud para adoptar una niña fue finalmente aceptada, por lo que puede que su sueño de ser madre se ponga en peligro a consecuencia de su espíritu combativo extremista.

El film da su inicio con un plano detalle de un arco y flecha a ser lanzados. Se lanza, se abre plano y vemos a una mujer, de aproximadamente 40 años, saboteando las líneas de energía dispuestas en un descampado montañoso. Desde el inicio Benedikt Erlingsson añade un código actoral y musical al film rozando con el absurdo, como crítica de su propia mirada hacia el sistema estatal islandés, sus autoridades y el falso progresismo. Pues mientras Halla sabotea el cableado y deja sin electricidad a gran parte de la población en función de proteger a la madre tierra; las fuerzas de seguridad la buscan incansablemente con drones y helicópteros, pero ella logra escapar un poco “a pie” y luego con ayuda de un lugareño al que adopta como un “primo”.

Mientras que, en paralelo, las fuerzas policiales detienen como culpable a un inmigrante por portación de rostro y nacionalidad. Este personaje, durante todo el film, sufrirá las consecuencias de un sistema que ante “la duda” culparán al “extranjero” del momento. Lo que nos denota aún más que el lugar de relato elegido por su director es la sátira, la cual nos invita a reflexionar desde el humor ácidamente sobre la vida que vivimos, valga la redundancia, lo que creemos hacer bien y sus discrepancias.

El recurso sonoro y su decisión de uso es para mí el más acertado, pues Halla es directora de un coro como fachada social pero, secretamente, está muy comprometida con la causa ambiental. Entonces la música de este personaje jugará un rol fundamental en toda la película, convirtiéndose así en compañía, molestia y reflejo de acciones, estrategias, pensamientos y emociones propios del personaje. El director no sólo enuncia con ésta desde lo extradiegético sino que dispone en el plano, físicamente, a músicos y coristas mutando la música a la propia diégesis de Halla, evidenciando parte de su salud mental y la interacción de ella para con ella misma y para el mundo, o sea ¿qué tan perseguida se siente esta mujer que para hablar con un compañero pone en el freezer su celular y desenchufa la impresora? O ¿qué nivel de estrés maneja si mientras hace Tai Chi “zappinea” la televisión para informarse?

Es claro que Halla es una mujer multitarea y eso la conlleva a contradicciones en un mundo que nos exige constante productividad y es ahí donde el film empieza a mostrarnos que la ironía de nuestras vidas y propósitos chocan constantemente. Entonces ¿cuál es el mensaje detrás de ese absurdo? Soy antisistema pero vivo en mi casa toda equipada y eléctrica; una fuerte crítica al hueso de la humanidad y sus causas “nobles”.

Halla tiene una hermana gemela, Ása (interpretada por la misma actriz), profesora de yoga cargada de estereotipos budistas, la cual persigue la iluminación interna desde su lugar de persona snob de privilegio social y económico. Esta hermana será la pieza que ayude a Halla a sortear ciertos obstáculos con su meta de ser madre y, también, es un personaje dispuesto en la trama para evidenciar burdamente cómo el gobierno y sus autoridades, embanderándose detrás de conseguir la “seguridad” social, pondrán en peligro la pérdida de la individualidad y la privacidad de cada una de las personas haciéndonos reflexionar como espectadores sobre un absurdo no muy distante de nuestra propia realidad.

Puntuación: 3 de 5.

Mujer en guerra es un hermoso y delirante dramedy negro que pone en foco el debate sobre las responsabilidades propias y del Estado, en este caso islandés, ante la situación medioambiental y el extremismo de sus activistas, atravesado por una fuerte crítica demasiado humana y acompañado por un recurso musical disruptivo.

Two/One de Juan Cabral

Este drama cuenta la historia de Kaden (Boyd Holbrook), un saltador de esquí profesional, atormentado por la pérdida de un viejo amor, y de Khai (Yang Song), un ejecutivo en Shangai atraído por una misteriosa chica de internet que un día comienza a trabajar sorpresivamente en su oficina. Los dos hombres viven en extremos opuestos del planeta y parecieran desconocer una singular conexión que los une. Mientras uno duerme, el otro está despierto. Según su director, estos personajes se sueñan el uno al otro y parecieran ser, de algún modo extraño, la misma persona, por lo que se pregunta ¿Quién es el sueño y quién es el soñador?

En base a la premisa que nos plantea su realizador, podríamos decir que si bien la conexión es un tanto surrealista no deja de ser poco explorada en su propia lógica, pues si uno está despierto mientras el otro duerme y viceversa, cierto raciocinio nos lleva a pensar en la cantidad de horas que duerme en promedio el ser humano. ¿Seis? ¿Ocho? ¿Diez horas? Claramente uno de los dos protagonistas está siendo estafado durante el día (?) pero bueno, supongamos que compramos la tesis y nos dejamos llevar por el código que nos plantea Cabral; todxs estaríamos conectades con otra persona al otro lado del mundo de una manera tan directa que al “apagarnos” el otre se “enciende” y viceversa. Este tipo de entrelazamiento me hizo recordar algunos principios básicos de la física cuántica y pueda que, desde ese lugar de espectadora espiritual, haya conectado con el film.

Desde el punto de vista de la mecánica cuántica, a grandes rasgos, todxs estamos relacionados porque el mundo es un organismo energético y las personas son energía, por eso lo que unx haga, o según la forma en que vibre, afectará a un otre y viceversa. Y esto resultaría en la película porque los protagonistas quizás sean una sola partícula y, aunque estén en lugares diferentes, compartirían la misma función de onda. Bueno, no lo digo yo, lo expresa la física cuántica, simplemente comparto algunos de sus pensamientos.

Two/One es una película enigmática, que nos habla principalmente sobre la soledad del individuo y su necesidad pulsante de conexión con un otre. Posee una fotografía sublime y un diseño sonoro hermosamente detallista. Quizás su falla recaiga en la falta de síntesis y en no prestar atención al cosmos de su propio guion por obsesionarse demasiado en la fotogenia del mismo.

Puntuación: 3 de 5.

Ópera prima de Juan Cabral en la que se relata un bello drama surrealista que nos deja más preguntas que respuestas.

Naranjo en flor de Antonio González-Vigil

Malena (María Marull) es una atractiva mujer, psicoanalista de profesión y tanguera por devoción. Una noche mata accidentalmente a un hombre y decide ocultar su crimen. Días después ve en un noticiero a la esposa y a la niña del hombre a quien ella mató y descubre que era un inspector de policía. Y decide hacer algo por ellos.

En su plan, Malena conoce a Carlos (Eduardo Blanco), compañero del policía muerto y encargado de investigar su desaparición. Es de origen vasco y lo llaman “el Sabina” porque a veces responde con versos de las canciones del artista. Una extraña fascinación se apodera de Malena y comienza a surgir entre ellos dos una relación apasionada y transgresora, sin límites morales.

Así reza la sinopsis que nos enviaron como material de prensa. Lo que yo percibí como espectadora, mujer deseante y realizadora cinematográfica es otra cosa: Malena es una psicoanalista de pocas emociones, por no decir que lleva una vida aburrida. La plantan en la trama como una mujer sin ningún tipo de motivaciones, va perdida en sus pensamientos solitarios de búsqueda de placeres no concretados.

Una noche sale del consultorio, sube a su auto y, mientras conduce de forma autómata, al pasar por los bosques de Palermo descubre a una persona atacando a otra. Acto seguido, Malena interviene y golpea fuerte en la cabeza al agresor con un trabavolante, con tanta mala suerte que éste muere al instante. La persona “salvada” jamás le agradece el haber sido rescatada y la maltrata verbalmente ordenándole la desaparición del cuerpo. Malena no se toma ni dos segundos para pensar y, casi obligada, guarda el cuerpo en el baúl y conduce sin rumbo junto a una desconocida como guía (?).

Automáticamente, después de ese hecho, Malena se “transforma” en una mujer extremadamente sexy y aventurera, con mucha sed de peligro. O sea, la protagonista, que es psicóloga, jamás se pregunta sobre lo que sucedió o hizo, jamás se la ve arrepentida de nada, ¿será una sociópata? No se sabrá, pues no se abre esa subtrama. Pero ella se hace amiga de la esposa del hombre al que asesinó, no se sabe bien si se acerca por culpa o por la necesidad de cubrir su delito, pero de paso tienen sexo (?). Y ese cruce le trae aparejado también otro, con el policía amigo del muerto que investiga el caso y entonces ella se enamora de él y también hay mucho sexo.

Para lo único que se planta el muerto en el film es para poner en tetas a una María Marull en “sintonía con su libertad sexual” inexplorada (?). Claramente este patrón de personaje femenino que pasa de “inocente” a “salvaje” fue creado sólo en función del placer falocéntrico de los famosos “valijeros”. Pero lo que más indigna es que se represente el disfrute de nuestra libertad sexual, desde una mirada patriarcal, como resultado del acto de asesinar. La lectura del director es: la mujer “villana” es divertida, coge y disfruta sin culpas, mientras que la buena no sólo es aburrida y monótona, sino también pura y casta.

Puntuación: 1 de 5.

Naranjo en flor no sólo no funciona como película sino que perpetúa estereotipos y modelos de comportamiento vencidos, repugnantes y muy cuestionables.

Historia de mi nombre de Karin Cuyul

La película da su inicio con la voz en off de la propia directora mientras observamos imágenes difusas en primera persona. Encuadres desenfocados, desanclados y recortados de una realidad perceptiva de lo que pareciera ser un incendio de su propio hogar de niña. A partir de esa experiencia en la que ella siente que comenzó a “desaparecer como el pueblo” (en referencia a Chile) acusando que “todo acabo y comenzó ese día”, decide reconstruir la estructura de este documental personal que mutará a una enorme metáfora sobre la historia de un país y sus consecuentes dictaduras.

Resulta que la directora recibe su nombre de Karin Eitel, una mujer detenida y torturada en la dictadura de Pinochet en 1987. Como homenaje, su mamá y su papá la llaman Karin y hoy ella reconstruye, desde su lugar de individua, parte del pasado del pueblo chileno. Durante el recorrido del relato, ella confiesa que “cada vez que avanzo (en la historia de por qué la llamaron así), mi madre dice no.” Entonces, en función de estos “secretos familiares” emprende su viaje hacia los espacios y lugares en donde fue subsistiendo con su familia, esperanzada de poder recordar o, al menos, reconectarse con su niñez y quizás, desde ahí, poder comprender el silencio de sus mapadres.

Así como Karin reconstruyó su adultez omitiendo, de alguna forma, su propia infancia, Chile lo hizo con su democracia mientras omitía la propia historia. Lo no dicho en su madre y su padre, ahora sobrepasan el ámbito personal y, es por ello que, la búsqueda sobre la recolección de recuerdos no culmina con la historia de origen de su propio nombre, sino que el cine denota, otra vez, que lo personal es político.

Karin observa y reflexiona en primera persona desde la parte trasera de un auto en búsqueda de memorias durante todo el film. Jamás la vemos a ella, pues somos ella mientras viajamos y miramos por la ventana hacia un afuera al que nunca salimos, lo que nos despierta preguntas ¿Adónde vamos? ¿De quién huimos? ¿Por qué viajar es mi mayor recuerdo?

Ella relata que su familia nunca tomó fotografías, por lo que también recorre su infancia a través de imágenes de archivo que una familia le prestó para su reconstrucción. Y acá es donde genera el estudio de la propia mirada pero desde lo ajeno, recordando que la base de su familia siempre fue la de pertenecer a un no lugar, pues ellxs “no eran ni de uno ni de otro, no pertenecían ni al Si ni al No…” y ese “silencio familiar”, esa “identidad invisible”, se debe, según su propio padre, a que “Chile es un país muy largo y la historia en cualquier momento se puede repetir”.

Puntuación: 3 de 5.

Historia de mi nombre es un documental reflexivo sobre la búsqueda de un pasado individual que atañe a todo un país.

Corazón loco de Marcos Carnevale

Fernando Ferro (Adrián Suar) es un médico traumatólogo que lleva una doble vida. De lunes a jueves convive, hace 19 años, en Mar del Plata con su esposa Paula (Gabriela Toscano), una maestra jardinera, un poco torpe, sumisa e inocentona, y con sus dos hijas adolescentes; mientras que de viernes a domingo, desde hace ya 9 años, es el esposo de Vera (Soledad Villamil), una especialista en nefrología, mujer de carácter, con la que tiene un hijo de cinco años y viven en CABA. Ninguna de las dos mujeres sabe de la existencia de la otra. El conflicto en términos de guion, porque realizativamente la película es un gran conflicto humano en sí misma, reside en que ambas mujeres descubren el engaño, luego de un incidente vial que sufre Suar, y entonces deciden unirse para vengarse de él.

La historia comienza con Fernando recostado sobre lo que parece ser una vereda de calle. La cámara gira por encima de su rostro, dando la sensación de estar mareado, mientras su propia voz en off expresa: “Este soy yo, un hombre como cualquier otro, sin embargo, tengo algo que me hace diferente, tengo un corazón demasiado grande…” y continúa presentándose como un buen tipo que ama por igual a ambas mujeres porque su capacidad de amar es mayor a la de cualquier otro y que esa es su patología (?). Pareciera que el amor romántico es la excusa perfecta para empezar a explicar los engaños nefastos de este cis hetero con privilegios.

A medida que se va desarrollando la trama, cuesta entender que sea un estreno del 2020. No sólo porque ningún gag funciona, o porque los personajes son estereotipos arcaicos de imágenes del 80 que se sienten tan forzados y fuera de timing que duele verlas fracasar a actrices de la talla de Toscano y Villamil (mención aparte para la labor destacable de Alan Sabbagh, quien parece ser el único personaje coherente del film), o porque la puesta de cámara es simplona y pareciera estar sólo al servicio de los PNTs (chivos publicitarios en escena, como el Parador Atalaya), sino porque es una historia construida desde una mirada que nos atrasa como sociedad, que nos subestima, y no solamente al género femenino, pues creo que les espectadores estamos un poco hartes de consumir comedias misóginas, donde el chiste descansa en la superficie machista de reírse de la mujer “loca”.

Volviendo a la trama, Fernando es un mentiroso compulsivo pero un tipazo de buen corazón (?), con el único detalle de que tiene dos familias, dos vidas, dos trabajos, dos casas, dos autos, dos teléfonos, dos mujeres a las que él ama con locura pero que no les cuenta de la existencia de la otra porque no lo comprenderían (?). Su personaje habla todo el tiempo sobre la existencia de la poligamia en varios países por lo que él no siente estar “equivocado” con su vida. Recordemos juntxs que la poligamia es un tipo de matrimonio en el cual se permite, legalmente, a una persona estar casada con varixs al mismo tiempo y que esas personas saben de la existencia de las demás, y que en países islámicos sólo está al alcance de una minoría de varones económicamente poderosos. (¡Acá no pasa eso, sus compañeras son engañadas!).

Podría pasar horas escribiendo sobre la película pero sólo les voy a dejar algunas frases (literales) que aparecen en la película como forma de “chiste”. Al proceso que realiza el protagonista en su camino de ida o de vuelta en la ruta 2 (específicamente en el Parador Atalaya), donde se cambia de ropa, de auto y se convierte en el marido ideal para una de sus mujeres, Suar y Carnevale le llaman “el trámite”. Cuando Fernando está en la clínica, luego del incidente vial, le dice al personaje de Gabriela Toscano, la cual está asustada por el “choque” y no para de hacerle preguntas, “no escuches, no hables, no mires” en relación a que está nervioso ya que su otra mujer también se encuentra en la clínica y no quiere que se conozcan, entonces “el buen tipo” le prohíbe directamente existir. Cuando es trasladado por un camillero por los pasillos de la clínica para ir a hacerse estudios, le dice que se vaya para el departamento, que él ya está bien y que en una hora va para allá, a lo que el camillero irrumpe y le dice que va a tardar más tiempo que una hora, a lo que el personaje de Suar le responde de forma agresiva “Yo soy traumatólogo ¿Vos que sos? ¿Enfermero? ¿Camillero? ¿Qué sos?”. El camillero le responde que es eso y Suar, el buen tipo, le responde “entonces limítate a hablar como tal”, rebajándolo. Y cuando regresa a su apartamento, su mujer (Toscano) le señala “te robaron el anillo” de casados, a lo que Suar, el buen tipo, le responde “seguro fueron las enfermeras, hijas de puta”. No hay remate.

La película consigue, de alguna forma perversa, convertir a les personajes femeninos engañados en villanas sádicas, locas y revanchistas mientras que al personaje de Fernando Ferro lo ubica en el lugar de un buen tipo, un violento justificable porque ama demasiado, un incomprendido… sí amigues… Adrián Suar es la víctima de la historia.

Puntuación: 1 de 5.

Corazón Loco representa todo lo que está mal actualmente en la sociedad y en la comedia del cine argentino.

Juanas, bravas mujeres de Sandra Godoy

La película da su inicio desde el sonido. Voces de mujeres que alzamos palabras en cánticos organizados, fuertes cuerdas vocales que vibran juntas ardiendo nuestras gargantas desde adentro, versos colectivos que mantienen viva la lucha del género: “y ahora que estamos juntas / y ahora que sí nos ven / abajo el patriarcado, se va a caer / #sevaacaer”. Luego, aparecen fragmentos de trazos de un dibujo en blanco y negro, pareciera como si la cámara tratara de completarla desde sus detalles mientras se escucha el siguiente discurso “Cuando la clase desposeída lucha a brazo partido contra los que representan la barbarie y el retroceso, se hace digna del apoyo mutuo y de nuestra recíproca solidaridad. No permanezcamos sordos ante tanto clamor, ¡no! ¡Se ha dicho de pie! ¡Arriba los corazones que no saben de cobardía, despierten del letargo las conciencias adormecidas! Es necesario ser leonas ante tanto crimen y oprobio”. Se rebela ahora la imagen completa: es una figura femenina desnuda, con sus brazos en alto y alas extendidas; tan libre, independiente y provocadora como Juana Rouco Buela. Una mujer brava que, junto a otras compañeras, luchó por la equidad y la libertad de género desde temprana edad.

El documental retrata toda su vida a partir de un relato en primera persona, fuente de su autobiografía publicada en 1964. Esta es una afortunada decisión de dirección pues el registro consigue interpelarnos directamente con su propia fortaleza, tan potente como su historia. Conoceremos sus inicios en la participación de las mujeres en las luchas obreras argentinas del siglo XX: su parte activa en las huelgas de inquilinos en 1907 y los talleres Vasena en 1919; seremos testigxs de sus deportaciones por su ferviente activismo pero conoceremos sus estrategias para seguir alzando las voces del género.

Fue partícipe en protestas obreras en Brasil y Uruguay y consiguió publicar su periódico “Nuestra Tribuna” escrito y dirigido sólo por mujeres. Esta guerrera del género se convirtió en la activista anarquista más relevante del Río de la Plata y este film recorre, detalle a detalle, cada etapa de su vida, mediante entrevistas a sus nietas, compañeres de militancias, escritoras, investigadores e historiadores. Cada persona, cada voz, cada documento, cada material de archivo fotográfico le dan a Juana Rouco Buela una plusvalía resignificando una lucha de mujeres que trasciende temporalidades, pues ¡somos las nietas de todas las brujas que nunca pudieron quemar!

Puntuación: 4 de 5.

Juanas, bravas mujeres reivindica al género a través de Juana Rouco Buela, una intensa trabajadora que batalló, dentro y fuera de su ámbito de militancia, hasta sus últimos días, por la igualdad de derechos y oportunidades y por una sociedad justa y libre.

El Padre de la Patria de Pablo Spatola

¿Quién es Santiago de Liniers? Para la historia oficial argentina es un personaje incómodo que pasa de héroe a villano en un lapso de tiempo demasiado corto. Liniers, de origen francés, mientras está al servicio de la corona española durante el Virreinato, organiza a la ciudad de Buenos Aires para enfrentar a las Invasiones Inglesas. Dicha victoria le confiere convertirse en el primer gobernante amado y elegido por el pueblo de la ciudad. Sin embargo, se opone a la Revolución de Mayo, ya que percibe intereses británicos y de la élite, detrás de dicha independencia. Esto lo lleva a enfrentar a amigos, subalternos y hasta a la tropa que él mismo creara. Así, el primer héroe pasa a ser el “primer traidor” y sobre esta supuesta transformación radical de personaje es donde el director Pablo Spátola hace foco y se pregunta ¿Fue realmente un traidor? ¿Cuáles fueron las razones de su marginación de la historia del país?

El film comienza con una placa negra informativa que cita lo siguiente: “Provincia de Córdoba, 1810. En Buenos Aires ha estallado la Revolución de Mayo, poniendo en marcha el proceso de independencia de España. Liniers se opone y la enfrenta, argumentando que se trata del secuestro del aparato institucional del Virreinato por los ganaderos y comerciantes, apoyados por Gran Bretaña. Derrotado y prisionero, el primer héroe de Buenos Aires, es condenado a muerte.”

A partir de aquí se inicia el primero de los siete (7) capítulos de este documental, el cual irá desarrollando sus acontecimientos haciendo uso tanto de recursos del género documental como así también de la ficción. Con un arduo trabajo de investigación, refutando datos oficiales a través de entrevistas (a historiadores, museólogos, escritores e investigadores), recopilando material de archivo, revisión de films, análisis de manuales de historia, representaciones, animaciones y, principalmente, haciendo uso de una voz en off que simula al propio Liniers relatando, a través de cartas personales que éste enviaba a su familia, su versión de la historia. Estas cartas traducidas, hoy en manos de sus descendientes, irán sustentando la curiosidad del director y, a su vez, desmitificará la historia oficial, la de Mitre, la que se nos enseña en la escuela, esa que erige la versión (supuestamente) incontrastable de la Historia Argentina.

Este es un registro documental que viene a formar parte de la historia de los márgenes, librando una corriente nacional, popular y federal conocida como revisionismo. Pues “el pasado está siempre lleno de presente” y acá Liniers, condenado a traidor por los libros de historia oficiales por ser jefe de la contrarrevolución, como muchxs otrxs, aparece reivindicado como un héroe nacional y popular, líder de las clases bajas de la antigua Buenos Aires.

Puntuación: 3.5 de 5.

El padre de la patria deconstruye sólidamente mientras remarca la importancia de cuestionar ciertas miradas de nuestra historia.

Alba de Ana Cristina Barragán

La película da su comienzo desde el sonido de un metal oxidado que fricciona quejoso, son las ventilas de un techo en el que una niña, de ropas y cabellos desatendidos, yace corporalmente apesadumbrada. La escena continúa con ella, a la que conoceremos como Alba, caminando sigilosa por lo que pareciera ser el interior de un pasillo de hogar, una respiración casi imperceptible asoma desde el fuera de campo. Alba se detiene y apoya su cabeza sobre la pared, unos instantes, hasta que decide ingresar a la habitación. Vemos fragmentos de una mujer, de aproximadamente cuarenta años, desnuda, postrada en una cama, que exhala “dolor” mientras alguien la ayuda a cambiarse. La niña camina silenciosa observando de reojo, se sienta y se pone su remera escolar tratando de “no molestar”.

Ya desde el inicio la directora nos está marcando el código del film: personajes que no hablan pero que sí observan, sonidos que vierten emociones y tratan de dispersar los pensamientos, puntas de historias que parecen emerger de grandes angustias silenciosas, comenzando por una madre que es asistida mientras que una niña se asiste a ella misma. Mundos con roles familiares difusos y una edad en donde la pérdida no sólo pasa por dejar atrás la niñez.

Formalmente es una historia intimista, con un fuerte anclaje en el realismo, casi documental, narrando desde los silencios, dejando a lxs cuerpxs expresarse desde sus conductas torpes y cercanías imprecisas. Toda esa sensibilidad, inocencia y emocionalidad de Alba, sumadas a sus miedos, vergüenzas y ausencias, interpelan directamente a nuestras propias vivencias. Toda esa confusión, sumada a la particularidad de la protagonista de tener que madurar de golpe a causa de una madre gravemente enferma, y que trae como consecuencia tener que irse a vivir con un padre distante, introspectivo y casi desconocido para ella, es retratada desde el propio punto de vista de Alba, consiguiendo que esta pequeña pero gigante actriz, Macarena Arias, logre niveles actorales de sutilezas impecables.

Comunicar sensaciones e impedimentos desde lo visual y lo sonoro, casi extirpando las líneas de diálogos entre los personajes claves, construyendo vínculos sólidos desde cero sin forzar los tiempos narrativos, es lo que hace de Alba una pieza cinematográfica notable.

Puntuación: 5 de 5.

Alba se mete en tus emocionalidades, partiendo desde la exploración de la feminidad preadolescente pero trascendiéndose al género, mientras atraviesa ansiedades, deseos, confusiones, pérdidas y renaceres desde el uso de imágenes y sonidos, dándonos un cine más honesto.

Agua dos porcos de Roly Santos

Un ex policía, que languidece resistiéndose al retiro, acepta resolver un crimen en la selva de la triple frontera entre Paraguay, Brasil y Argentina. Detrás del crimen hay un mundo peor que el que se imaginaba, que lo atrapa y sumerge en el lodo de relaciones de complicidad y traición donde para sobrevivir no puede confiar en nadie.

El film parece asumir la estética de género neo-noir, una búsqueda dirigida al policial negro. Al principio me hizo acordar al film Cuatro estaciones en la Habana, los cuadros dentro de cuadro, el color virado a los verdes, las locaciones, la rusticidad del protagonista. Pero, con el avance de la historia, los planos empezaron a repetirse. Los puntos de vista casi idénticos en todo el desarrollo de sus personajes provocan cierto estancamiento.

Lo mismo parece suceder con el guion y el cierre de las subtramas que abre. La gran variedad de personajes e historias parecen pelear por el protagonismo, creando quizás un desequilibrio de contenido en la resolución de sus tramas y poniendo en evidencia, aún más, la superficialidad de las características particulares de los personajes que presenta, en la que todxs parecen tener algo muy oscuro, perverso y complejo a desarrollar pero que nunca sabremos bien con exactitud.

Eso provoca que, por ejemplo, el conserje del hotel (personaje interpretado por Juan Manuel Tellategui) me recuerde a Norman Bates de Psicosis, pues es tan similar desde la óptica vana que, con solo verlo, provoca en mí una asociación. Quizás porque Hitchcock sí desarrolló su complejidad y utilicé dicho background para poder acercarme desde algún lado al personaje creado por Roly Santos pero, con ese guiño, sólo logré ver a Bates.

En cuanto a la música, podría decir que subraya impetuosamente las acciones dramáticas sumándole a la literalidad, a las subtramas interminables, a las resoluciones efectistas y a la ausencia de contradicciones en sus personajes, una herramienta decorativa más que nos aleja del verdadero universo del policial negro.

Puntuación: 2 de 5.

Agua dos porcos, dirigida por Roly Santos, pone en escena temáticas como la trata de adultxs y niñxs, pedofilia, violencia doméstica, corrupción policial, asesinatos, entre otras, pero, al ser tantas, se queda narrando desde el estereotipo de sus personajes, apelando a lo efectista; esta decisión crea una distancia para con el público, impidiéndole la empatía para con la historia.

Señales de humo de Luis Sampieri

En Amaicha del Valle, una pequeña comunidad del norte argentino de la provincia de Tucumán, los servicios de telefonía e internet se interrumpen por los fuertes vientos que azotan la región. Mario Reyes, arriero y guardaparque de dicha comunidad, tendrá que subir a las altas cumbres junto al ingeniero de la compañía proveedora del servicio para intentar reparar el desperfecto.

Comunicarse es algo esencial para les seres humanes, pues somos “animales sociales” y es por ello que llevamos milenios desarrollando soluciones tecnológicas para poder sortear el gran obstáculo de la comunicación, la distancia. En la película Señales de humo podemos encontrar estos dos elementos como piezas fundamentales del relato que construye su director: la comunicación y sus distancias asociadas al tiempo, como pasaje y percepción del mismo, con los que Luis Sampieri va construyendo su mirada bajo la premisa “internet nos desconecta de lo real, de lo físico”.  Desde ese lugar, el documental registra la vida del arriero Mario Reyes, donde su director va contrastando lo primitivo con lo moderno. De hecho, la escena de la mula que traslada en su lomo una antena es producto de ello.

Mario Reyes es presentado como un hombre solitario, de pocas palabras pero de grandes pensamientos. Su director, en un momento dado del film, elige recortar y reencuadrar un casi primerísimo primer plano de Reyes con su sombrero en el medio de la “nada”, una simbología del western para identificar y empoderar a su protagonista.

Mario vive en lo alto de Ampimpa, sin televisor (y pareciera ni poseer teléfono), pero sí escucha la radio para mantenerse informado. También participa del consejo de una comunidad conformada por unas 100 familias descendientes de los pueblos originarios diaguitas-calchaquí; como guardaparque lleva un registro de los cardones de la zona, cuando lo vemos anotar sus metros, cantidades y detalles a “ojo” con sus tiempos y métodos en un cuaderno, puede que sólo con esa escena Luis Sampieri consiga mostrarnos la esencia pura de Mario. Pues todo en el documental radica en la observación directa y simbólica.

El montaje de sus imágenes parece marcar un indicio en el relato que va denotando el ascenso. Pues la misión -la cual se anuncia de forma tardía-, ir a más de 4000 metros de altura sobre el nivel del mar a colocar y ajustar una antena que pueda devolver la “comunicación” al pueblo, puede leerse no sólo en la acción de “ir hacia”, sino en los planos que van transicionando entre las historias y que progresan de la tierra al cielo, de forma sutil pero constante, desde el inicio del film.

Esta es una película que nos invita a una contemplación visual y sonora exquisita. La inmensidad de esos lugares, el detalle, los sonidos, sus personajes, todo es un trabajo pensado por y para el cine, por lo que recomiendo que busquen el soporte más grande que tengan en casa para poder disfrutar de esta travesía.

Puntuación: 3.5 de 5.

Señales de humo es un documental que nos invita a adentrarnos en la vida de Mario Reyes para habitar una paradoja: si internet nos facilita la conexión a distancia, incluso ahora en tiempos de pandemia, ¿por qué su propia existencia pone en peligro la tradición de comunicarnos de forma presencial?

Puntaje: 3.5/5