Feliz día de tu muerte de Christopher Landon

Claro que vas a sentir que esto ya lo viste.

Feliz día de tu muerte juega con esa idea todo el tiempo y en todos los niveles.

Tree Gelbman (Jessica Rothe) despierta con resaca, en la casa de un chico desconocido, el día de su cumpleaños. Al adentrarnos en su día, de modo fugaz, nos enteramos que Tree es una chica soberbia, engreída, frívola. Sin haber generado la suficiente empatía, no tardamos en ver cómo esa misma noche Tree es asesinada. Entonces todo vuelve a empezar. Y ella es consciente de ello. Casi escéptica al principio, pero paranoica y desesperada luego de que el día demuestra reiniciarse una y otra vez terminando siempre en su muerte, Tree decide romper el círculo vicioso-temporal que la tiene presa de tan fatídico destino, pero… ¿cómo hacerlo? ¿evitando su muerte? Y siendo ese el caso, ¿quién la mató? ¿por qué?

Sí, el planteo es atractivo y sabés que ya lo viste.

La presentación de la realidad cíclica como cárcel de la consciencia puede reconocerse de inmediato: desde el clásico El día de la marmota, a reversiones más modernas, al estilo de 8 minutos antes de morir o Al filo del mañana. Películas donde la repetición deriva en el necesario crecimiento de un personaje que, por culpa de los tediosos loops, empieza a generar, luego de reverse hasta el hartazgo, una mirada crítica sobre sí mismo y entiende que ser mejor persona es menester para que las cosas terminen saliendo de mejor modo y se pueda escapar del final, evidente y presuntamente, inevitable.

La comedia, sutilmente ironizante, que sobrevuela el terror fantástico, liviano, pop y adolescente que define a Feliz día de tu muerte no logra traducirse en destellos que deslumbren o que aporten algo de significancia al modo, sino que apenas articula, sirve de sencillo engranaje, sin grandes pretensiones, pero con un objetivo claro: entretener.

Feliz día de tu muerte busca una complicidad relajada, de media sonrisa. Prolija, esmerada desde lo visual y con varios clips simpáticos a modo de elipsis. No cuesta perdonarle sus constantes deslices y desequilibrios de tono. Incluso la construcción típica de su protagonista parece jugarle a favor y nos sirve para que el anclaje sea cómodo y sin mayores complicaciones. Rápido nos sometemos al juego de idas y vueltas, nos dejamos arrastrar por personajes cuyas decisiones siempre son funcionales y convenientes a la posibilidad de tejer un chiste más.

Mención especial para Jessica Rothe, que, atada a los caprichos de la historia, logra transmitir un amplio abanico de sentimientos/emociones, con carisma y altura, todo contenido por una evolución diminuta que, tristemente, no permite sacar mayor provecho de ninguna de sus facetas.

Puntuación: 2 de 5.

Fraternidades, perdedores y populares, conflictos hormonales y adultos no resueltos (o adolescentes tardíos y confundidos) son el universo donde toda la aventura se desarrolla, con inconsistencias evidentes que a veces quedan sepultadas por una dinámica que, vuelta tras vuelta, nos propone un nuevo comienzo y nos da la chance de no tentarnos en descifrar una coherencia profunda que la historia no tiene y a la que pareciera -y ésta termina siendo su mayor deficiencia- no aspirar.