Planta permanente de Ezequiel Raduzky

Lila (Liliana Juárez) y Marcela (Rosario Bléfari) son dos amigas que trabajan juntas, desde hace muchos años, como empleadas de limpieza en algún edificio estatal. Tienen, además, un emprendimiento informal con el cual preparan el almuerzo para la mayoría de los empleados del lugar en un sector abandonado del edificio. Pero el cambio de gobierno trae nuevas autoridades. Entre ellas, una joven jefa que, detrás de un discurso plagado de orden y sentido común, viene a hacer recortes en la planta. El despido de la hija de Marcela pone en jaque la amistad entre las dos mujeres justo en el momento en que su sueño de tener un comedor como corresponde puede volverse real.

Planta permanente es una película que podríamos enmarcar en el cine de conflicto social y en el cual se nos muestran dos tipos de problemáticas. En primer lugar vemos como la burocracia gubernamental amenaza las estructuras de trabajo, con la aparición de esta nueva directora que, detrás de una sonrisa y un discurso de apreciación de su planta de trabajadores, esconde un plan de reducción y reestructuración, dentro del cual la hija de Marcela pierde su empleo a pesar de los intentos de Lila por evitarlo.

Pero el conflicto más interesante lo plantea al mostrar cómo, esa misma jefa, planta la discordia entre los trabajadores, dividiendo a Lila y Marcela y logrando así imponer su voluntad por sobre el bienestar de ambas.

Cuando la nueva jefa observa sobre lo irregular del comedor armado por las dos amigas, aparece la oportunidad de poner en marcha el plan de tener un comedor para el personal, una idea que es originalmente de Marcela, con las instalaciones necesarias y mejores condiciones de higiene, pero el conflicto entre ambas a esta altura ya es irremediable.

La película cuenta una historia muy interesante que, tal como haría una fábula, le permite al espectador reflexionar sobre las formas en las cuales las clases dominantes instalan el conflicto entre las clases trabajadoras y de esa forma, dividiéndolas, logran imponer su propia agenda. Y si bien en algunos momentos utiliza algunos puntos clichés que podrían haber sido evitados en pos de un mayor realismo, el film logra conmover, principalmente, apoyándose en las actuaciones de las dos protagonistas que hacen que los personajes no parezcan en ningún momento una construcción ficcional, sino realmente Lila y Marcela transitando la vida real.

Puntuación: 3.5 de 5.

El conflicto humano y el laboral encuentran en Planta permanente una historia conmovedora y angustiante que marca el signo de los tiempos, en los cuales el cambio de gobierno impuso en la agenda mediática la subvaloración de los empleados estatales, volviendo una cuestión de estado la supuesta superpoblación de trabajadores en sus dependencias y cuestionando la legitimidad de sus puestos, al mismo tiempo que nos muestra las tácticas y manejes que tienen sus políticos para desestabilizar las bases de compañerismo y solidaridad de los trabajadores a los que atacan.

Publicado por

Daniel Lighterman

Técnico Director de cine y video, de profesión montajista y docente de medios audiovisuales. Cinéfilo ecléctico si los hay. Desde cine Surcoreano hasta aliens que explotan cosas, veo todo lo que puedo. Marcado a fuego por Café de Flore (Jean-Marc Vallée, 2011), Moulin Rouge (Baz Luhrmann, 2001) y Tiburón (Steven Spielberg, 1975).

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