Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2020: Primera Crónica

Día 1: sábado 21 de noviembre

Una de las películas argentinas que forman parte de la Competencia Internacional es lo nuevo de Matías Piñeiro. En Isabella, como en su película anterior, Hermia & Helena, el director vuelve a interpretar y reinterpretar a Shakespeare, esta vez con una protagonista que quiere ser Isabella en una nueva puesta en escena de Medida por medida. Mariel está embarazada y después de sentir que nada le sale bien deposita esperanzas en conseguir ese papel que, además, la ayudaría económicamente. Pero si bien ella recibe un poco de ayuda de parte de su hermano que le adelanta cómo va a ser el casting para que pueda estar un poco más preparada, se encuentra con que Lucrecia, una joven mucho  más segura de sí misma y que consiguió el papel un año antes pero no pudo hacer la obra por un viaje a Portugal, también audiciona. “La gente que actúa no duda”, pero Mariel está llena de piedras como dudas y aunque intente despojarse de ellas, de lanzar esas piedras al agua, siempre hay más. Con una narración no lineal, contada de manera fragmentada, como bloques, Piñeiro va y viene entre escenas con algunas repeticiones, encuentros y la imagen del mar que se tiñe de púrpura; un juego de espejos cuyas tonalidades van cambiando pero todo empieza y termina ahí.

También en la Competencia Internacional se puede ver Sophie Jones, en este caso una ópera prima. Jessie Barr dirige y coescribe junto a su prima, Jessica Barr, además protagonista absoluta, un coming of age que atraviesa un duelo. Como si la adolescencia por sí sola no fuese uno de los momentos más traumáticos de la vida, donde todas las emociones estallan a flor de piel, a Sophie Jones se le acaba de morir la madre y así como hay  muchas cosas que no sabe, tampoco cómo lidiar con esa pérdida. Entonces improvisa y le pone el cuerpo, desde lamer las cenizas de su madre al sexo sin experiencia. “Al menos no me estoy cortando”, y entonces parece que la vida sigue para ella, su hermana, y el padre que se queda a cargo. Hay escenas que Barr capta con mucha sensibilidad: como la conversación entre amigas, la escena en que con su hermana aprovechan las flores del funeral para hacer una sesión fotográfica a lo Ofelia, o el momento en que en voz alta y a solas le habla a su madre. También los momentos de escape, ya sea en auriculares, en el sexo sin compromiso o manejando para alejarse. La música es un  lindo complemento pero a veces las letras subrayan demasiado las escenas. Con Nicole Holofcener como productora ejecutiva, Sophie Jones es una modesta ópera prima sobre el paso a la adultez que acá se marca a través de la necesidad del dejar ir, arrojar las cenizas, seguir adelante.

Dentro de la Competencia Latinoamericana se encuentra una llamativa película uruguaya. Al morir la matinée está dirigida por Maximiliano Contenti y escrita por Manuel Facal y funciona, antes que nada, como un homenaje y una carta de amor al clásico y estilizado slasher de antaño. Cada detalle de la dirección de arte está puesto a favor de crear una estética de otra época (la película está situada en la década de 1990) y las muertes, algunas más llamativas que otras, rememoran a los clásicos giallos, incluso en el modo artesanal en que son creadas. La trama es muy simple: durante la última función de un antiguo cine de barrio se proyecta una película de terror, Frankenstein: Day of the beast (película del 2011 dirigida por Ricardo Islas, quien además acá interpreta al asesino). Es tarde, llueve de manera torrencial y pocas personas entran a la sala a verla sin saber que pronto quedarán encerrados y serán víctimas de un asesino que quiere sus ojos. Aunque hay una idea clara de mostrar desprecio hacia la clase de gente que va al cine pero no para ver la película, la construcción del villano resulta atractiva desde lo superficial y carece de un mayor desarrollo. Para los personajes da casi igual tanto descubrir su rostro así como para nosotros la razón por la cual ataca: los ojos; es algo simbólico a lo que le falta fuerza narrativa. En cuanto a los protagonistas, las actuaciones son bastante desparejas y con los personajes pasa un poco lo mismo: por suerte la protagonista principal, Luciana Grasso y su Ana, la hija del proyectorista que se queda a cargo y se convertirá en la final girl, está entre los aspectos positivos del casting. A la larga, Al morir la matinée emula fórmulas casi en desuso y, aunque no consiga aportar algo novedoso, resulta entretenida y agradable, especialmente teniendo en cuenta que se sucede en una sola locación y que se toma su tiempo. Tiene una estética muy cuidada y aparecen unas cuantas citas cinéfilas. Y es que sobre todo se aprecia el amor por el ritual de ir al cine, aquel que este año más que nunca apreciamos tanto.

Y para cerrar la jornada, la primera de las tres películas que conforman la sección de este año de Hora Cero: Teddy, dirigida y escrita a cuatro manos por Ludovic Boukherma y Zoran Boukherma. La película comienza con una impactante escena que termina con una ventana tiñéndose de sangre. Pero pronto conocemos al protagonista, el del título, un adolescente que no termina de encajar: no va a la escuela, trabaja en una casa de masajes que odia, vive con su tío desequilibrado y una tía anciana dependiente hasta para alimentarse, pero al menos tiene una novia divertida con la cual se encierra en su cuarto a drogarse y tener sexo. Un día, una criatura que no llega a identificar lo ataca y a partir de ese momento todo comienza a enrarecerse: le crecen pelos en lugares demasiado extraños, como la lengua, o tiene sueños raros como aquel en el que se come el pie de su tía. Sin embargo, Teddy no es la típica película de hombre lobo: por un lado tiene un tono de comedia negra pero ligera, que a veces resulta demasiado peculiar como para causar alguna risa, por el otro la transformación de Teddy no hace más que incrementar algo que ya se percibía en su personaje, que es un marginado. Claro que ahora el modo de reaccionar ante un ambiente que percibe hostil no será de una manera tranquila. No obstante, esa escena en la que Teddy explota, en que por primera vez lo podemos ver como el monstruo en el que se convirtió, deja flotando ideas que no terminan de ser aprovechadas y podrían haber hecho del film algo más sustancioso y que la separara de la mayoría de estas películas sobre licántropos.

Publicado por

Jesica Johanna Taranto

Sagitariana. Recibida de Guionista de Cine y TV en el CIEVYC. Actualmente hago de crítica de cine. Veo muchas películas, leo varios libros a la vez y escribo un poco. Me gusta David Bowie y los vampiros. Amo el cine de terror pero quisiera vivir en una película de Wes Anderson. No salgo de casa sin mis auriculares y me gusta subrayar y marcar mis libros. Y compro compulsivamente cuadernos y otros artículos de librería. Colaboro en los sitios Visiondelcine.net, Espectadorweb.com.ar y Cronicasdemoda.com.

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