The Turning de Floria Sigismondi

Kate es una maestra de niños que es contratada para cumplir las tareas como institutriz en una mansión de aspecto lúgubre y tenebroso, de la cual, aparentemente, huyó la última joven que se encargaba de educar a los chicos. Pero desde que entra en la casa comienza a ser testigo de fenómenos paranormales que, aparentemente, giran alrededor de la personalidad un tanto perversa de Miles, el hermano mayor.

El gran problema que tiene la película es que, ante la falta de un buen argumento o alguna situación escalofriante, la directora decide llenar espacios con sobresaltos y escenas sobrenaturales que, sin lugar a malinterpretaciones, Kate vive desde la primera noche en la casa cuando ve el reflejo de un cadáver en descomposición en una ventana que tiene a menos de 20 centímetros de su cara. Uno de los más grandes problemas que el género encuentra en las tramas de casas embrujadas es ¿cómo hacer que el personaje se quede en lugar de huir? Y en este caso el film fracasa desde el primer instante, no hay ningún tipo de explicación para que Kate no salga corriendo de esa casa, mucho menos para que sostenga su desconocimiento de lo que sucede en el hogar.

The Turning es, básicamente, un rejunte de fragmentos e ideas de otras historias puestas en pantalla anteriormente, pero que en el conjunto de esta ninguno de ellos logra funcionar. La mansión lúgubre sirve sólo a nivel visual pero nada se hace con ella, ni siquiera algún efecto de iluminación que haga que el espectador prefiera que Kate no entre. El ama de llaves es un cliché caminante que se encarga, sin mucha sorpresa para el espectador, de develar la trama y los niños deambulan entre la inocencia y la perversión sin que nunca se explique muy bien el por qué de esos cambios.

Y para ponerle la frutilla a la torta aparece el espectro en cuestión que, por alguna razón, tiene la estética de un fantasma de la saga Harry Potter y que, obviamente, no asusta a nadie. La trama se desenvuelve sin sorpresas ya que a los 20 minutos de película sabíamos qué era lo que pasaba y finalmente llega el final, críptico, sorpresivo y sin ningún tipo de explicación ni interés para el espectador.

Puntuación: 1.5 de 5.

The Turning es un producto mediocre que, por efecto de la cuarentena, no llegará a las salas de cine, pero que con un estreno online pierde contra la casi infinita oferta de películas del género que valen la pena ver.

Un sueño hermoso de Tomás De Leone

En el año 1993 María Luis Bemberg estrena en la Argentina una de sus más aclamadas películas, De eso no se habla. En ella actúa en un papel protagónico Alejandra Podestá, una chica con enanismo. El documental Un sueño hermoso gira en torno a ella, pero también en torno a la película, su rodaje y las particularidades que implicaron para el equipo lidiar con los cruces que hay entre la trama del film y la vida real de Alejandra.

Es difícil hablar sobre alguien que muy poca gente conoce y mucho más difícil hacerlo de tal forma que el espectador se interese. Un sueño hermoso hace eso, se toma el tiempo de presentar todas las variables que intervienen en la llegada de Alejandra Podestá a la gran pantalla.

Y así poder construir un relato que movilice a quien lo mire, el director Tomás De Leone comienza el camino presentando primero a la directora, luego a Alejandra antes de protagonizar el film y, finalmente, a la película en sí, develando el conflicto del documental: cuánto de lo que hay en el film refleja involuntariamente los acontecimientos de la vida de Alejandra. Y luego, con el espectador compenetrado, el director nos permite adentrarnos en su historia, particularmente en el después del film y en aquello que le deparó el destino.

De eso no se habla, basada en el relato homónimo de Julio Llinás, es una película audaz que reflexiona sobre el ser humano, su deseo y realización, usando el enanismo de Charlotte como una excusa para desarrollar una metáfora potente sobre las tensiones entre el deber ser y el querer ser. Un sueño hermoso se vuelve un relato poderoso porque permite llevar la metáfora a la realidad y eso, como espectadores, nos permite aún más empatizar con la vida que Alejandra y muchos otros tienen que vivir en una sociedad que sólo es igualitaria con algunos, valga la paradoja.

Puntuación: 4 de 5.

Un sueño hermoso es un excelente documental que lograr recuperar las emociones y sensaciones de quienes hace más de 25 años fueron testigos de ese choque surreal entre realidad y ficción, que los dejó marcados con un fuerte recuerdo, y así nos vuelve a nosotros partícipes, aunque sea como observadores, de la vida de Alejandra, de sus emociones y también en última instancia, de su ausencia.

La biblioteca de los libros olvidados de Rémi Bezançon

Una joven editora literaria se encuentra con “la biblioteca de los libros olvidados” en el pueblito en donde vive su padre. Allí, el antiguo dueño de una librería creó un espacio con manuscritos rechazados por las editoriales y que nunca fueron publicados. En ese lugar, ella se topa con una novela escrita por el pizzero local, fallecido ya.

El libro es fascinante y, con el permiso de la viuda, la editorial lo publica y se convierte en un inmediato éxito de crítica y ventas. Jean Michel Rouche (Fabrice Luchini) es un crítico literario y presentador de televisión cínico y escéptico, quien desconfía del origen de la novela y se embarca en una cruzada por desenmascarar la supuesta estafa, perdiendo en el camino su trabajo, su esposa y el respeto de sus pares.

El cine francés suele tener como particularidad tomar la anécdota más simple y mundana y transformarla en una historia inmensa, y La biblioteca de los libros olvidados no es la excepción. Donde esta película se destaca por sobre muchas otras es en la cantidad de pequeñas anécdotas que cuenta.

El film, sin tomarse muy en serio, al mismo tiempo que plantea conflictos existenciales para sus personajes, muestra una pareja conformada por un escritor que todavía no logró triunfar y su editora, una familia en un pueblito chico que perdió a su figura paterna y un crítico literario condenado a ser un mero presentador televisivo, quienes se entrelazan formando un mosaico perfecto que refleja las relaciones humanas y sus vericuetos.

La película va mutando de protagonistas a medida que el conflicto se va desarrollando y se vuelven necesarias las diferentes miradas sobre el mismo tema: trascender.

El excelente guion está, además, acompañado por un elenco que sabe perfectamente cómo construir sus personajes. Desde el odioso pero, al mismo tiempo, cada vez más carismático Jean Michel (al que construye con maestría Luchini), a la esposa que encuentra una última conexión con su fallecido marido, todos los personajes tejen un entrelazado de historias y emociones que llegan profundamente al espectador sin que por eso el film se transforme en ningún momento en una película demasiado seria.

Puntuación: 4 de 5.

La biblioteca de los libros olvidados es un film que mezcla la comedia y el drama con un equilibrio envidiable y todo, a su vez, contado en tono de thriller, mientras el obsesionado crítico intenta desesperadamente confirmar que su intuición es real, la hija del escritor intenta proteger a su madre y la pareja editora-escritor tienen que revisar el funcionamiento de su relación.

Respira de Gabriel Grieco

Leonardo es un temperamental piloto comercial que luego de una pelea es despedido. Empujado por su mujer, que ya no quiere más ser el único sostén de la familia mientras él no hace otra cosa que deprimirse, consigue trabajo como piloto de un “mosquito”, una avioneta que fumiga los campos con sustancias tóxicas que optimizan la cosecha pero ponen en peligro a los habitantes y la fauna del lugar. La falta de control sobre los dueños de los campos y la corrupción ayudan a que la familia más poderosa del lugar pueda abusar de los derechos de los otros campesinos. Así, Leonardo y su familia quedan atrapados en medio de una disputa entre dos bandos que los pondrá en peligro.

La premisa de Respira no sólo es interesante, sino que casi podríamos decir es importante para la realidad a la que la sociedad se enfrenta hoy día frente a la contaminación constante de los agroquímicos. Sin embargo, la película carece de la eficacia necesaria para llevar este argumento a buen puerto.

A pesar de tener un elenco con figuras importantes como Sofía Gala, Leticia Brédice y Gerardo Romano, por nombrar algunos de los actores, los personajes son muy estereotipados y carecen de la profundidad necesaria para que el espectador pueda involucrarse emocionalmente, lo cual tampoco mejora con los diálogos, que son casi siempre forzados y poco creíbles.

Algunos de los climas en la película están bien logrados, pero la banda de sonido constantemente parece interrumpirlos y en lugar de confiar en una imagen o el mismo sonido del campo, sobrecarga el film con música que pretende generar una tensión innecesaria y que le termina jugando en contra.

Lo mismo puede decirse de la fotografía. Donde podría haber un campo desierto iluminado por la luna, aparecen figuras humanas vistiendo trajes y máscaras que evocan más un clásico film slasher de Hollywood que el clima de suspenso realista que esta producción podría utilizar más provechosamente.

Puntuación: 1.5 de 5.

Respira desaprovecha una temática en boga y transforma una película con potencial en un producto un tanto insípido que no llega a la denuncia social que pretende ni al clima necesario para dejar en el espectador la sensación de haber visto una película digna de recomendar.

Puerto Almanza de Juan Pablo Lattanzi y Maayan Feldman

Santiago vive su vida tranquilo en Puerto Almanza, al sur de la provincia de Tierra del Fuego, último asentamiento humano antes de la Antártida. Recaló ahí huyendo de un pasado de adicción al juego y luego de haber pasado diez años en la cárcel. Rolo también vive allí, pero él no está huyendo de nada. Vivió su vida como un nómade, dejó hijos sin reconocer y pasó por muchos lugares, hasta que llegó a Puerto Almanza y se enamoró del lugar, asentándose por primera vez en su vida adulta. Allí se convirtió en laburante, concubino y padre y ahora vive una vida más tranquila.

Puerto Almanza es un documental sobre un lugar que es la definición exacta del concepto de inhóspito. Es el pueblo más al sur del mundo, tiene pocos habitantes y la localidad gubernamental más cercana está a más de 70 kilómetros del lugar. Sus habitantes tienen que sostenerse con la pesca y autoabastecerse de los elementos necesarios para vivir, incluyendo la leña que es esencial para calefaccionar las casas en la zona.

Aunque la premisa al principio parece ser la idiosincrasia del pueblo y sus costumbres, el documental enseguida se acerca a Santiago y Rolo y, sin mediar ninguna explicación, sus vidas pasan a ser el eje principal. La película nos construye desde ahí la historia de ellos dos y el paraje en sí tiene poca presencia, solamente atravesado por sus comentarios y anécdotas.

La ausencia de personajes femeninos en el film es altamente llamativa, siendo la maestra la única a la que se le dedica algo de tiempo. La esposa de Rolo cocina casi siempre de espaldas y no emite palabra y más allá de los dos personajes principales y algunos amigos que vemos esporádicamente, no parece haber más gente en Almanza, mucho menos mujeres.

Para aquellos que disfrutan del formato documental de entrevistas a personajes pintorescos, Puerto Almanza tiene justamente eso para ofrecer. Pero para aquellos interesados en saber más sobre este lugar o sobre cómo es vivir en el asentamiento más austral del mundo, poco y nada se termina sabiendo.

La decisión desde la fotografía de no mostrar el esplendor de los paisajes de la zona se contrapone con esto en gran parte, ya que no podemos como espectadores empatizar con el enamoramiento que genera el lugar ni apreciar lo hosco de las condiciones de vida.

Puntuación: 2.5 de 5.

Tal vez los directores se engolosinaron demasiado con lo que sus personajes les brindaron y se olvidaron de Puerto Almanza, que era su principal protagonista, pero eso no implica que el documental no sea disfrutable y una vez que conectamos con sus personajes, el film logra al menos el objetivo de generar el retrato que ellos se merecen.

2.5/5 puntos

La protagonista de Clara Picasso

Paula es una actriz que no está trabajando como tal. Obtiene sus ingresos dando clases en bares y participa de focus groups para marketing, en los cuales actúa personajes por encargo y hasta eso hace sin convicción. Su vida parece no tener rumbo en ninguno de los aspectos, hasta que un accidentado intento de robo en un restaurant le da una inesperada pero también efímera popularidad.

Lejos de la post-adolescencia, la mujer en la que Paula se convirtió le resulta a ella misma una extraña. Sus vínculos, sus trabajos e incluso su vocación parecen lejanos y poco importantes. Esta especie de comedia costumbrista argentina, alejada del histrionismo y los chistes, toma un personaje que atraviesa una crisis existencial y, lejos de dramatizarla o victimizarla, la nutre de una especie de gracia contenida que parece ajena a su persona pero no a quienes la rodean.

Ya hemos visto muchos films que tratan la angustia de un personaje en plena adultez que no encuentra sentido a su vida, pero lo que destaca a esta película, particularmente, es su entramado en el contexto de un mundo donde las relaciones virtuales suelen parecer más importantes en comparación a las interacciones en la vida real.

Paula no trabaja de actriz y sin embargo ante las cámaras se vuelve una inmediata celebridad sin tener ningún mérito real, y ni ella misma logra explicar muy bien qué es lo que pasó. En medio de las repercusiones por ese episodio, ella parece encontrar un nicho en el cual la gente la reconoce y la hace sentir como una celebridad.

Sin embargo el personaje no se siente cómodo al mezclar sus afectos con esa nueva faceta de su vida y, rápidamente, el interés que el episodio generó, decae, tanto para ella como para su entorno.

La actuación de Rosario Varela es convincente y es, en gran parte, lo que hace que la película funcione tan bien. Algunas cosas son un poco forzadas pero tienen probablemente más que ver con la dirección actoral que con ella. Los personajes secundarios acompañan bien casi todo el tiempo, destacándose la pequeña intervención de Manuel Vignau como el ex novio y, aparentemente, único actor realmente consagrado de su entorno.

Aunque la premisa inicial parece bastante sencilla, y en definitiva lo es, el gran acierto de La protagonista es poder mostrar una visión del mundo actual en el que Paula se encuentra perdida, a través de pequeños símbolos y fragmentos de información a lo largo del relato, en lugar de apelar a los clásicos diálogos sobre explicativos. Cada dato que vamos obteniendo del personaje de Paula nos va construyendo la realidad en la que vive, y que vamos comprendiendo cada vez más.

Destacable también la fotografía del film en el cual abundan planos muy bellos que complementan la dicotomía que se vive entre la congoja del personaje y la belleza que la rodea, así como la gran decisión de montar el film como si fuesen pequeños capítulos a los que les cuesta mucho unirse entre sí, tal como le pasa a Paula.

Puntuación: 3.5 de 5.

La protagonista es un lindo film que se disfruta tanto desde lo estético como desde lo humano, y que logra que el espectador se relacione con su personaje central sin forzar el dramatismo ni apelar a situaciones muy forzadas, una película que logra congeniar un planteo emocional profundo al mismo tiempo que hacer pasar un rato muy entretenido.

Lejos de Pekín de Maximiliano González

María y Daniel son un matrimonio yendo a buscar a la bebé que el sistema de adopción les ha asignado. Llegan en medio de una lluvia que parece no va a detenerse nunca, pero nada les importa porque están a punto de cumplir su sueño de ser padres. El problema es que, en la parte final del proceso, el tan ansiado encuentro con su futura hija es interrumpido cuando la madre biológica reaparece. El matrimonio es enviado a pasar la noche a un hotel para esperar novedades y es allí donde las tensiones y angustias se transformarán en catalizadores de los conflictos personales de los integrantes de la pareja.

No existe algo así como la pareja perfecta y Lejos de Pekín se dispone a hablar sobre eso. La aparente tranquilidad y armonía con la que conocemos a los protagonistas se desarma en cuanto llegan al hotel y los temores que los acorralan destapan las cosas que cada uno parece venir conteniendo. Daniel enfrenta el conflicto como si nada hubiese pasado mientras que María parece una olla a presión, y como tal, explota ante su marido que no logra del todo ver cuál es su lugar en los reclamos que ella le está haciendo.

El planteo desde el guion es interesante pero se ve diluido por la falta de verosímil en la forma de diálogo de sus protagonistas, que no sólo empiezan a tratarse de forma más distante y peleadora a lo que aparentemente es su relación habitual, sino que también modifican radicalmente la forma en la que se hablan, volviendo los diálogos bastante poco creíbles. Esto es particularmente notorio en el personaje de María (correctamente interpretado por Elena Roger) que se vuelve tan agresiva con el más bien pasivo personaje de Daniel (Javier Drolas), que pierde enseguida la empatía del espectador, haciendo difícil que el relato lo involucre emocionalmente.

El aspecto más destacable del film es la imagen. Agustín “Tedi” Álvarez, a cargo de la dirección de fotografía y de la cámara, aprovecha el recurso de la lluvia constante transformando esa metáfora en una puesta de cámara bella en todo momento, acercándose con delicadeza a cierta estética que parece casi salida de un film coreano y que lleva al espectador más emotividad que la aparentemente conflictiva personalidad de María.

Puntuación: 2.5 de 5.

Lejos de Pekín es un film con buenas intenciones pero que, lamentablemente, pierde gran parte de la emotividad que podría transmitir la historia, ya que su guion se vuelve demasiado rebuscado por momentos y se sobrecarga de anécdotas y reacciones que poco tienen que ver con lo que está pasando en la trama.

Lo intangible de Matilde Michanie

García Curten, quien vive en aparente reclusión en San Pedro, abre las puertas de su casa museo para que Marcos pueda palpar su obra mientras charla íntimamente con él.

La obra de García Curten es la definición del arte expresionista. Sus dibujos y esculturas son perturbadores e hipnóticos, y no alcanza la mirada para recorrerlos. Para aquellos que alguna vez pudimos ver sus obras personalmente, inabarcables es la palabra que mejor las definiría.

El documental arranca recorriendo minuciosamente las esculturas, presentando a esos personajes monstruosos creados en base a descartes para, inmediatamente después, abandonarlos e ir al encuentro de Marcos, escritor y licenciado en artes visuales que va en búsqueda de este artista sobre el cual quiere escribir un libro. García Curten, presentado como un ermitaño minutos antes, arranca entonces un relato de sus comienzos como artista plástico y, contra todo pronóstico, se abre de lleno a contar una historia que lo marcó como persona y moldeó como artista.

Queda claro de su relato que aquello que lo vuelve único no estuvo ahí sin embargo, la semilla de su arte estuvo siempre dentro de su ser y sólo necesitaba despojarse del preconcepto de lo que el arte significa y abrirse paso. Sus dibujos y pinturas, que van desde la pintura elaborada a bocetos en lápiz sobre papel, son conmovedores, impresionan al espectador y no se vuelven nunca repetitivos. Pero son sus esculturas, sin duda, las que se llevan toda la atención.

Hechas a partir de basura que encuentra en la calle, trozos de madera, partes de muebles rotos, sus esculturas adquieren formas igualmente pesadillescas y fascinantes, que son imposibles de abarcar por el ojo humano (ya lo son en persona, mucho más en un film), pero que se vuelven interesantes de recorrer a través de la mirada fascinada de Marcos y el amor que por ellas siente su autor.

Puntuación: 3.5 de 5.

Lo intangible es un interesante documental que nos permite recorrer la obra y el artista, atravesado al mismo tiempo por mucho amor y una muy alta carga de objetividad, esto último probablemente resta en lugar de sumar porque si hay algo con lo que el espectador queda embebido después de ver el film es justamente una gran carga afectiva por esas obras que pujan por encontrar su público pero, como bien explica su autor, no desde lo comercial, sino desde lo estético.

La sabiduría de Eduardo Pinto

Tres amigas dejan la ciudad para pasar un fin de semana en el campo, alejadas de todo contacto con la sociedad: no hay internet, no hay señal de celular, no hay televisión. La primera noche deciden acudir a una celebración con los peones del campo y aborígenes de la zona, pero luego de la ingesta de una droga, Mara y Luz despertarán sin saber dónde está Tini. Ahí comienza una búsqueda que las conectará con los usos y costumbres de ese campo pampeano de una forma que no imaginaron.

El cine de terror o suspenso en nuestro país no parece todavía haber encontrado un código propio, y el director Eduardo Pinto parece estar muy consciente de eso. Utilizando las estructuras del relato de las películas slasher ambientadas en el decadente sur norteamericano, La sabiduría traduce este código a nuestra pampa, lo embebe de nuestra propia historia fundacional y provoca el mismo choque de clases que el cine yankee tan bien maneja desde que Tobe Hopper lo reformuló, en 1974, con su film La masacre de Texas.

El mayor mérito que el film tiene es la construcción de los climas. La película no abunda en explicaciones redundantes y deja que los personajes y los paisajes vayan construyendo, de a poco, la sensación de desamparo que, finalmente, desencadenará una carrera por sobrevivir a una cacería ancestral que las protagonistas no conocen ni comprenden. En este sentido es extraña la decisión estética que se presenta en la escena de los títulos, en la cual el espectador se ve enfrentado con diversas imágenes y sonidos violentos que lo alertan sobre el tono del film, desaprovechando así  la construcción que desde el guion se busca, donde todo el inicio de la película podría embaucar al propio espectador que, tal como sus protagonistas, no está preparado para lo que luego va a venir.

La historia sufre a lo largo del film algunos problemas relacionados con la falta de una estética propia. Escenas traducidas literalmente de la del cine norteamericano, que acá pierden poder por no representar en nada la idiosincrasia de nuestro país, idiosincrasia que es esencial en esta historia. También hay problemas en la constante discontinuidad de la posición del sol, que quedan plasmados en planos que no se corresponden con los tiempos del relato (tardes que serían mañanas, etc.)y que desconcentran al espectador, alejándolo de la trama.

Un punto muy a favor que tiene la película es que el clima que se construye desde el guion es bellamente acompañado por la dirección de arte que, desde pequeños toques como las pinturas en la pared hasta grandes declaraciones como los vestidos que portan las protagonistas, le permiten al espectador intuir el tono del relato de forma muy precisa, siendo estas herramientas muy útiles al momento de decodificar los acontecimientos.

Las actrices desempeñan su rol correctamente y, aunque también sus personajes se embeben de los clichés del género, logran lo importante, que es que la química entre las tres es creíble, lo cual se vuelve imprescindible para que esta historia se sostenga. Nuevamente es en el guion donde surgen algunos problemas, ya que conocemos algo de Tini y mucho de Luz, pero de Mara, quien parece ser la líder del grupo (por lo menos en este fin de semana) no sabemos nada, excepto la información necesaria para que el desenlace pueda llevarse a cabo.

Puntuación: 2.5 de 5.

La sabiduría es un film que logra captar la potencialidad del género del suspenso y logra conectar con el espectador desde ese lugar. La empatía que se logra por los personajes no es poca y eso hace que la historia resulte interesante a pesar de las pequeñas falencias en la realización. 

Transit de Christian Petzold

El director Christian Petzold nos trae Transit, un film con una muy interesante visión sobre uno de los temas olvidados en la mayor parte de aquellos que hablan de la segunda guerra mundial.

Georg es un alemán que quedó varado en París luego de la ocupación nazi. Perseguido por los aliados, busca desesperado un camino de salida y lo encuentra a través de un escritor muerto que había recibido el ofrecimiento de escapar a México. Así Georg se embarca en un viaje por tierra hasta llegar al puerto de salida en el cuál conoce a la esposa del escritor, quien no sabe que su esposo murió, y de la cual él se enamora perdidamente.

Es muy interesante observar cómo el conflicto inmenso de la guerra puede ser, con gracia, reducido a una historia de amor entre dos personas que, desesperadas, buscan construir un vínculo que los conecte con algo parecido a un hogar. Georg y Marie, cada uno en una búsqueda diferente a la del otro, se encuentran en medio del caos, de la pobreza y la desesperación y logran establecer una conexión que va más allá de las palabras, una química que se percibe en la pantalla sin que el guion se vuelva sobreexplicativo. En ese sentido, es majestuoso el trabajo actoral de Franz Rogowski que compone un personaje sufrido absolutamente verosímil trabajado desde la sutileza del personaje y no desde la gesticulación o la palabra excesiva.

Al director Christian Petzold lo conocimos en nuestro país en el 2013 con su película Bárbara (nominada al Oscar como mejor película extranjera) y luego con Ave Fénix en el 2014, ambas de época. Con Transit (film que completa junto con los anteriores la trilogía que el autor denomina “El amor en los tiempos de los sistemas opresivos”) retoma el concepto de la recreación de época, pero le agrega un giro que provoca que el espectador se enfrente con un material que lo lleva a repensar todo el tiempo lo que está mirando. El trabajo visual es inabarcable en una primera visión, Petzold logra un complejo entramado de imágenes y sentidos que logra reflejar el ayer y el hoy de un continente desahuciado por el hambre y la desesperación, sin caer nunca en el golpe bajo.

Todos los aspectos del film están sumamente pensados. La fotografía, el arte y sobre todo los diálogos, dan cuenta de una producción sumamente cuidada, enfocada a lograr que el espectador se comprometa emocionalmente con cada decisión acertada que se toma, transformándolo en un espectador activo que no se sienta en la butaca a ver solamente una historia de amor, sino en uno con la necesidad imperiosa de implicarse en lo que está pasando.

Sólo el amor de Diego Corsini y Andy Caballero

Llega a los cines Sólo el amor, un film para jóvenes plagado de canciones, pero con pocas buenas ideas.

Noah (Franco Masini) es el cantante de una banda de rock/pop independiente que busca hacerse conocida. Por casualidad conoce a Emma (Yamila Saud) y ambos conectan casi instantáneamente. Al mismo tiempo un aparente golpe de suerte le da al grupo musical la posibilidad de triunfar de la mano de una nueva manager que cambia al baterista y el nombre de la banda, y los dispara a la fama, haciendo que en el camino Noah pierda la amistad con su amigo percusionista y ponga en peligro su relación con Emma, llevándolo además al borde del suicidio.

Sólo el amor es una película para adolescentes que cuenta una historia de amor sencilla y una escalada a la fama con la que muchos sueñan. El punto más destacable del film es Franco Masini, su protagonista, que sin destacarse demasiado cumple con el carisma necesario para que el público, mayormente adolescente, quede fascinado con él. Su performance, vocalmente hablando, también está muy bien.

El resto del film parece no tener un hilo conductor. Todos los conflictos (legales, la separación de los amigos, el distanciamiento de Emma con su padre, etc.) son reemplazados por elipsis y así las partes de la trama que podrían acercar al público, desaparecen.

Las situaciones que sí se ven en pantalla son absurdas, carentes de realismo y el código de actuación de algunos personajes se vuelve casi intolerable por lo forzado. En ese proceso se pierde la posibilidad de disfrutar por ejemplo del personaje de Andrea Frigerio, una manager sin escrúpulos que, según dice el padre de Emma, hace algo malo, pero que el espectador nunca llega a saber qué es.

Plantear un intento de suicidio en un joven no es una tarea sencilla para un film y esta película demuestra el por qué. El guion se olvida de desarrollar la parte emocional de los conflictos, dejando las decisiones del personaje como algo más cercano a un capricho que a la desesperación en sí. Eso sumado a que realmente nunca se sabe qué es lo que pasó, no hay forma de que el espectador se conecte con la historia.

La fotografía tiene momentos interesantes en algunos videoclips, pero la mayor parte del tiempo opera como un cliché reproduciendo estéticas elaboradas del cine noir o expresionista, que no sirven para reemplazar un conflicto que no se termina nunca de desarrollar en la pantalla.

Marilyn de Martín Rodríguez Redondo

Un hecho real, un despertar sexual y un ambiente familiar hosco, vuelven a Marilyn un personaje digno de contar en un film que marca el prometedor debut en el largometraje de Martín Rodríguez Redondo.

Marcos es un joven de 17 años que vive en el seno de una familia de trabajadores del campo. Estudia y recibe el incondicional apoyo de su padre, quien entiende el potencial de su hijo y lo respeta en el distanciamiento que tiene por la tarea rural, lo que que resiente a su madre y hermano que trabajan junto al padre de sol a sol.

El progenitor fallece luego de un disgusto, dejando a la familia sola en una situación precaria y donde su vivienda corre peligro al no poder generar el dinero para pagar el alquiler. Al mismo tiempo Marcos se va transformando (aunque no lentamente) en Marilyn, una joven trans. En su despertar sexual, él no sólo se siente atraído por jóvenes de su mismo sexo sino que también disfruta de vestirse con ropas de mujer. El entorno social y su familia no lo comprenden, lo discriminan y agreden constantemente, lo que va llevando a Marcos al límite de la desesperación.

Marilyn es un film con muchos aciertos, principalmente la empatía que el director logra generar en el espectador que entra sin tapujos ni traumas en sintonía con el personaje de Marcos, con una pintura alejada de los traumas clásicos de estos relatos y mucho más cercana a la convicción que él siente por su deseo sexual y su elección de vida. Marcos es encarnado con naturalidad y soltura por el también debutante Walter Rodríguez, que pasa del introspectivo joven a la desfachatada Marilyn con la misma gracia con la que el director cambia el tono del relato de escena a escena.

El elenco acompaña también de forma impecable, particularmente la madre compuesta por la actriz chilena Catalina Saavedra (a quien conocimos en Argentina en la excepcional película La nana de Sebastián Silva, 2009) quien compone al duro personaje que le toca lidiar con la muerte de su esposo, el riesgo de perder lo poco que logró en su vida y lo inabarcable que le resulta el conflicto sexual de su hijo.

Cuando un director sabe lo que tiene que contar se nota en todos los aspectos de la realización y esto queda claro en la ópera prima de Martín Rodríguez Redondo. La misma naturalidad con la que Marcos y Marilyn conviven en el film se refleja en el montaje y particularmente en la fotografía de Guillermo Saposnik que va desde el árido mundo de Marcos al potencialmente colorido mundo de su alter ego femenino.