Angélica de Delfina Castagnino

Angélica perdió a su madre, se separó de su novio y debe abandonar su casa. A escondidas de su hermana, que no sospecha nada, vuelve a ingresar a la vivienda a punto de ser demolida y se esconde en el ático, desde donde espía cómo su universo, literalmente, se destruye. Mientras, se enfrasca en una relación con el padre de la supuesta nueva novia de su ex, con quien los límites de la realidad y la ficción parecen ir corriéndose, a medida que Angélica va sumergiéndose, más y más, en un personaje con las mismas características de su difunta madre.

Angélica es, como su personaje, una película de la cual es muy difícil hablar sin adentrarse en todos sus detalles. Ella parece una cosa pero es otra, o viceversa. El límite desaparece rápidamente en el film y el espectador queda abandonado a esa nueva realidad que el personaje va a construir. La puesta de cámara da cuenta de ello y, al mismo tiempo que los planos parecen ser desprolijos e improvisados, no queda la menor duda de que están pensados milimétricamente para incomodar al espectador. Lo que vemos es incómodo, pero lo que no llegamos a ver es perturbador.

Angélica es inabarcable para nosotros. Su mundo interior es oscuro y a medida que ella continúa su espiral descendente a la insania la apuesta cinematográfica va subiendo. La cámara queda cada vez más alienada de esos espacios que la rodean. Y a la par que los obreros van destruyendo las estructuras de ese lugar que alguna vez supo ser su hogar, su propia personalidad empieza a colapsar perdiendo los límites entre lo real y la ficción.

Los sonidos toman en el film un protagonismo particular y hacen extrañar la sala cinematográfica donde la sensación envolvente los hubiese potenciado. Construyen la amenaza exterior de Angélica, pero también ponen en tensión su clandestinidad. Cada paso que da, cada lugar por el que se desplaza, la crujiente y desmoronada casa la quiere poner en evidencia.

Cecilia Rainero construye a nuestro personaje principal con una sutileza que se contrapone fuertemente con su intenso mundo interior. Con pequeñas miradas o cambios casi imperceptibles del tono de voz, deja paso a las otras partes de Angélica que se debaten dentro de su ser.

Angélica debería ser un film dramático, pero pone en juego las cualidades de un thriller, logrando así generar en el espectador una gran cantidad de suspenso y tensión, volviendo más efectiva la construcción de la decadencia de este personaje con el cual queremos empatizar, aunque se vuelve más difícil con cada minuto que pasa.

Puntuación: 4.5 de 5.

Sofocante y opresiva, Angélica es una de esas películas que muestra cuál es el camino del nuevo cine argentino cuando pretende abarcar el género, deconstruyendo y reinventándolo no en pos del mero efectismo, sino como parte de la construcción integral de este hipnótico y enigmático personaje.

Proyecto Parque Patagonia de Juan Dickinson

Dos filántropos millonarios encaran un proyecto de parque binacional que empieza con la donación de una gran cantidad de tierras en Chile y que debe continuar con la adquisición y donación al estado argentino de tierras en nuestro país. El problema reside en que en algunas de esas tierras, que la Fundación Flora y Fauna quiere adquirir para el proyecto, viven estancieros que, desde hace dos o tres generaciones, vienen criando su ganado en el lugar. El proyecto de unos se contrapone con el de los otros y está claro que ambos no pueden subsistir si su opuesto no cambia o desaparece.

El documental Proyecto Parque Patagonia intenta darle voz a quienes, desde ambas posturas, pueden explicar los por qué de su punto de vista y así, durante la extensión de la película, nos encontramos con dos bandos irreconciliables, cada uno de ellos con argumentos entendibles, aceptables e incluso justos. Y si bien el documental es muy interesante en sus planteos y la belleza de sus imágenes, por momentos queda preso de su “intento de imparcialidad”, lo cual, paradójicamente, juega en contra al momento de permitir al espectador tomar una postura bien informada.

Por un lado, el film decide no traer desde afuera del conflicto ninguno de los testimonios que permitirían dirimir un poco mejor la cuestión. Testimonios de conservacionistas ajenos al proyecto serían muy esclarecedores, lo mismo que algunos estudios sobre cómo y quién fue poblando la Patagonia, situación que se ve demasiado romantizada en el film. Y en ese contexto, al mezclar los testimonios de familias nativas que trabajan y viven de la tierra con el de los agricultores que trabajan las tierras que compraron (o incluso capaz ocuparon) sus padres o abuelos, se generaliza una visión de la naturaleza que un productor agropecuario no siempre tiene presente.

Por otro lado, mientras uno de los “bandos” atraviesa el film contando sobre el proyecto de regeneración de flora y fauna, del otro lado llueven constantemente las acusaciones sobre las formas y los objetivos ocultos de quienes, a los efectos de esta historia, son los conservacionistas. Desde acusaciones sobre aprietes del tipo mafioso, hasta la insinuación de una intencional búsqueda de acaparar las fuentes de agua dulce, pasando por la ridícula posibilidad de la fundación de un nuevo país en ese territorio, los agricultores de la zona dicen unas cuantas cosas sobre quiénes quieren llevar a cabo el proyecto, y estos nunca tienen derecho a réplica en el documental y, mientras tanto, datos muy importantes sobre cómo el ganado de algunos agricultores pastan en tierras ajenas pasan desapercibidos y ni siquiera son tomados como parte de la argumentación.

Puntuación: 3 de 5.

Proyecto Parque Patagonia es un buen documental, plantea una mirada interesante sobre uno de esos conflictos donde las dos partes parecen tener razón y la solución parece imposible, y lo hace con bellos planos y una muy cuidada imagen. Pierde potencia, sin embargo, por la falta de objetividad, que es entendible en cualquier documental, pero que no debería ser tan visible para el espectador, porque termina jugando incluso en contra de la propia perspectiva del autor y sus entrevistados.

Planta permanente de Ezequiel Raduzky

Lila (Liliana Juárez) y Marcela (Rosario Bléfari) son dos amigas que trabajan juntas, desde hace muchos años, como empleadas de limpieza en algún edificio estatal. Tienen, además, un emprendimiento informal con el cual preparan el almuerzo para la mayoría de los empleados del lugar en un sector abandonado del edificio. Pero el cambio de gobierno trae nuevas autoridades. Entre ellas, una joven jefa que, detrás de un discurso plagado de orden y sentido común, viene a hacer recortes en la planta. El despido de la hija de Marcela pone en jaque la amistad entre las dos mujeres justo en el momento en que su sueño de tener un comedor como corresponde puede volverse real.

Planta permanente es una película que podríamos enmarcar en el cine de conflicto social y en el cual se nos muestran dos tipos de problemáticas. En primer lugar vemos como la burocracia gubernamental amenaza las estructuras de trabajo, con la aparición de esta nueva directora que, detrás de una sonrisa y un discurso de apreciación de su planta de trabajadores, esconde un plan de reducción y reestructuración, dentro del cual la hija de Marcela pierde su empleo a pesar de los intentos de Lila por evitarlo.

Pero el conflicto más interesante lo plantea al mostrar cómo, esa misma jefa, planta la discordia entre los trabajadores, dividiendo a Lila y Marcela y logrando así imponer su voluntad por sobre el bienestar de ambas.

Cuando la nueva jefa observa sobre lo irregular del comedor armado por las dos amigas, aparece la oportunidad de poner en marcha el plan de tener un comedor para el personal, una idea que es originalmente de Marcela, con las instalaciones necesarias y mejores condiciones de higiene, pero el conflicto entre ambas a esta altura ya es irremediable.

La película cuenta una historia muy interesante que, tal como haría una fábula, le permite al espectador reflexionar sobre las formas en las cuales las clases dominantes instalan el conflicto entre las clases trabajadoras y de esa forma, dividiéndolas, logran imponer su propia agenda. Y si bien en algunos momentos utiliza algunos puntos clichés que podrían haber sido evitados en pos de un mayor realismo, el film logra conmover, principalmente, apoyándose en las actuaciones de las dos protagonistas que hacen que los personajes no parezcan en ningún momento una construcción ficcional, sino realmente Lila y Marcela transitando la vida real.

Puntuación: 3.5 de 5.

El conflicto humano y el laboral encuentran en Planta permanente una historia conmovedora y angustiante que marca el signo de los tiempos, en los cuales el cambio de gobierno impuso en la agenda mediática la subvaloración de los empleados estatales, volviendo una cuestión de estado la supuesta superpoblación de trabajadores en sus dependencias y cuestionando la legitimidad de sus puestos, al mismo tiempo que nos muestra las tácticas y manejes que tienen sus políticos para desestabilizar las bases de compañerismo y solidaridad de los trabajadores a los que atacan.

Paraíso de Pablo Falá

Sofía vuelve a la Argentina luego de varios años de vivir en Europa y se encuentra perdida. Se rodea de ruido y gente para no sentir el aplastante silencio del paisaje de Traslasierras que la rodea por completo. Como parte de su proceso de reinserción, en este mundo que dejó atrás hace unos años, invita a Lautaro a pasar unos días con ella, ese ex novio a quien abandonó para irse afuera. Pero el reencuentro va a estar signado por los reclamos de un pasado que ella debe revisitar para poder seguir adelante.

La mente de Sofía parece estar dividida en dos polos totalmente opuestos del espectro emocional. Por un lado busca evadirse con música fuerte, alcohol y drogas de la realidad que la circunda y por otro es ella misma quien invita a su ex, quien encarna, no muy sutilmente, toda la carga de un pasado del cual ella huyó sin tener muy en claro por qué.

Así conocemos a Lautaro que acude a la cita sin mucha idea de qué esperar, pero con la clara expectativa de un reencuentro con la persona que vio partir años atrás. Se encuentra, sin embargo, con que ella pone en escena situaciones en las cuales la reconexión se vuelve compleja, mediada por amigos, peleas y reclamos que parecen tener más que ver con su propia frustración y no con situaciones relacionadas con él, presente incondicionalmente a su lado en cuanto ella lo llama.

El film nos muestra esta dualidad con dos puestas en escena muy diferenciadas la una de la otra. Por un lado, la contemplación de los paisajes, las escenas relajadas entre Sofía y Lautaro y el silencio cómodo que a veces se da entre los dos, y por otro lado, la música fuerte, los planos cortos sobre el rostro del personaje y las discusiones provocadas sin mucho sentido más que el de la pelea en sí misma.

Las charlas son muy explícitas y demasiado explicativas y el contraste que se da con la prolija y muy lograda fotografía, no sólo de los paisajes sino también de la casa y los personajes, le termina restando mucho potencial a esto último que hubiese sido más que suficiente para expresar las idas y vueltas de los protagonistas y toda la angustia y el enojo que llevan acumulados.

Estos dos códigos, entre los cuales fluctúa Paraíso, no están orgánicamente yuxtapuestos en el film y pierden fuerza cuando son interrumpidos por su contraparte estética, sobre todo cuando los conflictos entre ellos dos son resueltos con charlas plagadas de palabras que se contraponen con la sutileza de los momentos contemplativos del film. Y si bien cumple con el cometido de reflejar el estado anímico cambiante de Sofía, no siempre logra transmitírselo al espectador que mira distanciado a ese personaje que no sabe lo que quiere, generándole más juicios que empatías hacia el personaje.

Puntuación: 2.5 de 5.

Paraíso es un film que deambula entre lo contemplativo y lo explícito, sin tener un punto intermedio para el espectador y allí, seguramente, es donde falla al intentar reflejar las emociones que su personaje tiene arraigadas muy dentro de su personalidad, pero con las que el espectador nunca logra conectar del todo, volviéndose un poco redundante y carente de ritmo.

Tengo miedo torero de Rodrigo Sepúlveda

Una travesti vieja y pobre se ve envuelta en una de las tantas violentas redadas que durante la dictadura de Pinochet eran una constante en los bares y discotecas de la comunidad LGTB. Ahí escapa con la ayuda de Carlos, un mexicano viviendo en Chile, con quien entabla un vínculo. Él es un guerrillero luchando por la liberación de Latinoamérica y convence a “la Doña” de que le guarde unas cajas con libros, que terminan teniendo armamento.

Así arranca una relación de amistad que para ella significa mucho más, pero que para él tiene, en gran parte, el aliciente de poder usar el vínculo para los objetivos del grupo que integra, que terminan incluso reuniéndose en la derruida casa que ocupa “la Loca del Frente”. Y es así que, a través de su relación con Carlos, la travesti, que se reconoce rechazada tanto por dictadores como por revolucionarios, termina comprendiendo que no todos los extremos son iguales y dónde está parada en el espectro de la lucha por los derechos humanos.

El Chile de Pinochet tiene su retrato en este melodrama que muestra la pobreza y el enojo de una sociedad agobiada por el ataque constante de un gobierno que desaparece gente, mata y tira sus muertos al costado de la ruta y reprime sin parar cualquier manifestación de descontento. En ese contexto, “la Loca del Frente” (uno de los tantos apodos con el que la protagonista de esta historia elige llamarse), vive con perfil bajo y sin prestarle demasiada atención a lo que sucede a su alrededor. Intentando sobrevivir en un país que la mata de hambre, con una sociedad que la desprecia y hasta el desaire de la comunidad gay, vive el día a día sin plantearse demasiadas cosas. Pero el enamoramiento con Carlos la hará comprender cuál es su lugar en la sociedad y cuál es el lugar que realmente se merece, y que ese lugar no va a serle otorgado por sentarse a bordar en su destruido hogar.

Enmarcado en una historia de amor, el film nos hace reflexionar sobre ideologías y exclusiones, y el efecto que ellas producen en quienes quedan, como los travestis y los transexuales, al margen de todo. Ni siquiera los revolucionarios que quieren liberar al pueblo tienen empatía por ellas, marca nuestra protagonista en una clara alusión a la conocida homofobia del Che Guevara.

El entendimiento del contexto y la búsqueda de un camino de salida para “la Doña” se va dando gradualmente, no a través del amor por Carlos, sino gracias a la apertura de su mirada que la saca de su ensimismamiento, le muestra un país donde el salir a la calle para muchas personas puede ser una sentencia de muerte, tal como les pasa a ellas. En esas masas oprimidas puede, por primera vez, identificarse con alguien y a partir de ese entendimiento, nunca será la misma persona.

Este viaje se refleja magistralmente en la actuación de Alfredo Castro, sin dudas el actor chileno más representativo a nivel internacional en este momento. Su construcción de “la Loca del Frente” es  perfecta, sutil en los detalles, extravagante en la exacerbación de los gestos típicos de quien vive evadiéndose de las atrocidades de la vida imaginando un escenario por el que deambula sin preocupaciones.

La reconstrucción de época es otro de los aspectos que funcionan muy bien en el film. Sin caer en los golpes bajos ni las imágenes que abusan de la sensiblería que el género a veces utiliza, el director Rodrigo Sepúlveda nos muestra el Chile que nadie quería ver, ese Chile empobrecido en favor de unos pocos aristócratas por el cual Allende quería luchar. El Chile de las casas ocupadas, de los chicos en patas, y de las mansiones en barrios alejados de toda esa pobreza que los ricos prefieren no ver.

Puntuación: 4 de 5.

Con el melodrama sobreactuado por ella como tono primordial en el relato, pero con una subtrama realista y muy humana, Tengo miedo torero se transforma no sólo en un conmovedor retrato del personaje principal y una época, sino también otro merecido homenaje a su autor, Pedro Lemebel, quien no supo lo que era quedarse callado por su propio bien y luchó por visibilizar las injusticias de una sociedad construida desde la exclusión.

El mundo entero de Sebastián Martínez

La premisa es clara: seguir la vida de Francisco Piria, un uruguayo con sangre europea que, sorteando escollos y nunca bajando los brazos, pasa de huérfano sin recursos a gobernador de su propio pueblo. En ese camino, el documental nos lleva a recorrer los distintos estadios que este curioso personaje atraviesa en pos de transformarse en una de las personas más exitosas de las que haya registro histórico.

Aunque la pregunta que se plantea el film tiene que ver con la construcción de Piriápolis en sí, el recorrido por el que nos lleva el director va a ser diferente, no nos interesa la ciudad en sí misma, sino la construcción de una utopía, la vida de un hombre que parece no conocer lo imposible y que, por proeza, por alquimia o por una combinación de ambas, logra todo lo que se propone.

El mundo entero nos lleva a recorrer la vida completa de Francisco Piria, adelantándonos desde un principio quién es y qué logró, pero proponiéndonos un viaje especular, entrevistando a historiadores que ahondan en lo fáctico de su obra, en los datos recabados sobre él como persona e incluso en todo lo referente al posible aprendizaje de la alquimia y cómo esa doctrina pudo haber sido responsable en parte de su éxito.

Lo cierto es que mientras todas esas miradas no se contradicen, tampoco se tocan y cada historiador busca sostener su punto de vista como el preponderante, los logros en la vida de Piria se suceden uno tras otro y en contra de todas las adversidades que el destino pone en su camino.

La visión del director Sebastián Martínez es hipnótica. Comparte con los historiadores la fascinación por la vida de Piria, pero sobre todo nos transporta como espectadores a una Piriápolis alejada del centro turístico que puede ser hoy, una ciudad soñada, un proyecto de ingeniería, arquitectura y planeamiento que parte de un descampado minero transformándolo en un pequeño pueblo que deviene en una ciudad, pero que en cada detalle arquitectónico denota una mirada transcendental de lo que para otros sería mundano, la personalidad de su fundador enmarcada en cada una de las piezas construidas.  

La música que impregna el film nos transporta a un universo de misterios y epopeyas que no tuvo precedente en la historia y que sólo sería repetido en el monumental proyecto que Walt Disney lleva a cabo en el estado de La Florida, EEUU, y que, tal como ocurre con este último, está tan teñido por la magia que cualquier intento de racionalización se muestra fallido.

Puntuación: 3.5 de 5.

El mundo entero es un fascinante paseo estético y de descubrimiento, pero no del proceso de creación de una ciudad por parte de un particular, sino de la vida y el espíritu de ese personaje: Francisco Piria, un hombre que está rodeado de un halo místico que es tan intrigante y fascinante como para que, ni el director ni el espectador quieran descubrir toda la verdad que yace latente en cada centímetro de construcción de esa obra monumental que es Piriápolis.

¡Que vivas 100 años! de Víctor Cruz

En Costa Rica, una madre y abuela de 109 años recibe a sus hijos de casi 90, que la pasan a visitar, y charla con ellos con una lucidez asombrosa. En Cerdeña, Italia, un hombre de 93 años festeja su cumpleaños al mismo tiempo que sueña con volver a volar. En un pueblo de Okinawa, una casi centenaria anciana lamenta la muerte de su hijo, ocurrida hace 3 años, y da por finalizado el duelo para volver a participar junto con las otras abuelas del lugar en un grupo de música pop con coreografía y todo! Estos son sólo tres de los personajes que nos muestra este documental centrado en la vida de personas muy longevas, pero que también incluye atisbos de la vida de las comunidades en las que habitan.

¡Que vivas 100 años! nos lleva a recorrer la historia de los personajes sin centrarse en ningún acontecimiento en especial, no quiere retratarlos siendo entrevistados ni quiere experiencias que muestren lo excepcional de esas vidas longevas que los personajes llevan, sino que sólo pretende mostrar el simple devenir de la existencia que, aún a tan avanzada edad, transcurre con naturalidad para todos.

Sin intentar aleccionarnos sobre la vida, el film nos muestra que en algunos casos la edad es no solamente un estado emocional, sino también una construcción social. Nadie parece sorprendido por la que tienen los personajes ni pretende menos de ellos por considerarlos demasiado viejos para algunas cosas.

La mera observación de los personajes y de quienes los rodean, por momentos no alcanza para construir un relato muy fluido, pero de todas maneras la película logra que nos sintamos cerca de esos seres que, con más o menos dificultades motrices, no están todavía ni cerca de dejar de disfrutar la vida.

Puntuación: 3.5 de 5.

¡Que vivas 100 años! es una de esas películas que acarician un poco el espíritu en momentos donde todos lo necesitamos. A través de tres capítulos o episodios filmados en lugares y entornos totalmente diferentes, vemos personajes que superan obstáculos físicos y emocionales para poder disfrutar de la bendición de tener una larga y próspera vida por detrás, y un todavía gran futuro por delante.

Perón y los judíos de Sergio Shlomo Slutzky

Sergio Shlomo Slutzky dirige esta investigación sociológica partiendo del supuesto que, según sus amigos, su padre era el “típico judío gorila”. Con el surgimiento de la categoría de “gorilas” en la mirada sociopolítica del país, el director inmediatamente se encuentra con una realidad en la cual la mayoría de los judíos de la Argentina, pero también quienes viven alrededor del mundo, tienen una imagen muy negativa de Perón basada, en gran parte, en el supuesto antisemitismo del movimiento peronista en el país.

Desde el comienzo del film, rápidamente se percibe que hay una especie de engaño en el título, ya que en realidad vamos a estar tratando de desandar la relación de los judíos con el peronismo y no al revés. Esto es muy interesante -particularmente en este momento del país y por qué no del mundo-, porque deja al descubierto uno de los mayores problemas estructurales de la posición de los pueblos sobre la política: la postura binaria. Vemos entonces cómo el hecho de que se considere a Perón como un héroe o un demonio, sin ningún tipo de matices, se traslada directamente a la sociedad en la cual o se es peronista o se es gorila, pero no hay un análisis más profundo de la situación.

Así, desde el comienzo del film, el director nos muestra cómo el investigador Raanan Rein desmitifica mucho de los preconceptos que en nuestra historia se tomaron como hechos fácticos que demostraban el antisemitismo no sólo del movimiento peronista, sino del propio Perón. En el recorrido de Rein también hay detractores que tienen pruebas sobre la conflictiva relación del movimiento político con la comunidad judía del país y personas que avalan sus dichos.

El recorrido es muy interesante y nos lleva a revisar unas cuantas de las situaciones que, con mucha incredulidad, vemos hoy día en nuestro país sobre cómo los rumores instalados en el centro del debate pueden más que los hechos fácticos que se presentan. También es interesante ver cómo el mismo Rein permite, en algunos momentos, que ciertas controversias lo superen en sus propias argumentaciones, dando un atisbo de cuál es en parte una de las trabas que impiden desandar este camino de odios y fanatismos.

Puntuación: 4 de 5.

Perón y los judíos es una investigación que refleja, en su seno, un problema mucho más profundo y abarcativo que la relación de la comunidad judía argentina con el ex presidente, y que le permite al espectador tener una mirada mucho más profunda sobre cuáles son las batallas instaladas en la sociedad como parte de la agenda política de los medios y los partidos en pos de buscar hacerse de la mayor cantidad de votos con la menor cantidad de críticas posibles.

Lava de Ayar Blasco

Debi es una tatuadora que está comenzando a hacer sus primeros pasos como artista independiente. Vive con su amiga Nadia con quien parece llevarse muy bien. Pero todo cambia esa noche cuando, reunidos con el novio de Nadia y un amigo, a punto de ver un capítulo de una serie muy popular, la señal es interrumpida por una imagen extraña que se va moviendo mientras varios diseños se ven en pantalla. Nadia entonces entra en una especie de trance del cual los otros tres no la pueden despertar. Y cuando la imagen se detiene y todo vuelve a la normalidad, ellos se asoman por la ventana para encontrar un caos por todos los accidentes que se produjeron durante la transmisión de las imágenes. Guiados por un libro de comics llamado Lava, Debi y los chicos se embarcan en la carrera no sólo por la supervivencia, sino por derrotar a los invasores lacrimales, una banda de alienígenas que tomaron el control de los medios de comunicación masivos en la tierra.

Aquellos espectadores que se decidan por ver este film se encontrarán con varias gratas sorpresas. Por un lado, el relato fluye con mucho ritmo y no tiene tiempos muertos, lo cual lo hace muy disfrutable para las nuevas generaciones, para las cuales la inmediatez es parte de su vida cotidiana. Además, la historia que cuenta no refiere solamente a un mundo al borde del apocalipsis, sino que invita a una reflexión sobre la relación de la sociedad con los medios de comunicación y las nuevas tecnologías.

Lava escapa, con una estética propia, a la comparación obligada del cine de animación con la industria, particularmente con las películas de Disney. No busca ser perfecta, sino nutrirse de su propia estética. Tiene autoconciencia y se burla, cada tanto, con comentarios ácidos respecto a sus dibujos y eso es algo mucho más disfrutable que algunos otros intentos de equiparar un film de animación argentino con el producido en el seno de una industria cinematográfica multimillonaria, comparación que siempre sale mal.

Aunque el diseño de sonido puede no apreciarse del todo fuera del contexto de una sala de cine, se percibe el trabajo que hay detrás del mismo. Los diferentes tratamientos de los efectos sonoros, pero también de las voces, ayudan a generar el clima que el film necesita para lograr un mayor verosímil. En ese sentido, otro punto donde se destaca es en el doblaje de voces que logra, sin ser algo extraordinario, con pequeñas modificaciones a lo largo de la película, acompañar las diferentes situaciones y el cambio de código que las mismas proponen.

Puntuación: 3.5 de 5.

Lava es un producto muy interesante, que podría conformarse con reproducir lugares comunes pero que elige sabiamente un camino más intrincado al decidirse por contar una historia que no es sencilla, sino que busca generar una reflexión en el espectador, presentándose al mismo tiempo como un film con una estética propia y particular, y un código estético atrayente para las nuevas generaciones de espectadores ávidos de ver retratadas en la pantalla sus propias angustias e intereses.

Experiencia cumbre de Magalí Buj y Fernando Palumbo

Loredana es una turista que se embarca, por pedido de los directores, en un viaje que la llevará a intentar el ascenso al Aconcagua en Mendoza. Antes de eso, es llevada a recorrer diferentes lugares y personas que la guiarán y acompañarán en una búsqueda interior de algo que ni la propia Loredana sabe qué es. En el camino se topará con diferentes personas y ritos que la irán guiando en el camino espiritual que recorre.

Experiencia cumbre arranca como si fuese un documental, con locución en off y una pequeña explicación de qué es lo que estamos por ver. Una voz de mujer nos cuenta que Loredana irá en una exploración espiritual acompañada de Mijel, un médico que ya ha hecho cima, varias veces, en el Aconcagua.

Loredana arranca su viaje en un laboratorio, o eso se nos dice, que fue el lugar donde, aparentemente los directores, hicieron su investigación. ¿Investigación de qué? Todavía me lo pregunto.

Este film mezcla lo documental con el falso documental, pero no logra nunca que la puesta en escena sea lo suficientemente verosímil como para que el espectador pueda comprometerse en este viaje de corte místico en el que el personaje principal se embarca.

Las diferentes secuencias, todas creadas alrededor de algún rito en particular, se suceden unas a otras sin casi ninguna explicación, sólo en el caso de un rito grupal, ya cerca del objetivo, se explica con quiénes se está interactuando y cuáles son los objetivos claros del ritual en cuestión, y no es aleatorio que así sea, ya que en ese lugar las tareas son manuales y cuasi terapéuticas.

Todo el film se desarrolla siguiendo el mismo inentendible patrón, que se vuelve más y más repetitivo por no conocer cuál es la búsqueda real del personaje de Loredana ni por qué está en ese viaje espiritual.

La química entre ella y Mijel es forzada, lo que hace más duro el transitar de toda la historia, sobre todo al final cuando el camino de ambos se ve separado y Loredana se muestra preocupada por el bienestar de Mijel.

Puntuación: 0.5 de 5.

Experiencia cumbre es un producto fallido que no logra en el espectador ni la empatía ni el entendimiento necesarios como para que el personaje de Loredana sea acompañado en su búsqueda. Lo único rescatable del film son algunos momentos en los cuales podemos apreciar la fotografía de las montañas de Mendoza, lo cual no es mérito propio, sino del bello paisaje de la zona.

La maldición del guapo de Beda Docampo Feijóo

Humberto vive su vida en España, luego de haber cumplido una condena por una estafa millonaria en Argentina. Ahí también vive su hijo Jorge, con quién no puede recomponer la relación que se rompió luego de que, tras años de ser un pésimo padre, se viese forzado por su condena a abandonarlo a él y a su esposa, dejándolos sin plata y con una pésima reputación, y forzándolos a emigrar a Europa. En la actualidad Jorge vive su vida alejado de su padre, pero un hecho fortuito lo hará sentir que sólo él puede ayudarlo, con lo cual se verá obligado a aceptar retomar el vínculo padre-hijo en pos de obtener la ayuda monetaria que lo apremia conseguir.

Hemos visto ya muchas historias de padres ausentes que buscan recomponer la relación con sus hijos y, en líneas generales, suelen ser efectivas cuando se sostienen desde dos aspectos esenciales: los buenos diálogos y las actuaciones. Pero ninguno de estos dos aspectos aparecen en La maldición del guapo. Desde la primera escena se puede vislumbrar que el personaje de Humberto está construido, únicamente, desde un cliché de lo que se espera de “el chanta” argentino. Mujeriego, mentiroso y buscando todo el tiempo enredar a todos con sus palabras, cosa que se vuelve casi imposible de creer cuando los diálogos están tan mal escritos.

El conflicto del film es inverosímil y predecible, y la forma en la que Jorge va cayendo ante los avances de su padre no se condicen con el odio que le destila en cada una de las charlas que tienen, las cuales son, nuevamente, poco creíbles y muy forzadas.

Técnicamente el film tiene una agradable pero televisiva fotografía y, aunque en líneas generales es un producto prolijo, la falta de credibilidad de la historia que se cuenta hace que el producto no sea eficaz para el espectador.

Puntuación: 1 de 5.

Aunque se nota en La maldición del guapo el intento de recuperar la impronta de los films de estafadores del estilo El golpe (The Sting, George Roy Hill, 1973) la falta de creatividad, los diálogos forzados y actuaciones poco convincentes hacen que el film no llegue a ser un buen producto.

Cine de pueblo, una historia itinerante de Sebastián Hermida

La figura de José Martínez Suárez es emblemática para todos los cineastas, cinéfilos y artistas de la Argentina. Su amor por el cine y el arte en general lo posicionó siempre como un referente para todos nosotros. Pero ¿cómo abarcar una figura de semejante magnitud en un film sin volverlo un frío recorrido por los hechos que marcaron su vida y su carrera? Sebastián Hermida, alumno de Joselo pero también su amigo, encuentra en la cobertura de la reinauguración de un cine en la ciudad natal de su maestro la ocasión ideal para retratarlo desde la intimidad de la relación con sus amigos, su cine y su pueblo.

Cine de pueblo, una historia itinerante es un emotivo recorrido por un pequeño momento en la vida de José Martínez Suárez, pero que se encarga de brindar al espectador un más que acertado panorama de la vida y obra del cineasta que, aunque es escueto, no se siente en ningún momento como un relato a medias gracias a la emotividad con la que el maestro y quienes lo rodean hablan del pueblo, del cine y de los afectos.

Desde sus vivencias en la infancia, las anécdotas familiares y las vividas junto a sus amigos, hasta su experiencia como director de cine, cada momento que se revive  en el film está embebido  por la emotividad y la poética que hacía de José Martínez Suárez esa persona tan especial para quienes lo conocieron y eso es el principal mérito del film y su director: poder transmitir la calidez de un personaje muy querido en el ambiente cinematográfico pero no tan conocido para el público medio, eclipsado usualmente por la presencia constante en pantalla de su hermana Mirtha.

Puntuación: 3.5 de 5.

Cine de pueblo, una historia itinerante es un documental que apenas esboza un pequeño aspecto de la vida del cineasta José Martínez Suárez, pero que lo hace con un cariño y una dedicación que deja al espectador con ganas de meterse de lleno no sólo en la filmografía del director, sino también en averiguar más sobre la vida y obra del autor, recordado con tanto cariño por sus amigos, colegas y familiares.