Canela de Cecilia del Valle

Una obra en construcción, algunos albañiles trabajando y llega Canela. Así la conocemos. Canela es una mujer trans que descubrió de grande su identidad y que ahora, pasados los 60 años, la está viviendo plenamente… O eso parece. Porque lejos de haber resuelto su vida, Canela tiene dudas: ¿cómo seguir? ¿qué es lo que desea? ¿a quién desea? ¿cuánto está dispuesta a arriesgar?

Canela es un documental que retrata íntimamente a un personaje querible y muy humano. Vamos avanzando con ella en su búsqueda de identidad, la relación con su familia y, muy discretamente, algunas cosas de su vida pasada.

Canela tiene una risa contagiosa y todo en ella parece ser alegría, pero el film, a medida que avanza, también deja lugar para la reflexión. Sin sobreexplicar nada, el espectador es obligado a replantearse varios preconceptos sobre la sexualidad y la genitalidad, al mismo tiempo que la protagonista trata de definir su opinión al respecto.

El armado del documental es una labor digna de un arquitecto, que es, paradójicamente, la profesión de Canela. La forma en la cual la información va llegando al espectador es ordenada y precisa y construye, minuto a minuto, una idea mayor de su protagonista y su vida, y en esa construcción nos permite entender a un colectivo que la incluye, y al cual no siempre es fácil entender desde afuera.

Pero antes de ser una arquitecta (y profesora) trans, Canela es un ser humano. Y en la empatía que el film logra generar, el espectador se relaciona con su sentir como madre, amiga, profesional y persona.

Puntuación: 4 de 5.

Lo que está claro es que Canela es un muy interesante personaje, y el documental homónimo está a la altura de la situación. Es humano, amable, no da nada por sentado y todo es aprendizaje, ¿qué más puede pedir un espectador?

Puntuación: 4/5

Publicado por

Daniel Lighterman

Técnico Director de cine y video, de profesión montajista y docente de medios audiovisuales. Cinéfilo ecléctico si los hay. Desde cine Surcoreano hasta aliens que explotan cosas, veo todo lo que puedo. Marcado a fuego por Café de Flore (Jean-Marc Vallée, 2011), Moulin Rouge (Baz Luhrmann, 2001) y Tiburón (Steven Spielberg, 1975).

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