Monos de Alejandro Landes

La película da su apertura desde el sonido, donde predomina lo que pareciera ser una especie de “llamador de ángeles” o “sonajero” entre la espesura de un cosmos. Cuando nos abre imagen, la cámara parece salirse de las profundidades de la tierra con un tilt up donde veremos, en la cima de una montaña, siluetas de figuras atléticas de personas pero que, al acercarnos, descubriremos que se tratan de un grupo de adolescentes jugando con una pelota de cascabel, con sus ojos vendados. Esa es la primera impresión descriptiva del film que nos ofrece Landes, una mirada lejana y objetiva de personas adultas que al subjetivizarla nos revela niñes jugando.

Pues resulta que les adolescentes son una especie de guerrilleros, autodenominados “Los monos”, y que viven bajo las órdenes paramilitares de lo que elles llaman “la Organización”. Este grupo armado, no identificado, habita en un país jamás nombrado pero que podría tratarse de Colombia. Tienen la misión de cuidar a una doctora extranjera que tienen como rehén (Julianne Nicholson), por lo que reciben armas y un exhaustivo entrenamiento militar a cargo de “El mensajero”. Si bien a este grupe se lo ve organizado, ordenado y compacto, la falla por no poder cumplir una simple orden (como la de cuidar a una vaca lechera) dará inicio a una primera fractura en este círculo de confianza, alimentando individualismos que, hasta el momento, eran desconocidos.

Las temáticas de la trama son compuestas: abarcando desde los despertares de la propia sexualidad, hasta el cuestionamiento de la simbología de “familia”. Pero lo interesante se despliega en base a que Landes no acude al pasado de sus protagonistas para explicar quiénes son, ni cuáles son sus motivaciones, sino que transitaremos su aquí y ahora, albergando el nacimiento de sentimientos de traición y venganza dentro del grupo y del contexto actual del film, donde los disfraces fraternales parecieran diluirse en un único objetivo: la obtención del poder.

Esto lo convierte en un tenso e inquietante thriller, donde el trasfondo del territorio dispara lo impredecible de cada une, consiguiendo que el público empatice respirando soledad, sometimiento y guerrilla. Es que Landes ha conseguido hablar de violencia compasiva desde la propia perspectiva de lxs guerrillerxs, entregándonos un cine más instintivo y brutal, donde los diálogos tienden a desaparecer, logrando que el sonido cobre una relevancia superior y psicológica y que, con la puesta de cámara, nos revele la mirada romántica e idealista de una aguda adolescencia que nos interpela, sobre todo en su final.

Puntuación: 4 de 5.

Monos es una película incómoda porque consigue hablar de política sin decir absolutamente nada de ella, mientras logra que observemos más allá de la pantalla.

Publicado por

Gretel Suárez

Realizadora Cinematográfica, eso dice mi título.

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